<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405</id><updated>2012-01-26T12:07:26.147-08:00</updated><category term='OTOÑO'/><title type='text'>La cuesta de Panata</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>152</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-2288550830005176382</id><published>2012-01-26T11:37:00.000-08:00</published><updated>2012-01-26T12:07:26.163-08:00</updated><title type='text'>Cascando</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-RiEziK3xtOg/TyGtJol9g0I/AAAAAAAAAdM/IDX1vQxDPTM/s1600/mujer%2Bhablando.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 124px; height: 200px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-RiEziK3xtOg/TyGtJol9g0I/AAAAAAAAAdM/IDX1vQxDPTM/s200/mujer%2Bhablando.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5702028984254825282" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;                                                                          &lt;br /&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable  {mso-style-name:"Tabla normal";  mso-tstyle-rowband-size:0;  mso-tstyle-colband-size:0;  mso-style-noshow:yes;  mso-style-parent:"";  mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;  mso-para-margin:0cm;  mso-para-margin-bottom:.0001pt;  mso-pagination:widow-orphan;  font-size:10.0pt;  font-family:"Times New Roman";  mso-ansi-language:#0400;  mso-fareast-language:#0400;  mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;      &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;/span&gt;Virtudes poseía un vasto abanico de dones a cual más valioso, y por encima de todos sobresalía el don de la conversación. Se diría, y con razón, que podría figurar como la autora de Las mil y una noches, o mejor, de los días, y no se sabe cuantos cuentos más, por la facundia y el entusiasmo que ponía en las interminables intervenciones callejeras. Pobrecitos los que cayeran en sus redes. Parecía un cascanueces martilleando sin remisión el tímpano de los interlocutores.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;La mirada dulce, acariciadora, con un movimiento armonioso de manos y levedad corporal, haciendo juego con el vestido y el largo pelo que le caía por la cara, se confabulaban para crear la meliflua confluencia, una atmósfera de atractivo cebo con que atraía la curiosidad de las inexpertas presas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Las chispeantes habilidades de que disponía sobrepasaban lo imaginable, no habiendo nadie en su sano juicio que soportase tanta butifarra, tanta cháchara, sin sentirse seriamente dañado, demudada la color, generándose repentinos relevos en los continuos encuentros, al hallarse el/la sufridor/a de turno con el agua al cuello, haciendo de tripas corazón, llegando a exclamar, tierra, trágame. No obstante Virtudes permanecía incombustible, ojo avizor, bizarra y salerosa, y tan pronto como olisqueaba la borrosa sombra de alguien, se lanzaba rauda a la piscina, cual desenfadado camicace, ofreciendo honores y saludos sin cuento, mientras la última criatura interviniente ponía, escarmentada, los pies en polvorosa, huyendo despavorida calle abajo, como alma que lleva el diablo, con las pulsaciones por las nubes. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Disponía Virtudes de una versatilidad inigualable para pegar la hebra con cualquiera en cualquier esquina, adhiriéndose como una ventosa, de suerte que no había forma de desligarse de sus hálitos y radiaciones, y aguantaba impertérrita la fuerte lluvia y los truenos más indiscretos en el mismo punto, no dando por concluido asunto alguno por nauseabundo que resultase, lo mismo si yacía ya manido en el cementerio del olvido, como si le brotaba espontáneamente en ese instante.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;No hace mucho tiempo, cuando caminaba por la calle principal de la ciudad con bastante dificultad, con aires casi cadavéricos, debido a una inoportuna lumbalgia, se topó con la vecina del cuarto, una antigua amiga, compañera de jaranas y picos pardos de la época estudiantil, se saludaron efusivamente, como de costumbre, y se enfrascaron en un rosario de bagatelas, dimes y diretes, rotos y descosidos, robándose el aliento, las ideas, y después de recíprocos intercambios por activa y por pasiva, continuaba allí, en el mismo recinto, incólume, tan feliz y contenta, como si tal cosa, como si hubiera acampado en la misma acera no lejos de su propia vivienda. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Después de tantos carraspeos y articular vocablos, bla, bla, bla, hablando de lo divino y lo humano y lo demás allá, le chirriaba o silbaba el corazón, los dientes, los senos y los sesos, como envenenadas serpientes, incrementando el caudal del río, al pronunciar sibilantes, circunloquios o festivas sentencias, de modo que le daban las diez, las once, las doce, las dos y las tres, y aún seguía acampada en la improvisada tienda, en su bucólica arcadia, enredada en el ardoroso fuego de las zarzas casca que te casca.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;De cualquier forma, todo tiene en sentido lato su intríngulis, ya que si, por ejemplo, se practica algún deporte, no hay la menor duda de que requiere un tiempo de dedicación, ciertos entrenamientos más o menos acordes a la actividad, mediante determinados controles y toda la parafernalia que le acompaña. Por lo tanto, en el caso que nos ocupa, no iba a ser una excepción, yéndose de rositas, y únicamente dependerá en cierta medida de si tales exhibiciones de glotis se contemplan o no como mero pasatiempo, o bien como un meticuloso ejercicio de logopedia, con el correspondiente precalentamiento y posterior entrenamiento, afinando y restaurando las maltrechas cuerdas vocales de su guitarra, o de otro elemento añadido o dañado, donde se vean implicados múltiples músculos u organillos, lengua, úvula o campanilla, dientes, laringe, cerebelo, paladar, etc., y, por pura lógica, no podían faltar los factores esenciales del fluir humano, la voluntad, la visión, el oído, el trato, el tacto, y la empatía, y de esa guisa no quedará más remedio que elogiar efusivamente la labor tan envidiable de Virtudes, donde el movimiento sincronizado y el gran esfuerzo de tales partes del cuerpo, por minúsculas que se nos antojen, pugnarán por algo sumamente majestuoso, por solidarizarse de manera entrañable con el resto, participando en un glorioso aglutinamiento de acentos, emociones, sonidos, gestos, asociaciones de ideas y sutiles juegos de oxítonas, paroxítonas y proparoxítonas en rocambolescas cataratas de divagaciones o creaciones, que van purgando poco a poco el espíritu, las combustiones psíquicas, redundando a la postre en algo importante, hermoso y sugerente para ella. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Las piezas o temas que más bailaban en la pista del cerebro y los alvéolos de Virtudes eran los concernientes a las artes culinarias y cocina en general, de las cuales, algunos de los recetarios, no por ello menos interesantes, provenían de apresurados apuntes tomados a pie de calle o a la sombra del quicio de la puerta de alguna tienda, o en el cruce de caminos con alguna conocida, y otros sabores, los más, como es de suponer, de la baja Edad Media, de la cocina de la abuela o de la célebre Celestina, con las afrodisíacas compotas, mejunjes, guirlaches o pastelones de cabello de ángel que elaboraba, a la vez que alimentaba con verdes troncos el fuego de la ardiente chimenea de Calixto y Melibea, o de la sin par doña Endrina, ducha en ambrosías y productos de la huerta o de andar por casa, cuando recelaba entre fogones de los requiebros y arrumacos de don Melón –alias del Arcipreste de Hita-, al razonar con suspicaces y picantes aderezos los lúbricos manjares en el libro del Buen Amor, diciendo: “La mujer que os escucha las mentiras hablando/, la que cree a los hombres embusteros jurando/, retorcerá sus manos, su corazón rasgando/, ¡mal lavará su cara, con lágrimas llorando!/ Déjame de tus ruidos; yo tengo otros cuidados//. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;En esos ámbitos se desenvolvía Virtudes como pez en el agua. Si bien cabría señalar al respecto que las especias no eran santo de su devoción, utilizándolas solo en contadas ocasiones, y solía cocinar, asimismo, con una pizca de sal, ligeras gotitas de aceite, y siempre que podía recurría al fuego lento (el tiempo todo lo cura), acaso por el paralelismo que establecían entre sí las vicisitudes vitales, el arte culinario y la asidua conversación por esos mundos, como si la una se nutriese de la otra en una transmisión de vasos comunicantes, de forma que microscópicas películas se impregnaran clandestinamente del efecto mariposa, y si alguien le hacía un feo, ella no se inmutaba in ipso facto, pero lo introducía en la hucha de la memoria, y cuando venía a cuento lo pasaba lentamente por la túrmix, por la piedra, cual auténticos filetones de Ávila, o tal vez a la brasa, con tal beneplácito, que apenas se sonrojaba o notaba, pero que al cabo del tiempo se hacían tan ricamente, que los afortunados se chupaban los dedos, cobrándose con creces la apuesta o la inversión que hiciera, los puntuales caudales de la soterrada venganza. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Por ello Virtudes, nunca mostraba sus armas, no se precipitaba nunca en los pasos que daba. En semejantes lances no había quien le aventajase.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Una de las especialidades de la casa era sin duda la repostería, exhibiendo unas habilidades inigualables y una paciencia a prueba de bomba. Era digna de ver, inmersa en aquella espesa marea de platos, humos y aromas, sorteando recuerdos y embarazos entre las cacerolas y cachivaches de la cocina, con los fuegos encendidos a pleno rendimiento, y en llegando a ese culmen, se transformaba su firmamento, su cielo, no dándose crédito a lo que se contemplaba. ¡Qué desparpajo, qué escenas de levitación, cuánta parsimonia y compostura! Preparaba ricos y variados surtidos de almendraíllo, carne de membrillo, cazuela mohína, bizcocho, leche frita, pestiños melados y boniato en almíbar, entre otros. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Llamaba poderosamente la atención el resplandor tan intenso del semblante y de su pensamiento al manipular los nutrientes, solazándose sobremanera en semejante trance, como aletargada, en plácido éxtasis, acunada por el sueño de la felicidad, y todo ello hervía en contraste con la inmensa carga de dinamita o manojo de nervios que almacenaba interiormente, especialmente cuando se le contradecía, si bien a veces tarareaba con poca salsa alguna pegadiza melodía de juventud, de cuando se iniciara en los fulgores hormonales de cupido, dando rienda suelta a las debilidades y preferencias masculinas, rememorando amores platónicos del celuloide en los cines de verano de entonces, o de cuando tonteaba, soltándose el pelo por aquellas calendas juveniles, en los diferentes esparcimientos que frecuentaba a espaldas del progenitor -porque corrían otros tiempos, otros aires-, guateques, ferias, bodas, donde tampoco mostraba hartazgo, llegando a decir, estoy que me caigo de sueño, por mucho que trasnochase.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;En esos dispersos parámetros se producía un ensamblaje perfecto con las labores culinarias, siendo asombroso el tiempo que resistía con las manos en la masa, aunque de cuando en vez –sellando las paradojas internas- se le escapase un pedo por lo bajini o algún indiscreto eructo o exabrupto por el fulgor del sufrimiento o cierta condena inconfesable –acaso el paraíso perdido- por pertenecer a la órbita del sexo débil. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Sin embargo, como nunca llueve a gusto de todos, cuando se ponía a freír huevos con patatas, o aderezaba pollo al curry armaba las de san quintín, semejando aquello una guerra galáctica, o la explosión horripilante de un polvorín, por los terroríficos crujidos que exhalaban, mezclándose el chisporroteo del fuego con el crujir de sus tripas, temblando los cimientos del edificio. No resultaba extraño que alguna rata que transitaba equivocada por aquellos lóbregos rincones brincara amedrentada, aullando como una loba acorralada por algún cazador furtivo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;No obstante hay que hacer hincapié en que cuando Virtudes más disfrutaba era en la noche de Halloween, embaucada por los bocados de los nocturnos embrujamientos, sumergiéndose en los ritos, tradiciones y costumbres que a pasos agigantados se van imponiendo en la sociedad&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;actual. Era todo un espectáculo verla con su traje de bruja, de baño o de madona en la noche de Halloween, moldeando la masa, esculpiendo repostería del terror, dejándose llevar por el instinto artístico, elaborando enlutados y embrujados manjares como, dedos de bruja, pasteles de lápida, albóndigas de ojos sangrientos, sopa de calabaza encantada, muslos de escorpiones, croquetas de costillas de difunto, o lo que más les apeteciese a los comensales.&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;En tales encrucijadas y en tan cruciales incursiones y diversos vaivenes, callejeros y culinarios, no cabía duda de que se cumplía al pie de la letra el dicho popular, &lt;i style=""&gt;al freír será el reír.&lt;/i&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-2288550830005176382?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/2288550830005176382/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=2288550830005176382' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/2288550830005176382'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/2288550830005176382'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2012/01/cascando_26.html' title='Cascando'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-RiEziK3xtOg/TyGtJol9g0I/AAAAAAAAAdM/IDX1vQxDPTM/s72-c/mujer%2Bhablando.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-8455957604578721185</id><published>2012-01-17T12:29:00.000-08:00</published><updated>2012-01-17T12:49:28.676-08:00</updated><title type='text'>EL viajero</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-oFscyVyjFh8/TxXetEEJtwI/AAAAAAAAAc8/6ZX8jbkWXvs/s1600/drago.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 200px; height: 133px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-oFscyVyjFh8/TxXetEEJtwI/AAAAAAAAAc8/6ZX8jbkWXvs/s200/drago.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5698705769273865986" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt; 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La ocasión la pintaban calva para solazarse, disfrutando de una estancia placentera, y de camino incrementar los saberes geográficos y la estima humana, corroborando las palabras de Cervantes&lt;i style=""&gt;, Las luengas peregrinaciones hacen a los hombres discretos&lt;/i&gt;. Y siguiendo semejantes dictámenes, se dejaba llevar en cierta medida por los impulsos, insaciables a veces, para vivir nuevas experiencias y distintos ambientes, que le acosaban de continuo, considerando un acierto entregarse sin reservas a las inclinaciones más simples o acaso sofisticadas, dado que a lo mejor estuviesen algo oxidadas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Por ello se propuso, como el trapecista en el circo, hacer sus pinitos en el teatro del mundo, en otros hábitats, y se lanzó decidido a la conquista soñada, aunque ello supusiese una osadía, al estar elucubrando en el interior un océano de innumerables beldades y hallazgos, que iría desgranando paso a paso por las rutas más sugestivas, incrustados en la caja de sorpresas de la hoja de ruta, y, en ese derroche de esperanza e imaginación, los concebía como la mayor hazaña que jamás hubiesen visto los siglos; toda esa empresa venía a cuento sólo por el mero hecho de irse de vacaciones a lugares tan lejanos, aunque reconfortantes; en tal sentido llevaba las de ganar, al situar las expectativas por las nubes, sus razones tendría, o al menos así lo enjuiciaba en el entrecejo, rumiándolo como algo único y digno del mayor encomio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;En un principio el viajero no tenía motivos para lamentarse y en cambio muchos para regocijarse, pues los avatares lo bendecían y le sonreían sobremanera por doquier. Los episodios se desenvolvían de forma plácida, amena, llegando a tomar un cariz harto sugerente, exótico, y en determinadas facetas se dibujaban incluso escenas con tintes eróticos, ya que, sin saber cómo, los eventos fueron in crescendo, de forma que le incitaban a despertarse de la modorra que lo amordazaba, y de cuando en vez percibía con sumo deleite el néctar de las felices revelaciones de los parajes, y no era cosa de desdeñarlo y menos aún tirarlo al mar, después del aletargado y soso invierno en el que había estado sumido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;El autobús lo transportaba por aquellos frescos espacios, atractivos unos y accidentados otros, aunque en modo alguno vírgenes, como alguien quisiera suponer en un alarde de esnobismo romántico, aunque en tiempos remotos lo fuese, debido en parte al incesante trasiego de amantes de la naturaleza y estudiosos que, estación tras estación desde tiempos inmemoriales, han discurrido por sus telúricas y volcánicas entrañas, desplegando sensiblemente las facultades, las velas, arrobados por los encantos y embrujos que respiraban, y al hilo de la trama, cuando mejor se sentía el viajero, y con más hombría vital lo disfrutaba, se topó con algo chocante y novedoso, al aguardarle un pequeño sobresalto donde menos lo esperaba, o quizá fuera una reacción por pura envidia, deslumbramientos casuales de los que luego cuesta bastante reponerse, al sobrepasar los límites del listón o los cánones establecidos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Todo empezó al iniciar una incursión por los ancestrales lugares de la isla, viniendo a caer en las mismas fauces del lobo, la descomunal estatua que allí se erige a la memoria del último guanche, todo un dechado de virilidad, como si la escultora hubiera querido rendir pleitesía y honores a la sucinta realidad antropomórfica, no habiendo dejado nada al azar o en el tintero, y reflejar de un plumazo los méritos del prototípico aborigen, sin andarse por las ramas, con tibios eufemismos u obviar lo políticamente incorrecto, a la hora de plasmar en el bronce los atributos casi de película del personaje y su biografía, que así reza, con delicada letra gótica, en el frontispicio de la escultura; no hay duda de que fue ejecutada a conciencia, en cuerpo y alma, por artísticas y sabias manos femeninas, y puede que sólo se eche en falta algún tierno guiño o nerviosos movimientos de labios, y por las hechuras, de cabeza a pies, que muestra el fornido guanche, se deduce que trotó incansablemente por aquellas panorámicas, con los redaños de un genuino quijote, desafiando a rivales e intrusos, o poniendo a veces los pies en polvorosa, huyendo de la incivilizada civilización, harto de tropelías y negligencias de los mortales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;No será baladí ponderar que las costumbres y veleidades de los foráneos irían arrinconándolos, comiéndoles el terreno, imponiendo el ingrato trato, hasta el punto de que arribase a la isla una nube de paparazzi altamente pertrechados, con sofisticadas cámaras de última generación y numerosos artilugios, disparando como posesos a diestro y siniestro en ese campo de batalla, mediante meditadas emboscadas, por entre los matorrales y plataneras que pululan por aquellos lugares. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Al parecer el guanche era el arquetípico aborigen de la isla, nutrido con el potente sustento de gofio, el rico maná de aquella tierra, no pudiendo por menos que palparse las fecundas consecuencias, siendo un poderoso reconstituyente ideal, como el afamado eslogan publicitario del colacao de la década de los setenta, y está considerado como un magnífico generador de gónadas masculinas y demás miembros corporales, e incluso se puede decir, sin miedo a caer en extravagancias, que funcionaría como auténtico viagra allí donde se le requiriese, por lo que no resultaba raro que se le levantara un monumento como dios manda en conmemoración suya, con todo la parafernalia y el armamento preciso, emulando al forzudo e inmortal Caupolicán rubeniano, desafiando los azotes de la erosión y las frías ventiscas, siendo con su color negro de bronce el blanco de todos los flaxes y miradas de los avispados viajeros; sobre todo de la curiosidad &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;femenina, más generosa y despierta &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;en estas lides, que por algo nacieron hembras, en un gesto que las honraba, pues con la mayor naturalidad del mundo y en medio de una eclosión de risas y suspiros, quizá por influjo de los perfumes primaverales, ofrecían finas caricias y mimos en los dídimos como a un recién nacido, de suerte que retumbaban los candorosos olés de los presentes a mil leguas a la redonda, expandiéndose como el humo por aquel rudo y mudo cerro de los Realejos, quizá para darle mayor verismo a los aconteceres que se fraguaban en tales circunstancias.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Se diría que de aquellos veneros de las cumbres brotaba energía, vida, cargando las pilas de los más pusilánimes, hasta el punto de que el más necesitado de la expedición, al contactar con su hálito –todo una joya artística, con toda la fuerza engendradora acumulada- se vería tentado a emularlo, y a buen seguro que esa noche épica dormiría en ascuas, en el más dulce de los paraísos, rememorando la nostálgica época de los nativos tan bien dotados, cuando retozaban ufanos por sembrados y dehesas, colinas y valles, atravesando poblados, como el famoso Icod de los vinos, a las puertas del milenario drago, pletóricos de facultades, verdaderos tarzanes con la mona Chita a cuestas o sin ella, que alumbraban con luz propia aquellas tierras, rivalizando con los tentadores licores insulares, plátanos o patatas arrugadas, y el ya reseñado gofio, que engolfaba a más de uno, siendo elaborado con centeno, avena, maíz y trigo, inyectando en las venas sensuales aires de salsa cubana, lo que apunta a que pasarían innumerables tardes moliendo café a lo largo de los siglos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Llamaba la atención el contraste entre la denominación toponímica de la isla y el hiperbólico tamaño de los pobladores, al elegir los nombres tan minúsculos, Pueblo Chico, Garachico, islita o las incontables calitas que colman las playitas. &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;El grupo turístico, que avanzaba a buen ritmo acompañado de la correspondiente guía, ya había saboreado la etapa dorada de la vida en los años mozos, sin embargo en esos instantes se rejuvenecieron milagrosamente y se divertían a raudales como en los mejores tiempos, bailando y cantando en aquel enclave de fructíferos campos, donde en épocas pretéritas los guanches, ajenos al tiempo y a &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;la civilización, brincaron y trotaron a su aire día y noche.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Y toda una amalgama de remembranzas se instaló de repente en la memoria de los concurrentes, desinhibiéndose en aquella ofuscada mañana, llena de sal, sol y lujo climatológico, en pleno jolgorio de las cruces de mayo, y por la noche aparecían tatuados los corazones con los fuegos encendidos en los rincones de la isla, aunque un tanto turbados por el brote de caprichosos devaneos, entre la brisa que besa las frentes, y abren los pistilos del alma como capullos en flor, recordando a los últimos pobladores y sobre todo al de la estatua, recobrando la vida en los singulares puntos, no lejos de las cálidas aguas de la playa. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;No cabe por menos que brindar por las dulces manos de tantas madrecitas, que tantos sacrificios han hecho, toda una vida dedicadas a los suyos, pero que en aquellos instantes, activadas por un secreto afán de resarcirse de los desconchones de las dilatadas y a veces convulsas convivencias en pareja, se soltaron el pelo y se dejaban llevar por la fantasía, como cuando jovencitas vivían en las películas amores platónicos o prohibidos con apuestos galanes, y ahora todo ello al socaire de la fresca brisa, jugando al escondite o a las prendas con el gran héroe en un arranque primaveral.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Alcemos la copa para brindar por el monumento, que se yergue majestuoso en la morena montaña, como testigo del verdugo del tiempo, con un par de cataplines, logrados a sangre y fuego, rubricando la estirpe de tan privilegiada raza.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Y en aquel ambiente de mudo asombro, luz y color, retumbaba a los cuatros vientos el son melodioso de la pieza musical…Islas Canarias, Islas Canarias…, y las vibrantes sensaciones del viajero se mecían como las olas, crecían y hervían entre la fragancia de las flores de mayo, inmerso en una vorágine de ilusión, satisfacciones y ensueño, como si los pensares y los andares fueran de la mano por aquellos contornos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Tantos millones de lustros podridos o perdidos por las debilidades o bagatelas de los humanos, cuando la madre naturaleza, que es tan sabia, ha bordado auténticos primores en este pequeño universo tinerfeño, tan hermoso, divertido y sensible. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Las aguas que bajan de los veneros de las cumbres, henchidas de ubérrima vida, ayudan sin duda a que germine la vitalidad en los espíritus con múltiples sones y sabores, esparcidos por arriates y viveros de strelitzias, salvias, rosas y jazmines, descendiendo por los desfiladeros al compás de los vaivenes de la guagua, que a buen seguro saciarían la sed espiritual y física de los superhéroes que allí se amamantaron; sin embargo cabe hacerse la pregunta de rigor, por qué no extraer una brizna de aquella esencia viril, clonando el ADN, e inyectando H2O del Teide, y sacar ejemplares únicos, tal operación comercial redundaría en beneficio de las diezmadas arcas isleñas, acarreando una inusitada prosperidad, ahora tan castigada por la crisis, y apenada por la ausencia de aquellos colosos, con tanta espuma blanca, rivalizando con los embates del blanco oleaje, derramando sosiego y dulce placer entre los enamorados.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Sería bueno rescatar del olvido la leyenda guanche, y desde los picos del Teide, en el fluir del tiempo que nos devora, proclamar a bombo y platillo el proverbio latino, O témpora, o mores…&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-8455957604578721185?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/8455957604578721185/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=8455957604578721185' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/8455957604578721185'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/8455957604578721185'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2012/01/el-viajero_17.html' title='EL viajero'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-oFscyVyjFh8/TxXetEEJtwI/AAAAAAAAAc8/6ZX8jbkWXvs/s72-c/drago.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-1627386695274721706</id><published>2012-01-08T04:22:00.000-08:00</published><updated>2012-01-08T04:56:54.769-08:00</updated><title type='text'>Ora pro nobis</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-NeK00brOLlY/TwmSi2GtNLI/AAAAAAAAAck/Fz6nXwizfYc/s1600/ora.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 200px; height: 112px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-NeK00brOLlY/TwmSi2GtNLI/AAAAAAAAAck/Fz6nXwizfYc/s200/ora.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5695244331123553458" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt; 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  &lt;/span&gt;Esa noche se propuso no dilatarlo por más tiempo, y, ninguneando múltiples excusas, se puso a escribir lo prometido, una carta de amor al banquero. Quería deshojar los pensamientos cuanto antes yendo al grano, pero era víctima de la impotencia, no arribando a la mente alguna idea que le satisficiese, viéndose obligado a borrar todos los parágrafos que a trancas y barrancas plasmaba en la pantalla del ordenador. Y así un día y otro, no progresando en el intento. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;No se explicaba la causa del bajo nivel de concentración por el que atravesaba, quizá porque cosa que escribía iba destinada al mismo blanco, al dinero negro que guardaban a cal y canto en las cajas fuertes del banco. Acaso no era de extrañar tales sucesos, si se piensa que cada vez que hilvanaba alguna idea, siempre se acordaba de las necesidades por las que pasaba, sin un triste euro en el bolsillo y sin unas perspectivas que le alegrasen la vida, y siempre acababa con la misma frase, ora pro nobis. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;No había forma de que comprendiese que no estaba en la iglesia rezando  ni nada que se le pareciese, sino en un piso hipotecado, casi como un okupa, con un pie dentro y el otro fuera, sobreviviendo como podía, dejando a deber los alimentos y la bebida en los sitios donde los adquiría.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;En algunas ocasiones pensaba escribirle una carta de amor en toda regla, haciéndose pasar por una rica heredera de grandes posesiones de un tío suyo que emigró a América, y declararle el profundo amor que sentía por aquel distinguido director de banco, intentando buscar una coartada para denunciarlo por violencia de género y exigir a cambio una indemnización millonaria.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Realizó varias incursiones por los distintos ámbitos del pueblo para contactar con las capas sociales del vecindario más encariñadas con las ceremonias religiosas. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Y andaba en esos imperiosos asuntos, cuando llegó a sus oídos que se había puesto de moda en un pequeño pueblo limítrofe la costumbre de asistir un día sí y el otro también a la santa misa. Los ateos andaban revueltos desde un tiempo a esta parte, muy preocupados por esta oleada de devoción que había inundado los campos y los corazones de los habitantes, y se interrogaban atónitos, y con no poca expectación, qué tamaña recompensa recibirían a cambio para movilizarse con tanto ahínco, siendo arrastrados a tan monótona y dura obligación. Sobre todo las parturientas, que teniendo una incipiente y viva prole a su cargo con constantes balbuceos, necesitando mil brazos de cuidados, por ser primerizas o tener personas mayores a su cargo, se desentendían con tanta complacencia, aproximándose a los redaños del incienso. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;No cabía por menos que preguntarse qué condicionantes habían hecho resurgir en sus pechos tan vibrante atracción, qué potente fuerza adictiva les empujaba contra viento y marea a semejantes actos, portando en sus rostros unas ansias locas por perderse entre las columnas y las aureolas de los santos del templo, oliendo a humo de vela y rescoldos de inciensos ya moribundos, dejando de lado los quehaceres domésticos y las apremiantes atenciones de los vivos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Las beatas del pueblo entraron en cólera al sentirse arrinconadas, al pasar a segundo término ante el aluvión de los nuevos asistentes a los actos litúrgicos, y no ser atendidas con el dulzor y gracia acostumbrados, tanto&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;por parte de las autoridades eclesiásticas como por los santos que pueblan los altares, al dedicarles todos sus guiños y parabienes a los nuevos fieles, encontrándose altamente cohibidas y nerviosas por tanta plegaria y tanto rosario y ora pro nobis como exhalaban, percibiéndose un rumor de oleaje marino con las velas titilando en esa superficie de mar en llamas y gases, cual erupciones volcánicas, que emanaba hacia las alturas. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;La inquietud se fue acrecentando de tal forma que lo pusieron en conocimiento del prelado de la diócesis, a fin de que se les parara los pies y se les exigiese guardar la compostura, el respeto a las veteranas, y se les impusiera una dura penitencia cada vez que se acercasen por aquellos aledaños sagrados así por las buenas, con brazos sin mangas, pronunciados escotes o atrevidas minifaldas, pidiendo que les hiciesen la prueba del alcohol o de estupefacientes antes y después de los actos litúrgicos por si fuesen víctima de algún producto sospechoso ajeno a su voluntad, que perturbara seriamente la conducta o la salud, entrando como pedro por su casa, en la mismísima casa del Dios Padre.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Había a la sazón algún devoto que sobresalía del resto por el afán divino y el amor propio que ponía cada día en sus desplazamientos parroquiales, y era tan intensa la entrega corporal y espiritual que el cuerpo se rebelaba descaradamente al caminar, y se balanceaba la parte trasera como un columpio, dibujando sucesivas olas en el vaivén a lo largo del trayecto.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Tales fervores tan repentinos y acuciantes llamaron la atención de propios y extraños, sobre todo de los pueblos vecinos, creando alarma social hasta límites insospechados, pues parecía como si una inmensa carpa se hubiese desplegado sobre sus cerebros fuertemente, con terribles garras y garfios clavados en su horizonte, como una camisa de fuerza de los internos de un psiquiátrico, y produjese estragos en las masas, al intentar evadirse, cansadas de tanta brega y lucha por la vida, en mitad de las enclenques economías y los fríos reinantes en sus vidas. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Cundió la impresión de que se lanzaban alocadamente por unos precipicios de muerte conyugal, soltándoseles la lengua después de los eventos litúrgicos, en que rezaban y rogaban sin parar por los pecadores, los pobres de espíritu, los huérfanos, los desamparados, los amantes del peligro, ora pro nobis, ruega por nosotros, pero las muy devotas se perdían posteriormente en la oscuridad de la noche por las empinadas cuestas de las callejuelas, callejones y ardientes movidas del entorno, sin saberse a ciencia cierta cuáles eran sus prístinas motivaciones. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Tal vez pensaran ir poco a poco taladrando el grueso tronco de la vida y solazarse a la sombra de un espeso árbol en un nuevo nido con otros pollos, o a lo mejor con unos pardillos perdidos en nocturnas timbas.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-1627386695274721706?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/1627386695274721706/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=1627386695274721706' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/1627386695274721706'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/1627386695274721706'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2012/01/ora-pro-nobis.html' title='Ora pro nobis'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-NeK00brOLlY/TwmSi2GtNLI/AAAAAAAAAck/Fz6nXwizfYc/s72-c/ora.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-4928316874387546206</id><published>2011-12-31T12:27:00.000-08:00</published><updated>2012-01-01T05:25:54.964-08:00</updated><title type='text'>Cuántos lectores precisa un escritor</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/--iKGpH4jX_A/Tv9w06QMuQI/AAAAAAAAAcY/t6Ff5bToABw/s1600/1%2Bsacerdotisa.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 100px; height: 200px;" src="http://1.bp.blogspot.com/--iKGpH4jX_A/Tv9w06QMuQI/AAAAAAAAAcY/t6Ff5bToABw/s200/1%2Bsacerdotisa.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5692392508312303874" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt; 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                                           &lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Era más que probable que la sacerdotisa del tarot fallara en las funciones solemnes, si no tenía la conciencia tranquila, por haber hurgado donde no debiera, al anotar en el mamotreto que sostenía entre las manos errados destinos de criaturas ya difuntas, o dudase a la hora de poner en práctica los ritos en los eventos cruciales estresada por los pliegues del hábito, a lo largo de su dilatada liturgia, sirviendo a los dioses del universo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Sobre todo los déjà vu (la experiencia de sentir que se ha experimentado antes una situación), en el reiterado transitar por los laberintos ceremoniales que oficiara, y se esté ahora preguntando, quizá llorando como una magdalena, qué pensarán de ella el día de mañana cuando desaparezca, o no dé la talla en un momento dado, y no exhibiera con desparpajo la sabiduría que se le presupone por su rango, referida a las ofrendas de las deidades.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Y no digamos sobre la necesidad de la sacerdotisa de mostrar conjuntados en el amor los latidos del corazón, porque se le torciesen en la psique de mala manera, cual loca veleta, alimentando insólitos regomellos, entre los mustios matojos de la suerte o el sucio hollín de la chimenea donde habitaba, o peor aún que zozobre su vocación sacerdotal, al no dictar con el empaque requerido las certeras predicciones sobre el porvenir de los justos, con las luces de la razón y de los cielos, o dejara de vislumbrarse la seriedad deontológica que se rumiaba en su hoja de ruta.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;No podía por menos que desvelar los correctores que iba a aplicar a los desleales o a los que racaneasen a la hora de entonar el mea culpa, al sentirse zarandeados por la desconfianza ante las dádivas prometidas, al pensar que no eran de recibo, por si se guardaba alguna carta en la manga, no descubriendo el futuro ni el horóscopo, exigiendo que se dejase de pantomimas, poniendo las cartas boca arriba, y recondujera los negros augurios que se cernían sobre las cabezas de los humanos.&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Y surge entonces la gran cuestión, cómo lo enfocará su lado justiciero, cuando se cerciore de que no se centran en las enseñanzas doctrinales, en las lecturas del más allá, o anden tibios en los decisivos foros celestiales.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Si tal advenimiento acaeciese, a buen seguro que quebrantaría el secreto de las deliberaciones, la identidad de su razón de ser, por muchas caretas que se superponga, no teniendo más remedio que dimitir del sublime cargo o desnudarse ante los ojos de los dioses en la claridad del sol de mediodía, transparentándose sus voluntades y pensamientos, confesando su incompetencia, y puntualizar asimismo las ensoñaciones voluptuosas que le acuciaran, o las delectaciones íntimas, artísticas, estéticas, literarias, amorosas, o las más rutinarias, de andar por casa, desgranando los enigmáticos arcanos, porque en ello le iba la supervivencia de su sagrado ministerio, dado que todo lo que se cuece en los más diversos ambientes es trascendente, incluso lo que hierve entre los fogones.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Por ende no resultaba extraño que tanto la sacerdotisa, con todo su bagaje místico, como el hambriento auditorio aparecieran un tanto desnortados, sumidos en una especie de amnesia afectiva o rara vorágine, sin saber a qué carta quedarse o adónde dirigirse, si al desierto o a los picos del Tíbet, a 40 bajo cero, en busca de ayuda entre tanto tiburón suelto, gurús, falsos hechiceros, chamanes, mentores, guías o maestros como proliferan, quemándose las cejas por salir del atolladero, enfrentándose a tanto descalabro, a las innúmeras incongruencias que se baten en excelsas esferas, o por qué no de novela negra en las calles de Nueva York o en las calles pasionales del crimen, en los arrabales del relato o en las tramas del casco antiguo de la ciudad, más accesibles a la comprensión humana.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Y, llegados a este hilván, se acrecienta la incertidumbre a cerca de si la sacerdotisa bendecirá o no al solitario escritor que se devana los sesos en noches de luna llena o de autos, estando en capilla para la inminente inmolación ante el folio en blanco, a lo mejor sin plan de vuelo ni pistas en lontananza, qué horror de escena, dejado de la mano de Dios, y no teniendo qué echarse a la boca o al cerebro, como no sea pan de palabras o mazapán en las fiestas navideñas, reconstruyendo in extremis alas &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;para volar por las cumbres del texto, y amerizar en mares tranquilos, o no se sabe dónde ni cómo, ebrio o loco de remate, implorando la complicidad de la fría sacerdotisa, anhelando que sea en un atractivo manuscrito, de aventuras y globos de colores, habiendo tomado aliento y cuerpo el cuento y crecido a sus anchas, como las flores del campo o los céfiros marinos. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Allá por la era de la magia en el mundo primitivo, ser sacerdotisa era el sueño de cualquier doncella que se tuviese como tal, y acunase en sus sienes llegar a los más altos peldaños de los designios divinos. Ella había nacido en la orden de sacerdotisas, se había criado allí y debía vivir en cuerpo y alma para la orden, procurando ser un&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;dechado de sacerdotisa. Los padres eran miembros del consejo por imposición de los diablos del averno, que se&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;hospedaban en los alrededores del trono divino. Y empezó a cortejarla un mago recalcitrante, con grandes dosis adivinatorias, que había conseguido burlar los estrictos controles de la divinidad y de los agentes infernales, habiendo ingresado recientemente en el escalafón de la orden.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Todo estaba impregnado de puro hechizo, pero ella se negaba a comulgar con un mundo de magia. Quería vivir libre como el viento, fuera de cualquier presión, que significara una orden o leyes férreas. Para su sorpresa, el pretendiente la abandona al alba, al enterarse de sus planes de fuga, y a renglón seguido los padres la encierran en una celda con dos cancerberos en la puerta, a fin de que jamás se le acerque nadie o pueda escapar.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Pero la sacerdotisa, impaciente, y con el corazón deshilachado, al ver que todos a quienes en su día amó con locura la habían traicionado, realizó un último y desconcertante conjuro, que la transformó de pies a cabeza, encarnándose en todos los seres vivos de la naturaleza. Entonces ella ya no era una persona independiente, única, sino agua, viento, fuego, tierra, espíritu. Podía controlar la vida de cada uno de lo seres, pero a cambio entregó el alma, el corazón, su aliento. Y se condenó a una pobre vida, sin poder saber nada de descendencia, de arte, ni del amor.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Miles de años después, vendrá al mundo un joven, que lo cambiaría todo. Al igual que ella, no quería ser hechicero, su sueño era ser mensajero de primaveras y sorpresas. Y acude a la sacerdotisa, para que le otorgara una vida mejor. Y la sacerdotisa, sin proponérselo, en ese joven se pudo reconocer a sí misma. Y todo lo que anteriormente desechó, volvió de golpe a ella.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;La nostalgia, la familia y el amor se adueñaron de ella, al ver al galán de los ojos azules como el agua de los océanos, del mismo material del que estaba hecha. Poco a poco, fue pasando más tiempo en compañía del joven, con objeto de lograrlo tomó el cuerpo de una bella jovencita, y como una tonta enamorada seguía los pasos del joven. Ambos se enamoraron perdidamente, y con el tiempo se descubrió la auténtica realidad.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Como último acto de amor, él renunció a su vida para unirse a ella y estar juntos de verdad. Y como la misteriosa sacerdotisa tenía prohibido amar y amó, besar y besó, abrazar y abrazó, su destino se truncó, al ver morir a su amor de pronto. Dejó de ser una diosa envidiada por todos, y se convirtió en una entelequia, en un vano recuerdo, lo mismo que él. Y cogidos de la mano, &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;los dos enamorados, caminaron juntos hacia otros mundos desconocidos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Al hilo de la magia de los hechiceros, cabe preguntarse, qué desenlaces le aguardan a la escritura, o atendiendo a qué factores alguien se puede considerar escritor, qué cánones lo dictaminan o qué currículos debe aportar para figurar en el libro de hechiceros de la creatividad, del mundo mágico de las fábulas. Se trata casi de una misión imposible, si se quiere concretar con precisión el escueto cimiento en que se sustenta la mayoría pensante, sobre la cantidad mínima de lectores que debe tener un escritor. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Así habrá quienes apuesten por una cuota exacta, no inferior a quinientos once, que les encandilen los encantos del mismo libro o autor, luchando para elevarlo a los altares de la ficción, y otros, los detractores, partiéndose el pecho por hundir sus naves, dado que hay tantos gustos como colores. Así dice al respecto Larra, &lt;i style=""&gt;“Terrible y triste me parece escribir lo que no ha de ser leído”&lt;/i&gt;… en carta a Andrés desde las Batuecas del Pobrecito Hablador.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Por ello, abundando en el rompecabezas libresco, unos propondrán ex cátedra que con cuarenta lectores ya es suficiente, otros, menos exigentes, dirán con quince o con veintidós y medio, y otros puede que se sientan recompensados con menos, así que la pesadumbre mayor recaerá sobre aquellos que escriben y les devore con más saña la avaricia, no dándose por satisfechos con ser ellos mismos los lectores de sus obras, o, todo lo más, un puñado de amigos. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Lo tienen bastante mal tanto unos como otros, en esta panorámica tan versátil de vértices opacos, harto subjetivos y caprichosos. El chileno Nicanor Parra señala, con no poca ironía: “¿Best seller? La KK se come: tanta mosca no puede estar equivocada”.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Por consiguiente, lo mejor será conformarse con lo que la diosa fortuna les depare, y, en todo caso, augurar un ubérrimo futuro, donde ondee en sueños el rótulo de las célebres corridas de toros, &lt;b style=""&gt;hoy, lleno hasta la bandera. &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-4928316874387546206?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/4928316874387546206/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=4928316874387546206' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/4928316874387546206'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/4928316874387546206'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/12/cuantos-lectores-precisa-un-escritor.html' title='Cuántos lectores precisa un escritor'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/--iKGpH4jX_A/Tv9w06QMuQI/AAAAAAAAAcY/t6Ff5bToABw/s72-c/1%2Bsacerdotisa.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-7019221364114428393</id><published>2011-12-17T04:13:00.000-08:00</published><updated>2011-12-20T05:05:04.680-08:00</updated><title type='text'>Una polémica abierta</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-kblp6vdAhf8/TuyJbp1kK-I/AAAAAAAAAb0/7tM2EKn-G1c/s1600/loco.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 126px; DISPLAY: block; HEIGHT: 200px; CURSOR: pointer" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5687071537642089442" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-kblp6vdAhf8/TuyJbp1kK-I/AAAAAAAAAb0/7tM2EKn-G1c/s200/loco.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;Empezaron a repicar las campanas y había un jolgorio de chiquillos en sus enredos y cabriolas por las esquinas, semejando gorriones saltando de poyo en poyo o de rama en rama entre los árboles y las sombras de la plaza, cerca de una fuente, y en mitad de aquel desorden compacto, con la sesera bien emperejilada, venía el hombre, el de todos los días, al igual que el pescadero, el panadero o el vendedor de chuches (garbanzos tostados, chicles, pirulís, polvorones, peladillas y otras golosinas), y lo zaherían los muchachos sin piedad, con ásperos epítetos y piruetas y lajas, que silbaban por encima de las cabezas de los advenedizos, vociferando sin cesar, a pique de reventar las venas del cuello, el loco, el loco, que viene el loco…, y todos se ponían en derredor, en pie de guerra, protegiéndose detrás del muro de sus caretas, clavando la mirada en los más insignificantes detalles, rasgos del cutis, tics nerviosos, muecas, cómo alzaba los ojos para mirar o los pies al caminar, o cómo se limpiaba las enquistadas legañas o las narices cuando, por culpa de la alergia, estornudaba con gran estruendo. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;¡Cuánto le costaba al hombre respirar en esos momentos!, y sin embargo transmitía un aire sereno, siempre en su sitio, pensativo, envuelto en una especie de aureola extraña, entre el furioso oleaje que lo saludaba, permaneciendo en sus cabales, ajeno a las voces y gritos que al unísono entonaba el coro apiñado en la plaza del pueblo; otros, evocando personajes similares de los ancestros, le increpaban por la espalda, Macharaviaya, Macharaviaya, viejo intruso, vete a tu pueblo, que nos das miedo con esas barbas tan grandes, porque no podían realizar sus juegos, y lo reiteraban con sorna, o acaso tocados por cierta tristeza, desparramándose la incontinencia de las gargantas infantiles por el entorno. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;A veces, las acometidas subían de tono y las más bruscas, al desequilibrarse con el empuje del brío, rodaban por los lugares más insospechados, yendo río abajo, transportadas al mismo mar, adonde la vida de los ríos y de los mortales acaban, siempre que antes no sean sepultados en el camino por el fango de las aguas, al ser llevados en volandas y atravesarse por entre los enormes palos y patas de alguna acémila, que casualmente vadeara el río grande, el más caudaloso de la cuenca, ya que en ocasiones venía con los bigotes exaltados, formando turbios remolinos en la superficie del agua, bailando dramáticos tangos en los huérfanos inviernos, abiertas las fauces fluviales para devorar carne fresca.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;El hombre iba con el flequillo inclinado sobre el ojo izquierdo, hurgando en su sabiduría, en los males del mundo, en las complejidades de las personas, sus raras filias y fobias, los subidones de ánimo, subido en flaco borriquillo, todo esplendoroso, con el sombrero de paja como corona, tan pancho, con el cigarrillo de chasca preso entre las rejas de los labios, fundiéndose en un tierno abrazo con el aliento, en un horizonte oscuro, inundado de negro humo, de manera que no se diferenciaba de las chimeneas de las fábricas, pues el impulso con que lo lanzaba era de tal calibre que el pobre jumento que lo transportaba rezongaba con dificultad, y se las veía y deseaba para sacudírselo con el rabo, en un desconcertante y persistente meneo, descompuesto por la premura de llegar a tierra firme, a su establo.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;El loco no apuntaba indicios de fatiga, ni de venganza o impaciencia por las avinagradas diatribas que le disparaban. El jolgorio no decaía ni un instante, tenía fuelle para rato, y seguía incrustado entre la vorágine de las rotas gargantas, contagiando el ambiente, los sufridos olivos, los destartalados almendros y las mortecinas higueras del campo, compartiendo los avatares de la pétrea efigie del loco, configurando todo el marco de su conspicuo y sagaz carácter, que no jadeaba ni exhalaba queja alguna. Era un dechado de locura; ojalá nos contagie, pero no caerá esa breva.&lt;span style="font-size:0;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;Los días de fiesta el hombre se deshacía en parabienes con los transeúntes ya desde la alborada; las gotas de rocío le abrían el apetito y los sentimientos, las sensaciones más hondas, y era cuando el loco mejor se lo pasaba, con las cachazas que tenía, paseando por su escenario vital, sin prisas, sin mordeduras humanas o de mosquitos impertinentes que le impidiesen ser él mismo, con las viejas abarcas y el sombrerete agujereado, tarareando estribillos de melodías de los años de supuesta cordura, cuando moceaba, en que le gustaba salir de la taberna a mear detrás de la tapia, y los pósters y canciones de Marisol, Brigite Bardotte, Palito Ortega, Rapfael o Frank Sinatra, y rememoraba los ritmos, tales como, “Yo soy aquel que cada noche te persigue, yo soy aquel que por quererte ya no vive, el que te sueña”…o “Tú eres lo más lindo de mi vida, aunque yo no te lo diga, aunque yo no te lo diga, si tú no estás no tengo alegría, tú eres como el sol de la mañana, que entra por mi ventana”…, o “Háblame del mar marinero, háblame, que desde mi ventana el mar no se ve”…, o “Extraños en la noche”..., no desafinando en los compases &lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;de la música ni de los chupitos o cubatas que tomaba, desafiando al resto de los cuerdos, enfangados en sus afanes de conquista de locos tesoros, dando muestras de una sensatez exquisita, porque perdía la cabeza por lo sencillo, por lo meritorio, entregándose con todas sus fuerzas, orillando hipocresías, ruindades e injusticias.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;Era increíble cómo se zambullía en los vaivenes de la algarabía y la alegría que lo nutría, balanceándose en los columpios de su pensamiento, con el aplomo y el tino de un auténtico malabarista, cual plomada de alta precisión. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;No obstante, siempre que cruzaba la plaza o las callejas colindantes, se oía el tierno eco del griterío desgranándose en el aire, mezclándose con el polen de las flores de las macetas que chillaban a su manera, placenteramente, colgadas de las ventanas o en los portales y patios de las casas, y era un eco reiterativo, cansino, como el de todos los días, el loco, el loco, que viene el loco…&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;Había sin duda una polémica abierta en torno a la persona y al comportamiento, ya que los destellos de ciencia oculta en su cerebro mostraban bien a las claras que su locura engendraba la ciencia infusa, las creaciones más genuinas, los pasos más firmes y sugerentes, en medio de la anodina y adocenada melancolía reinante, destilando en sus actuaciones y silencios la encarnación de las esencias más nítidas y florecientes que imaginarse pueda.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;Y nientras tanto, tú como yo, en manos de un barbero cualquiera, un verdadero loco, que cobra caro, con la crisis que crepita, estando uno expuesto a que de un viaje se lleve por delante el gaznate o la testuz, cobrando, el muy loco por el dinero, un pastón. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;A buen seguro que el pelado no iba a salirle a uno barato, una ganga de las rebajas de enero, sino todo lo contrario, iba a ser la ejecución más tonta que hayan visto los siglos a manos de alguien que se hacía pasar por un loco de remate, dándoselas de listillo de barrio, estafando miserablemente al personal. &lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-7019221364114428393?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/7019221364114428393/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=7019221364114428393' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/7019221364114428393'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/7019221364114428393'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/12/una-polemica-abierta.html' title='Una polémica abierta'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-kblp6vdAhf8/TuyJbp1kK-I/AAAAAAAAAb0/7tM2EKn-G1c/s72-c/loco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-7744290937449446909</id><published>2011-12-08T15:57:00.001-08:00</published><updated>2011-12-17T12:54:17.970-08:00</updated><title type='text'>La soledad del dragón</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-bJye838tVFw/TuFVmLUPsZI/AAAAAAAAAbo/vP7EJdhQSZE/s1600/drag%25C3%25B3n.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 174px; DISPLAY: block; HEIGHT: 200px; CURSOR: pointer" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5683918319079371154" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-bJye838tVFw/TuFVmLUPsZI/AAAAAAAAAbo/vP7EJdhQSZE/s200/drag%25C3%25B3n.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;Según reza en el legajo hallado en las ruinas de un vetusto convento, el dragón es un animal fabuloso, producto del miedo imaginario de los antiguos, representado como un extraño reptil de cola de serpiente, garras de león y alas de águila, exhalando un olor pestilente. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;Es el símbolo de la animalidad, enemigo primordial del género humano, un genio maligno, que se encuentra en los pueblos de Oriente y Occidente. En las representaciones plásticas, quienes evocan la espiritualidad o el bien, aparecen en encarnizada lucha contra el dragón; así, Cadmo, Apolo y Perseo, en la mitología griega; Sigfrido, en la nórdica; San Jorge y San Miguel Arcángel, en la cristiana. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;Los dragones esculpidos en los monumentos bizantinos encarnan las calamidades públicas, tales como el hambre y la peste. Otros opinan que el dragón es portador de determinados obstáculos en la vida, dificultando el descubrimiento de las maravillas del inconsciente a causa de los lazos tan estrechos que nos atan a lo consciente. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;El nombre deriva del griego derkein, que significa ver, y por su fuerza, agilidad y vista extraordinaria es considerado como el guardián vigilante por antonomasia; así, la diosa Juno encargó a un dragón la custodia de las manzanas de oro en el jardín de las Hespérides. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;El arte chino y japonés ha generado múltiples dragones, que son verdaderas maravillas de composición y ejecución. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;Desde el Renacimiento se le representa, pictórica o escultóricamente, como símbolo del diablo. En heráldica se le pinta con alas de murciélago, y figura en el escudo, el yelmo o el casco.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;No obstante, después de tan dilatado y proceloso currículo, no puede uno por menos que preguntarse, qué culpa tiene el sufrido animal de todo cuanto se ha urdido a sus espaldas, en ese patio de monipodio, sin enterarse de la negra leyenda, y todo por un afán recaudatorio o legendario de la estirpe humana, anhelando figurar en los frontispicios y anales de la historia como mentores de nuevas razas o de los seres más misteriosos, y quizá lo explique claramente el hecho de que como no tenían otra cosa más interesante en que entretenerse en las cavernas, se dedicaron a idear y pintar monstruos u otros inocentes seres, y, después de siglos de vagancia y pertinaz contumacia, se han atribuido unos poderes que no les corresponden, hilvanando miles de historias y batallitas sobre el dragón sin venir a cuento, dándole bofetadas hasta en el cielo de la boca, erigiendo envenenados monumentos a su costa, echándole en cara todos los desconchones y catástrofes del globo terráqueo, filmando series vergonzosas de televisión, con anacrónico e irrisorio tramado, que clama al cielo y al suelo que pisan los dragones, al atisbarse la indignidad de los ilustres arúspices que lo alientan, que no benefician en nada a estas indefensas criaturas, tan dóciles y benignas, ansiosas de paz, que desean arribar a tierra firme, a su refugio, sin meterse con nadie, con su peculiar y genuina estampa.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;Al dragón, en su fuero interno, le encantaría llevar una vida corriente, sencilla, sin sobresaltos, tomando unas copitas con los amigos, entre bromas, chistes y chascarrillos, o pasear por las callejuelas del casco antiguo de la ciudad, o viajar por los sitios más sugestivos del planeta, solo o en pareja, en cualquier época del año, si los ahorrillos así se lo permitiesen, pero mira por donde no lo dejan en paz, lo traían a mal traer, arrancándole los ojos del alma, el fuego de su inteligencia, las crestas que le nacieron al venir al mundo, despellejándolo, escribiendo en la mentes de las personas auténticas barbaridades, manchando su hoja de servicios con infamias, atrocidades y ultrajes, siendo a la postre el pararrayos de todos los desaguisados que se cuecen encima y debajo del firmamento como, desprendimientos o choques de cometas, asteroides, meteoritos, o el promotor de los puntos negros, los tsunamis, los tornados, e incluso de las tormentas que brotan en la convivencia humana, y el pobre dragón se ha arrugado, viéndose en la necesidad comulgar con terribles ruedas de molino, no pudiendo resollar incrustado en el iglú, sin lanzar cantos o chinas con la onda, siniestras miradas o escupitajos contra los maltratadores, y se encierra en su soledad, en la lobreguez del instinto, viéndose obligado a mudar la costumbre, el hábitat, haciendo las maletas cada dos por tres, en invierno o verano, haciéndose pasar por un extraterrestre o un perro vagabundo, callejeando sin cesar por nocturnas plazas o espeso bosque a las claras del día. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;Después de muchas cavilaciones, se ha refugiado en su casa, su dulce hogar, no queriendo intervenir en los foros que proliferan por la red, ni en los mass media, porque le tiembla el espíritu y tienden trampas por doquier, y desconfía de los gerifaltes que maquillan la escena, y ha llegado a la conclusión de que el tiempo es oro, y no está dispuesto a perder ni una brizna de su existencia en fútiles garrucheos o necias mezquindades, que a nada conducen, absteniéndose de concurrir a los distintos foros, poniendo los puntos sobre las íes, aunque tenga toda la razón del mundo, y esté dotado de poderes sobrenaturales, como atestiguan las dinastías chinas, –de ahí viene la envidia encarnizada que despierta- para hacer eso y mucho más, pero como es una criatura paciente, comprensiva y sensata, no quiere entregarse o rebajarse a esos tejemanejes, que tanto venden en la sociedad actual, y pasa de todo, como un hippie cualquiera, porque viene ya de vuelta, y entiende que sus profanadores no están capacitados para aprehender sus argumentos, ni asumir el papel que les incumbe en este mundo, convencido de que es precisamente lo contrario de lo que se le acusa.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;Por otro lado, no quiere tocar las manzana de la discordia ni las de oro, al no admitir que se parezca lo más mínimo a una serpiente, a un gigantesco cocodrilo o un verde lagarto, y menos a un murciélago, ni haber pasado tan siquiera por su imaginación en ningún momento; es más, cuando los servidores del bosque le pasan las minutas de los trabajos, los menús de los empleados, los honorarios, las facturas de la compra en el corte chino, o las referencias de los habitantes del planeta Tierra se monda de risa, al comprobar la poca valía que exhiben los mortales, sobre todo en alegaciones y &lt;b&gt;argumentos ad hominem&lt;/b&gt; para destronarlo de su pedestal, para cargárselo en una palabra, y otras veces, se hincha de llorar por el continuo descalabro en que se encuentran sumidos los terrícolas, enredados como están en un río de veleidades, insultos y bofetadas, cebándose con él, tildándolo de malvado, traidor y mullidor de infernales trapisondas, manchando su impecable historial, habiendo mantenido siempre el tipo y el coraje, con las manos limpias en todo momento, quedando indemnes su prestigio, sus andares por los lugares más comprometidos del Olimpo, del Tibet&lt;span style="font-size:+0;"&gt; &lt;/span&gt;o del Parnaso, o los palacios de oriente o por las duras rocas de la misma Petra, respetando a vikingos, mongoles, chinos o japoneses, a pesar de la incesante tortura a que lo han sometido en interminables exposiciones, teatrillos y desfiles, llegando a mofarse en sus barbas de los gustos y costumbres, aunque a veces reconoce in péctore sentirse reconfortado y feliz siendo transportado en andas, a hombros o en carrozas por los bulevares y plazas orientales, vomitando fuego por los ojos y la boca de modo infernal, dado que él lo asume plenamente como un juego, sintiéndose autocomplaciente en tales circunstancias.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;Por encima de todo es una criatura encantadora, agradecida, y se la cae la baba a la menor carantoña, y a renglón seguido, utilizando todos los medios a su alcance, se lo hace saber a toda su corte del bosque, donde ahora vive, soltando un grito estilo tarzán, que la gente no percibe, pero que retumba en la espesura de los bosques como una bomba, sintiéndose liberado de las ásperas cargas. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;En el fondo es una persona de buen corazón, sensible, respetuosa, amiga de sus amigos, y no quiere armarla, pasando por alto tanta humillación, y pasar por este mundo sin ser notado, aunque nadie apueste un centavo por él, tanto es así, que hay momentos en que le dan ganas de disfrazarse de mendigo, o ladrón de estrellas o payaso de circo, recorriendo plazas y palacios, o apontocarse en la puerta de una iglesia con objeto de recabar unas migajas de cariño, con idea de que la honda pena mengüe, y de ese modo cicratizar las heridas que le embargan. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;Y a todo esto, no quiere ni pensar en cuando llegue el día en que tenga que contárselo a los descendientes, a sobrinos, nietos, biznietos, taratanietos y requetetaratanietos, pues vaya usted a saber lo que dirán, al escuchar las monstruosidades que propalan a los cuatro vientos los desaprensivos de su mítico requetetaratabuelo, el famoso dragón, que antaño se paseaba ufano, pletórico de facultades por las tórridas estepas y montañas rocosas, cubiertas de blancas toneladas de nieve allá por aquellas prehistóricas épocas.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;Ahora prefiere permanecer enclaustrado en su casa, la casita mía, como le gusta denominarla, pronunciándolo con peculiar acento, entre chino, mongol y japonés, en el idioma de las deidades ancestrales del bosque umbrío, entre el susurro de abejas y el aullido del lobo, recalcando el trabajo que le ha costado aclimatarse a esa vida terrenal, renunciando a otras prebendas y a los banquetes de los dioses en celestiales bacanales y opíparas orgías.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;El otro día le telefoneé a altas horas de la madrugada, y me atendió con suma delicadeza, ofreciéndose para lo que fuese menester, preocupándose de los más nimios detalles, si me encontraba económicamente colgado por alguna compra o mordida de última hora, coche, cortijo o isla desierta, porque puestos a pedir no hay quien nos gane, ya que para él todo vale lo mismo, y con los ojos draconianos que tiene entreve a mil leguas lo que el ojo humano no ve, de forma que apabulla al personal, descifrando los intrincados pensamientos que bullen en los desvencijados cerebros.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;Por lo tanto se puede afirmar que los dragones son los auténticos guías y guardianes de los elementos primordiales de la existencia, Tierra, aire, Agua, Fuego y el Espíritu.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;pre&gt;&lt;span style="font-family:';font-size:12;"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;   &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/pre&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:+0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-7744290937449446909?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/7744290937449446909/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=7744290937449446909' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/7744290937449446909'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/7744290937449446909'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/12/la-soledad-del-dragon.html' title='La soledad del dragón'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-bJye838tVFw/TuFVmLUPsZI/AAAAAAAAAbo/vP7EJdhQSZE/s72-c/drag%25C3%25B3n.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-6309465852306623388</id><published>2011-12-03T04:33:00.000-08:00</published><updated>2011-12-06T09:54:01.569-08:00</updated><title type='text'>Vivir es un asunto urgente</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-1tZ12exuZU0/Tt4H-LgmGtI/AAAAAAAAAbc/NDXn0v7sVmI/s1600/1%2B-%2Bfauno.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; DISPLAY: block; HEIGHT: 153px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5682988544610933458" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-1tZ12exuZU0/Tt4H-LgmGtI/AAAAAAAAAbc/NDXn0v7sVmI/s200/1%2B-%2Bfauno.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-ylnqJTMN42s/TtqDiN9moDI/AAAAAAAAAbQ/YoovRAScO0U/s1600/avion-despegando1.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como habían llegado a la conclusión de que vivir era un asunto urgente, sin más dilaciones ni suspicacias se pusieron manos a la obra.&lt;br /&gt;Empezaron por los faunos, las ninfas, los centauros y el Minotauro, acaso atraídos por los vívidos bocetos de Picasso en sus torrenciales años de creatividad y alegría de vivir, en que la sexualidad explotaba en los lienzos, los desbordaba, viviendo para el placer, tanto estético como sensual, desmontando miembros entremezclados, genitales, hímenes, y desmenuzando las raíces, los misterios que encierran estos seres, descifrando la genealogía. Así, catalogaron al Minotauro como el toro de Minos, el rey semilegendario de Cnossos, un auténtico monstruo nacido de los amores del toro con Pasifae, la mujer de Minos. Mitad toro y mitad hombre, que se alimentaba de carne humana, y residía en el laberinto de Creta, hasta que acabó con su vida Teseo. El Minotauro supone, simbólicamente, el predominio de lo animal sobre lo espiritual en el hombre.&lt;br /&gt;La concepción griega del toro humano antropófago, según algún crítico, preside una teoría: la de la enemiga entre toro y hombre, generadora del espectáculo taurino, en el que el hombre burla y castiga al toro como un desquite por su antropofagia. Esto sería la interpretación mediterránea del mito, que algunos artistas han plasmado con caprichoso concepto, como Picasso en sus dibujos, El Minotauro en familia, o El Minotauro musa de casa; curiosa interpretación familiar y casera del mito.&lt;br /&gt;Ningún artista plástico ha convertido en símbolo tan recurrente la iconografía del minotauro como Pablo Picasso. Este animal híbrido aparece en muchos de sus trabajos, especialmente en los que corresponden a la década de los 30.&lt;br /&gt;De esta manera, el minotauro se convertiría en una especie de “alter ego” del artista, por medio del cual éste retrata los avatares de su vida íntima. Cabe destacar que la identificación del pintor con figuras de sus lienzos es común: en su “época rosa” proyectaba sus experiencias en el personaje del “arlequín”, mientras que en los años 50 se identifica con el protagonista de la serie de El pintor y la modelo.&lt;br /&gt;Según otras fuentes, es una personificación solar, a la vez que una de las antiguas leyendas sobre el primitivo culto al toro.&lt;br /&gt;De todos es sabido que la fiesta de la muerte del toro viene a corroborar, en parte, estas hipótesis, que estriba en la artística mofa del animal con temerarios pases de pecho, desplantes y enfervorizados olés en un clamoroso flamear de pañuelos, concluyendo con su derrota –la tragedia sería a la inversa-, cayendo en redondo en la arena ante la mayestática imagen del maestro entre una lluvia de aplausos, flores y trofeos.&lt;br /&gt;No cabe duda de que en el devenir de los días andamos perdidos, nos sentimos movidos por otras mordidas, por otras cornadas, ajenos a lo que en realidad reina en la grandeza humana y en las memorables páginas de la vida; ya que si se atisbasen meridianamente los fogonazos, a buen seguro que no figurarían en el altar del olvido, en la soledad de los cementerios, sin afecto, sin primavera, algo impropio de personas ansiosas por desentrañar las singulares remembranzas y efluvios más plausibles del cosmos.&lt;br /&gt;Las mentes se adocenan, instalándose en unos parámetros a ras de tierra, sin prometedores empresas y sugestivos arco iris, como no sean los de su propia denigración por el prurito de que lo han engullido en algún foro, y se dejan llevar por los suspiros de reptiles que se arrastran por lodazales y escombreras, luciendo los brillos de los detritus, encorsetados a veces en voluptuosos labios de un perfil estirado o de blanqueados famosillos de poco pelo, que suben y bajan como un tío vivo, que aparecen y desaparecen por las aguas de la pantalla, embaucando a la inexperta clientela con la pérfida estela que destilan en francachelas o rancias y nocturnas norias u oscuras parrillas, unas veces eructando con la boca llena de monsergas, otras, comiendo pizza o la manzana de la discordia, tergiversando los ecos mundanos, las prontas lecturas, los viles devaneos de auténticos comparsas, que, como buenos amigos, incomprensiblemente se arañan, besan o desean la destrucción o la muerte de manera zafia, sin hilvanes que vengan a cuento, impregnándose las paredes y las miradas, el cielo y el suelo de mugre, de trocitos de mordida envenenada, o de lo que escurre de las comisuras de los labios, acumulando gavillas de desaires, cobardías y desechos, desembocando en el sencillo público, un auditorio propicio que traga a manos llenas, distraído, surgiendo posteriormente la brutal algarabía, el sublime estruendo, disfrutando a la postre del rico maná, con el que se sustenta el espíritu, y monta endiablados saraos, espectáculos florales o veladas, aunque vaya el buque a la deriva o cargado de vanas promesas, donde no baila la beldad ni la bondad, ni se come el pan tierno de toda la vida, o el candoroso cordero, ni se levanta la copa de oro de la utopía, que enciende la lámpara de los siglos de las luces, de los grandes despertares, de filósofos e ilustres pensadores que en la tierra han sido, como los enciclopedistas y filósofos franceses, Diderot, D´Alemberg, Voltaire o Montesquieu, o el infatigable Cicerón, con la famosa Catilinaria “ Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra” (Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia), o los ínclitos helenos, Parménides, Aristóteles, Sócrates o Euclides, y un interminable retablo de lumínicos faros que duermen el sueño de los justos.&lt;br /&gt;Las loas parece que muchas veces son caprichosas, van al son del viento, al norte, al sur o al sol que más calienta, ya que los elogios pueden multiplicarse subjetivamente hasta el infinito, y de esa forma, la ceguera, la necedad, la pedantería, la pereza, el placer, la ebriedad, la contumacia, la intemperancia, la solidaridad, la locura, el altruismo, las crisis, los amores, puede que paradójicamente coadyuven a caminar, aportando cada uno su granito de arena, cada uno a su aire, después de muchos tiras y aflojas, y todo ello, tal vez, nos conduzca a los parajes más límpidos y transparentes de la consciencia humana, porque quién no pone en duda, a bote pronto, que dar la vida por alguien o quitarse el bocado de la boca para dárselo a otro no es de locos, o desprenderse de un órgano para salvar a un semejante o arrojarse a la mar bravía entre tanto tiburón para rescatar a un náufrago no es pura vesania.&lt;br /&gt;Por ende la locura en el fondo amamanta las motivaciones de las criaturas, es la madre que nos protege sin percatarnos de ello, que ayuda a vivir de una forma más urgente, descubriendo exuberantes y ubérrimos frutos, que después la humanidad sabrá agradecer trasmitiéndolos sin recato de padres a hijos, y de ese modo se incrementarán las ansias de luchar por la vida y la concordia, y se saciará la sed de justicia de los pueblos, que piden con desespero sustento, ayuda, soplos de consuelo y agua para regar el estío interior.&lt;br /&gt;Por lo tanto, no hay que titubear más, vive, y piensa, que es gratis, y se abrirán las ventanas por donde entren los rayos de esperanza, del buen obrar, penetrando en la oscuridad de las tinieblas, en los cerebros atiborrados de pútrida mescolanza, que pulula por los muladares más sofisticados, donde apenas luce el sol ni compensa estacionarse ni un instante. Por ello, es preferible pensar, pensar en libertad en mitad de los altozanos, en los valles, o donde a cada cual le plazca, reencontrándose en la soledad consigo mismo, discerniendo lo abstruso de las esencias, de las certezas contrastadas, que nos legaron los numerosos sabios que por el mundo han transitado.&lt;br /&gt;En cuanto al logro de la longevidad, en la pugna por un vivir urgente, se perfilan como algo aleccionador ciertas pautas de conducta, que a buen seguro ayudarán a tal fin, como son, darle sin miedo al zapato, tener mucho trato y retirarse a tiempo del plato. El hecho de poner en práctica estos axiomas abrirán las puertas al funcionamiento de la maquinaria humana, vísceras, pulmones, cerebelo, páncreas, corazón, impulsando el acoplamiento de los motores y el engrase interno, resultando la vida más tierna y llevadera, discurriendo por unos vericuetos lúcidos, limpios de ripios, de virutas, apareciendo enjutas las travesías, al ser empapado el sudor de la pena, y de esa guisa se permitirá el libre intercambio de transeúntes, viajeros, peregrinos, que acaso sea lo que verdaderamente enriquezca la música de nuestros violines, de nuestras visiones de ensueño, de cálidas alboradas o románticos atardeceres en marítimos acantilados o en playas de cálida arena, siendo acariciados por los besos de las olas, que van y vienen en un acto humanitario, de perro fiel, que obedece las delectaciones del dueño.&lt;br /&gt;Otras veces, tal vez suspiremos por el libre albedrío, tumbados al sol, ensimismados en insondables elucubraciones, rompiendo moldes o los fríos hielos de invierno, o sacudiéndonos el intruso que se ha enquistado en nuestro hábitat, emponzoñándonos la existencia con disparatadas musarañas, cayendo en lo contrario de lo que a toda costa se quiere evitar.&lt;br /&gt;Ahora que las crujientes castañas se ofrecen como alternativa al rutinario silencio de las tardes deshojadas, sombrías de otoño, surge la oportunidad de degustar los nuevos placeres, el Carpe diem, las envidiables y secretas sorpresas que se esconden tras los musgos, el murmullo y las amapolas de los muros, o merodean por lugares solitarios, y luego se expenden por rincones, calles y plazas, en risueños tenderetes, por un módico precio de empatía y autoestima, siendo preciso armarse de valor y abrir los ojos del alma, de la comunicación, de los pesares y pensares del precario monedero y comulgar fugazmente con ellos, en un acto de buena voluntad, de hermanamiento con la madre naturaleza, echando las campanas al vuelo y a la basura los sinsabores, y navegar por el cauce de una savia renovada, de un exultante vivir, paladeando salsa y merengue cubano, pimientos del piquillo o rabos de lagartija, soltándose el pelo, cantando bajo la lluvia, mojándose el culo, investidos de viva sensatez, de las sustancias que nutren el área de descanso de la mente, cimentándonos en la firme confianza de nosotros mismos.&lt;br /&gt;Sólo resta informar a la tripulación y a los pasajeros del vuelo 1980 de Etihad a las 17´30 rumbo a Dubai, a cerca de los consejos del proverbio latino, Primum vivere, deinde philosophari (Primero vivir, luego filosofar).&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-6309465852306623388?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/6309465852306623388/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=6309465852306623388' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/6309465852306623388'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/6309465852306623388'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/12/como-habian-llegado-la-conclusion-de.html' title='Vivir es un asunto urgente'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-1tZ12exuZU0/Tt4H-LgmGtI/AAAAAAAAAbc/NDXn0v7sVmI/s72-c/1%2B-%2Bfauno.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-317433916261330072</id><published>2011-11-26T05:21:00.000-08:00</published><updated>2011-12-04T13:58:41.527-08:00</updated><title type='text'>Sorteo</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-IUvz9SUw5E0/TtDo5FLg0GI/AAAAAAAAAa4/W_B_KmeOpeI/s1600/Sorteo%2Bde%2BLoter%25C3%25ADa%2Bde%2BNavidad.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 140px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-IUvz9SUw5E0/TtDo5FLg0GI/AAAAAAAAAa4/W_B_KmeOpeI/s200/Sorteo%2Bde%2BLoter%25C3%25ADa%2Bde%2BNavidad.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5679295197454848098" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Al columbrar al cojo, que cruzaba alegremente la calle con el semáforo en rojo, a Julio se le abrieron los ojos y se le llenaron los pulmones de un aire fresco, sintiéndose resplandeciente, como un hombre nuevo, al deshacerse del miope caparazón que lo aprisionaba en aquel estricto recinto de pensamientos.&lt;br /&gt;   No creía mucho en los artilugios de la suerte ni en los juegos de azar, como los sorteos, aunque a veces tuviese alguna suertecilla, pues la vida está llena de sorpresas y contradicciones, como cuando sortearon aquel año a los quintos de su reemplazo, en que se sentía deprimido, sin ganas de probar bocado ni salir a la calle, pensando que a lo mejor le tocaba un destino funesto, en la quinta puñeta, con lo a gusto que estaba en su ciudad, paseando con la novia y la cervecita todos los días en el círculo de amigos, sin embargo la abogada de imposibles o no se sabe qué duendecillos le echaron un cable, saliéndole todo a pedir de boca, no debiendo atravesar el charco o los tórridos desiertos para hacer la mili, quedándose en la Península, cerca de los suyos, disfrutando de su compañía.&lt;br /&gt;   Por aquellos años Julio intentaba labrarse un porvenir, romper barreras, conseguir un pasaporte para al futuro, así, quería hacer el bachiller y emprender alguna pequeña carrera, preferiblemente breve, corta, y enderezar el rumbo, pero el horno no estaba para bollos en el ámbito familiar, y necesitaba hacerse de unos ahorrillos para tal empresa. Con tal fin consultaba meticulosamente los magazines dominicales, revistas y prensa en general con asiduidad, escarbando por entre los rincones de las páginas buscando el tesoro escondido, y examinando con lupa las ofertas de empleo que por allí se publicaban, en la esperanza de toparse con alguna alegría que le garantizase unos arrimos, un mínimo de ingresos, que le permitiesen luchar contra la estrechez y, al menos, costearse la estancia en la capital durante ese tiempo, y de esa manera realizar el sueño, los estudios que anhelaba. &lt;br /&gt;   Sin embargo las expectativas se tornaban broncas, oscuras, tenía que esforzarse al máximo, y exponerse a las mayores privaciones, ya que, con el paso de los días, enfrascado como estaba en los libros y en la redes del trabajo, no frecuentaba otros circuitos existenciales, andando siempre estresado y apresado por la incertidumbre, torturándose con la esquiva búsqueda de algún trabajo temporal; vivía en un continuo sin vivir, y, para colmo, los fines de semana debía de encerrarse en su habitáculo para ponerse al día y preparar algún examen, y cuando llegaba el fin de curso, se hallaba al borde de un ataque de nervios y del precipicio académico, pues al recoger las papeletas de manos del bedel, veía que la mayoría de los exámenes los traía suspensos, por lo que no podía por menos que pasarse los veranos semienclaustrado, a pan y agua, a la sombra de un pino junto a la playa o de una higuera en la montaña, o en su guarida con montañas de fotocopias y libros y más libros, recuperando lo que le quedaba pendiente.&lt;br /&gt;   Julio, en las épocas, que no eran muchas, en que no debía recuperar materia suspensa, y como evasión, se dedicaba a devorar libros de ficción y de todo cuanto caía en sus manos, leyendo los Diálogos de Platón, donde se habla del famoso continente, así como la novela de Benoit sobre las conquistas de los atlantes y sus grandiosas hazañas, y la obra épica de Jacinto Verdaguer sobre la Atlántida. En consecuencia, en los ratos de ocio de que disponía, daba rienda suelta a la imaginación, y se descolgaba por las laderas de la fantasía, desentrañando leyendas, o rumiando historias que le habían contado en la niñez, o que descubrió más tarde por su propios medios en algún libro que cayese en sus manos. Y a propósito de tales lecturas, le impactó lo referente a tal mito, que, aunque no creía mucho en lo que se relataba, no obstante pasaba horas y horas ensimismado, dándole vueltas a semejante acontecimiento, y lo mismo le ocurría con los astros, las estrellas o los interrogantes que envuelven la existencia de otros mundos habitados, y, por ende, sin apenas darse cuenta, se decantó por los avatares de la Atlántida, interesándose sobremanera, y profundizó en sus entresijos, concluyendo que se destruyó por una oleada de gigantescos terremotos y erupciones a grandísima escala, similar a lo que está aconteciendo actualmente en la isla de El Hierro pero a pequeña escala, lo que provocó un descomunal desmadre y el vuelco de los continentes, subvirtiendo la orografía de muchos de ellos. &lt;br /&gt;   Los habitantes de este continente, los atlantes, eran gente forzuda y luchadora, y se esculpían simbólicamente en el arte como sólidas estatuas que sostenían el cielo, a fin de que no se derrumbase como un castillo de naipes, estrellándose contra el pobre planeta Tierra, haciéndolo añicos.&lt;br /&gt;   Siguiendo con tales informaciones, los textos de Platón testifican la situación de la Atlántida frente a las columnas de Hércules, lugar entendido tradicionalmente como el estrecho de Gibraltar, y la describen como una isla más grande que Libia y Asia juntas. Su geografía era escarpada, con una gran llanura rodeada de montañas hasta el mar. A mitad de la llanura, el relato ubica una montaña baja, destacando que fue el hogar por antonomasia –por entonces aún no había ni okupas ni overbooking-, con compacto tejado y grande chimenea, donde ardían con ansias gruesos troncos de leña en los crudos fríos de invierno, y se contaban, al calor de la lumbre, chistes, chascarrillos  y cuentos de los ancestros de los dioses. &lt;br /&gt;   Uno de los primeros habitantes de la isla fue Evenor. Según el parlamento de Critias, Evenor era uno de los hombres que había nacido de la lama de la tierra, con buenos augurios, en el entonces territorio inhabitado de la Atlántida. Evenor convivía con toda normalidad, en un ambiente sereno y tranquilo, sin contaminación ni ruidos de fábricas, sin sobresaltos por la bolsa o la prima de riesgo o los terremotos de Wall Street, con su mujer, Leucipe, sin brotes de violencia de género,(aunque echaba en falta que no fuese un poco más cariñosa, y le obsequiase con besos tan indiferentes, tan fríos), en una montaña baja, casi una meseta,  que se ubicaba a unos cincuenta estadios del mar (unos 10 Km.). Fue padre de Clito. Ésta fue su única hija. Cuando Clito alcanza la edad de tener marido, muere Evenor y también su esposa. Clito sería la madre de la estirpe de los reyes atlantes.&lt;br /&gt;   Se cuenta, en el ámbito divino, que Poseidón era en realidad el amo y señor de las tierras de los atlantes, puesto que, cuando los dioses se habían repartido el mundo, no se sabe si como buenos amigos o si habría habido rencillas o testaferros entre ellos, como acaece de vez en cuando, y la suerte había querido que a Poseidón le correspondiera, entre otros lugares, la Atlántida. He aquí la razón de su gran influencia en esta isla. Este dios se enamoró de Clito, y para protegerla o mantenerla cautiva, creó tres anillos de agua en torno de la montaña que habitaba su amada. La pareja tuvo diez hijos, cosa nada desdeñable pero comprensible en aquella época, donde el vasto y ubérrimo campo permitía nutrir y retozar a sus anchas por las verdes praderas, y azuzaba a la procreación a fin de poblar el desierto continente aún en ciernes o en pañales, y para los cuales el dios dividió la isla en sus respectivos diez reinos. Al hijo mayor, Atlas o Atlante, le entregó el reino que comprendía la montaña rodeada de círculos de agua, dándole, además, autoridad soberana sobre sus hermanos. En honor a Atlas, la isla entera fue llamada Atlántida y el mar que la circundaba, Atlántico. Su hermano gemelo se llamaba Gadiro, y gobernaba el extremo de la isla, que se extendía desde las Columnas de Hércules hasta la región que, posiblemente por derivación de su nombre, se denominaba Gadiria (Cádiz).&lt;br /&gt;   Con el paso del tiempo Julio se fue aficionando a la lotería, a los cupones de la ONCE y otros sorteos, hasta tal punto que cayó en la ingrata ludopatía, y enrocado en ese rocambolesco mundillo, como llevaba bastante tiempo publicando novela negra, de aventuras y otros géneros, con objeto de amortizar parte de los gastos, convino en idear alguna estrategia o eficaz artimaña para salir airoso del atolladero, y encontrar algún acicate que le permitiese luchar contra la estrechez y ayudarse en la publicación de nuevos libros, y después de estudiar concienzudamente múltiples proyectos y efectuar innúmeros cálculos, abrió un blog en Internet, poniendo a la venta los trabajos, cuentos y demás novelas, estableciendo un juego de azar, un sorteo, que consistía en sortearse él mismo a los posibles clientes y lectores, de forma que los agraciados con la suerte los invitaría a cenar en el mejor restaurante de la comarca y a un espléndido espectáculo, una fiesta especial, que fuese del agrado de los afortunados, bien en saraos, tablao flamenco, ópera o en lo que se terciara.            &lt;br /&gt;   No cabe duda de que en el fondo, después de tantos altibajos, lecturas y entelequias, lo que en realidad le preocupaba a Julio era no suspender el examen de su atlántida vital, teniendo buena estrella, y si de camino vendía novela negra, mucho mejor.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-317433916261330072?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/317433916261330072/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=317433916261330072' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/317433916261330072'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/317433916261330072'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/11/sorteo.html' title='Sorteo'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-IUvz9SUw5E0/TtDo5FLg0GI/AAAAAAAAAa4/W_B_KmeOpeI/s72-c/Sorteo%2Bde%2BLoter%25C3%25ADa%2Bde%2BNavidad.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-8157240933581999849</id><published>2011-11-15T23:24:00.000-08:00</published><updated>2011-11-20T22:53:50.154-08:00</updated><title type='text'>Elogio de la cordura</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-yPFVLurZMik/TsNoSC47hJI/AAAAAAAAAas/qdoGDI2lPlE/s1600/cordura.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 166px; height: 200px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-yPFVLurZMik/TsNoSC47hJI/AAAAAAAAAas/qdoGDI2lPlE/s200/cordura.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5675494614639543442" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Aquel día el hombre no estaba para muchas bromas, las ojeras lo delataban, se sentía destronado de su órbita, como un astro errante, o que se hubiese nombrado la cuerda en casa del ahorcado, pues al abrir el escritorio, se topó con un mosaico de enunciados de grueso calado, cuasi lapidarios, y diríase que escritos a sangre y fuego, con la sensación de que habrían entrado por el orificio del baño en su sanctasanctórum de forma clandestina, sin reparar en las molestias de los moradores, ni en las más elementales normas de convivencia, de modo que estuvo en un tris de endosarles dos patadas en el trasero, largándolos con aire fresco, y si la memoria no le fallaba, eran los siguientes, La paciencia, El elogio de la cordura, y el mito de Sísifo; claro que, como suele ocurrir en estas coyunturas, a la hora de la verdad la gente se lava las manos o escurre el bulto, y siempre se podrá argüir que ocurrió por azar o error al ser entes inanimados per se, carentes de luces, impulsados por órdenes mayores, por la acción de una máquina ciega, la todopoderosa Internet. &lt;br /&gt;   A lo mejor se cumplieron a rajatabla los actos de protocolo o cánones al uso, pero los humanos son harto sensibles y tienen sus ritmos, imprevisibles baches, gustos, euforias, y no pueden por menos que rebelarse contra irracionales tropelías en defensa de la propia naturaleza, del legítimo derecho, exteriorizando la más enérgica protesta contra cualquier trama urdida, perjudicando consciente o inconscientemente la intimidad, la trayectoria o su impecable imagen. &lt;br /&gt;   Sin ir más lejos, la galleta, que masticaba en esos instantes, se le atragantó peligrosamente, reflejando una situación grotesca, pero triste, propia de una frívola ficción, como acaece a veces en el celuloide, pero nada más lejos de la realidad, ya que todo cuanto allí se desvelaba era verídico, verificable, como la vida misma, echándosele un nudo en la garganta, hasta el punto de que no lograba articular palabra, y menos aún enhebrar una brizna mental, era algo inexplícale, encontrándose en el trance de perder el equilibrio, la paciencia, la cordura y hasta la gruesa piedra de molino de Sísifo que llevaba adosada a la espalda, aunque esto le supondría un alegrón y un gran alivio para las costillas. &lt;br /&gt;   Semejante aglutinamiento de sentencias lo sentenciaban a muerte casi de por vida, y lo más severo era que no vislumbraba un resquicio en el horizonte, que le aprobase mirar para otro lado o desentenderse de tales temas, siendo superior a sus fuerzas, debido a la situación tan comprometida y cerrada por la que transitaba, y a su vez de camino le facilitara ponderar con aplomo el complejo dilema, llegando a una conclusión, que mal rayo me parta, exclamaría, si no cogía el toro por los cuernos, terminando el cuento de una puñetera vez, enfrentándose a la realidad, ya que comprendía que en el fondo no dependía de él mismo, sino del ego y de las circunstancias. &lt;br /&gt;   Entonces empezó a marear la perdiz, a calibrar distintas elucubraciones, y deletrear con parsimonia el primer vocablo que sobrevoló sobre su testuz, Paciencia, tal vez porque fuese lo que más necesitaba en tan cruciales momentos, y el pronunciarlo le resultaba grato y conciliador, aunque llevarlo a la práctica ya sería harina de otro costal, al tener que discernir in profundis sobre la materia, pues advertía de la posibilidad de que surgiese un cúmulo de panfletos, memorandos o tratados sobre la configuración de tal virtud, enturbiándole los sesos, y haberlos haylos sin duda en la viña desde tiempos inmemoriales, aunque por exigencias del guión se precisara resumir los dictados, a saber, los sufridos pacientes de un hospital; la juventud se muestra impaciente ante el porvenir; la obra teatral El divino impaciente; con paciencia todo se alcanza; la paciencia alarga la vida; la paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces; la paciencia y el tiempo hacen más que la fuerza y la violencia, y un largo etcétera.&lt;br /&gt;    En realidad, la sustancia de la paciencia no estriba más que en quedarse uno en stand by, a la espera de que le llegue el turno, la llegada de lo que sueña ardorosamente como interesante, apetecible y reconfortable, mereciendo la espera y la pena de que pase por su puerta. Pero en ese impasse, los malos augurios, hacen de las suyas, interviniendo con maquiavélico propósito, y pergeñan miles de argucias para reventar la vivienda o habitáculo que con tanto esfuerzo se ha erigido, al cobijo del altruismo o de los consejos de los sabios.&lt;br /&gt;   Y no le iba a la zaga en semejantes tareas la cordura, un término tan encomiable, que atesora ínclitas connotaciones dignas de subirla a los altares de las consciencias, y que apunta sin duda al corazón –del latín cor, cordis-, a lo más sensible, al amor, recalcando con contundencia que obras son amores y no buenas razones, aunque yendo ambos de la mano, como almas gemelas, que disparan, cada uno a su manera, a las entrañas del reloj humano, que marcan las horas con dulces suspiros, con las manecillas en un tictac de sístole y diástole, no pudiendo fumarse un cigarrillo en la puerta ni tomarse un respiro, truene o relampaguee, y, sin embargo, qué poco valorados están a veces en la vida el corazón y la cordura, y en esos laberintos, dando un paso al frente, conviene izar su bandera, y exclamar con Larra, vuelva usted mañana, no se vaya todavía, vuelva usted, por favor, a hilvanar la aguja con este otro hilo, que es del color que le pega a la presente prenda, al evento que nos ocupa, y mandar a hacer gárgaras a los enemigos de la discreción, del diálogo, de la perspicacia, de la empatía, de la tolerancia, del castillo de las buenas maneras, sentando plaza y plantándose en sus campos, en sus trece, contra viento y marea, priorizando el juicio, la razón y sucedáneos, de forma que los cimentados principios vayan galopando sonrientes por el sendero de la concordia, por donde deben proseguir, buscando el bien ajeno y el propio, el que se mece entre las dos orillas del puente del río, limando asperezas, templando turbulencias, rimando rivalidades, elogiando y eligiendo el término medio que proclamara Aristóteles, in medias res, a fin de que las acometidas extemporáneas no hagan su agosto en las engalanadas casetas de la feria, en las sazonadas cosechas tan ricamente cultivadas, esquilmando tierras e intelectos en el proceloso razonamiento de la vida.       &lt;br /&gt;   Todo tiene un límite, pero es preferible tener paciencia, que cosas peores se verán en el teatro de la vida, en los aconteceres diarios, por ello no hay que perder los estribos por leves bagatelas o estulticias, por un simple cambio de hora al amarillear las hojas otoñales, o por alguna aviesa sonrisa o memez, como acaso fuese el despropósito de un desnortado mosquito, que, perdido el GPS de la orientación, amerizó con suma precisión en la mismísima pista del vaso de vino que se estaba bebiendo. &lt;br /&gt;   Es aconsejable leer con atención las biografías y memorias de los eximios ingenios de la  historia, de toda la pléyade de insignes pensadores e investigadores que pululan por el firmamento de las letras, y de esa guisa impregnarse de sus hálitos, de los procederes, familiarizándose con la savia de su experiencia, la erudición y los tesoros que encierran, y así nuestras señas de identidad se enseñorearán y crecerán, armándose de valor e hidalguía, arreglando la crisis, el paro, el maltrato, la pobreza, los desheredados, la lobbycracia del poder, las guerras, la orfandad, la precariedad, y por ende no bailarán en la cuerda floja, o penderán de un hilo o de la dirección del viento, o de una mosquita muerta que, desafiando las leyes de la gravedad, distorsione la convivencia, cerrando el camino, la boca, a la cordura, y se le ocurra esquiar desairadamente en limos serenos, en un vaso de buen vino, o en las estancias únicas, recreativas de la vida, en plácidas noches de luna llena, sentados en cualquier balcón, como el de Europa o en la terraza de un bar, acompañados de alguien querido, y que, voraces y locos intrusos, sin apenas mojarse el culo, creyéndose reyes de quimeras, quizá piensen que las personas son de cemento, o como dice la canción, No somos tontos, sabemos lo que queremos, y anhelamos trotar con determinación por los colinas de Imagine, como John Lennon, cuando canta con las cuerdas –de cordura- de la guitarra a un nuevo amanecer, (…Imagina que no hay posesiones/, quisiera saber si puedes sin necesidad de gula o de hambre/, una hermandad de hombres, imagínate a toda la gente compartiendo el mundo/. Puedes decir que soy un soñador/, pero no soy el único/. Espero que algún día te unas a nosotros/, y el mundo vivirá como uno//.), y así participar en inolvidables moragas y espetos de palabras y sardinas, imaginando que se toca el fondo de las cuestiones palpitantes, y no se mordisquea la corteza de la razón, o se desaira a quienes marcan hitos en el discurrir de la cordura, utilizando retazos de locura para estrangular la ecuanimidad; y por si hubiese dudas a estas alturas de la noche, evoquemos algunos aforismos que se cuecen en el concepto: más cordura nos enseñan los fracasos que los éxitos; la cordura y el genio son novios, pero jamás han podido casarse; el primer suspiro de amor, es el último de cordura; varón prevenido de cordura, será combatido de impertinencia. &lt;br /&gt;    No es difícil ubicarse en las antípodas de la cuerda o de lo cuerdo, -tirando sin parar hasta envenenarla, imponiendo el imperio de la sinrazón-, de lo que se sustenta por sí mismo en cualquier esquina, paraje o isla perdida, porque acaso no desguace aparentemente el armazón del meollo, de lo que en verdad vale e importa; y todo ello hierve no lejos de las fuentes termales de innumerables libros, que van y vienen, rodando por nuestras cabezas, por las bibliotecas o librerías, expuestos en los escaparates, con cara de buenas personas y con estilo.&lt;br /&gt;   A buen seguro que tirando de la cordura con una larga y flexible cuerda, y transportando con la paciencia de Job la pesada piedra de Sísifo, ascenderemos a las altas esferas de la felicidad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-8157240933581999849?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/8157240933581999849/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=8157240933581999849' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/8157240933581999849'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/8157240933581999849'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/11/elogio-de-la-cordura.html' title='Elogio de la cordura'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-yPFVLurZMik/TsNoSC47hJI/AAAAAAAAAas/qdoGDI2lPlE/s72-c/cordura.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-1472620998322669898</id><published>2011-11-13T11:56:00.000-08:00</published><updated>2011-11-14T11:29:23.902-08:00</updated><title type='text'>Folio</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-CsEkmARJOJI/TsAi4NqeZuI/AAAAAAAAAag/Fo5pSsVamCo/s1600/caronte.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 158px; height: 200px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-CsEkmARJOJI/TsAi4NqeZuI/AAAAAAAAAag/Fo5pSsVamCo/s200/caronte.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5674573879622657762" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Su textura atrae en determinados momentos y circunstancias, cuando la imaginación abre las ventanas y deja que entren los rayos solares y creativos, y placenteramente se sitúa uno en su regazo, ante su faz, y va fabricando productos, eventos, acontecimientos o las más disparatadas peripecias; cuando eso ocurre, entonces su imagen es grata, risueña y atractiva.&lt;br /&gt;   Sin embargo, cuando los negros nubarrones se ceban con él, y su cándida blancura se torna esquiva, remolona y antipática, sembrando negatividad y desidia entre sus fibras, entonces chirrían todos los elementos de la estructura, el color, la temperatura, el tamaño, y los primordiales objetivos para los que fue hecho en los talleres del ramo.&lt;br /&gt;   Antaño los pobres no ofrecían sus mejores guiños ni galas, eran de un material tosco, rústico, apenas sin labrar. Lo mismo aparecía en un tronco arbóreo que en las paredes de una caverna despintada por las inclemencias del tiempo, o la acción de los humanos. Al cabo de los siglos, las técnicas se han perfeccionado y pululan inmaculados por doquier, en librerías, bibliotecas, papelerías, talleres de escritura, etc.&lt;br /&gt;   Existen infinidad de tipos, modelos y tamaños, y es a los niños a quienes más ilusión les hace con sus diabluras, al esbozar los primeros balbuceos y pinitos de grafías y abecedarios. Más adelante se recrean en sus líneas lúdicas, deletreando adivinanzas, leyendo historietas, cuentos, resolviendo sopas de letras, crucigramas, y así, poco a poco, se van afianzando y desarrollando en sus entresijos, en sus cimientos, solazándose, tanto chicos como ya grandes, inmersos en sus tiernas y dulces garras, viviendo o plasmando los sentimientos más íntimos, envasándolos en una especie de cápsulas literarias muy rebuscadas  y selectas, que destilan almíbar a los letraheridos, y una vitalidad cósmica, que resucita a los moribundos y pusilánimes, conteniendo en sus entrañas, ladrones, justos, ajusticiados, rebeldes, altruistas, cuerdos, desvencijados, ilusionados, deprimidos, ciegos que ven, histriones, bandidos, santos, proezas, reclusos, las fantasías de millones de historias y tramas, que participan y viven conjuntamente los más diversos avatares en los diferentes laberintos, vericuetos y etapas de la vida, desde la cuna hasta la sepultura. &lt;br /&gt;   La existencia está configurada y zurcida de puro cuento, cuentos al nacer y cuentos y más cuentos durante el viaje y al concluirlo, y sigue viva la leyenda, hasta el punto de ser transportados en la barca infernal de Caronte a la otra orilla, atravesando la laguna Estigia o el río Aqueronte, y por si fuera poco, y si nadie lo remedia, nos seguiremos alimentando de ellos por los siglos de los siglos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-1472620998322669898?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/1472620998322669898/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=1472620998322669898' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/1472620998322669898'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/1472620998322669898'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/11/folio.html' title='Folio'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-CsEkmARJOJI/TsAi4NqeZuI/AAAAAAAAAag/Fo5pSsVamCo/s72-c/caronte.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-4549930411932047910</id><published>2011-11-07T09:16:00.000-08:00</published><updated>2011-11-07T22:25:30.861-08:00</updated><title type='text'>Si lo prefieres</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-c7m40wHia-s/TrhvQ-Uw19I/AAAAAAAAAaQ/TDtS8rPH9sw/s1600/pareja.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 148px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-c7m40wHia-s/TrhvQ-Uw19I/AAAAAAAAAaQ/TDtS8rPH9sw/s200/pareja.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5672406068071815122" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El invierno hizo de su capa un sayo, y como si tuviese mala leche se plantó como un valentón en la plaza desafiante  y exclamó, aquí estoy, y vaya que si se notó.&lt;br /&gt;   El muy desvergonzado apretaba los colmillos con toda la fiereza, parecía que le iba la vida en ello; tanto es así que no cesaba de llover y llover. Los campos se sentían asfixiados por no dar abasto a beber tanta agua, y por si fuera poco el agua se convirtió en nieve, emulando el milagro de las bodas de Caná, pero, en este caso, en un sólido blanco, y llegaron rabiosas las nieves, de modo que lo iban revistiendo todo de un traje blanco, como de primera comunión, pero dejando a los moradores empantanados, en un estado lamentable, ya que aparecían como amortajados en un desecho patatal, en el campo de batalla, donde hubiesen caído por su patria miles de soldados, y donde no se podía dar un paso ante el amontonamiento de tantas criaturas tiradas de mala manera por los suelos, como negras colillas, con una cruz en el pecho, dibujada con el cruce de manos y el tronco del árbol encima por el fuerte vendaval, árboles tronchados, que se atravesaban en sus regazos, en sus mismas narices, en pie de guerra unas veces, y otras, implorando el perdón a la misericordia divina por el horroroso temporal. &lt;br /&gt;   No obstante la arboleda, como si lo llevase en la sangre, luchaba por conservar su majestuosidad, la dignidad, la figura impoluta junto con el talle y los brotes verdes que en primavera le habían salido, y como si disfrutasen de siete vidas y a su sombra se percibía la blanda suavidad de unas indefensas mariposas arrastradas por ese huracán y la sacudida de esos gigantes arbóreos, atrapadas en un desigual forcejeo, merendándoselas el insensible vegetal, y de paso se llevaban por delante algún que otro esqueleto de lagarto o peligroso escorpión, camisa de serpiente o la misma serpiente con cabeza y extremidades.&lt;br /&gt;   Mientras tanto las mesetas y colinas, emparejándose con la campiña, daban fe del escandaloso diluvio, que poco a poco se fueron tornando compactas y engreídas, semejando helados lagos, que enfurecidos y de forma increíble, ladraban rabiosos como perros salvajes en la lejanía, con redobladas ansias de venganza.&lt;br /&gt;   Aquellos lagos monumentales y momentáneos, se fueron expandiendo entre chaparrones y ventiscas con cara de niño travieso, formando imágenes raras, una especie de espejismos de compleja plataforma que, a la postre, resultaba extraordinaria, y una ocasión que ni pintiparada para la práctica del esquí.    &lt;br /&gt;   Albricias, gritaba interiormente Paco. No era un secreto que le encantaba el aroma virginal de la nieve, y esquiar como un poseso por el pecho de las sierras y las faldas, pues muy a menudo soñaba cuando dormía que estaba esquiando en la cama, deslizándose a tumba abierta por las rampas más comprometidas y peligrosas, por lo que vio el cielo abierto aquella mañana de marzo, y masculló entre dientes, qué suerte, ésta es la mía, convirtiendo el sueño en realidad, gritando después y saltando loco de contento en el cristal de las aguas. Con las mismas, asiendo los enseres de los que disponía, se dirigió a la compañera con cierto sigilo.   &lt;br /&gt;   -Mira, Petra, cariño, por qué no vienes conmigo a esquiar, antes de que la nieve se evapore, o se presente otro horrible temporal, además ya sabes que el tiempo es oro y hay que aprovecharlo, así que gocemos de este día tan delicioso.&lt;br /&gt;   -Oye, Paco, qué pesado eres, no me agrada ese deporte, no seas cabezota, pues sabes de sobra que me provoca vértigo, y me huele que tal vez esté embarazada y no debo correr riesgos. No seas un chico malo, así que mejor será que te olvides de mí, y te vayas tú solito a disfrutar del esquí y de tus copitos de nieve, te lo agradeceré en el alma. Sin embargo podría acompañarte en otras actividades menos arriesgadas. Pero fíjate, sabes una cosa, que estoy muerta de frío, y odio la nieve y lo que conllevan sus connotaciones y refranes desde tiempos inmemoriales, cuando estudiaba en el colegio, y ya estoy hasta el moño con tus gustos, pues me salen ronchas y alergias a borbotones por todo el cuerpo, me brotan como un manantial, y me ahogan como si llevase una soga al cuello, y no digamos la cantidad de frases hechas y dichos populares que viven a su costa, verás si no, a saber, año de nieves, año de bienes; buena es la nieve que a su tiempo viene; la nieve marcina, se la comen las gallinas; amor de madre ni la nieve la hace enfriarse; helada de enero, nieve de febrero, aires de marzo y lluvia de marzo dan hermoso año, y un largo etcétera; esto es tan solo una pequeña muestra, pues el río sigue con su abundante caudal, fluyendo de los veneros de los vocablos y de las cumbres hasta las llanuras, formando meandros entre altiplanicies, campiñas  y valles hasta acabarse en el mar, y así de esa guisa en un eterno discurrir por los insondables lechos, que si pintando esto de un color, que si aquello otro o lo de más allá con un arco iris sensacional…y nunca fenecen las aguas, las nieves, las sentencias, los refranes, en el eterno ciclo, real o metafórico, de la naturaleza.&lt;br /&gt;   -Bueno, perdona Petra, yo sólo quiero jugar, me lo pide el cuerpo, pero sólo tienes que echarle un poquito de cariño y valor a nuestra relación, y todo se arreglará si te abres a la cordura, anhelando que pasemos un rato divertido, relajante, así, por ejemplo, podríamos desnudarnos en un pispás, y revolcarnos en el suave manto blanco y lograríamos entrar en calor, o jugar al escondite o a la gallina ciega, y a buen seguro que sudaríamos de lo lindo, matando el maldito frío. Dime, qué opinas al respecto. A ver si se te muda el semblante tan recalcitrante y hosco, recórcholis. O si lo prefieres, danzamos en la beldad de la nieve, dejándonos llevar por la fuerza de la gravedad y rodamos monte abajo acariciándonos con el aliento, embadurnándonos todo el cuerpo de sonrisas blancas, y una vez inmersos en esa nívea carpa, no hay que preocuparse, porque nadie que cruce por estos pagos nos reconocerá, aunque acaso, asombrados, se lleven las manos a la cabeza instintivamente, debido a los prejuicios o a la original estampa al visionarnos regocijándonos en unas circunstancias tan singulares, que a buen seguro nunca más volverán a repetirse, los cuerpos cubiertos de un encendido y dulce velo blanco, pero desnudos en mitad de la transparente y sutil carpa de nieve.  &lt;br /&gt;   "Oye, Petra, o por qué no nos disfrazamos aprovechando los carnavales, cambiamos los roles, como en los mejores tiempos de la inmortal Venecia, tú, un hombre y yo, una mujer, qué te parece. Me coloco las dos hermosas calabazas que tenemos del cortijo de tu padre, de las que tan orgulloso se siente, y me enfundo tus prendas íntimas y la peluca rubia de las bodas, y verás cómo damos el pego esta noche, y nuestra pandilla ni se va a enterar. &lt;br /&gt;   "Eso sí, nos hacemos nuestra agenda, un punto de encuentro y el santo y seña, y a navegar por los canales de Venecia en góndola, como personas importantes, qué carajo, si fuese menester. Yo me dedicaré a dar besos en la boca a todo quisque, y estoy convencido de que nadie se va a molestar en esa mágica y misteriosa noche, porque con el porte, la voz y las prendas que vista los trajinaré a todos sin remisión, mientras tú te harás la tonta, esperando que alguien te meta mano, ya me entiendes, puro cuento, pues ante tus bruscas y viriles reacciones de macho indomable nadie osará semejante cobardía, o crearte algún minúsculo problemilla. Piénsatelo, y lo vamos preparando, aunque si lo prefieres nos quedamos en casa, aletargados como todos los sábados del año contando los desconchones de las esquinas de las paredes, las estrellas del firmamento a través de la ventana o las blancas ovejitas, como dos carcamales, para coger el sueño, dos viejecitos que no pueden pisar el umbral de la puerta de la calle, ni dar un paso adelante en la alfombra roja del vivir. &lt;br /&gt;   "No sé la respuesta Petra, pero conociéndote casi desde el vientre de tu madre, me da la espina de que hasta que no peines y repeines canas seguro que no vas a espabilar, y despejar el oscuro horizonte, y lo más probable será que pasemos la prehistoria, la historia y toda una vida en las mazmorras o en las cuevas de Altamira o del Drach, entre cuatro muros, como auténticos cartujos, con las botas de pobres de solemnidad puestas respecto a los ecos mundanos, y cumpliendo la promesa de los votos en el monasterio, orando y dándonos golpes de pecho al alba ante el altar de la desidia, encendiendo velas a todos los santos del cielo, y a los cristos del perdón, de la triste pena y de la buena muerte, sin nadar en las halagüeñas y chispeantes aguas del vibrante río de la vida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-4549930411932047910?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/4549930411932047910/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=4549930411932047910' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/4549930411932047910'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/4549930411932047910'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/11/si-lo-prefieres_07.html' title='Si lo prefieres'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-c7m40wHia-s/TrhvQ-Uw19I/AAAAAAAAAaQ/TDtS8rPH9sw/s72-c/pareja.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-3983786053177543729</id><published>2011-10-24T23:24:00.000-07:00</published><updated>2011-10-24T23:30:50.293-07:00</updated><title type='text'>La pausa</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-xpm2MsLh3nk/TqZXkjahY2I/AAAAAAAAAZk/POW3Xj47Fp0/s1600/Ni%25C3%25B1o.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 154px; height: 200px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-xpm2MsLh3nk/TqZXkjahY2I/AAAAAAAAAZk/POW3Xj47Fp0/s200/Ni%25C3%25B1o.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5667313466585736034" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Godoy tenía esbozado meticulosamente el camino, además de unas pecas en la cara y la cabeza rapada, de forma que no podía permitir que cualquier intruso le trucara la hoja de ruta, alegando tal o cual pretexto, obstaculizando por mera decisión su marcha, sobre todo si ya de antemano había perfilado con clarividencia las prístinas intenciones de lo proyectado.&lt;br /&gt;   Resultaba que desde corta edad, en que su abuelo lo acompañaba al colegio, ya había adquirido, sin percatarse de ello, la costumbre de desplazarse cada día por las mismas calles y plazas, parándose en las esquinas que le apetecía, igual que sucede cuando se pasea al chuche por el parque, -caprichosos que son ellos-, y asimismo pegaba cuatro saltos en los rellanos de las escaleras de su bloque según bajaba cual potro salvaje; había a la sazón una vecina un tanto indiscreta y malintencionada, que fisgaba todas las mañanas por la mirilla de la puerta las cabriolas y los traviesos descalabros del pequeño Godoy, repartiendo posteriormente los mensajes con premura a los demás vecinos, generando una corriente emponzoñada y hostil hacia su persona, hasta el punto de llegar un día a comunicar al presidente de la comunidad tales patrañas, con objeto de que tomase cartas en tan grave y solemne asunto, y lo metiese en las mazmorras, en cintura, reclamando un severo correctivo. &lt;br /&gt;   La pobre e ingenua criatura salía de su casa bailando, más contento que unas castañuelas, con la irresistible energía propia de la edad, y necesitaba trotar, relinchar, quemar el veneno que llevaba en el cuerpo cuanto antes, y así poder aplicarse en clase, relajándose, pero ni por ésas.&lt;br /&gt;   Cierto día cogió una veloz carrerilla al descender por las escaleras, corriendo el riesgo de estrellarse o caerse por una de las ventanas del pasillo, debido al impulso que llevaba, y entonces el abuelo pegó un grito de desesperación, con el rostro desencajado, y el nieto, como tarzán en el bosque, iba desmelenado, dando tumbos por aquellas frías cataratas de las escaleras, perdiendo totalmente el control, ¡Godoy, Godoy!, exclamó  el abuelo, espera, haz una pausa, hombre, párate, respira, que me ahogo y no puedo seguirte, pero ya era demasiado tarde, era tan vertiginosa la velocidad que había tomado, que cayó rodando como una pelota rota, saltando de tranco en tranco, echando sangre por las sienes, y alarmando sobremanera al vecindario, que en esos momentos desayunaba quedamente pensando en las inminentes e inquietas labores diarias que le aguardaba, así como en los atascos que tenía que padecer para acudir al trabajo, e imaginando la enigmática cara del jefe de la empresa con la crisis que le asfixiaba, recordando que el último fin de semana se rumoreaba que había en puertas un nuevo ERE en la empresa de algunos.&lt;br /&gt;   Las pausas eran para Godoy toda una pesadilla, pues le rompía el ritmo cotidiano y cerebral, le entraba una especie de negro ictus, algo inexplicable, de tal manera que, siendo persona sumamente sensible, podría causarle cualquier estrago irreparable en su frágil corazón, bien por arritmia o por alguna cardiopatía inoportuna. Y como además era un poco despistado, no asimilaba las enseñanzas de la vida como debiera, tropezando siempre en la misma piedra o transportándola a lo alto del monte cual osado Sísifo, de suerte que en cuanto le tocaban en ese punto, no había forma de conducirlo o amansarlo y hacerle entrar en razón, deshaciéndose lo mejor de sí mismo, que no era poco, como un azucarillo en un vaso de agua.&lt;br /&gt;   De ahí que el abuelo lo catalogara como un loco cervatillo o díscolo gorrión, saltando de mata en mata, de peña en peña o de puerta en puerta, siempre volando por el aire, sin tomar tierra, siendo sin duda el más duro de los reproches que le achacaban el abuelo y los familiares,  y de esa guisa disfrutar placenteramente durante un rato de un breve descanso en la campiña, en el baño, o jugando entre ellos sosegadamente, pudiendo charlar sin prisas con él de lo divino y lo humano, de los acontecimientos del día a día, de las amistades que tenía, de los deberes del cole, de lo que le disgustaba o más le chiflaba y moría por él, y de paso proporcionarle unas breves dosis sobre el comportamiento, para los embates que se pudiese topar en un futuro no lejano, a fin de fortalecerlo para las horas más crudas, al decidir qué realizar o no, qué caminos tomar, o las complicadas actuaciones en los diversos vaivenes que acaecen a cada paso por la vida. &lt;br /&gt;   Godoy era puro nervio, siempre en continuo movimiento, como las olas marinas, tanto en pleamar como en bajamar, con luna llena o menguante, se hallaba inmune a los agentes externos de la naturaleza. Las pausas, los descansos, la quietud no figuraban en su mente, sólo volar, volar y volar sin rumbo, permaneciendo siempre en el aire, en suspensión –como un ángel-, como si su cuerpo hubiese sido hecho exclusivamente de aire, -o quisiese remedar la hazaña de Ícaro-, y no de barro o de carne pura y dura, como el resto de los mortales, que, en determinadas ocasiones, muy a su pesar, se les pone de gallina.&lt;br /&gt;   A lo mejor gozaba de unas cualidades raras, algo excéntricas o prodigiosas por algún milagro, nunca se sabe, viviendo en un mundo diferente y feliz, lleno de luz, de estrellas comprensibles, únicas, y más humanas y cercanas, donde no exista la envidia, el estrés, las zancadillas, el odio o las perversas intenciones en los corazones, y que a nosotros nos esté vedado percibir tal beatífica aura, y en consecuencia caemos en una feroz crítica de manera ciega, o sin razón alguna, y con alegre aspereza, amarrados a las insensibles cadenas de nuestra impotencia y cortas luces, nos suene a chino todo ese misterioso mundo de Godoy, que tal vez, en el fondo, sea genial, generoso y fantásticamente creativo, digno de encomio.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-3983786053177543729?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/3983786053177543729/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=3983786053177543729' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/3983786053177543729'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/3983786053177543729'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/10/la-pausa.html' title='La pausa'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-xpm2MsLh3nk/TqZXkjahY2I/AAAAAAAAAZk/POW3Xj47Fp0/s72-c/Ni%25C3%25B1o.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-3296967632377743447</id><published>2011-10-17T23:36:00.001-07:00</published><updated>2011-10-24T12:17:05.532-07:00</updated><title type='text'>Reunión en el retrete</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-mDoS0K8MvQU/Tp0e-Vd0TUI/AAAAAAAAAZY/7ZiCw5Nr7wA/s1600/el-mito-de-casandra.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 193px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-mDoS0K8MvQU/Tp0e-Vd0TUI/AAAAAAAAAZY/7ZiCw5Nr7wA/s200/el-mito-de-casandra.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5664717962564881730" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;   Casandra, atormentada por los escrúpulos, cual trasunto de una propia nota biográfica que redactase, no coordinaba las neuronas últimamente, de modo que cada una tiraba por su lado, al igual que la cabra tira al monte, y sin más circunloquios, se bloqueó. &lt;br /&gt;   En una noche otoñal de luna llena del dos mil once, con las altas temperaturas a las que se veía sometida, Casandra concertó con su cohorte una solemne reunión en el retrete más próximo del palacio de Apolo, no lejos del templo sagrado, a fin de enderezar los entuertos que le llovían desde todos los frentes, pero sobre todo desde la andorga.&lt;br /&gt;   No estaba dispuesta a continuar por más tiempo padeciendo la insufrible intranquilidad de semejantes sofocos y violentos apretujones, no ya del pueblo llano, porque no le creyesen las profecías tan nítidas y calculadas que realizaba, como les aconteció a los troyanos por no creerlas cayendo prisioneros en manos del enemigo, sino del mayúsculo ninguneo de que era objeto por parte de los insignes y poderosos dioses del entorno –Príamo, Hécuba y Apolo, entre otros-, que le circundaban en aquella atmósfera divina. &lt;br /&gt;   La desventurada Casandra, en contra de su voluntad más puritana, y a pesar de los detractores que la hostigaban con acritud, al verse obligada a deslizarse por las vertientes de lo escatológico más cruel, siendo sin duda alérgica a tales coyunturas advenedizas, tenía que comulgar con ruedas de molino, debiendo incorporarse a periódicas sesiones de espiritismo y catárticas terapias a fin de subvertir las fobias y rémoras que la atenazaban, y aceptarse a fin de cuentas con todas las calamidades que se alojaban en su cuerpo, es decir, tal cual su constitución divina había sido concebida, pero su amor propio se rebelaba sin denuedo ofreciendo las mayores de las intransigencias a tales avatares. &lt;br /&gt;   Continuando con la biografía de Apolo, vemos que fue hijo de Zeus y Leto, y hermano de Artemisa, y dios de la luz y del sol. Su hijo Asclepio le ayudaba en la medicina y la curación de las enfermedades. Ejercía dominio sobre los colonos de aquellos territorios; asimismo era jefe de las Musas, y el dios de la música y de la poesía. &lt;br /&gt;   En el ámbito amoroso fue el prototipo por excelencia de la galantería y la conquista, superando con creces, a años luz, a los futuros personajes que pululan por las páginas de la literatura engendrados por obra de los mortales. Tuvo relaciones con Dafne, sólo hay que evocar aquellas terribles persecuciones a las que la obligó, pero debido a que se burlaba de Cupido por imitar a los humanos, entonces éste se vengó disparando una flecha a Dafne, logrando que ésta odiase a Apolo, y éste se venga transformándola en laurel, pero consagrado a su persona. Más adelante tuvo unas aventurillas con Lucótee, hija de Orcamo y hermana de Clicia, y posteriormente, como era de suponer, llegaron otros amores, Marpesa, aunque lo rechazaba por ser un dios inmortal –tal vez pensase que el amor no perdura por los siglos de los siglos-, mientras ella con el paso del tiempo envejecería y la abandonaría. Luego vendría la ilustre ninfa, Castalia, pero pronto huyó zambulléndose en la fuente de Delfos, al pie del Parnaso, cuya agua sagrada inspiraba a los poetas en la creación artística. &lt;br /&gt;   Más adelante tuvo con Cirene un hijo, llamado Aristeo, que se convirtió en el dios de los árboles frutales y de la agricultura. Con Hécuba, esposa de Príamo, tuvo a Troilo. Luego se enamoró de Casandra, hija de Hécuba y Príamo. Pero no acabó ahí la cosa, pues luego se enamoró de Coronis, cerrando provisionalmente el largo corolario amatorio. &lt;br /&gt;!Pobre Casandra, cuántos devaneos y veleidades tendría que sobrellevar en su débil y frágil cuerpo, por lo que tal vez sus vibraciones intestinales serían una clara somatización de las convulsiones de enamorada no correspondida! &lt;br /&gt;   Pero a lo largo de su dilatada vida, resultando sumamente difícil poner puertas al campo, y más aún si la lascivia se abre en carne viva, Apolo también gozó de amantes masculinos. Las circunstancias mandan, como decía Ortega, yo soy yo y mi circunstancia, y así sucedió en aquellos idílicos parajes y melifluos ambientes, donde a la sazón Apolo era el dios de la palestra, lugar donde los hermosos jóvenes se reunían para practicar atletismo, y siempre iban desnudos, lo que abría el apetito de los sentidos, aunque fuese acaso un placer efímero –lo bueno si breve…-, pues al poco tiempo sufrirían algunos trágicas muertes. Tuvo, entre otros, a Jacinto, un príncipe espartano, de gran belleza, mas cuando lanzaban el disco fue desviado por el celoso Céfiro, golpeándole en la cabeza con tan mala fortuna que Jacinto falleció, y en castigo Apolo lo convirtió en viento, para que no pudiese detenerse ni relacionarse con nadie. Luego tuvo a Cipariso, que le regaló un ciervo domesticado como compañero, pero lo mató accidentalmente, y solicitó a Apolo que sus lágrimas rodasen eternamente por valles y campiñas, éste accedió y lo transformó en ciprés, de ahí que simbolice la tristeza, dado que su savia forma gotitas que asemejan las lágrimas.&lt;br /&gt;  Con el paso del tiempo, se le atragantó a Casandra de tal forma la poca estima que le profesaban todos ellos que, no aguantando más, tuvo que acudir al gurú de turno de los mismos dioses que reinaba con múltiples prebendas por aquellos lares, y le expuso minuciosamente las cuitas, ultrajes y debilidades sin ambages ni tabúes, no reservándose el misterio de las horribles colitis que la azotaban sin reconcomio, y más si cabe al coincidir unas y otras, las desafecciones más íntimas, humanas y divinas, de lacayos y congéneres, con la nutrida nómina de crónicas e indescriptibles gastroenteritis agudas, que la llevaban a mal traer, y siendo persona precavida –pues lo llevaba en los genes-, con olfato de elefante o de buen oráculo, averiguando lo que le fuese a caer encima, el enigmático obrar del vientre, advirtió a todo el séquito sin excepción, los habilitados ujieres y bedeles encargados del distinguido evento, que el mejor lugar o escenario para entrevistarse con los mandamases, arúspices y demás selecta corte de los dioses era la letrina, pero eso sí, debidamente adecentada por expertos criados en tan delicados menesteres, y todo ello en prevención por la eventualidad de algún advenimiento no deseado, y de esa guisa encontrarse a salvo de cualquier extravagante indiscreción o impronta acometida, que tramasen las díscolas vísceras en tan singular y trascendente confluencia, ponderando en su justos términos el lastimoso trance por el que muy a su pesar transitaba. &lt;br /&gt;   Los dioses de su firmamento, aunque eran comprensibles y campechanos en cierta medida, no cayeron en la cuenta sobre las preferencias de Casandra por estar distraídos elucubrando sobre los amores frustrados en que se habían visto envueltos en anteriores citas, simposios y convenciones, donde cada cual llevaba el agua a su molino, achacándole al otro la falta de entrega, afecto o correspondencia en dádivas y desvelos y cuidados dispensados, ya que todo lo más que imaginaban era que las prístinas razones de la proposición serían políticamente correctas, y que todo se debería acaso al albur de ser un tanto caprichosa como la abuela, o tal vez porque estuviese embarazada, o por simples casualidades del azar, cosa extraña no obstante para la sutil mentalidad de los dioses, que lo saben todo, pues sabido es que habitan en escrupulosos y suntuosos palacios, rodeados de las comodidades más sofisticadas, baños térmicos, lujos y egregios oráculos, brillando todo como los chorros del oro. &lt;br /&gt;   Finalmente, la reunión se llevó a cabo en el retrete, como se había anunciado anteriormente por los emisarios del reino, con todo el boato y pompa de las grandes solemnidades, sintiéndose toda la comitiva harto satisfecha y confiada y contenta por tal determinación, ajenos como debían estar a la probable presencia de insoportables insectos voladores y moscas, hedores y otros furtivos aromas y factores, que por una brizna de pulcritud conviene obviar.&lt;br /&gt;   Los claros clarines de la corte de los dioses comenzaron a difundir sus alegres sones y aleluyas, en ese raro cielo en el que se cobijaban, echando mano de gruesas y luengas túnicas y bastones de mando, con el pecho ornado de brillantes medallones logrados en ínclitas intervenciones a lo largo y ancho del cosmos, marcando hitos, en auténticas gestas, en encarnizados enfrentamientos con otros dioses, de tirios y troyanos, habiéndolos humillado en su propio territorio, y posteriormente borrados del mapa, de su propio hábitat, cumplimentando sobradamente su envidiable hoja de servicios, subiendo a las cumbres del cielo y de la fama, cerca de los astros y satélites más influyentes, que pueblan el firmamento celeste, compartiendo casa, bienestar y bocados divinos.&lt;br /&gt;   La inmortalidad era lo que menos valoraban, toda vez que ya lo son per se, como la mosca posee patas, cabeza y ojos.&lt;br /&gt;   Casandra, figurando como el símbolo de las personas clarividentes por antonomasia, aunque rodeada de una pléyade de incrédulos por expreso mandato de su amor Apolo, no podía fallar en sus deliberaciones por nada del mundo.&lt;br /&gt;   Y dicho y hecho. Cuando más ensimismados y enzarzados en los asuntos se hallaban los eximios dioses reunidos en el retrete, empezó una furiosa y chocante cohetería de fuegos artificiales, con pronóstico reservado –remedando la erupción del volcán de la isla canaria-, un estruendo de viento y pedorretas y eructos y raras soflamas huecas e incandescentes, de suerte que se oscureció el día y el ambiente reinante hasta límites insospechados, debiendo salir huyendo Casandra, cual animal acorralado y despavorido –siendo mujer tan pulcra y tierna y delicada, amante de los dioses-, rodando por las escaleras, por supuesto que sin despedirse, y sin haber gozado del suave placer de utilizar el papel higiénico que por allí le aguardaba, siendo la comidilla en las tertulias del reino hasta los primeros atisbos del canto del gallo durante muchos, muchísimos otoños, como otras belenes estébanes, cotilleando en los tronos de oro de toda la deidad celestial.&lt;br /&gt;   Y es que no hay peor profecía para acallar y satisfacer a los incrédulos, al auditorio, que la de la inminente necesidad de la micción o la súbita evacuación de vientre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-3296967632377743447?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/3296967632377743447/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=3296967632377743447' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/3296967632377743447'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/3296967632377743447'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/10/reunion-en-el-retrete_17.html' title='Reunión en el retrete'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-mDoS0K8MvQU/Tp0e-Vd0TUI/AAAAAAAAAZY/7ZiCw5Nr7wA/s72-c/el-mito-de-casandra.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-1698064787317323366</id><published>2011-10-11T06:06:00.000-07:00</published><updated>2011-10-11T10:03:48.792-07:00</updated><title type='text'>Escritura en acción en los jardines de Lola</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-5bYC87G9DWA/TpRA4GXuRgI/AAAAAAAAAZA/sUbtpCKAIuE/s1600/Jardines_Quinta_del_Pardo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 134px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-5bYC87G9DWA/TpRA4GXuRgI/AAAAAAAAAZA/sUbtpCKAIuE/s200/Jardines_Quinta_del_Pardo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5662221964038522370" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Espensipo&lt;br /&gt;   Espensipo apostaba por la vida, por la sencillez de una tarde en el campo, con unos cuantos amigos, comiendo cerezas y peras y aguacates o higos de pascua, o bien saboreando algún licor en cualquier barecillo típico del pueblo. Porque aquel verano se había propuesto vivir a secas, pero vivir en toda la amplitud del término, y declararle la guerra a la indiferencia, a los actos insensibles, que de un tiempo a esta parte lo  deshumanizaban, de suerte que rehuía el placer más alentador, las alegres sonrisas de la vida, tropezando muy a su pesar en las mismas banalidades un día sí y el otro también, reiteradamente, como si quisiese remedar las funciones de otro Sísifo, en este caso urbano. &lt;br /&gt;   Finalmente adoptó la drástica medida de enterrar en una fosa común y bien profunda todo lo que presentase algunos ribetes de lo que más desdeñaba, la insensibilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                               Rumor&lt;br /&gt;   Las mañanas se le torcían sobremanera, casi verticalmente, cuando se subía en la montaña rusa, por el mero hecho de evocar la áspera infancia, en que con otros zagales y zagalas zigzagueaba por el recinto del ferial con el firme propósito de divertirse. Algunos días se iba a la fuente que había a la entrada del pueblo, que  apagaba la sed de los vecinos, y a veces se entretenía con una pistola de agua disparando por sorpresa a los transeúntes en el cogote o en los mismos ojos al volver la cabeza, sin ningún reparo. Le encantaba el rumor de la imaginación, porque le abría las puertas de un mundo nuevo, virgen, y el deseo de atrapar o descubrir inusitadas sensaciones, sobre todo cuando acariciaba la brisa las copas de los árboles y su cara, ofreciendo un rostro amable y dulce, ondulante, vibrando con dulzura por la vasta campiña, y el rumor, antes tan vago e impreciso se tornaba sereno, compacto, claro, empujándole a encarar los problemas con verdadero optimismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                    El dedo&lt;br /&gt;   El dedo acusador se convirtió en su dedo verdadero, cuando acudió al curandero al cabo del tiempo por no sentir mejoría, ya que en la fábrica donde laboraba sufrió un percance grave, y el jefe de personal le incrustó rápidamente el dedo de un muñeco que por allí andaba rodando, y se lo escayoló con premura, sin que se diese cuenta de nada, por mor del lastimoso trance por el que atravesaba, sintiéndose casi ciego y muerto de dolor y miedo. &lt;br /&gt;   Ahora ya podía presumir de llevar el dedo más chuli del mundo, el verdadero según sus cálculos, tras la intervención milagrosa del curandero –engullir sendos vasos de H2O con enigmáticos polvillos y unos trocitos de papiro puntiagudos dentro- a la que había sido sometido.&lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;                                     La cama&lt;br /&gt;   A Ángela le encantaban las camas grandes, espaciosas y que reluciesen como las aguas de los océanos, cuando los rayos solares se estrellaban sobre la superficie en el incesante balanceo de las olas. Pero Ángela no quería mancillar la tranquilidad y hermosura de la faz de la cama, quería respetar su atractivo, su duende, su ángel, y se decidió por acostar a sus muñecas  predilectas, las más elegantes y cariñosas. Aquellas con las que más se identificaba, procurando que todas estuviesen ubicadas escrupulosamente, guardando las distancias estéticamente, y haciendo juego con los colores de la colcha que la cubría. Ella, cuando le vencía el sueño a altas horas de la madrugada, se acurrucaba pacientemente en un rincón de la alcoba, aguantando como podía el chaparrón del sueño, y se sentía embelesada observando la estampa tan gratificante de sus muñequitas. &lt;br /&gt;   Mañana será otro día, musitaba entre dientes, harto condescendiente con sus sublimes e inquebrantables principios.    &lt;br /&gt;         &lt;br /&gt;                                                   El cajero&lt;br /&gt;   Cada vez que cruzaba aquella calle le entraba pavor al atisbar el cajero automático que allí había. Resultaba que muchas noches, oía unos ruidos raros, como si en su interior se albergaran infinitas ratas de enorme tamaño o terribles tigres, gritando desaforadamente como seres humanos en un estado de inminente pánico, bien por sentirse atacados  por el fuego de un incendio o impulsados por la fuerza del hambre. &lt;br /&gt;   Después de la travesía, y a veces ni tan siquiera eso, ella permanecía toda la noche en vela, aturdida, como si los sintiese en sus entrañas, y le arrancaran trocitos muy lentamente, como si pensasen que estaba durmiendo y no quisieran despertarla, y no había forma de que conciliara el sueño, por el infernal estruendo que rumiaba en su cerebro día y noche. Al cabo del tiempo y luego de una profunda reflexión, decidió un plan, que lo presentía como algo definitivo, a fin de mitigar en lo posible el grave problema.&lt;br /&gt;   Puso al corriente a los bomberos del barrio de todos los pormenores del asunto, y de la situación tan penosa por la que estaban pasando los vecinos y ella misma, instándoles a que satisficiesen su nerviosa ansiedad, por lo que los bomberos, atendiendo a sus súplicas, acudieron en su auxilio en cuanto pudieron, y cuál no sería su sorpresa cuando al acercarse al cajero automático saltaban por los aires cientos de serpientes de cascabel  silbando despavoridas, sembrando el desconcierto entre los transeúntes y  entre el mismo cuerpo de bomberos, curtidos como estaban en mil batallas, y fueron desbordados por los acontecimientos, viéndose impotentes para fulminar tanta víbora viviente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-1698064787317323366?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/1698064787317323366/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=1698064787317323366' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/1698064787317323366'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/1698064787317323366'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/10/en-los-jardines-de-lola.html' title='Escritura en acción en los jardines de Lola'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-5bYC87G9DWA/TpRA4GXuRgI/AAAAAAAAAZA/sUbtpCKAIuE/s72-c/Jardines_Quinta_del_Pardo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-5995620430353529589</id><published>2011-10-09T15:30:00.000-07:00</published><updated>2011-10-10T09:44:04.256-07:00</updated><title type='text'>Escritura en acción en el acueducto sexitano</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-C0YGjcr8qqU/TpIiA7yLM1I/AAAAAAAAAY4/I4XIz3xMIjI/s1600/acueducto-de-segovia%252520%252809%2529.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 150px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-C0YGjcr8qqU/TpIiA7yLM1I/AAAAAAAAAY4/I4XIz3xMIjI/s200/acueducto-de-segovia%252520%252809%2529.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5661625081001620306" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El acueducto&lt;br /&gt;   Una lluvia fina rompía la timidez del perro, asombrado ante el excelso acueducto, que se alzaba majestuoso como la copa de un pino, encontrándose ansioso por transportar cuanto antes agua  fresca desde la montaña, abreviando el camino que debía recorrer el acequiaje, evitando las molestias al no tener que descolgarse por la hondonada del valle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                             Vuelo&lt;br /&gt;   En un vuelo se coló el resplandor del espejo por entre el camastro de los ancestros, que olía a muerte reciente, como secuela de los sufrimientos de su dura vida, que de continuo iban y venían en el recuerdo chocando contra las obtusas ruedas del carro, que se guardaba en la puerta del cortijo, en pleno campo, representando como el que no hace la cosa un misterioso papel en aquel escenario, de forma que intrigaba en exceso a los eventuales visitantes de aquellos parajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                  La buganvilla&lt;br /&gt;   Los nueve bomberos aún permanecían en el retén, atenazados por la ignorancia y la ansiedad que le producían las extrañas piedras envueltas en fuego candente que caían en súbita cascada por la acción repentina del terremoto. Se oía a lo lejos un susurro provocado por los amperios de la casa colindante, que de manera inexplicable habían reventado los cables por donde circulaban, quedándose todos a oscuras, y sin poder otear a través de las buganvillas, que indiscretas se elevaban en demasía en el ángulo de visión, las malignas intenciones del zorro, que aguardaba -la ocasión la pintan calva- armado de sus mejores garras, conjeturándose la sagacidad de que estaba dotado para poner en práctica sus peligrosísimas argucias.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;                                                                        Ingratitud&lt;br /&gt;   En el horizonte flotaba una atmósfera corrompida, fatua, toda impregnada de mierda, lo que dificultaba sobremanera columbrar la belleza del acueducto romano de Sexi, que se erguía solemne y desafiante, cual floreciente capullo en la plenitud de la primavera, en mitad de la colina, ajeno al paso del tiempo, la erosión y las distintas civilizaciones que lo habían contemplado. &lt;br /&gt;No obstante exhalaba furioso cierta ingratitud por la ausencia del calor de artistas y músicos y escritores y pintores y arquitectos, que se solazasen en sus tiernas faldas, inspirándose o tal vez maldiciendo los ínclitos veneros que tanto tiempo lo han decorado sonrientes, y sin que nunca se hayan rebelado contra el hecho de tener que bajar la cerviz, como agua putrefacta de cloacas o de desguace industrial, obligándola a circular contra viento y marea por sus vetustas fauces, siendo como era agua pura y potable, transparente y cristalina.&lt;br /&gt;                                     &lt;br /&gt;                                                                     Soledad &lt;br /&gt;   En la trastienda se mascaba la tragedia, un barrunto de negros vómitos, que conducían a una nociva anorexia, y de un modo extraño, y sin saber cómo, se hallaba abrazado a la ambivalente luz que entraba por la ventana, desnortado, y se devanaba los sesos en mil dudas arrastrado por la inmisericorde soledad, que ni con las acometidas y las patadas de los chillones zapatos conseguía enderezar el entuerto, ni avanzaba apenas con los puñetazos llenos de rabia que propinaba a todos aquellos espantajos que le sobrevolaban en bandadas por la mente, no logrando levantar cabeza.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-5995620430353529589?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/5995620430353529589/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=5995620430353529589' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/5995620430353529589'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/5995620430353529589'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/10/escritura-en-accion-en-el-acueducto.html' title='Escritura en acción en el acueducto sexitano'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-C0YGjcr8qqU/TpIiA7yLM1I/AAAAAAAAAY4/I4XIz3xMIjI/s72-c/acueducto-de-segovia%252520%252809%2529.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-8700950144999999495</id><published>2011-09-10T03:34:00.000-07:00</published><updated>2011-09-10T04:17:16.342-07:00</updated><title type='text'>Escriviviendo</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-rzLwYmvXcaY/TmtEf8ph3DI/AAAAAAAAAYw/f7ces1hlkM8/s1600/escribiendo.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 142px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-rzLwYmvXcaY/TmtEf8ph3DI/AAAAAAAAAYw/f7ces1hlkM8/s200/escribiendo.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5650685473113365554" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Después de la feria, con los motores fundidos de tanto comer, beber como cosacos y trasnochar, hete aquí que intentaba montar una red protectora por si acaso, un chiringuito de palabras que diesen espesa sombra en estos asfixiantes días de estío que aún colean, de suerte que fueran -como los buenos troncos en las lumbres alrededor de la chimenea regalándose entre sí chistes, chascarrillos, dimes y diretes efervescentes- cuanto más gruesas y reconfortantes mejor, lejos de estados calamitosos, bulimias, anorexias u otras languideces, pero se había quedado sin tinta para acometer semejante empresa, y con no poca desgana musitaba, quién me lo iba a decir. &lt;br /&gt;   El caso es que lo atisbaba todo al revés, no había forma de que conectara la realidad con el término justo, así el verano se le transformaba en invierno, los frescos árboles en secos postes de un tendido eléctrico, configurando en su conjunto inmensos campos de granadas sementeras ya listas para la recolección, o quizá un tropel de desbocados caballos corriendo campo a través, no se lo explicaba, y si había llegado a esta situación tan preocupante debería ser por alguna causa concreta, a lo mejor por la atrofia de los sentidos, de lo contrario cómo descodificar lo que ni veía ni existía en derredor, y le ocurría así como así, a un palmo de distancia, como la irritante mancha que llevaba en el vestido sin percatarse de ello. Los posibles amigos o conocidos que se cruzasen pensarían que no tenía arreglo, que era una persona descuidada, pusilánime y poco curiosa o que tal vez cifraba en ello la felicidad, vaya usted a saber, sin hurgar en otras cavilaciones. &lt;br /&gt;   Por otro lado, le resultaba penoso vislumbrar los objetos o las personas que se topaba al cruzarse con las luces que lucían por los bulevares en las oscuras noches en el quehacer cotidiano, incluso en las calles colindantes, donde la gente hervía, se agitaba y conversaba con fruición, como si les hubiese sabido a poco la fritanga festiva, todo lo que habían trotado por el real de la feria, oyendo y soportando auténticos tsunamis de decibelios, con los tímpanos rotos y en ocasiones machacados por las enormes pedradas del bullicio en la misma boca del estómago, el desorden en la dieta alimenticia y el poco descanso que habían disfrutado durante todo ese tiempo, enfrascada como se hallaba la multitud en el infierno que allí se fraguaba. Todos los altavoces rugían a tope, en una pugna por sobresalir y ver quién brincaba por encima del otro, acumulando más atronadores méritos, además del tumultuoso desfile con la chiquillería a cuestas desgañitándose, que saltaba de mata en mata cual juguetones gorriones totalmente desinhibidos, suspirando cada cual por su retoño que se le antojaba extraviado, deambulando a ciegas por los espacios, yendo de un lado para otro.&lt;br /&gt;   En consecuencia es comprensible que no dispusiera de la suficiente energía para desplazarse al cementerio de desguaces literales, al diccionario, donde yacen entre canos muros de páginas silenciosas y casi en el olvido las palabras –esperando una voz que diga, levántate y anda-, debiendo cargarlas en el tren de la vida y vaciarlas una a una con mimo, sin que se rocen o se molesten entre sí con rencillas o rencorosos celos presumiendo de exhibir mejores galas o logrados coloretes de luxe, y obligarles a respetarse, como ocurre en los ambientes sanos, frecuentados por personas más o menos civilizadas, que toleran las alergias y los estornudos ajenos, guardando las distancias pertinentes para no pisarlos, no inmiscuyéndose en las celdas de los demás operarios. Pero sería de sumo interés averiguar cómo se consigue algún minúsculo muñón de raciocinio que amaine la súbita tempestad, aunque sea una leve brizna de su imprevisible y misterioso comportamiento.&lt;br /&gt;   Y todo ello no será por falta de ferias, pues sin escarbar mucho en el calendario veraniego, a buen seguro que en estas fechas afloran infinidad de veneros festivaleros de vírgenes, eventos y encuentros, donde los ciudadanos se desmelenan con toda el alma al son de los compases de psicodélicas músicas y vibrantes balanceos de columpios de todo tipo, que desperezan sobremanera las emociones de los somnolientos o atemperan a los ansiosos por muy ensimismados que estén en su torre de marfil, arrastrados por devaneos o urgentes impulsos del momento, bien de salud o de complejos contratiempos al volver de la esquina, azuzados por la descarnada crisis.  &lt;br /&gt;   Mientras no se ponga en práctica el dictado asertivo, tan necesario por otra parte para sobrellevar las suspicacias o las adversidades que se adviertan en el itinerario, pues no queda más remedio que ponerle coto a los desaguisados vivenciales de algún modo como, Sí, hay que aprender a decir No, y se abrirá una rendija por donde discurran salerosos los sentimientos, y así gozar de un gratificante hábitat, donde solazarse o desentumecerse, teniendo la fiesta en paz consigo mismo y con el entorno.&lt;br /&gt;   A pesar de todos los afanes habidos y por haber no hay forma de descubrir las herramientas precisas que perforen las frías capas de la piel de uno mismo en determinados momentos, que a veces se erigen en gigantes glaciares, que echan por tierra el fulgor de la luz o el calor que penetra por las claraboyas que le circundan, o tal vez emprender el vuelo por encima en el devenir cotidiano, desplegando las velas de la nave y surcar mares y océanos y disfrutar de la madre naturaleza, destripando escollos o flaquezas, armándose de valor y generando altas dosis de creatividad literaria, mediante el arte, la imaginación, las historias, esbozando inusitadas estructuras que fecunden los campos cerebrales, perfilando otros horizontes más lúcidos y halagüeños, emitiendo innovadores latidos que hagan resurgir hacia el infinito la altura de miras, cual rara avis que yacía oculta en las interioridades del espíritu.&lt;br /&gt;   Revisando la agenda, no encontraba lo que buscaba, aquello que más anhelaba, la chispa que le encendiese la ilusión de vivir, de sonreír al contrapunto del odio, de la neurastenia, del tedio, de la sinrazón, abriéndose camino a la vida cada mañana, bañándose en los rayos solares que husmeaban por su ventana, despojándose de insensibles harapos, de la negra careta del pesimismo y bailar en el alegre rocío matutino, prosiguiendo impertérrito en la brecha. &lt;br /&gt;   El otro día le transmitió a un conocido aquello que guardaba como un secreto en lo más íntimo, al menos así lo ponderaba en sus libres ensoñaciones, invitándole a que se comprara un apartamento con jardín, pista de tenis y piscina, que estaba en venta, dándole sentido y provecho a los esfuerzos de tantos años, los ahorrillos que conservaba a la chita callando, y brindar por un futuro esplendoroso, y vivir tardes inolvidables y enriquecedoras, extrayendo de la vida la parte más jugosa, y disfrutar del perfume de las horas –carpe diem- que se nos brinden, pues no hay que pasar por alto el adagio latino que ya lo dictamina, tempus fugit, con la fatídica certeza de que no hay nada ni nadie que consiga atarle los cascabeles al can.&lt;br /&gt;    Escribir es vivir, porque a través de su ejercicio, de su performance se ejercita el ser humano en los más dispares roles y ruletas de juego y bolas de cristal, entrando en la nueva existencia de los personajes desempeñando las más diferentes funciones psíquicas y mentales, al beber de innumerables vidas, que de lo contrario permanecerían inéditas, sin ojos ni entrañas, en los subterráneos del nihilismo. Por ende, no nos hagamos los remolones, y escribamos y bebamos el dulce licor de fresas de las frases y proverbios sin reparos, echando tiernos sorbos de aquello que más nos subyuga o acaso enturbia las breves horas felices –cantando la pena, la pena se olvida-, y levitemos llenos de gozo y sonrisas por una beatífica lluvia de satisfacciones, sorpresas y cantos que acariciamos inconscientemente en los rincones menos insospechados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-8700950144999999495?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/8700950144999999495/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=8700950144999999495' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/8700950144999999495'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/8700950144999999495'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/09/escriviviendo.html' title='Escriviviendo'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-rzLwYmvXcaY/TmtEf8ph3DI/AAAAAAAAAYw/f7ces1hlkM8/s72-c/escribiendo.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-6088851642072171145</id><published>2011-08-16T11:46:00.000-07:00</published><updated>2011-08-19T10:41:47.630-07:00</updated><title type='text'>A cenicienta se le va a caer la ropa</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-wixnpDubVBM/Tkq8XSF20AI/AAAAAAAAAYo/FYK4xoaV6_M/s1600/cenicienta.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 134px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-wixnpDubVBM/Tkq8XSF20AI/AAAAAAAAAYo/FYK4xoaV6_M/s200/cenicienta.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5641528591414382594" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                           &lt;br /&gt;    Leonor lucía sus mejores galas en las fiestas del barrio o peñas culturales por las que transitaba; y allí era donde sacaba pecho y lo mejor de sí misma, repartiendo sonrisas y parabienes con entusiasmo, yendo y viniendo con dosis evanescentes por el ambiente variopinto, variando el repertorio según la dirección del viento. &lt;br /&gt;   En las tardes veraniegas del lento agosto salía con la fresca a los campos más cercanos a oxigenarse, distraerse y aliviar los turbios humores o perfidias, si las hubiere, pues pese a todo ostentaba en la familia la etiqueta de cenicienta y la duda de que la hada madrina le favoreciese, porfiando con unos y otros sobre quién resultaría ser más fuerte a la hora de la verdad, empecinada en sus silogismos tan sutiles, o quién atesoraba una mayor contundencia viril u hormonal. Las cosas se iban sucediendo en un continuo fluir de engranajes y desvaídas cataratas, destilando llamativos modales mediante una idiosincrasia muy propia, que doblegaba al más pintado o rebelde.&lt;br /&gt;   El teatro no le era ajeno, hasta el punto de haber colaborado en breves apariciones o cameos, como acontece con insignes personajes del mundo artístico, y en verdad no se le daba mal, dominando las tablas con aplomo y precisión, pero la función no la finalizaba en el escenario al bajar el telón, sino que la prolongaba en la alfombra roja del día a día, era el espejo donde se plasmaban sus pensares o pesares, y a cada paso que daba se posicionaba en su tesis napoleónica, o montaba toda una pieza teatral a su medida a la intemperie en un periquete, utilizando selectos trucos de demiurgo, insertándolo todo en las páginas en blanco de la convivencia, y reflejando a la postre lo opuesto a lo que había apuntado en la trastienda del guión, en sus entrañas, pero que a ojos del auditorio relucía con nitidez su imagen de persona emprendedora y brillante, brillando con luz propia, haciéndose acreedora de suntuosos halagos y excelsas virtudes, revistiéndola de desbordantes sentimientos de tolerancia y comprensión la mar de exquisitas.&lt;br /&gt;   En su quehacer rutinario, sin quererlo o a sabiendas, interpretaba mil versiones de la misma canción, dado su carácter versátil y polivalente, no dando nada por perdido de antemano, o relataba mil y un cuentos a la luz de la luna, o sacaba a la palestra pasajes de célebres comedias y tragedias clásicas, pero hurgando en entresijos banales y a veces procaces, o se preocupaba por el paso del tiempo, filosofando sobre la eternidad del instante o por qué mueren los ríos en el mar y nacen en las cumbres, de modo que a nadie disgustaban los exabruptos o desplantes que exhibía, generando una concordia entreverada con aires inconsistentes, que surtían un efecto embriagador por frescos y espontáneos, de suerte que al analizarlos los presentes así de pronto lo daban por bueno, influidos por el ropaje del envoltorio, aunque no rezumara ni una brizna de sustancia, y el contraste de esdrújulos y agudos acompañados de su gestualidad y aparente grandilocuencia hacían el resto.&lt;br /&gt;   Sin embargo era en ese punto donde exprimía el mejor jugo, estrujando limones u otros cítricos de la huerta que cultivaba internamente, o cocinando croquetas de flacos pensamientos servidos en envidiables vajillas, de forma que fascinaba a los comensales de turno mordiendo, hambrientos como estaban, con fruición los exóticos parlamentos que propalaba, desprovistos de atisbos cognitivos; o recitaba célebres sentencias con recetas o raciocinios preñados de montaraces provocaciones utilizando las herramientas más idóneas para sortear los escollos, o se entretenía en hacerse tirabuzones o altaneros moños discurriendo por enrevesados vericuetos.&lt;br /&gt;   A veces tonteaba con ciudades literarias –Macondo, Comala, Santamaría- o reminiscencias librescas sobre autores antiguos o modernos, aunque con la argucia de tergiversar las intenciones del creador, nadando contracorriente por turbulentas aguas, no exentas de elucubraciones fantasiosas. Lo ejecutaba con la divisa de pitonisa romana, que lo mismo servía para un roto que para un descosido, al quedarse flotando en la superficie del concepto, sin tocar fondo. &lt;br /&gt;   Así un buen día, como si se hubiese empapado a propósito del poema lorquiano, La casada infiel, a pesar de que detestaba ciertas razas –pues tricotaba con blanca lana los guantes de invierno-, fue sorprendida a quemarropa con un obsequio jamás soñado, un canastillo de cañavera –enseres que le chiflaban-, con unos ardientes higos chumbos dentro, trenzado con el duende y la magia de manos gitanas, abordándola por el camino, en un alarde un tanto presuntuoso pero legítimo, impulsado quizá por el espíritu de los ancestros, al surcar por entre sus sienes tales sensaciones, como la historia del regalo del costurero camino del río, y de esa manera robustecer la leyenda de la raza, y proclamar al mundo la nobleza e hidalguía gitanas, no traspasando las fronteras establecidas, lejos de los desfiladeros de la lujuria, &lt;br /&gt;   Me porté como quien soy.&lt;br /&gt;Como un gitano legítimo.&lt;br /&gt;La regalé un costurero&lt;br /&gt;grande, de raso pajizo,&lt;br /&gt;y no quise enamorarme…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Entre tanto Leonor deambulaba con petulancia de patricia romana, hechizada por el regalo del canastillo, sintiéndose cortejada y protagonista por la súbita conquista por aquellas agrestes campiñas mediante sus sensuales e inteligentes armas.&lt;br /&gt;   Los programas de la tele, manantial inagotable de emanaciones estelares, que proliferan por doquier, le suministraban los nutrientes pertinentes para levantar el vuelo y picotear en los ansiados frutos, merced a la ferviente delectación nocturna de tan sublimes empresas, en donde ilustres personajillos, con melena o calvos, luchan a sangre y fuego por labrarse un porvenir, el más encumbrado posible, emulando peripecias o ínclitas epopeyas, raptos de elenas, veleidades de penélopes, intrigas mitológicas, incansables viajes de apuestos ulises o gulliveres, gestas de sansones interviniendo en los reality shows de supervivientes u otros similares, cada uno de su madre y de su padre, haciendo de su capa un sayo en islas perdidas por los mares del sur o del norte, enfrentándose en una sucia pelea por la subsistencia, como parodia del destierro del paraíso terrenal por su testarudez o mala uva, debiendo ganarse el sustento con el sudor de su frente, cazando o pescando chismes en aquellos infranqueables parajes. Tales lugares son presentados a los telespectadores como misteriosos y perdidos en la vía láctea, pero elegidos a conciencia por egregios cerebros, previo meticuloso y detallado estudio del share de oro del que va a disfrutar, con idea de hacer su agosto, extrayendo la máxima rentabilidad, y allí, con sus respectivas máscaras, cada cual juega el papel que se le ha asignado en el minúsculo teatrillo que asoma por la pantalla, donde se fragua o fomenta la gresca, la idiotez, lo esperpéntico, lo rijoso, lo chocante, lo insulso, a través de íntimas puñaladas, zancadillas, besos escandalosos, heridos abrazos, odios, rumores de órdago, manejando a su antojo todos los hilos los jerifaltes. Escenifican auténticas batallas campales remedando los espectáculos romanos entre las fieras y los gladiadores en los anfiteatros –pan y circo-.&lt;br /&gt;   Y es precisamente en esos escenarios tan cuidados y selectos donde se amasan las trazas de la tramoya de Leonor, muy circunspecta y orgullosa de sí misma, al engullir con voracidad los dislates de los concursantes, consiguiendo gran acopio de material para satisfacer las inquietudes más trascendentales, que en noches de ociosa desventura o en futuras actuaciones llevará a la práctica, configurando todo un universo displicente e inane en el entorno íntimo de la pareja, acorde con los detritus que poco a poco se han ido sedimentando en las capas cerebrales, formando la estructura de su trauma mental.&lt;br /&gt;   Por ende el canastillo de cañavera, en su caso, con frescos higos chumbos, podría servir de sustento para la supervivencia de quien, a falta de pan tierno y sentido común, se enrede en trapisondas baldías o descarnadas de la vida, con lúbricas ensoñaciones que probablemente coadyuven a que a cenicienta se le vaya a caer la ropa.                    &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          &lt;br /&gt;             &lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-6088851642072171145?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/6088851642072171145/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=6088851642072171145' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/6088851642072171145'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/6088851642072171145'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/08/cenicienta-se-le-va-caer-la-ropa.html' title='A cenicienta se le va a caer la ropa'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-wixnpDubVBM/Tkq8XSF20AI/AAAAAAAAAYo/FYK4xoaV6_M/s72-c/cenicienta.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-6979182768490483491</id><published>2011-07-17T16:30:00.000-07:00</published><updated>2011-07-22T02:22:47.115-07:00</updated><title type='text'>Los silbidos del viento</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-biwIugYzi3U/TiNysc3G9aI/AAAAAAAAAYg/9YQSzs7RHK0/s1600/Cielo%2B1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 133px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-biwIugYzi3U/TiNysc3G9aI/AAAAAAAAAYg/9YQSzs7RHK0/s200/Cielo%2B1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5630470067130398114" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En la reunión se escanciaron botellas de sidra y jarras y más jarras de cerveza y sangría, saciando la ansiedad y la sed los asistentes, que permanecían tiesos, casi en silencio, cosa extraña en estos eventos, en medio de un susurro de abejas que sonaba en los alrededores estrujando sus seseras, sumidos en las simas de si mismos, en el subconsciente, surfeando a brazo partido por la superficie de una sinfonía líquida, que les suscitaba diversos cuentos, miles de cuestiones y múltiples sensaciones, y desde aquellos mundos se disparaban ardorosos los corazones, o se escuchaban insólitos runruneos, mezclados con brisas de sal marina, asombrosas pestilencias de granjas cercanas y oscuros sinsabores, que más tarde asperjaban con vino blanco y vino negro sus rostros y las sábanas en las que se solazaban, que en ocasiones se desparramaban por las inmensas sabanas de aquellos parajes como lenguas viperinas, enviando eses o eses (SOS) al viento, a los transeúntes o a los que solicitaban auxilio, a fin de sofocar sus flaquezas, el incendio interior o la exacerbada desesperanza que los subyugaba.&lt;br /&gt;   Aquel día no sufrieron ningún descalabro importante, parándose en seco en su presencia toda la instrumentalización orquestada a bombo y platillo, salvándose de la quema lo esencial de sus pertenencias y su sentidos, que en tales momentos estaban en máxima alerta, a sabiendas de que sotto voce les insuflaban sugestivos reclamos, como si fuesen tontos, ofreciendo suculentos productos exhumados de subterráneas salas de ultratumba, con la voluntad de deglutir porciones de inmortalidad, donde se guardaban los más exquisitos manjares para degustación de los espíritus de los faraones o similares en las lujosísimas pirámides, o extraían en su lucha por la existencia celestiales ondas de ultrasonidos perdidos por la atmósfera, que brotaban de las mismas entrañas de la tierra, como lenguas de fuego de un volcán en erupción, aunque sin saber a ciencia cierta si encerraban o no algún sesudo pensamiento, en ese resurgir de las cenizas impulsados quizás por una sabiduría salomónica o por  ciertos poderes mágicos, de manera que alzasen el vuelo en pos de sus aspiraciones después de haber caído en los más bajo, sintiéndose aupados a nuevos horizontes, a nuevas metas, aunque estuviesen inmersos en las más resbaladizas contradicciones, de modo que no alcanzaban a succionar el apetitoso zumo que se les ofrecía en el desayuno de un rutilante amanecer, o el sumo bien por el que todos luchaban, sintiéndose asustados y privados de una luz que los iluminase, sin capacidad para salir del túnel o reaccionar, asidos como se encontraban al duro tronco que flotaba río abajo por donde discurrían, o encadenados a sigilosos canes que rabiosos exhalaban heridos ladridos entre negros nubarrones y ásperas sierras nevadas, que se expandían por el bosque, confundiéndose con las malezas, aulagas y romero en un inesperado beso en la espesura.&lt;br /&gt;   En los seísmos serios o los más insulsos, que nunca se sabe, masticaban azorados frases rotundas, robándose entre sí palabras o aforismos como, Más allá de la realidad que sufres, te espera la verdad de las cosas. Y así, de esa guisa, se sentaban al fresco en hamacas a las puertas de las casas rumiando entelequias, arañando el más allá, o sobre gruesas piedras que por allí proliferaban configurando colosales eses, despertando la curiosidad de los viandantes, por parecerse al fin de algo o a cintas de la meta de una carrera de sacos de un pueblo en fiestas, y al hilo de los avatares se interrogaban si se habría ideado semejante plan para probar el grado de estulticia o inteligencia de los seres vivos. &lt;br /&gt;   Atestaban la zona con inusitado estruendo, como cuando en los campos de fútbol tocan bocinas, silbatos o vuvucelas, o entonan al unísono himnos haciendo la ola contra los sentires arbitrales, propalando en aquellos sectores una resonancia descomunal, y después, sin esperar el final de la contienda, se echaban a la calle siguiendo el zigzag de los silbos de los alisios y el siroco cargado de polvo, que alisaba el terreno que les circundaba, sometiéndolos a sucesivas picaduras de insaciables moscardas y mosquitos o a las salpicaduras de la pertinaz lluvia, sin olvidar las frías corrientes o pulsos del cierzo y el ábrego, o los barridos de la tramontana, que cruzaban los aires ante la insensibilidad de los lugareños.&lt;br /&gt;   Muchas veces se asomaban por los ventanucos o balcones de las moradas, y aprovechando la calma chicha de las turbas se sacudían el peso de la insensatez con suma ligereza, llegando en ocasiones a sostener en el aire sus risas, por encima de los lloros, echando un pulso, ya que muchos asentían complacidos o ansiosos, y al cabo del instante por el que transitaban, en ese fugaz presente,  aterrizaban felices o torpemente en el tejado de alguna mansión destartalada, o caían de bruces en las urgencias del hospital más próximo, pero los afortunados formulaban otras rutas de vuelo lanzando silbos amorosos, cuando aún sesteaban sin proponérselo, debido a que no asían la respuesta correcta con firmeza, de manera que satisficiese o sanase sus jaquecas, el tardío acné o los desvaríos, explicando en cierta medida la causa de su rebeldía y de los últimos rescoldos, y gestionando con parsimonia las cuentas corrientes con los amigos o con las hipotecas, y templaran las cuerdas del instrumento de viento que los mantenía en pie interpretando la cansina serenata, que fluía de la llama de los ancestros, de tradiciones seculares, señalando sin cesar el norte, el nudo del atolladero, la depresión o migraña que los enmarañaba, usando para ello el sentido común, la verdad de las cosas, aplicándose el cuento, lo que les acarrearía incalculables ventajas, sobre todo yendo a la realidad, como aquella conocida tribu, con su peculiar forma de saludar, yo soy porque somos, habibu, y evocar lo que en un vuelo advertía la abuela, diciendo socarronamente, pies para qué os quiero, y de un bote saltar de entre las tóxicas ortigas, que alguien había sembrado al socaire del risueño balanceo de gaviotas, silbidos de pastores o sirenas de buques que arribaban sanos y salvos a puerto. &lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;   En esas entremedias apareció por aquellos andurriales, alegre y confiado, un borracho, exhalando pícaras frasecillas, chascarrillos o aventurillas amorosas, describiendo al andar, con el vaivén de brazos y piernas, solemnes eses, propias de ilustrados mamotretos medievales, y apostillando con tino para sus adentros, borracho yo, tururú, ps…ps…s…s… entre jipidos.&lt;br /&gt;   -Osú, Gervasio, lo bonico que vienes hoy, quién lo diría.&lt;br /&gt;   -Pues mira, vecino, sabes una cosa, ps…ps…pos, coño, que me caigo, qué le habrán hecho a la calle que la encuentro tan rara, pues como te decía, ya verás la cantidad de faltas que sacará mi mujer en cuantito me vea.   &lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;   Había espinosas zarzas y malentendidos por los enrevesados senderos, no era fácil atisbar la otra orilla, faltaban grandes dosis de pundonor, y se arremolinaban en sus regazos o en las piscinas olímpicas que frecuentaban, o incluso cuando viajaban por los canales de Venecia con la imaginación o se centraban en las arterias que irrigaban sus miembros, triturando, como lenguas de sierpes, reconfortantes zanahorias, pútridas lechugas o mortecinas tardes de otoño, o degustando salsas o cubatas caribeños en las islas del ocio, brincando, como las ranas en las charcas, con hipo de borrachera o garraspera, por lodazales lejos del control humano. &lt;br /&gt;   Y allí saltaba la liebre, toda sonriente, aunque no siempre, con cara de salsa picante o primavera temprana, enraizada en quisquillosas coqueterías. &lt;br /&gt;   Finalmente se fueron deshaciendo como pudieron de las rémoras, remando con furia a sotavento y barlovento, peinando elucubraciones útiles o sensuales, pero asertivas, directas al blanco, a fin de sortear sus sombras o los subterfugios que los aderezaban, desentendiéndose de la rutina, aunque echando mano de serviles despistes o displicentes somnolencias. &lt;br /&gt;   Y sin vislumbrar los escollos que les acechaban a la vuelta de la esquina, que silbaban en las cumbres haciéndose señales de confraternización y empatía, o en los socavones del camino que pisaban, se dispusieron a sacudirse los espolones, intentando soterrarlos o recluirlos en un balneario, o acaso averiguar el futuro en una bola de cristal y salir de dudas, donde cupiesen todo lo habido y por haber, enseres y cachivaches, sinos y desatinos, senos y suicidios, tsunamis y sinrazones, sollozos y simpatías, prejuicios y orgullos, saltimbanquis y saltamontes y cuerdas de ahorcados o marineras, o sota, caballo y rey, y a renglón seguido tumbarse en la fresca hierba primaveral o en la ardiente arena de la playa, y recapitular sosegadamente, suspirando por aquello que les sonriese, y sin rechistar envasar en minúsculos frascos o sublimes silos o solemnes ánforas los ansiados vientos que bebían en sus vidas o los pergeñados resultados, los más prósperos y sugestivos, aquellos que les entusiasmaban y nadie haya podido imaginar jamás a través de su intrahistoria. &lt;br /&gt;   Dichos factores se irían sumando, paso a paso, para sufragar los desconchones, los altibajos, las turbias zozobras o el caluroso simún, que silbaba sin desmayo por las puertas de las tabernas y las tiernas sinuosidades del espíritu. O bien, como mero pasatiempo, ponerse a escuchar el misterioso oleaje de la caracola marina con la que se toparon en el trayecto, o silbar coplillas con sonidos sibilantes, henchidos de fosforescentes ecos y aires festivaleros de tiempos gloriosos, que, a trancas y barrancas, nos han ido moldeando o inyectando por las esquinas de la infancia o ya en la madurez, a través de las estaciones del tren en el que viajamos, en todo tiempo y lugar, ni menos ni más que lo que el viento se llevó. &lt;br /&gt;   En los equinoccios más comprometidos se tejían filamentos consistentes a base de sones, sonsonetes, sonrisas, castañuelas, suspicacias, sabañones, simios recién paridos en su evolución y un rosario de alargadas flautas y acordeones cargados de seseos latinoamericanos, andaluces, o canarios, de todos los colores y tamaños, con aires otoñales, sonando cual claros clarines por las torrenteras, valles y conciencias con radiantes y estelares signos. &lt;br /&gt;   El sigilo de las siglas y acrónimos inundaba los cementerios (R.I.P.) y la vida (O.M.S., F.A.O.,U.N.E.S.C.O., U.N.E.D, U.N.I.C.E.F.) incrustándose por entre las insignificantes redecillas de las sienes sembrando siemprevivas o  pensamientos más o menos marchitos, como fieles siervos adscritos a la gleba, al servicio de una siembra tal vez torpe, aunque con riegos de rebosante agua potable, y a veces sentado raciocinio, antes o después de la siesta acostumbrada, aunque a veces les cojiese a media siesta la despedida definitiva, o ya mayorcitos, o acaso por suerte se dedicaran a leer libros verdes o pseudocientíficos, bien sea en enero o en agosto, a la vera de un sauce o de un pino, encendiendo las velas del entusiasmo y saboreando la savia de la lectura y ahuyentando el soborno más cruel o el sobeo al soberano en su soberbia urbe, soslayando lo sublime, o cayendo en la satrapía, sin percatarse de que una brizna de sustancioso bocata basta a veces para amueblar el intelecto, siguiendo el consejo de aquel amigo, leed, para que sabiendo sepáis discernir el bien del mal, aunque el estómago se quede a oscuras, ejercitándose en el oficio de pensador.&lt;br /&gt;   Con la singular envergadura de la ESE (S) – con vocales o consonantes-, pronunciando o dibujando tan solo su sinuosa caligrafía, se cuecen millones de guisos, escritos y sesos o sobresalientes rabos de toro recién traídos de la corrida cotidiana o de la plaza, o sellando el compromiso nupcial con el Sí quiero seguido del nervioso beso, o al descubrir al culpable, ése, ése, ése...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-6979182768490483491?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/6979182768490483491/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=6979182768490483491' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/6979182768490483491'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/6979182768490483491'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/07/los-silbos-del-viento.html' title='Los silbidos del viento'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-biwIugYzi3U/TiNysc3G9aI/AAAAAAAAAYg/9YQSzs7RHK0/s72-c/Cielo%2B1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-2274958726612184636</id><published>2011-07-09T11:19:00.000-07:00</published><updated>2011-07-09T11:34:02.748-07:00</updated><title type='text'>El montículo</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-ERDWO3KA09I/ThieWpCdcXI/AAAAAAAAAYY/FOWNIVBBfIA/s1600/Excavaciones.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 150px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-ERDWO3KA09I/ThieWpCdcXI/AAAAAAAAAYY/FOWNIVBBfIA/s200/Excavaciones.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5627421846209917298" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   No había un alma en el montículo, parecía que los habitantes del lugar hubiesen sido exterminados por un potente artefacto o bomba atómica, no dejando ni rastro de sus límpidas almas.&lt;br /&gt;   Aquello ofrecía un aspecto desolador. Estuvo durante un largo período indagando, escarbando en las arrugas de las rocas y en las grietas del tiempo que a malas penas recordaba, y no hallaba ni una aplastada lagartija o fragmentos de alguna hormiga asesinada por la voracidad de algún hambriento enemigo, o acaso vislumbrase a la más afortunada deambulando atontada después de la acometida de un lado para otro, luchando por la supervivencia. Sin embargo aquello era un auténtico desierto, semejante a un cementerio plagado de infinidad de oscuros nichos, donde probablemente yacían los restos de los últimos moradores.&lt;br /&gt;   Hubo un momento en que en el azul del firmamento se atisbaba alguna mueca o un leve y remoto resurgir de vida, quizá el vuelo de alguna paloma camuflada que se hubiese salvado de la catástrofe, del horrendo bombardeo, pero en el fondo persistía la incertidumbre y se percibía como un espejismo, aunque interiormente el corazón incubase la firme esperanza de palpar vida en los alrededores, en ciertos subterfugios perdidos por la sabana y alejados del centro de radiación, de modo que alguien, por los enigmas del destino, respirase aún con furia entre insondables ruinas sepultado por la impotencia más extrema…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-2274958726612184636?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/2274958726612184636/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=2274958726612184636' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/2274958726612184636'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/2274958726612184636'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/07/el-monticulo.html' title='El montículo'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-ERDWO3KA09I/ThieWpCdcXI/AAAAAAAAAYY/FOWNIVBBfIA/s72-c/Excavaciones.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-2646469849970491921</id><published>2011-06-30T15:23:00.000-07:00</published><updated>2011-06-30T15:34:32.406-07:00</updated><title type='text'>Fresco de vocablos</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-CiKWYg4Autk/Tgz57CdNZPI/AAAAAAAAAYQ/lu9EdPRTk9E/s1600/vocablos.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 168px; height: 200px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-CiKWYg4Autk/Tgz57CdNZPI/AAAAAAAAAYQ/lu9EdPRTk9E/s200/vocablos.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5624144827345888498" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;1. Era el aperitivo esencial de los lunes, que le servía para cicratizar las últimas heridas, y aunque lo que tomaba a lo mejor no era tan exquisito o bueno para su salud, sin embargo le ayudaba a afrontar la vida, y desnudarse por fin de una vez volando a la infancia, o tal vez a la reencarnación, y en llegando a este punto se le apagaba la luz del túnel.&lt;br /&gt;   Llevaba largo tiempo viajando con un enorme abrigo, por el frío que sentía, en busca de un sueño real o imaginario, pero con la condición de que fuese como un compromiso o una ruptura pactada consigo mismo, dispuesto a dar el do de pecho o el paso más difícil, el más arriesgado de su vida. Y seguía soñando… &lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;2. Teodoro tuteaba a troche y moche a todos los tipos, tuertos o tripudos, que se encontraba por la vida, o que distraían a la desorientada turba, o a los listos que le turbaban en las tardas tardes de tórrido terral triturándolo. Y traficaba, desentendiéndose del trasiego tétrico que le tumbaba tan pronto como tosía sin pretenderlo. Estaba bastante triste al tocar la tinaja rota donde introducía el tinto clarete, y a veces tonteaba con variopintas tonterías, tanto que se maltrataba en los ratos más templados o incluso en los tensos, porque  todo lo tentaba a ojos vistas o a tientas en su entorno, y lo intentaba sin titubear, y gritaba, listo, ya estoy listo,  a los transeúntes y a los que se quedaban quietos quitándose las moscas que le aturdían,  y volvía a gritar trotando de nuevo por los tenderetes del baratillo, a través de la tupida tapia recubierta, como por un arte mágico y tirititero, de extraños tulipanes, donde tiritaban brutalmente sus torpes tentaciones.&lt;br /&gt;   Todo aconteció en un instante, lo tuvo pero no lo retuvo, y se estrelló de inmediato en las tripas de la tempestad de la imaginación.&lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;   3. Cuando no le salían las cosas como él quería, se tiraba de la lengua o de los pelos a lo bestia, con tanto ímpetu que surtían los efectos más negativos, encontrándose en un estado inminente de galopante calvicie. Esto no le ocurría todos los días, sólo los lunes y los jueves, pero de vez en cuando se saltaba la regla sin poder remediarlo, y para evitarlo apretaba los dedos del corazón partío, y se revolvía con una fiereza inusitada, consiguiendo en muchos aterrizajes en la realidad salir airoso de tan calamitosos trances.&lt;br /&gt;   Cuando se hallaba aburrido, porque no encontraba la tecla o la forma de matar el tiempo, se enredaba en sí mismo o hacía locas cabriolas, o se daba duros puñetazos en el pecho, como si se sintiera culpable o condenado por los pecados capitales o de una aldea que había cometido, imaginando que estaba en misa, o se pellizcaba sin piedad los párpados o lo que palpase por las telarañas de su mente.&lt;br /&gt;   Pero no quedaba ahí su caprichoso juego de tocamientos o tortura encubierta o entretenimientos exploratorios, y, sin pensárselo dos veces, presionaba la nuca con gran aparato eléctrico y todo su coraje, volviendo a su estado de equilibrio emocional. &lt;br /&gt;   El que se bebía los vientos por Eufrasia, aquel día se bebió su cocacola de dos tragos, quedándose ella descompuesta y sin coca, y se levantó furiosa queriendo vengarse por la afrenta. Entonces rememoró la frase aquella, el pez grande devora al chico, y se tiró para él, que era casi un enano, arrancándole de un abrazo la oreja izquierda y no contenta con eso, le dio un mordisco de alegría, chupándole la roja sangre que a malas penas acudía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   4. Qué desgracia más atroz me ha sucedido en tan corta vida como tengo, pues nací en primavera en el nido que construyeron mis progenitores en la copa de un árbol, ayer prácticamente, como aquel que dice, y con qué mala intención me han tratado los humanos, pues me veo, en contra de mi voluntad, atrapado y deshecho en esta desalmada jaula, que, aunque me abastecen de la mejor clase de piensos y la bebida más selecta, pienso que lo aborrezco, hasta el punto de que no puedo conciliar el sueño durante la noche o el día, porque no sé cuando es de día o de noche. &lt;br /&gt;   Ayer se posó en la jaula, en el rato que me sacaron al balcón, un amigo, que venía muerto de hambre, y le ofrecí todo mi alimento, y no sabes lo que disfruté viéndolo apurar hasta el último grano que contenía. &lt;br /&gt;   Antes yo soñaba con grandes aventuras y conquistas en los pinos del bosque, volaba, bailaba, cantaba, me lanzaba en paracaídas o en picado y la gente me aplaudía a rabiar, ensalzando mi valentía y cualidades, pero ahora, en esta mazmorra donde estoy prisionero, nadie me mira ni me envía besos o guiños y me hincho de llorar. La verdad es que prefiero morirme…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   5. Casi sin darse cuenta le fueron siguiendo los pasos los atracadores a través de cerros, barrancos y playas desiertas. Al cabo de un tiempo se percató del peligro que corría, pero las fuerzas le flaqueaban y no podía acelerar el paso, tropezando con las piedras del camino y un enorme tronco seco que iba a la deriva, reventándose el pie izquierdo del golpe, con tan mala fortuna que no había forma de cortar la sangre que le brotaba a borbotones.&lt;br /&gt;   Finalmente, cuando pudo, se desvió del sendero a fin de despistar a los malhechores, que venían con las peores intenciones reflejadas en sus rostros, pero a veces ocurren cosas muy raras, como fue el caso de aquel hombre, que a causa de la cicratiz del rastro que sembraba por el terreno, le pisaban los talones, y, sin saber qué hacer para escabullirse, por fin tuvo una feliz idea, zambullirse en una alberca que había a la vera del camino, y los bandidos, al perder el rastro de la cicratiz,  pasaron de largo, viendo el cielo abierto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-2646469849970491921?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/2646469849970491921/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=2646469849970491921' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/2646469849970491921'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/2646469849970491921'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/06/fresco-de-vocablos.html' title='Fresco de vocablos'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-CiKWYg4Autk/Tgz57CdNZPI/AAAAAAAAAYQ/lu9EdPRTk9E/s72-c/vocablos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-469641363184951712</id><published>2011-06-27T22:25:00.000-07:00</published><updated>2011-06-28T05:17:04.350-07:00</updated><title type='text'>Entre fogones</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-1SXAbJkk4DI/TglnV1byYDI/AAAAAAAAAYI/1W7mrt1fPyI/s1600/fogones.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 150px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-1SXAbJkk4DI/TglnV1byYDI/AAAAAAAAAYI/1W7mrt1fPyI/s200/fogones.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5623139234567315506" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Los ojos no le brillaban como otras veces aquella mañana, aparecían mustios, desvaídos, se asemejaban a algún atravesado guiso que se resistiese a madurar cual pulpo en su tinta, y empaparse de los diversos aliños que conformaban su textura. &lt;br /&gt;   La coyuntura por la que atravesaba Ánade cuando esto sucedía lo explicaba casi todo; la cara delataba la súbita frustración por el comportamiento de la pareja, al percatarse de que todo lo de la noche anterior había sido un puro camelo amoroso, habiéndolo escenificado y aparentado con mil filigranas en sus propias narices. &lt;br /&gt;   Lo dedujo casi sin pensar, a bote pronto, porque lo etiquetó sin ambages desde el primer momento como un mero espejismo, al no cuadrarle en nada, al ponderar que no le correspondía según se merecía, y más en el difícil trance por el que atravesaba, dado que se hacía a la idea de paladear al menos fugazmente algunas leves degustaciones de cariño o tiernos arrumacos, como en el fondo ansiaba. La actuación dejó mucho que desear, y le costaba horrores digerirla, a pesar de su benevolencia y buenas maneras, tildándola de cicatera, anodina, y carente del menor interés. &lt;br /&gt;   Él acostumbraba a refugiarse en su torre de marfil siempre que se le antojaba, pues venía de vuelta de casi todo, alegando que le ahogaban los problemas de la empresa –acaso fuesen problemas de disfunción eréctil, vaya usted a saber-, en la que sin duda gastaba las energías y los amores, y poco a poco fue echando raíces y más leña al fuego, al toparse con nuevos dictámenes, el reciente contratiempo en el trabajo de que había sido objeto, según él contaba, al serle notificado serios recortes con el ERE, con amenazas de despido, porque la empresa bordeaba los precipicios de la bancarrota, aunque tal coartada a ella no le convencía, pues ya la había leído en su agenda en numerosas emisiones, no llegando a darla por válida, al haberla puesto en práctica en otros momentos menos comprometidos, no ajustándose a la realidad, por lo que recelaba sobremanera de cuanto le contaba. &lt;br /&gt;   Le revoloteaban entre ceja y ceja, un tanto dolorida, los fríos desaires, con todo lujo de detalles, o los tejemanejes que urdía alegremente con una facilidad desternillante como, estoy fundido, parece que me he aliado con el diablo, o tierra trágame, todos las balas me las disparan en el mismo costado, o frases más socorridas, no he pegado ojo en toda la noche, o la descomposición de vientre me ha tenido amarrado durante horas y sin piedad al duro lavabo, y así un largo etcétera difícil de aquilatar aquí y ahora. &lt;br /&gt;   De suerte que la catarata de evasivas que agavillaba iba “in crescendo”, y se le saltaban las lágrimas y le asaltaban la mente múltiples y torcidos pensamientos sacudiendo las sábanas al colocarlas en el tendedero, y acudían a la pareja, como en un enjambre, los sinsabores y ajustes de cuentas a deshora, en una inusual pugna entre sí de reclamaciones, culpas, acreedores, deudores, bajas médicas, altas, o las turbias goteras -de la edad también, que de cuando en vez daban de ello fe-, que inundaban de improviso la sala de juntas, donde se reunían y maquinaban todos los altos mensajes y operativos secretos de la empresa, las directrices y líneas maestras del directorio, que encerraban de forma fehaciente el trabajo que meticulosamente había ido planificando en equipo, y cuadriculando con suma prestancia durante horas y horas, quizá las más felices de su vida, habiendo acarreado solícito a casa, en incontables jornadas, gran parte de las tareas, a fin tenerlas listas para el día de la asamblea de jerifaltes y accionistas. &lt;br /&gt;   Después acontecía cualquier cosa, pues las adversidades no se cuecen solas, de manera que los reveses o las bofetadas se iban acumulando, avivando el hielo de la incomprensión y el distanciamiento, y por ende la fatiga y el fuego de los fogones iban haciendo de las suyas, pillando la alícuota parte que le correspondiese sin aparente fundamento, y todo ello como si fuese de gorra, porque sí, pensaba ella, y ocurría últimamente con más frecuencia, de modo que, por ejemplo, en las comidas, la sal brillaba por su ausencia, eran contratiempos comprensibles pero desagradables a todas luces, con lo cerquita que se encontraban la salinas de su residencia y el supermercado que la suministraba, y Ánade realmente no se lo explicaba, estando sosa la sopa, o el pescado con un aspecto extraño, sin sabor a pescado, o se deshilachaba incomprensiblemente entre los dedos de lo blandengue que estaba, impidiendo su consumición, y no digamos los ricos chuletones de Ávila, con la tersura y exquisitez de la que gozan, creando a la postre un raro desaguisado entre la familia y los eventuales invitados, cuando asistían a algún ágape por compromiso familiar o de algunos amigos, o festejaban algún cumpleaños de los niños con los amiguetes del colegio. &lt;br /&gt;   Luego, quiérase o no, alguien tenía que poner orden y limpieza en todo aquel desbarajuste o maremagnum, y más pronto que tarde llegaba la colada, y no se comprendía la siniestra confabulación de los aviesos  espíritus, al verificar que la ropa y el menaje cuando lo sacaba de la lavadora salía irreconocible, teñida, oscura, horrorosa, más sucia que antes, con el grueso de las manchas marcadas, y en ese punto acaecía lo menos apetecible, las caras largas, los reproches, las puñaladas, pese a haber estado girando sin tregua durante toda la noche, con el correspondiente centrifugado y el centrado secado, las funciones  propias de una máquina de alta definición.&lt;br /&gt;   Tales avatares bullían sin cesar en el cerebro de Ánade, y daban vueltas y más vueltas, como el lavavajillas o la lavadora en su recorrido preestablecido, y no conciliaba el sueño por las noches, moviéndose sin parar, y se tiraba pellizcos en brazos y hombros o en las piernas, pero no había manera de relajarse, oyendo, incrédula, las campanadas de las doce uvas de las dos y las tres y las cinco de la madrugada, totalmente desesperada, con los ojos como platos, y colmaba el vaso la gota del vacío que respiraba, cuando, para una vez que requería su corazoncito un poquito de mimo y arrimo y calor, la apareja le fallaba estrepitosamente en un callado y redondo silencio, mirando para otro lado, recortando el presupuesto en las cosas del querer, pero en lo más elemental, sin cumplir siquiera un mínimo racionamiento de amarse una vez por semana, acaso el fin de semana, que levanta el ánimo y se ven las cosas de otra manera al mirar por la ventana, o al menos a fin de mes, no queriendo llegar a calibrar en absoluto fantasiosos dislates o rijosos abusos de escándalo, ni muchísimo menos, en todo caso se ubicaba en la parca mediocridad de los actos, a años luz de tentar ni por asomo el instinto básico. &lt;br /&gt;   A ciertas horas vespertinas, Ánade atizaba la lumbre enfrascada en diversos o torpes pensamientos, casi sin percibirlo en las convulsas circunstancias, y, cuando algo le inquietaba o tocaba un poco la piel se ponía quisquillosa, y aprovechaba el movimiento del cuerpo con un suave abaniqueo de manos para rascarse en las partes más delicadas o recónditas del cuerpo, allí donde le punzaba algún ser extraño, a pesar de permanecer siempre vigilante, y percatándose de que no era observada, insistía en el punto del indiscreto picor debido a alguna inoportuna partícula o desquiciada mota que se había metido caprichosamente donde no debía, volando sin rumbo, y por la ley de la gravedad venía a posarse en su regazo, en el pecho o en la axila u ombligo en un atrevido allanamiento de morada, burla burlando su rigurosa vigilancia. Y un tanto conspicua, se decía para sus adentros, por qué demonios no caerá la pavesa en la mismas entrañas de la olla colocada en las mismas puertas del infierno, donde hierve el sustento con todo el conglomerado de aderezos, morcilla, tocino, tomate, pimiento, ajos, puerros, hinojos, garbanzos, etc., quién iba a averiguar semejante travesura, o en sus mismos huevos, y aquí no habría pasado nada, y todos tan contentos, recórcholis. &lt;br /&gt;   Pero nada de esto acontecía o se le ponía a tiro, y tenía que ser allí, siendo siempre la perjudicada. &lt;br /&gt;   Esto pasaba, aunque presumiese de sus altas cualidades de estabilidad y sensatez, y le generaba grandes dosis de estrés, ansiedad y descarga de adrenalina, y le retorcía las tripas, quejándose de su mala fortuna, no pudiendo gozar en la serenidad de la tarde de un rico té en compañía de las amigas, o el disfrute de una puesta de sol o de una noche de luna llena de rojas caricias, de esplendorosas fantasías y sublimes sensaciones.&lt;br /&gt;   Aquel día dejó cocer lentamente la carne en el fogón sin prisas, confiada, satisfecha, hasta que, por el pequeño descuido de una llamada de teléfono, se quedó toda la carne hecha una pella de higos, un auténtico puré, quedando hundida, desconcertada. Luego permaneció durante un largo rato de pie, pensativa, como volando por otros mundos, evadiéndose de lo que le circundaba, sin darse cuenta de dónde pisaba o de dónde partía, si en una playa desierta disfrutando de un reconfortante baño o en unas dulces aguas termales, y se desplazaba de un lado para otro titubeante, ida, sin saber a qué atender o qué hacer. &lt;br /&gt;   Al cruzar el pasillo percibió la imagen del rostro en el espejo, y sin pretenderlo atisbó el lunar de sus amores, que era de lo poco que le quedaba de autoestima o decoro de antaño, de sus atractivos juveniles o los secretos mejor guardados, de las hermosas travesuras o picardías o las pocas cosas que le habían impulsado a vivir y sonreír cada mañana, pero vio que no relucía, y con las manos sucias, intentó enmendarlo de pronto con unos repentinos toques,  según iba de la cocina al cuarto de baño, sucia y perdida la mirada y turbios los recuerdos que le abordaron en esos instantes, sintiendo como si los desconchones o manchas de la mansión, con el paso del tiempo, se hubiesen incrustado en su ser.&lt;br /&gt;   En consecuencia, Ánade no las tenía todas consigo, y menos aún cuando perdía los estribos triturando condimentos o cocinando cualquier otro producto en las lumbres, entrando en ebullición de repente, al descomponerse sobremanera entre los encendidos fogones, no sin esforzarse con el mayor esmero en preparar los platos preferidos de la pareja, intentando darles unos toques originales, que despertasen el apetito, no sólo del estómago, sino de la libido. &lt;br /&gt;   En los últimos tiempos no era raro el día que se le apilaban los entrantes y los salientes y los postres o el plato fuerte en el ardiente fuego que la consumía interiormente, haciendo lo imposible por sofocarlo del mejor modo, procurando no alarmar al vecindario, pues no le faltaban agallas o ganas para lograrlo por sí sola, sin ayuda de nadie, sin embargo en su titánica lucha interior, y en horas bajas o de pesada modorra, sopesaba la idea de pedir auxilio para mantener el tipo, y así, por ejemplo, no le importaba echar mano del retén de bomberos del parque para apagarlo, dado que en el trasiego de la refriega se le engarrotaba el intelecto y el pecho le palpitaba a más no poder al degustar los complementos o los sabores afrodisíacos del guiso, pues la sal, a veces la echaba a borbotones, para que luego no la tacharan de sosa, o que estaba incomestible el caldo del cocido, o que el pescado ofreciese visos de bicho muerto, por el aspecto reseco y tieso que presentaba, y así una apretada ristra de diatribas que le ofrendaba la pareja, debiendo transitar un tanto apocada por los estrictos corredores de la existencia, huyendo de los infectados tramos mortíferos, y desembarcar en tierra de nadie, sintiéndose libre en los pocos espacios que encontrara incólumes y exentos de contaminación. &lt;br /&gt;   En la calentura que le afloraba por las sienes, la frente y el cuello, cuando trajinaba con rabia contenida a la vera de la fogata, se le iban desgranando paulatinamente, al compás del chisporroteo de las lumbres, una a una las gotas de sudor apelmazado, las chispas de irritación y el hollín de la chimenea en un torbellino enfurecido. &lt;br /&gt;   Las carencias vitales esperaba rellenarlas con albóndigas, croquetas o pollo relleno o pavo, que iba hilvanando pacientemente, pero que en esos instantes otras necesidades le acosaban con urgencia en las partes más sensibles, bien por la incrustación de algún nuevo ser extraño, bien por la sequía de rocío de una caricia, que sanase las heridas abiertas en el vaivén en el que se veía inmersa. &lt;br /&gt;   La pareja, mientras tanto, tan lejana para unas cosas y tan cerca para otras, siempre en guardia tramando subterfugios y festejos de la empresa, cenas, juntas, asambleas, reuniones, almuerzos de trabajo, viajes al lejano oriente, o a París o Roma o Londres con empleados de la misma compañía para expandir las redes comerciales y la captación de nueva clientela. &lt;br /&gt;   Y cuando más libre estaba de compromisos laborales, y más felices se las prometía con ella trincaba unos resfriados de muerte, que necesitaba cuidados intensivos, llamando cada dos por tres a la ambulancia, teniendo a todo el mundo en vilo, pendiente de sus jaquecas y delirios, en un continuo ir y venir de galenos, tratamientos y fármacos, que para ella se quedaban.&lt;br /&gt;   Y no digamos de cuando los retoños aún precisaban del cuidado directo en el día a día, con el consiguiente bagaje de ropas y constipados y clases particulares para sortear en lo posible los embates de las malas calificaciones, así como el rompecabezas cada fin de curso sobre el  destino de las vacaciones, que si a la sierra, que si a la playa. &lt;br /&gt;   En multitud de ocasiones ella elucubraba con toda lucidez que, por muy asfixiada y maltrecha  que estuviese entre los fogones, con tizne, churretes, grasa y despistes culinarios, que sin duda lo sufría, lo prefería a que la pareja pernoctara plácidamente durante largas temporadas en el habitáculo, enfundado en su huraño y frío pijama de colorines, que herían la niña de los ojos, porque entonces, en esas eternas horas masticaba con más crudeza la amarga soledad, y era cuando realmente descubría y palpaba en sus mejillas la fría escarcha que la cubría.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-469641363184951712?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/469641363184951712/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=469641363184951712' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/469641363184951712'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/469641363184951712'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/06/entre-fogones.html' title='Entre fogones'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-1SXAbJkk4DI/TglnV1byYDI/AAAAAAAAAYI/1W7mrt1fPyI/s72-c/fogones.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-3741979583204937507</id><published>2011-06-20T00:16:00.000-07:00</published><updated>2011-07-05T05:37:03.635-07:00</updated><title type='text'>A presión o por la Cuesta de Panata</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-fm7SoAXtLps/Tf70jA2UGHI/AAAAAAAAAYA/6IzuQjVy0pc/s1600/Olla_a_presion.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 168px; height: 200px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-fm7SoAXtLps/Tf70jA2UGHI/AAAAAAAAAYA/6IzuQjVy0pc/s200/Olla_a_presion.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5620198267365365874" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Últimamente las constantes vitales superaban los niveles de su capacidad, sintiéndose, cual bomba de relojería, a punto de estallar, imbuido por una catarata de incongruencias que le punzaban en lo más hondo de la consciencia, forzándole a plantearse la decisión de tumbarse de una puñetera vez o hacerse el muerto, echando las persianas de su morada, dispuesto a todo, sin dar más explicaciones. &lt;br /&gt;   No se desembrollaba de las pulsiones que lo hocicaban al surco del día a día, o a las más enrarecidas coyunturas, de manera que la presión lo encadenaba a las catacumbas con contundencia, arrastrándolo a los mares de la oscura turbación y a los más perniciosos precipicios, debatiéndose entre el ser o no ser, picoteado por un enjambre de idiotizados remolinos. &lt;br /&gt;   A veces se interrogaba con audacia e ingenuo desenfreno la trascendencia de ciertos y sutiles aforismos como, si uno no espera lo inesperado, no lo  reconocerá cuando llegue. Estos planteamientos filosóficos lo dejaban K. O en el ring de la subsistencia, sin una brizna de sentido común, o un resquicio por donde huir portando encendida la antorcha vital, quedando tirado al cabo de la calle, y fuera de combate. &lt;br /&gt;   No cabía duda de que semejantes sentencias se le atragantaban cada vez más, y se le atravesaban en el discurrir del vivir con mala sombra, por coincidir con el tictac de los días más prósperos y dichosos, echando por tierra las esperanzas o los ilusionantes castillos, que, granito a granito, había ido levantando en el horizonte, con no poco esfuerzo y mucho sufrimiento. &lt;br /&gt;   Por lo que no acertaba a sortear los embates de la fiera, o a contemporizar con las inquietantes tormentas que iban y venían de improviso de un lado para otro por su entorno y le asediaban con saña, tropezando a cada paso y de continuo en la misma piedra; unas veces le acaecía por un esnobismo mal interpretado, hallándose a la postre deshecho y casi putrefacto, y otras veces, por notarse desahuciado del sustento primigenio de la convivencia humana, sin opción de compra de gangas o algún artículo de todo a cien, o de alguna mirada compasiva que lo acunase, y con ello conseguir un lugar o una parcela donde apoyar la osamenta del pensamiento o el sentimiento, o la certidumbre de apuntarse al menos en la lista de espera de algún habitáculo hortera, como eventual okupa, en el corazón de los verdaderos amigos. &lt;br /&gt;   Andaba partido en dos y perdido en todo tiempo  y lugar. La feria, con todos los cachivaches y cantos de sirena y charlatanes y escopeticas de tiro y el gran surtido de columpios que se balanceaban, no le columpiaban ni sonreía ni tan siquiera cuando más animada estaba. Caminaba fingiendo con la máscara en los desfiles por los que se exhibía, y parecía que flotaba como un globo a la deriva, sin saber adónde dirigir sus tenues suspiros, y siempre caía en la calle del averno. &lt;br /&gt;   En el hogar de su pensamiento no quedaba ni un palmo de terreno para tanta desventura, y menos aún para que pernoctaran más inquilinos. Los tiempos en que le había tocado vivir brillaban por un contrariado y nefasto encantamiento. Aparecían personificados en el fragor de una guerra sin tregua, unos años en que las cuestas o los costes se empinaban con frenesí, transformándose en infranqueables acantilados o fronteras inalcanzables, y la única salida posible consistía en abordarlos con máximo tiento y sigilo, vendiendo el alma al diablo si fuera menester, a fin de no ser coceado por las oxidadas herraduras de la maldad más indigna, hasta el punto de precisar alas para volar, aunque pareciese extraño, cual intrépido Ícaro, para remontar aquellos onerosos y calamitosos estadios, y no ser devorado por las fieras monstruosidades o la terrible hidra de Lerma, impulsado por los huracanes de la precariedad, que flotaba en una atmósfera cargada en exceso. Menos mal que, a veces, en las circunstancias primordiales, cuando el rayo se cernía desafiante sobre su cabeza, se concebía ungido por un toque mágico, que le venía como una sorpresiva dádiva, en que, dándole la vuelta al calcetín, le daba por reírse de sí mismo y de su estampa, sacándole chispa a las tripas de lo más displicente. &lt;br /&gt;   No ironizaba apenas en este aspecto, ni intuía la manera de escapar del magma de adversidades que lo atenazaba, de su mala fortuna, que no le favorecía en absoluto, y, aunque lo buscaba desesperadamente con mil artimañas, no lograba salirse del guión que le habían trazado. Con la cantidad de calles o salidas que se atisbaban en el plano, como en cualquier callejero de cualquier ciudad, chica o grande, a derecha e izquierda, a lo largo y ancho del ferial en el que estaba, que puede que acaso le embotaran el intelecto, debido a la inmensidad de territorio que a sus cortas luces se presentaba ante su mirada quedando extenuado, tan grande o más que cientos de plazas monumentales de toros juntas, de modo que cuando echaba a andar por aquellos enormes mundos o laberintos, tal como él se los imaginaba, quizá como su propia vida, iba totalmente desnortado, no disponiendo de suficientes brújulas o GPS que lo guiasen, y sin saber cómo, al regreso al punto de partida venía finalmente a aterrizar al mismo pozo de donde despegó, no reconociendo los aromas genuinos, o no hallando lo que anhelaba, revolcándose en los mismos aledaños o lodos de siempre.&lt;br /&gt;   Aquello se le antojaba un bosque cruelmente encantado, donde la energía destructiva de seres endiablados o perversos duendes rayaban al máximo nivel, haciendo de las suyas. Recordaba que de pequeño le ocurrían sucesos inusuales, como no ser capaz de orientarse en las habitaciones de la propia vivienda, quedando inerte y mudo, invadido por el espanto que percibía todo su ser, aunque en cierta medida explicable por la sinrazón de la evanescencia de la tierna edad, como fuese salir del barrio de sus fechorías más familiares, y posteriormente extraviarse, no encontrando el modo de retornar al punto inicial, o perderse adrede por los campos –como sucedería más adelante-  brincando obstáculos, tapias o balates campo a través en los distintos sesgos lúdicos de la chiquillería, persiguiéndose unos a otros como si en ello les fuera la vida, corriendo como jabatos para no ser avistados por los del bando contrario, que le venían pisando los talones. En esos instantes se cometían auténticas barbaridades o maravillosas heroicidades, a fin de no caer en las garras del contrincante.&lt;br /&gt;   La loma de la Cuesta de Panata, un bastión difícil de roer o un duro baluarte, que delimitaba las lindes de la frontera entre la civilización cultivada al otro lado por una población urbana, en cierto modo acomodada en su mayoría, poseedora de unas prerrogativas acordes a su modus vivendi y unos posibles, que asimismo se les negaba a la otra ruinosa cara de la loma, donde la desazón y el desamparo tenían su bandera y cobijo, habiendo un aluvión de transeúntes y arrieros, vendedores ambulantes, tratantes y mercaderes o pequeños y puntuales estraperlistas, que malvivían o no vivían, acarreando enseres y productos de la comarca o frutos en serones y capachos a lomos de las acémilas, echando cuentas y números y jaculatorias, o indagando cada noche lo que iban a traficar o introducir en  las alforjas, que las más de las veces llevaban vacías, acaso con un coscurro o un cacho de pan negro o cateto con la engañada engañifa dentro, que coadyuvaba a digerir las fatigas del camino pegados al alma alentadora del río de su vida. &lt;br /&gt;   Y es que la Cuesta de Panata marcaba un antes y un después entre dos mundos completamente dispares, uno bullicioso, febril, de mirada confiada, de un próspero resurgir, en contraposición con el otro, moribundo, desangelado y mustio, entre candiles mortecinos, alumbrando a unas gentes que lo tenían crudo para ver más allá de sus narices, que se las veían y deseaban para medio cubrir el expediente sancionador del día a día.&lt;br /&gt;   Una de las especialidades de la casa consistía en bajar o subir cuestas –como el afamado restauran que prepara carne a la brasa, por ejemplo, con ricos pimientos del piquillo- de la siguiente guisa, se echaba a rodar desde las cumbres de las cuestas y no había forma de trincarlo, aunque luego apareciese aporreado, ensangrentado o hecho un cristo, y la ropa quedara irreconocible, lista para arrojarla al contenedor. En la cuesta arriba, no obstante, ya era algo diferente, pues había que apretarse los machos y sudar lo suyo, o evacuar cuanto antes lo que se llevaba en la tripa, si algo pudo engullir, con el fin de aligerar la carga, como pensaría la acémila, que en eso nadie le ganaba, porque de lo contrario con tanto peso no había forma de escalarla. Sin embargo hay que reconocer que las cuestas no se le daban mal a su edad, acaso por lo del refranero, que cada maestrillo o chaval tiene su librillo, siendo un gran saltarín, y así, cuando por un tiempo se le encomendaba algunas tareas singulares, como si fuese una persona mayor, hecha y derecha, en que se desplazaba con la acémila por aquellos parajes tan espectaculares, sobre todo para algunos, por la mítica Cuesta de Panata, donde brotaba una breve fuente, donde la gente que por allí trasegaba, se refrescaba o se arrancaba los ronquidos nocturnos y la legañas a gañafadas, y abrevaban las bestias, siendo una especie de balsámico y fantástico oasis, ubicado a los pies de la cuesta, que de paso aprovechaban para limar asperezas, tomar aliento, o discutir con los que en ese momento llegaban en animada charla, o tal vez con discordantes rencillas por el agua que no le dejaban beber a su mula o al paciente borrico, pero que finalmente les hacía más llevadero el desgaste, y, una vez en lo alto, poder vislumbrar al otro lado de la cara sur de la montaña o moneda, en este caso de oro, la vega motrileña, montada sobre un risueño movimiento, salado y azul, de blancas olas de más allá de los verdes campos de cañas de azúcar de antaño –ahora teñidos de verdes hojas de aguacate y chirimoya, pues la vida cambia- que van y vienen, en ese mar de la costa, como los transeúntes y arrieros que iban y venían a diario por el Tajo de los Vados, y proseguían en el tajo, subiendo y bajando por la ya familiar Cuesta de Panata.&lt;br /&gt;   Pero era especialmente en los días de verano, cuando el sol se plantaba en las faldas de la loma, como el bebé en el regazo de la madre, y se despatarraba en aquel entrante, entrando y saliendo como pedro por su casa, y allí almorzaba, sesteaba y cenaba o defecaba hasta que se retiraba por la noche a dormir. En tales calendas, era preciso que las reservas de agua u otros remedios caseros o pócimas –oh, hermosa palabra, o polos, helados- o manjares para mitigar los azotes climatológicos afloraran sin ningún tapujo para sobrevivir en aquella polvorienta travesía, donde crecían y se daban la mano, como buenos hermanos, los almendros, las higueras, y algunas tímidas parras, que casi no se atrevían a sacar la seca mano de sarmiento, o a asomar el rostro de la voluptuosa uva por temor a ser violada o descuartizada por el primer hambriento forajido que se cruzase por sus pechos.&lt;br /&gt;   A veces se transportaban en serones o capachos a lomos de las acémilas, garrafas de frío y rico helado, como complemento de su cometido laboral, para los más caprichosos del lugar, y cuando llegaban las ciegas horas, cruciales, en que el sol se ensañaba y apretaba con justicia por el itinerario, recortaba con gran desparpajo una cañavera de los cañaverales que decoraban el sendero de los márgenes del río, y construía una pequeña y coqueta cucharilla, que con pulcro cuidado introducía en aquel piélago o iceberg de compacta y tentadora masa, que exhibía, con perfiles sensuales, sus mejores atributos, pergeñando unos refrigerados sabores que le sabían a gloria, rememorando los ágiles ardides por tierras salmantinas del inmortal lazarillo con el ciego. &lt;br /&gt;   En las sofocantes tardes del largo y lento verano, en que el pensar es un viaje sin retorno, a buen seguro que en multitud de escenarios y en no pocos ambientes se mascará la tórrida tragedia de la canícula, con fresco dulzor y reparador alivio, rememorando concienzudamente la idea anteriormente reseñada, si uno no espera lo inesperado, no lo reconocerá cuando llegue.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-3741979583204937507?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/3741979583204937507/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=3741979583204937507' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/3741979583204937507'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/3741979583204937507'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/06/presion.html' title='A presión o por la Cuesta de Panata'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-fm7SoAXtLps/Tf70jA2UGHI/AAAAAAAAAYA/6IzuQjVy0pc/s72-c/Olla_a_presion.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-5600848943561963170</id><published>2011-06-11T11:44:00.000-07:00</published><updated>2011-06-16T13:51:05.318-07:00</updated><title type='text'>Perdido por esos mundos</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-i8FL4v44qOs/TfO6ONedsWI/AAAAAAAAAX4/QKNk0MXwCaw/s1600/perdido.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 130px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-i8FL4v44qOs/TfO6ONedsWI/AAAAAAAAAX4/QKNk0MXwCaw/s200/perdido.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5617037913559511394" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;                      &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Haciendo honor al epígrafe, el amigo andaba desnortado, empujado por un sinnúmero de inquietudes, foros y expectativas, de suerte que no sabía a qué carta quedarse o adónde acudir. Así, de ese acontecer cae en sus manos la prensa recién salida del horno y descifra con la mirada las primeras noticias del día. A un paso de cumplir el siglo se ha ido Sábato -99 primaveras, todo un mozo creativo-, que, aunque aparezca perdido entre los anaqueles y los achaques de la senectud, ya figuraba inscrito, gracias a sus escritos, en los anales y en las mentes más preclaras de los púlpitos literarios; mas de súbito se apagó su vela, como al soplar en el cumpleaños, no recuerdo bien si era lunes o jueves el día del óbito, dado que me hallaba atravesando ese sábado la oscuridad del Túnel de su fantasía. &lt;br /&gt;   Qué importa el día, pues no es cuestión de que por tan estulta bagatela, día arriba o día abajo, llegue la sangre al río –pues siempre se salen con la suya, impertérritos, los muy puñeteros-. Entretanto el amigo desayunaba café con leche y tostada perdido por esos mundos desconocidos –o acaso vagaba por los cerros de Úbeda, vaya usted a saber, que por cierto algún día no lejano debería visitar, por las excelsas beldades y el rico patrimonio de la humanidad que puebla sus contornos, o quizá veranease, distraído, en Babia por esas calendas-, pero no era el caso, sino que el amigo desplegaba sus velas allá por el Puerto tinerfeño de Santa Cruz, inmerso en la vorágine de las olas turísticas y de la blanca espuma del mar entre los porteños, que a buen seguro que será el gentilicio de los que son alumbrados por aquellas tierras, aunque rivalicen con los pobladores de otros lares, no queriendo ser menos. &lt;br /&gt;   De buenas a primeras se topó con una catarata de lumbres en medio de la noche, un espectáculo singular, al hallarse en vísperas del día de las Cruces de mayo, que por allí se venera con frenesí y mucho dulzor, proliferando los símbolos al por mayor por las esquinas o los cerros de la manera más inverosímil, resplandeciendo en todos los planos, por cruces de carreteras, por empinados campos a medio cultivar. &lt;br /&gt;   La arraigada costumbre de los lugareños le hizo reflexionar al amigo durante un buen rato, embebido como estaba en mil fugaces pensares, y más cuando se percató de que él llevaba su cruz sobre los hombros, pesándole más si cabe en estos instantes, como si se hubiese multiplicado por todas las cruces que se columbraban en lontananza y le cayesen encima, y las sentía como si fuesen enormes piedras de molino, sobre todo cuando la incertidumbre y la sensación de acoso y derribo arreciaban en sus hechuras, por el aluvión de situaciones nuevas, intrincadas unas, caras otras, por los ventorros, tascas u hoteles por los que transitaba. &lt;br /&gt;   Los distintos vericuetos del recorrido por donde se desplazaba se encontraban irreconocibles, anegados  por el agua que caía a cántaros del firmamento, como si las nubes se hubiesen rajado de pronto por la acometida de alguna mano invisible, reventando como a veces le ocurre a la bolsa de la compra con todos los enseres que lleva dentro, y es de agradecer el preciado líquido, cuando se deja venir con buenas intenciones, con mimo y ternura, hasta el punto de embellecer los rostros, las gargantas y agranda los corazones, y para no quedarse atrás crecen los cabellos, incrementando a su vez los sentimientos y el verdor de las sementeras, plataneras y la fructífera flora de la isla, menguando las penurias del esquivo terreno y de los sufridos moradores que labran las plantas, aunque nunca llueva a gusto de todos.&lt;br /&gt;   No obstante, el amigo se refrescó un poco el esquilmado gaznate con un trago de buen vino de la tierra, y robusteció el maltrecho espíritu, al ir deambulando de un lado para otro, un tanto cansado, pero ávido de echarse algo a la boca del intelecto, discurriendo por aquellas panorámicas y paisajes, y fotografiaba con esmero las costuras del terreno y los picos y desconchones, como no podía ser de otra manera, y porfiaba escrutando los pintorescos rincones y leves acantilados o calitas, que bullen blancas y sonrientes como las ranas en las pozas o albercas por los más dispares derroteros. &lt;br /&gt;   A veces se imaginaba que no estaba allí, delante de las olas, sino perdido en mil suposiciones o quisicosas sin sentido, no viendo lo que le circundaba, cómo hervía la espuma blanca en las plantas de los pies, con todo su jolgorio de azul y sal, y se emperraba una y mil veces en la distancia, como si estuviese a miles de leguas, y oyese a través de una caracola los oleajes o las canciones de salsa guanche, importada o amasada en sus íntimas entrañas, como si se pasease en una barquita en pleno Caribe, en alternativos o sucesivos intercambios culturales, o humanos viajes de auxilio y correrías con el corazón en un puño, como en realidad se sentía el amigo, o sea, con la lengua afuera, todo azorado, con la vista colocada a través de la mirilla del guía para no perderse del grupo de la expedición.&lt;br /&gt;    Se encontraba elucubrando la diacronía de los eventos de los pueblos, y se remontaba a la época de los valiosos acarreos de Potosí, siguiendo el esnobismo del momento, y los arrastres de sones y pecios que irradiaron ilusión y toda una amalgama de razas, costumbres, tradiciones, lazos, danzas y suspiros en un incesante trasiego y trasvase de sangre, rituales, culturas, mitos e incalculables compensaciones, aunque algunos se llevasen la mejor tajada.&lt;br /&gt;   Una masa variopinta de personas desfilaba por estas largas avenidas y bulevares, Cupido, Quintana, Familia Betancourt, Menquinez, Obispo Pérez Cáceres, La Hoya, todas las rúas cercanas al paseo marítimo, yendo a desembocar a la vera del barranco que circulaba por los aledaños del centro comercial Las Pirámides, punto de encuentro de los transeúntes de diferentes rincones e intenciones, o puntos de mira de los que por allí transitaban algo preocupados por mor de las trapisondas del verdugo del tiempo, que en todo momento y a todas horas marca las fatídicas pulsaciones, como si hubiesen hecho un pacto entre río y vida para discurrir por lechos de paralelas semejanzas, ambos próximos al mar, aunque uno ubicado más próximo al the end de la película, que  es el morir, y el otro, más bullicioso, el mar de la vida, donde se cobijan en sus sótanos el trasiego de autobuses que transportan felices y contentos a los usuarios a los más distantes puntos, cada uno con sus arrugas y sus dudas por dentro y por fuera, y su hoja de ruta, con las sienes sembradas de chispeantes grafittis y de proyectos saliéndole al paso, pendientes de realizar.&lt;br /&gt;   La lluvia, en esta tierra tinerfeña tira la piedra y esconde la mano, pues a cada paso asoma las narices, al menos cuando el amigo se movía por sus contornos, sonándose la mocarrera que le arrastraba, aunque a veces le refrescase el seco rostro por la fatiga, pero otras lo ahogaba, untando los cabellos de una abominable gomina, como una sustancia gelatinosa, casi volcánica, que emanaba de las capas tectónicas del terreno volcánico, y todo casi por la espalda, de sopetón, y de repente parecía refugiarse temerosa en una nube nodriza, o se guarnecía en subterfugios como un ladronzuelo de barrio con todos los trastos acuáticos, y comenzaba a reír y reír descaradamente, escuchando las reacciones de los habitantes y los curiosos, los toques en el pelo y vestimenta, así como las oportunas o inoportunas invenciones de los transeúntes, que unos, abrigados hasta la coronilla, y otros, casi como cuando vienen al mundo, desnudos y casi mudos, se dejaban elevar por los abrazos marineros de la brisa, pero a todo esto, la tele del bar no perdía puntada, enhebrando las peripecias moteras y eventos deportivos, que, aunque nadie prestaba la más mínima atención, decoraba el ambiente, y es lo  que los dueños de los bares suelen ofrecer con suma largueza y derroche a la clientela, pues creen que es la mejor medicina, o somnífero, y por lo tanto lo que más encandila en determinados momentos, para que el personal permanezca amarrado a sus asientos, distendido, y se aleje de los tormentos cotidianos, poniendo tierra de por medio, y de camino consumir con agrado los presentes, que con la mayor generosidad del mundo les presenta la casa.&lt;br /&gt;   De todas formas hay que dar las gracias al anfitrión, que comanda la nave porteña de Santa Cruz, ya que invita a los asistentes al hipotético banquete, liberándolos de los lastres, indignos diálogos, torpes ocurrencias o gesticulaciones con cortes de manga y salidas de tono, sacando la lengua a los semejantes o los ojos o los puños por la defensa de la criaturita indefensa en la pantalla televisiva en animadísimas tertulias, borrando de sus retinas las bordes huestes, que asoman, al borde de un ataque de nervios, presumiendo de sus más eximios atributos y grandes de España, princesas del pueblo mezcladas con individuos del lumpen urbano o algo similar, que aunque inyecten nicotina sui generis al por mayor a una inmensa y ávida turba de fieles comparsas y creyentes en sus irrefutables dogmas, no obstante, es preciso darle las gracias, y escanciar una loa con los efluvios más leales y sinceros por su indiscutible aplomo y acierto en la elección del programa de la tele, siendo sin duda preferible que tales evanescencias las guarde para otras circunstancias u otros devoradores de inigualables gestas e histerias a pie de calle, reality show, siguiendo el tajo, no desvariando del proyecto esbozado.&lt;br /&gt;   No eran horas de echarse en los brazos de Morfeo, cuando había tanto mercado que olisquear, tanto que descubrir, aunque saltándose un poco los ritmos internos y las apariencias de persona circunspecta, bordeando las orillas de la provocación, algo tan trascendente en ciertos instantes de la existencia, como imaginar el haberse marcado un tango existencial, y enterrar en el puerto, donde había llegado con buen pie, olvidos, infamias o negras historias.        &lt;br /&gt;   Y finalmente, colocar en el epitafio, si es que aquí viene a cuento, pues no es aconsejable mencionar la soga en casa del ahorcado, aquí yace una criatura que siempre hilvanó en los filamentos del sentimiento un río con abundante agua o un no sé qué, por el que proseguir circulando cauce abajo o cauce arriba con su mochila, o en la brecha a brazo partido.&lt;br /&gt;   Como el parto ya está hecho, y a lo hecho pecho, o quizá a verlas venir, que nunca se sabe, sobre todo al otear el horizonte en aquella ígnea noche, habrá que llegar a tiempo del comienzo del insondable espectáculo, teniendo presente, como no podría ser de otro modo, que, perdidos por esos mundos, la distancia nos separa, pero el amor nos enciende y une.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-5600848943561963170?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/5600848943561963170/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=5600848943561963170' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/5600848943561963170'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/5600848943561963170'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/06/perdido-por-esos-mundos.html' title='Perdido por esos mundos'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-i8FL4v44qOs/TfO6ONedsWI/AAAAAAAAAX4/QKNk0MXwCaw/s72-c/perdido.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-8854602799701689960</id><published>2011-06-03T11:12:00.000-07:00</published><updated>2011-06-04T04:29:43.847-07:00</updated><title type='text'>Las pirámides o esperando la guagua</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-2_RlHpNv_5s/TekpVuV0i2I/AAAAAAAAAXs/NCqL8bdzhJc/s1600/pir%25C3%25A1mides%2Bsanta%2Bcruz.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 150px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-2_RlHpNv_5s/TekpVuV0i2I/AAAAAAAAAXs/NCqL8bdzhJc/s200/pir%25C3%25A1mides%2Bsanta%2Bcruz.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5614063863687580514" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En esos instantes acababa de arribar el hombre a una cafetería que, por distintos motivos que no vienen al caso, andaba buscando, y recaló en el centro comercial de Las Pirámides en el Puerto de Santa Cruz, en la isla tinerfeña, una cafetería cajón de sastre para todo cuanto se tercie en los más dispares apeteceres. &lt;br /&gt;   Anteriormente había visitado diversas tiendas por los alrededores, de electricidad, informática y tecnología punta, como la denominada Visanta, nombre curioso para él, por la aparente coincidencia con apelativos que le revoloteaban en el cerebro, como juego de palabras o todo un calambur, de los que se columbran de tarde en tarde por los parajes que se transitan por la vida, al evocarle otro nombre por el cambio de vocal, Vasanta, que emergía en la flaca memoria como gallo de pelea, viniendo a calibrarlo por el antiguo uso que había hecho de él como pseudónimo o heterónimo en el ámbito creativo, acaso a modo estimulativo y vivaz, en emociones que aún le reverberaban en el subconsciente, pese a ser tan obtusa a veces la introspección humana, pero recordándolo al cabo, no era sino la nomenclatura del mito hindú, que significa, el Dios de la Primavera, aunque cada onomástica o cada corazón abrace un amor o una concepción especial de la vida, y todo ello en el constante discurrir por las sendas o ríos secos del incierto cosmos.&lt;br /&gt;   Aquí se encontraba ahora el hombre, recluido en una cafetería bastante moderna, según las trazas que se observaban a primera vista, con mucho colorido y cortinajes, hasta el punto de que presentaba todo lo que es posible imaginar menos lo que se entiende que debe haber en las cafeterías de toda la vida, ya que en ésta predominaban hamburguesas, pizzas, asadero de pollos, grandes frascos de caramelos de todos los sabores y colores, ricos helados, pasteles, y un sinfín de enseres tales, que cerraban a cal y canto la arista de la visión, quedando aprisionado irremediablemente entre sus raras rejas. &lt;br /&gt;   Era un local de los que por lo visto ahora se estilan, pero que en el fondo no se sabe a ciencia cierta adónde se entra ni qué es, ya que los variados surtidos se superponen unos a otros en escueto recinto a la buena de dios, sin orden ni concierto, desparramados o apilados  por doquier, unos locales con muchas columnas, de puertas abiertas, tan abiertas que carecen de ellas, casi como si se encontrara uno a la intemperie, en un picnic en algún famoso parque o bulevar londinense, parisino o madrileño, aunque ornado con globos, pegatinas multicolores y una profusa iluminación de feria, y desfilasen por sus avenidas los caballistas con el puro en la boca y el clavel en el ojal, entonando canciones o evacuando excrementos los caballos, porque así es la madre naturaleza, tan puntual en sus cometidos, dado que dios aprieta, pero no ahoga, y bien que mal poder seguir viviendo. &lt;br /&gt;   Los globos de colores se columpiaban como traviesos retoños, en un trasiego de caminantes que iban y venían en un continuo tránsito de carritos de compra y bebés azuzados por las mamás, que, presurosas, acudían a alguna parte huyendo de algo, o tal vez a la verde pradera de un vasto campo, recubierto de aromas y caricias rurales con mariposas, cigarras, saltamontes y lagartijas campando por sus respetos, aunque en realidad estaba en una moderna cafetería.&lt;br /&gt;   Las horas se achuchaban unas a otras en la apretada jornada matutina, y sin embargo, con el papel y el boli en ristre, parecía que el tiempo se había detenido en aquel inclasificable habitáculo, entre las cuatro o cuarenta columnas, pero sin paredes, siendo el continuo fluir de gente que se movía ansiosa por las escaleras automáticas o el ascensor para trincar alguna ganga, que su cerebro había elucubrado, o el último saldo del día.&lt;br /&gt;   El camarero, vestía, con toda la parsimonia del mundo, camiseta anaranjada, haciendo juego con los zumos que elaboraba, como si fuese el uniforme de una azafata o de un ejército extranjero, acaso de hormigas de colores o de extraños trabajadores eventuales, pues la cosa, al parecer, no daba para mucho, según contaba el propio interesado razonando con sesuda filosofía, aclarando que no sabía cuántos meses permanecería en su puesto.&lt;br /&gt;    El establecimiento se ubicaba en el centro comercial de las Pirámides, un centro con sus fauces abiertas y hambrientas, dispuestas a fagocitar a todos los pardillos, que con su gorra y ropa desaliñada, casi veraniega, se dejaban caer por su regazo, subiendo y bajando, siendo atrapados por sus garras nada más asomar por el pasillo con un puñado de euros o alguna pasta en la mano o en los monederos, ansiando deshacerse de ellos cuanto antes, como si les pinchase, adquiriendo cualquier bagatela o vileza que a nada conduce, y todo antes de que terminara la jornada laboral, hipnotizados por el tufillo de las bolitas de alcanfor y el perfume y la música ambiental, al no lograr colocar en su mente algo que lo sustituyese, un rosal todo florecido o una idea diferente e innovadora, que echase por la calle de en medio y elevase sus miradas unos centímetros, y no toparse con la vulgaridad, continuando la marcha a ras del suelo de la publicidad consumista, y explorar los perfiles que se esconden o se mecen incólumes y sugerentes en lontananza, a través de sugestivos ideales y alegres suspiros en los cruces con los transeúntes en los incesantes vaivenes, deambulando de un lado para otro, cobijando en sus pechos dulces bocados y esperanzas de un mundo mejor, de mayor calidez, con chiscos de amor por las esquinas y agradables sorpresas detrás de las murallas de la discordia, porque seguramente lo que compraban no les conducía a ninguna parte, en todo caso a coger la guagua de regreso a su morada más pronto que tarde, que le aguardaba cada media hora en el sótano del parking, y posiblemente no les resolverá nada, debido a que lo que compren, pantalones, camisas, pañuelos, camisetas, prendas íntimas o chuches ya los tiene en su casa, no valorando o advirtiendo su presencia, arrastrados por la vorágine del acaparamiento o de raras frustraciones o surrealistas carencias. &lt;br /&gt;   Mientras tanto, cuando menos se esperaba, de repente llegó la tormenta de los tectónicos picos del Teide, sorprendiendo al personal con sus compras, en un acarreo a manos llenas, desafiando al tiempo y a la súbita oscuridad reinante, y al ruido de las aguas que caía en tromba discurriendo atropelladamente y con dificultad por las alcantarillas y desagües junto a la cafetería, donde se encontraba el hombre desde hacía un buen rato, aunque no lo percibiese físicamente por estar abstraído y entretenido en construir mundos de ficción. &lt;br /&gt;   La tarde se cerró en un negro torbellino de agua. Luego llegó una lluvia de reproches y dimes y diretes sin cuento a la hora del encuentro con la pareja, al comprobar los precios de la compra que había llevado a cabo, y echando cuentas sobre el modelito y el precio y los colores, y el hombre no sabía o no hallaba la forma de pegar la hebra con el camarero para evadirse, pues andaba demasiado nervioso por la demanda de los clientes, que lo requerían de continuo con zumos y cafés y encargos de algún amigo o distinguido cliente. &lt;br /&gt;   La pareja vio el cielo abierto al encontrarse a salvo de la tormenta, y continuó visualizando algunas prendas de las que había adquirido a toda prisa en las tiendas al volver de la esquina, que no se sabe si servirán para algo, o se instalarán en los roperos de la casa, en estresantes aposentos desempeñando el papel que les corresponde, de pérdida de espacio y de tiempo, acabando en el completo olvido.&lt;br /&gt;   Fue una tarde pasada por las compras y el agua y por el espíritu del hombre, que hilvanaba o escrutaba en los laberintos de las mazmorras y de la olla a través de la imaginación, en tanto que el líquido elemento arrasaba todo cuanto hallaba a su paso por las calles circundantes, siendo todo de pronto, y sin venir a caer en el cuento muchos de los episodios que acaecían por casualidad, cayendo sin embargo de lo más alto, de las cumbres del Teide.&lt;br /&gt;   Y acabado el tiempo de espera de la guagua, sacó el hombre el pasaje del viaje, y sin pensárselo dos veces, evocando a Cervantes, caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese y no hubo nada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-8854602799701689960?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/8854602799701689960/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=8854602799701689960' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/8854602799701689960'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/8854602799701689960'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/06/las-piramides-o-esperando-la-guagua.html' title='Las pirámides o esperando la guagua'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-2_RlHpNv_5s/TekpVuV0i2I/AAAAAAAAAXs/NCqL8bdzhJc/s72-c/pir%25C3%25A1mides%2Bsanta%2Bcruz.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-2180939820210013745</id><published>2011-05-22T03:20:00.000-07:00</published><updated>2011-05-22T03:46:46.068-07:00</updated><title type='text'>Rómulo o los avatares de un inmigrante</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-Bv65Kz2wd1M/Tdjl0qy_l0I/AAAAAAAAAXc/JJ7WF5oj6wc/s1600/emigrante.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 133px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-Bv65Kz2wd1M/Tdjl0qy_l0I/AAAAAAAAAXc/JJ7WF5oj6wc/s200/emigrante.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5609486028894082882" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;                                                                   &lt;br /&gt;                                                   &lt;br /&gt;   Rómulo frecuentó durante algún tiempo raras compañías, remando por ríos contaminados. Las horas vacuas se cruzaban ante su desconcertada mirada, y era incapaz de hurgarse en la herida ni registrar los altibajos o las mordidas que merodeaban por su balcón. Le brotaba turbia el agua del manantial, resbalando entre los hilillos que corrían por la corteza del húmedo légamo, en los míseros arrabales en que se desperezaba. &lt;br /&gt;   Había nacido en el seno de una familia numerosa, siendo el benjamín y el más mimado, donde hasta el pan negro brillaba por la ausencia. Los padres aportaban lo que estaba a su alcance en los duros embates cotidianos, y considerando las circunstancias un tanto especiales por las que pasaban, al carecer de los recursos básicos, ocurría que tampoco gozaban de un mínimo adiestramiento para enfrentarse a las demandas puntuales, no ya en los avances tecnológicos, sino en los intrincados enredos por los que retozaba Rómulo en los años locos, pero, no obstante, siempre se mostraban solícitos para resolver los problemas más peliagudos dentro de sus limitaciones, teniendo en cuenta la situación tan delicada por la que atravesaba el vástago, aunque se viesen desbordados a veces por los vendavales que aporreaban en la puerta. &lt;br /&gt;   Sin embargo, no se les podía pedir mucho más, pues aportaban más de lo exigible a sus posibilidades, sobre todo si se contemplaba el despliegue de afecto e incesantes arrimos que prodigaban en pro de la restauración de la joven planta, aquilatados en un sinfín de cuidos, predispuestos siempre a quitarse el pan de la boca para dárselo, pues sólo ellos, que lo acunaron en la tierna infancia con voluntarioso esmero y felices cuentos, eran los más indicados para ello, amén de catalizar los más complejos refuerzos hacia su persona, como asistencia médica, rehabilitaciones o desintoxicaciones a deshora, o, en aras de profundizar en las entrañas de la psique, modular acendrados consejos en el espinoso infierno.&lt;br /&gt;   Si se tiene en cuenta que la vida es corta y la esperanza larga, no resultará baladí ponderar que el tiempo cabalgaba, o más bien volaba, en contra de la industria de Rómulo, depositándose subrepticiamente en el regazo de su irreconocible sombra las hojas del calendario, arrastradas cual hojas secas por el viento empujando desafiantes, y que él, a pesar de haber salido tiempo ha del cascarón, pues frisaba los treinta y tantos, seguía instalado en la supina inopia, en la suma holganza, aunque arrojaba aún más indignación si cabe el tren de vida que ofrecía, no siendo del agrado de los suyos, al no atisbarse indicios de mejora, y seguir inhalando unos aires fétidos y nada fiables cara a un futuro prometedor, en el que se amasara con elementos sensatos una mezcla idónea para erigir el ansiado edificio vital, verbigracia, agua, cemento y armazón de hierro humano, y no vagar sin rumbo, columpiándose indolente en la cuerda floja, en un extraño circo auspiciado por las inclinaciones, sin taparrabos en las deliberaciones ni nadie que regulara la estúpida desnudez que exhibía, impidiéndole pisar tierra firme y confiada, donde echar prósperas raíces –de saneado árbol-, y una vez pertrechado con las mejores armas alzar el vuelo, desvinculándose de los enfermizos amarres que lo esclavizaban. &lt;br /&gt;   Al ser familia numerosa, los problemas se agravaban por momentos, y cada uno de los hermanos se planificaba la hoja de ruta lo mejor que podía, no sin antes referir que unos arrimaban el hombro más que otros, como suele acontecer incluso en las mejores familias, en consonancia con la responsabilidad y las afinidades innatas, de suerte que aquellos que aprovechasen con más convicción los talentos recibidos se verían grandemente recompensados, mientras que todo sería más cicatero para el resto, dependiendo por tanto del itinerario de cada cual, arropado por sus afortunados dones.       &lt;br /&gt;   Haciendo un poco de historia en el teatro del mundo, parece cumplirse el ciclo de la vida, en que el ser vivo nace, crece, se desarrolla y muere, sometido al férreo dictamen de la madre natura, reseñando a tal efecto que no ha mucho el progenitor pasó por un trance laboral similar al que vivirá más tarde Rómulo, en lo concerniente a la subsistencia, al haberse visto forzado a emigrar a tierras remotas para mejorar la maltrecha economía, y atender como es debido el núcleo familiar, toda vez que en la tierra que nació se le negaba el pan y la sal, sintiéndose con el agua al cuello por las malditas deudas que había acumulado en la tienda de ultramarinos de la esquina donde se abastecía, hasta el punto de esquivar las callejuelas del entorno por no oír las amenazas desagradables de cierre del grifo alimenticio o algo peor, de muerte. &lt;br /&gt;   No era una sorpresa para nadie en el municipio el hecho de que los números rojos de muchas familias crecían de forma galopante debido a la falta de liquidez y al precario trabajo que había, sin olvidar las pésimas cosechas agropecuarias, ya que cuando venían escasas los precios se ponían por las nubes, mas cuando la cosecha relucía como los chorros del oro, entonces nadie apostaba un centavo, viniéndose abajo la venta, y se veían obligados a dejar el fruto bajo la tierra, sucediendo un año sí y el otro casi también, después de la ingente inversión obtenida mediante sufridos préstamos encaminados a adecentar la tierra para las labores de labranza. &lt;br /&gt;   Así que el progenitor se vio forzado a tal tesitura, aupado por la fuerza de la carestía que le embargaba. Viajó como un trotamundos por los cuatro puntos del globo, siendo acogidos sus pálpitos por los más dispares parajes durante largos lustros, bien por Europa -Francia, Alemania, Holanda-, bien por América –Argentina, México- o por la piel de toro –País Vasco y Cataluña-. En todos ellos dejó la impronta de la entrega más sincera y el aliento del amor propio. &lt;br /&gt;   Después del interminable y pusilánime invierno en el que hibernó, Rómulo se fue despojando de los insensibles harapos que lo cubrían, pasando a desnudarse por dentro. De ese modo casi misterioso la fruta fue sazonando con el calor del sol, la sensatez y la chispa de la vida. &lt;br /&gt;   Todos los indicios apuntaban a que Rómulo seguiría los pasos del progenitor, al consultar el horóscopo y trazar una alternativa a las ciénagas juveniles, y caminar hacia adelante sin regomello y con decisión. Desde hacía tiempo daba muestras de no querer continuar por más tiempo en ese agrio mundo, y más aún cuando leyó en la revista médica que vio en la sala de espera de la consulta, que si no rectificaba los hábitos, en poco tiempo el rostro, los dientes, y la piel sufrirían desagradables transformaciones. Ante el cariz profético de tan sublimes y originales admoniciones, quién sería el atrevido que no reaccionaría.&lt;br /&gt;   Así fue inoculando en el cerebro pequeñas dosis de cordura y de beneficiosas intenciones. En primer lugar echó las redes por el área deportiva, y se incorporó a la plantilla del primer equipo de fútbol local, participando en las distintas competiciones del calendario liguero. El ejercicio físico le fortalecía el espíritu y los músculos. Asimismo se le abrieron unas perspectivas nuevas, recuperando el hábito de lectura de la niñez, en que ya daba muestras de inclinación por los libros, tal vez por influjo del abuelo paterno, pues, pese a todo, había que reconocer que atesoraba un alma sensible e inquieta, ansiosa por hacer algo fuera de lo común, intentando alejarse de los puntos conflictivos.           &lt;br /&gt;   Le encantaba la poesía, el arte y la música, llegando a hacer sus pinitos en los ambientes de su pandilla con cierto desparpajo, y memorizaba poemas, canciones o pasajes de historias o leyendas que le despertaran el apetito. Le chiflaban sobre todo las leyendas, por lo que se pasaba las horas muertas empapándose de la trama cada vez que se topaba con algún legajo o manuscrito. Cierta primavera, cuando el campo estalla en mil colores y se cubre de aromas, mariposas y sorpresas,  vino a caer en sus manos unos cuadernillos de pastas desvaídas, en los que se relataban episodios de la antigua Roma, como la lucha de los gladiadores con las fieras, las famosas bacanales o las cálidas termas, entre otros asuntos. &lt;br /&gt;   Hojeando las páginas, Rómulo se detuvo en el apartado de las bacanales, imbuido acaso por la atracción que sentía por las fiestas, el vino y toda la parafernalia que conlleva, haciendo referencia al milagro que hacen los sacerdotes en el sacrificio de la misa con el vino. Y porque estas fiestas se ofrecían igualmente en honor del dios Baco, precisamente el dios del vino, de la agricultura –que tanto trilló- y, sobre todo, de las buenas relaciones entre los mortales, por lo que le apetecía aportar su granito de arena y rendir su pequeño homenaje a la divinidad, pero deleitándose con el vino y los placeres. &lt;br /&gt;   Durante una época se entusiasmaba Rómulo elucubrando sobre tales eventos, y se detenía en las escenas más calientes, sintiéndose tentado a probar las mieles de la carne, pero los miedos y las no pocas estrecheces le denegaban semejantes dispendios. No obstante, el verse acuciado por tal solicitud puede que prendiera la mecha del fuego de los estupefacientes, en una pugna desigual entre el quiero y no puedo, cayendo en las redes con el prurito de saciar las frustradas utopías.  &lt;br /&gt;   Pareciera como si Rómulo se hubiese configurado su propio mundo, donde oyese disertar a los siete sabios de Grecia en amena charla en la academia, reflexionando cada uno en su papel sobre su propia temática, y permaneciese atento, como un alumno aventajado, entregado sin reservas al soplo que llegase; lo que quizá diese pie a que se impregnara de la leyenda de la fundación de Roma, tal vez por cierto aire vanidoso – de niño consentido- de similitud onomástica, de forma que lo habría acuñado en el subconsciente, y se imaginó mediante mil devaneos y certeras suposiciones que era un afortunado deslizándose por esa estela, convencido de que podía salir airoso del atolladero, siempre que contara con alguna ayuda, como ser amamantado por otra loba, emigrando a una ciudad de prestigio, feraz y emprendedora. &lt;br /&gt;   Sin embargo no entraba en los cálculos de Rómulo alcanzar la luna, o hacerse millonario con el hallazgo del tesoro de El Dorado, picado tal vez por los guiños de la leyenda, en la que los indígenas del pueblo amerindio chibca, cuyos jefes se cubrían el cuerpo con ungüentos y oro molido, y se zambullían en la laguna de Guatavita (Colombia), a pesar de que la riqueza de aquellas tierras no era el oro, sino la sal, que cambiaban por metales preciosos con los pueblos vecinos, ubicados a orillas de los ríos de las cordilleras que los circundan. La áurea fama se fue expandiendo por las ondas, y una vez que fueron vencidos los chibcas, se comenzó a organizar oleadas de expediciones a estos míticos rincones en la creencia de que solventarían todos los males.        &lt;br /&gt;   En cierta ocasión, alguien sugirió a Rómulo la clave o algo novedoso envuelto en aromas de inquietud para el despegue, generando un chisporroteo extraño, que le despertó los instintos, inmerso como estaba en el fragor de los narcóticos, masticando las virutas de la turbación, y pugnaba por romper con aquella rutina que lo ensombrecía tratando de modificar el chip, y apostar por otra carta en la partida, partiendo hacia otros lugares más florecientes, y vivir con hombría la vida, y así, sin apenas percibirlo, lograr el éxito, aunque se hallase vapuleado por las tribulaciones, y, armándose de valor, se dispuso a batallar en todos los frentes, derribando los obstáculos que le obstruían el paso.&lt;br /&gt;   Probablemente desconocía Rómulo los entresijos de las tierras que le aguardaban a la vuelta de la esquina, y hasta puede que no tradujese con fidelidad los datos geopolíticos de la realidad más allá de lo que se da en el telediario, pero eso lo superó con creces poniendo en funcionamiento su espíritu aventurero de lector incansable, movido por los estímulos de un amiguete, que en numerosas ocasiones le había asesorado acerca de lo divino y lo humano, señalando la conveniencia de establecerse uno por su cuenta, aprovechando la oportunidad que se presente, y de esa guisa pronosticaba la posibilidad de encontrar un trabajo en el ramo de hostelería por la Costa del Sol, concretamente en algún restaurante situado en el valle tropical sexitano, puntualizando que al menos en verano, y más en agosto, todo el personal era poco. &lt;br /&gt;   A lo mejor fue el azar, o las lecturas de las que tanto tiempo se nutrió las que dieron su fruto tropical, cual aguacates y chirimoyas, al venir a recalar en estas tierras almuñequeras, atraído por los relatos sobre los distintos pueblos y etnias que habían jalonado su esqueleto vital y cultural, además del flujo turístico y la exuberante vega con su generosa hortofruticultura. &lt;br /&gt;   Y resultaba curioso que, en los periplos de calma chicha, Rómulo se solazaba placenteramente rememorando la elaboración de salazones del parque de El Majuelo, soñando con emular a los intrépidos marineros que surcaron estas aguas más ligeros de equipaje, y se inquiría con admiración sobre las depuradas técnicas que utilizaban en la preparación del garum. No podía, llegado a esta parcela, pasar por alto las gotas de sangre morisca que le bullían en las venas avivando el rescoldo  sabroso de los manjares de los ancestros, que aún rondaban por su paladar, como el salmorejo, la alcachofa, la alboronía, el alcuzcuz, la albóndiga, y de repostería, el almíbar, el arrope, o las pastas, como el alfeñique y la alcorza.  &lt;br /&gt;   Dicho y hecho, y apañando dos mudas, unos bocatas y cien euros, ahorrillos del trapicheo, en el bolsillo emprendió la audaz fuga hacia el descubrimiento de su nuevo mundo.&lt;br /&gt;   A partir de ese momento el modus vivendi de Rómulo daría un vuelco. La odisea laboral discurriría por los senderos de la restauración, como camarero, siendo bautizado profesionalmente en las aguas de hostelería, algo insospechado a todas luces por él, pero que en tales coyunturas le supondría todo un reto y la degustación de un rico maná caído del cielo, teniendo en cuenta que exhibía hechuras de página en blanco, una lámina virgen, casi sin moldear por los pellizcos de la vida, pero que posiblemente superaría con suma facilidad, adaptándose con premura a las nuevas ordenanzas. &lt;br /&gt;   Tenía por norma levantarse temprano, acostumbrado como estaba a madrugar –cual gallo de pelea en el gallinero-, aunque fuese para contar ovejas o matar moscardas apontocado como un muermo en el cuarto de estar o en los poyos de la plaza pública, pero ahora no era el caso, y una vez que se había aseado a plena satisfacción tomaba el camino rumbo al tajo, donde le aguardaba una ardua tarea, totalmente enriquecedora en los inicios, infundiéndole alentadores brotes de autoestima para seguir en la brecha.&lt;br /&gt;   Todo este mundo repentino que sobrevino le reportaba preludios de ensueño, como un regalo de reyes. Algo que nunca había imaginado, ya que lo que en realidad había practicado, en los paréntesis vitales, fueron faenas agrícolas, verbigracia, podar árboles, arrancar o plantar tubérculos, o recolectar diferentes frutos, aceituna, almendra o bellotas de los alcornoques –en el buen sentido del término-, que en aquella época proliferaban por la comarca. &lt;br /&gt;    No tardó demasiado tiempo en acoplarse, ejecutando su labor con seriedad y eficiencia, como jamás hubiese pensado nadie ni tan siquiera la que lo alumbró. &lt;br /&gt;   Rómulo sudaba la gota gorda, cual pertinaz hormiguita, por labrarse un porvenir, y percibir unas remuneraciones que le permitiesen el día de mañana formar una familia a salvo de las acometidas de la hambruna, sin depender del gobierno paterno; y así transcurrió un lapso de tiempo en que no escamoteó esfuerzos, disponiendo de la chance de alternar con la concurrencia, y dar los primeros pasos en las pulsiones del corazón, contactando con los suspiros de nuevas vivencias, y su savia se fue puliendo, hasta el punto de que ya no amanecía con aquellas escandalosas legañas del imperio del esparto, que provocaban espanto por la amarillez de unos ojos hundidos, amenazados por la ictericia. &lt;br /&gt;   Ahora su faz irradiaba serenidad, luz, al igual que una pieza valiosa recién abrillantada, contrastando con la imagen de antaño enmohecida por la desidia y el olvido, esperando una mano de limpieza. &lt;br /&gt;   Con el paso de los años, y como la alegría dura poco en casa del pobre, los vientos se le torcieron de mala manera, al penetrar la crisis en la empresa como ladrón en casa ajena, cayendo en la insolvencia y la bancarrota. No obstante, a los pocos meses de vagar desnortado por las sinuosidades del desaliento, alguien se cruzó por su calle, reenganchándolo en la cadena laboral, encomendándosele tareas de limpieza, y se puso más contento que un niño con zapatos nuevos, porque calibraba en su justo término los gritos del desempleo, y de paso venía a resarcirle de una secreta deuda que hubiese contraído consigo mismo, de modo que tales quehaceres le guiarían por los vericuetos interiores, fortaleciendo las firmes convicciones a las que había llegado, eliminando las telarañas y el negro hollín enquistado en el cerebelo durante los inanes años que permaneció atado a insalubres compañías, al borde del abismo.&lt;br /&gt;   Rómulo poco a poco entra en una vida normal de mileurista, encontrando novia, casa e hipoteca, con la ilusión de echar raíces en el nuevo suelo y cobijarse el día de mañana con la pareja en ese fuerte almuñequero, sobreponiéndose a las dificultades de la travesía. &lt;br /&gt;   Últimamente recibe agradables sorpresas, toda vez que los sueños van tomando cuerpo, y cuál no sería el asombro al llegar a sus oídos la sorprendente noticia de que había sido agraciado con el premio gordo de la lotería de navidad, que por supuesto no creía, dándose la paradoja de no haber llevado nunca una participación por ser enemigo acérrimo de los juegos de azar, influenciado quizá por los dictados de los progenitores, que apostillaban que la mejor lotería era el trabajo, pero que en esta ocasión lo adquirió a regañadientes y por puro compromiso, dejándose llevar, como tantas otras veces, por el viento que soplaba.&lt;br /&gt;   No cabe duda de que la suerte es ingrata o injusta en determinados lugares y circunstancias, seguramente más para unos que para otros, malos o buenos, vaya usted a saber, e ignorándose las interioridades o veleidades de Rómulo en tal aspecto, a buen seguro que zanjaría la cuestión afirmando que más vale pájaro en mano que ciento de promesas volando. &lt;br /&gt;   Habrá que convenir en que el premio lo tenía Rómulo más que merecido, por el hecho de que había puesto todo el empeño y los ideales en desempolvar el futuro, siendo rescatado a tiempo de las fauces del averno, al lograr un empleo, que llenaba sus horas vacías, según el currículo y sus aspiraciones en mitad del tsunami por el que había transitado, y, aunque no encontrase el tesoro escondido o el ansiado oro rubio o negro, se puede testificar que materializó la hazaña de ser profeta en su tierra –al menos en parte-, haciendo sus pequeñas Américas aunque sin pisar el charco, convirtiéndose sui géneris en un afortunado indiano andaluz, dispuesto a exhibir a conocidos y extraños las infinitas propiedades adquiridas en buena lid, que se resumen en una, sentirse bien consigo mismo -su pequeño gran paraíso-, con no poco esfuerzo y un poco de buena suerte, que suele ser el signo de los elegidos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-2180939820210013745?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/2180939820210013745/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=2180939820210013745' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/2180939820210013745'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/2180939820210013745'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/05/romulo-o-los-avatres-de-un-inmigrante.html' title='Rómulo o los avatares de un inmigrante'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-Bv65Kz2wd1M/Tdjl0qy_l0I/AAAAAAAAAXc/JJ7WF5oj6wc/s72-c/emigrante.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-3207106834227093767</id><published>2011-05-19T14:01:00.000-07:00</published><updated>2011-05-19T14:32:29.125-07:00</updated><title type='text'>El botijo y la sombra</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-oNIOhaef-Cw/TdWGdWgk3aI/AAAAAAAAAXU/blZngOkBYXU/s1600/botijo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 139px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-oNIOhaef-Cw/TdWGdWgk3aI/AAAAAAAAAXU/blZngOkBYXU/s200/botijo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5608536749776362914" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;                                                    &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;   Eran años estrechos, de penurias, de escasez extrema, en que la gente vivía o malvivía encerrada en su habitáculo al abrigo de sus necesidades más perentorias, sin poder columbrar más allá de dos palmos de sus narices, por la oscuridad reinante en las perspectivas que se desplegaban en el ambiente, en la piel, en los corazones. No se rumiaba ningún vigor, impulsos contundentes fuera de la subsistencia, y no se lograba que aquello funcionase como los viejos trenes de entonces envueltos en nubes de negro humo a todo vapor, o echase a andar de una puñetera vez.&lt;br /&gt;   El horizonte se mostraba hosco, inundado de unas lágrimas secas, que no permitían ninguna satisfacción o alegría por sorpresa, como no fuese disponer de un buen botijo en casa o en el campo a la sombra de una higuera o de las ramas de un esplendoroso árbol que por allí creciese, con rica agua fresquita para acallar los demonios del cuerpo azuzados por la sed, que ardían en las entrañas por todos los frentes.&lt;br /&gt;   Ocurría que, al levantarse la familia por la mañana temprano, husmeaba que no tenía nada a la vista, que los alimentos brillaban por su ausencia, que hacía falta acarrear algo con idea de matar la maldita hambre para seguir vivos, y muy diligente se acercaba alguien de la familia a la tienda que abastecía al pueblo, que se asemejaba al cuartelillo de la guardia civil, pues en ocasiones los escaneaban, llevando a cabo un registro de pies a cabeza, e incluso examinaban las huellas y los antecedentes genealógicos relativos al patrimonio o reflejaban en una etopeya su filiación ideológica como un estigma de por vida, y por el camino se interrogaba turbadamente un abanico de cuestiones, que en circunstancias normales no cuadraban en el cerebro humano, como, qué compro, qué necesitaré hoy para salir del paso, qué me llevo a pesar de todo, y con qué me quedo al final para saciar mínimamente a la familia, debido a la persistente pugna entre la inmisericorde ausencia de dinero y la atroz represión a que se veía sometido, y no sabía cómo arreglárselas para salir del atolladero, entre las ansias de comprar y la necesidad que tanto apremiaba, que le nublaba la mirada, la mente, impidiendo que pusiera los pies en el suelo, y elegir con sentido común lo que precisaba para comer, y de ese modo rellenar en parte los vacíos de la despensa, pero no había forma, eso resultaba ser una quimera, porque todo o casi todo se compraba fiado, mañana te lo pagaré, le decía, y así se iba engrosando la cuenta, el suma y sigue, debiendo contentarse con muy poquita cosa, y adaptarse a los dictámenes del tendero/a en la mayoría de los casos, debido a la fianza, y siempre ponderando un sinfín de requisitos, entre otros, de qué color respiraban los ancestros a raíz de la última movida de la guerra fratricida del 36 al 39, y en consecuencia se dignase o no tolerar que se llevara tantos o cuantos artículos, o algunos cuartos de kilo de garbanzos o lentejas, o ciertas libras de tal o cual producto, por mucha falta que le hiciese.&lt;br /&gt;    No obstante, lo que casi nunca le podía faltar a Casimiro era su botijo lleno de agua fresquita, que se lo traía Pepita de una fuente de los alrededores del pueblo, la denominada Minilla, que se hallaba inmersa en un verde bosque con gigantescos árboles, que cubrían con ímpetu toda la espesura, donde brotaba el agua viva y cristalina, con una fragancia y una alegría que alejaba las alergias y todos los males, y alegraba la casa y la convivencia, alcanzando a ahogar las penas y las turbias calenturas que circulaban por el espíritu o los penes o los duendes del amor, frenando los apetitos de la carne, toda vez que no estaba el horno para bollos exigiéndose la continencia cristiana, porque en los estados de ánimo por los que se atravesaba en aquellos momentos no se disponía del carburante preciso para apenas sostenerse en pie, y menos aún emplear las reservas en semejantes frivolidades, por lo que había que apresurarse y sobreponerse a las tormentas y a los tormentos que corrían por los senderos más íntimos, y era de obligado cumplimiento ir al grano, ya que como dice el dicho popular, oveja que bala, bocado que pierde, aunque lo verdaderamente complejo del asunto era encontrar el bocado que llevarse a la boca.&lt;br /&gt;    A veces iban al campo el padre y el hijo a realizar puntuales faenas agrícolas, a distintas lomas de las montañas, conocidas por la denominación de los secanos, por la precariedad de agua, y unas veces iban a lomos de la mula y otras tirando del ronzal, -aunque no se pareciese a la historia rocambolesca del cuento del burro, siendo criticados por el vecindario de forma esperpéntica-,  y a fin de aliviar la árida travesía y suplir la carencia de un transistor que mitigase la fatiga durante el trayecto, por todo ello el progenitor, creyéndose un Gardel o un Manolo Escobar, tarareaba, cantaba o silbaba melodías de su rico repertorio, coplas populares de la época, que se transmitían de boca en boca de la Piquer, de Lola Flores, de Peret u otros, amenizando la triste y aciaga avanzadilla de la mañana, acorralados por los rayos solares y los monótonos sones de las cigarras, las moscardas y la pesadumbre que se columpiaba sobre sus hombros, mezclándose con el sopor y el calor asfixiante del estío.&lt;br /&gt;   Las coplas portaban mensajes que flotaban en el ambiente, por ejemplo, la del maldito parné, con lo que escaseaba la plata en los bolsillos de los lugareños, y sin embargo en otras manos sobraban y la malgastaban, sembrando discordias y vilipendios; en ocasiones, si el hijo escuchaba la copla del progenitor con cierto aire de misterio y autocomplacencia, …te quiero más que a mi vida, más que al aire que respiro,… que las campanas me doblen si te falto alguna vez…pensaba sin duda que se refería a su persona, a sus sentimientos, al futuro que le aguardaba en la vida, pues en ningún caso los conocimientos de un niño podían desentrañar la enjundia de tales canciones, que entonaban rijosos y envalentonados los mayores, llevados por la libido. &lt;br /&gt;   Eran tiempos de esparto, de pleita, de la zafra, de la extracción de la esencia de los tallos de romero, de jarabe de palo, de carestía, de camina o revienta, de comer para vivir o prolongar la agonía. Pero en ese áspero desierto estaba el todopoderoso botijo, con el rico maná en sus entrañas, que en buena medida dulcificaba y amamantaba a los mortales.  &lt;br /&gt;   Lo primero que hacía el progenitor al entrar en la casa era trincar el botijo -o búcaro o pipote-, que en esto sí que existía un despilfarro de vocablos, gracias a dios, pues todo no iba a discurrir por los precarios derroteros, y se quedaba colgado del caliche como el bebé de la teta de la madre, de suerte que le abría las ventanas del alma y del pensamiento, refrescándole el espíritu. Si por un casual Casimiro echaba mano del botijo y lo encontraba vacío, sin el milagroso líquido elemento entre sus ubres, furioso e impaciente cantaba las cuarenta a Pepita, recitando la letanía de todos los santos habidos y por haber, exclamando con los ojos desencajados:&lt;br /&gt;   -Pepita, Pepita, oye, qué pasa, coño, vamos a ver, tú no me conoces…&lt;br /&gt;   -Qué, Casi, Casimiro mío, dime…&lt;br /&gt;   -¿Dónde andas? Mira que te lo tengo dicho, y siempre te lo digo, pero ni por esas, que siempre tengas el botijo lleno de agua fresca para cuando llegue, y hoy no tiene ni gota, en qué echas el tiempo.&lt;br /&gt;   - Casi, ahora mismo iba a llenarlo a la Minilla, que es la que a ti te gusta, por lo fresquita que viene, pues la de la otra fuente no la quieres ni para los animales, pero, mira, cariño, hoy te has adelantado y has llegado más temprano, y además no quería que estuviese caliente para cuando aterrizaras. &lt;br /&gt;   -Pero cómo das lugar a esto, no sabes que no puedo vivir sin un trago de esta agua, porque yo no soy de esos que se van a la taberna a ahogar sus penas por la falta de pan, como acostumbran muchos borrachines y gente sin escrúpulos, que apenas entran por la puerta de la taberna se transforman como si recibiesen la gracia del Espíritu Santo, y empiezan a soltar dislates, creyéndose los amos del mundo, al contactar con el olor del alcohol; a buen seguro que son unos auténticos haraganes, que se regocijan en esos charcos. No saben apreciar la  riqueza de una bebida sana, que cura las enfermedades y robustece la actividad humana.&lt;br /&gt;   -Pues mira, Casi, te contaré algo, no pude ir antes a por agua, porque he tenido un problemón con las gallinas, que van a acabar conmigo, y los cerdos, que no me dejaban tranquila, pues estaban nerviosos y alborotados, sin ganas de comer ni de moverse, como hipnotizados, pues al parecer unos zorros han estado merodeando por aquí durante la noche, y se sienten aturdidos, como paralíticos los pobres animales, que ni siquiera se atreven a beber agua de la que a ti tanto te agrada.&lt;br /&gt;   -Bueno, menos cuento, Pepita, venga, vamos rápido, tráete el agua antes de que me hierva la sangre y coja el garrote, porque de lo contrario voy a espichar como un pobre e indefenso pajarillo.&lt;br /&gt;   Nunca se valorará en su justo término la importancia y trascendencia que supuso el botijo en la vida de las personas a través de la historia, cumpliendo religiosamente el exquisito ritual, debiendo figurar por méritos propios en los más prestigiosos museos culturales del universo, habiendo quedado, sin embargo, en el baúl de los recuerdos, casi minimizado por la desidia, cuando llegaron a los mercados las nuevas tecnologías, los fríos frigoríficos, o las frescas neveras con los hielos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-3207106834227093767?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/3207106834227093767/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=3207106834227093767' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/3207106834227093767'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/3207106834227093767'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/05/el-botijo-y-la-sombra.html' title='El botijo y la sombra'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-oNIOhaef-Cw/TdWGdWgk3aI/AAAAAAAAAXU/blZngOkBYXU/s72-c/botijo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-1672337604829595211</id><published>2011-04-24T12:02:00.000-07:00</published><updated>2011-04-25T13:23:24.647-07:00</updated><title type='text'>Las gafas</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-y67d2v8nuWI/TbR1Gxkj7sI/AAAAAAAAAXM/kuvxJisz5lk/s1600/gafas.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 188px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-y67d2v8nuWI/TbR1Gxkj7sI/AAAAAAAAAXM/kuvxJisz5lk/s200/gafas.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5599228995974721218" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;                                                              &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   O mejor, las recién halladas. Se las encontró sobre aguas genovesas, parlando italiano. Sus hechuras puede que no lo delataran, pero había que reconocer que atesoraban hálitos de cultura latina por su enigmática fisonomía y la confección de la montura romana, o al menos eso fue lo que musitó entre dientes. Tenía gran interés por columbrar el mundo desde otras esferas desde hacía mucho tiempo, como a un niño con churretes o embadurnado de tarta hasta las cejas en la fiesta de un cumpleaños, o saltando de charco en charco por las esquinas hasta caer extenuado dentro, y a renglón seguido sentarse ante una majestuosa pantalla como en el cine, con el mando en sus manos, y agregar, recortar, trasladar, difundir o difuminar rostros, ojos, bustos, cerebros o manos, trasformando lo que más inquina le produjera, cansado como estaba por tanta monotonía, echándose siempre a la cara los mismos cuadros, la mismos escenarios con bromitas de dudoso gusto o manidos saludos sin cuento, en reiteradas panorámicas o elucubraciones; qué horrible pesadez, se decía. &lt;br /&gt;   Durante un tiempo se dejó llevar por los impulsos, y viajó incansablemente por tierras y mares, por valles y sierras, en invierno y verano, vestido con grueso abrigo, guantes y bufanda, y otras veces, fue semidesnudo, yendo tras la estela que pergeñaba, y de buenas a primeras, cuando menos lo esperaba, abandonadas las esperanzas en el desván del olvido, se le presentó una salida airosa al caos que lo encadenaba, la gran oportunidad de su vida, la ventura de descubrir un universo virgen, totalmente fresco, recién hecho, llegando a exclamar como nunca había exclamado, eureka, bravo, albricias, pues le resultaba increíble, invadiéndole una sensación como si volviese a nacer, se imaginaba con otros ojos, otros horizontes, otras motivaciones, otros amores, a cuales más pintorescos e irresistibles. Desde ahora en adelante podría sentirse un hombre nuevo, y acariciar diferentes semblantes, más angelicales o ásperos pero originales, según las carátulas que fueran apareciendo en la pantalla a través de los itinerarios de la travesía. &lt;br /&gt;   No cabía duda de que la fortuna le sonrió sobremanera aquella mañana, al tropezar con los anteojos, que dormían el sueño de los justos debajo del asiento donde casualmente vino a apoyar las posaderas. En esos instantes una ingrávida gaviota, como si quisiera compartir los destellos del evento, dibujó unos certeros renglones en el apacible firmamento, descendiendo y ascendiendo en el remolino marino con visos lúdicos, como si jugase al pilla pilla o al escondite por las oscuras rocas o las blancas arenas de la playa, en un día de soleado cumplimiento, como tantos que iluminan las costas mediterráneas. &lt;br /&gt;   En un principio le llegó un leve aire tristón, sopesando con cierta intriga el color, la dulzura o los parpadeos de los ojos que tras los mismos cristales anteriormente atisbaron el planeta, y poseyeron toda la clarividencia de que fueran capaces, reflejando ahora la que él poseía, para bien o para mal, entre las tormentas del pasado invierno, o los verdes aromas de primavera, pero ello le suponía un titánico esfuerzo, o una infranqueable utopía, al verse obligado a lanzarse desesperadamente a la conquista de tales huellas o suspiros, quizá ficticios, deshilvanando misterios de las peripecias vividas, o recepciones que hubiese concretado en secreto, donde hubieran llorado de alegría o palpitado, respirando sigilosamente en sus respectivas cuencas. &lt;br /&gt;   Así que no le quedó más remedio que amoldarse con prontitud a lo que la suerte le deparaba, disfrutando de los nuevos ventanales por los que podría volcar las pasiones, restañar heridas, solazarse a sus anchas con la mirada, fisgando o permaneciendo silencioso en mitad de la verde pradera atrapando el vuelo de las aves con tan solo un clic de la cámara digital, o deteniendo el paso de las naves saliendo del puerto genovés, evocando a las célebres carabelas de Colón, que cierto día enderezó rumbo hacia tierras lejanas, que a unos deslumbró por el fulgor y entusiasmo que generó, y a otros, en cambio, les sumió en la más profunda desolación, comiéndoles la moral, y produciendo no pocos quebraderos de cabeza, al toparse muy de mañana con semejantes intrusos, auténticos energúmenos, a las puertas de sus habitáculos armados con la peor intención, en un allanamiento de morada como no se había visto en miles de años, poniéndose morados a costa de los nativos, arrancando sus raíces, los cocos y bananas, las costumbres de los ancestros, hasta el punto de que acentuaban los miedos del vecindario, de jóvenes y mayores, amedrentados por las fechorías, estrangulamientos, hachazos, intimidaciones sin orden ni concierto, blandiendo las espadas al viento con mirada torva, confundiendo el tronco humano con los troncos de los árboles, con la firme determinación de vasallaje, en una merienda de indígenas, donde el pez gordo se cebaba con el chico, imponiendo la ley de la selva. &lt;br /&gt;   Por otro lado, ante el feliz advenimiento de que había sido objeto con las nuevas lentes, como rara vez acaece en la vida, llenaría su fantasía de mudo asombro, de esperanzadores crepúsculos y risueños amaneceres, ante la súbita visión de pueblos ignotos en su cerebro, turbado por tanta ignorancia como aglutinaba en semejantes circunstancias, y por la ansiedad por romper la muralla que lo cercaba, y ampliar la percepción en lontananza, pasando página del libro de su vida, que no era poco, puestos los cinco sentidos en lo que fuese descubriendo minuto a minuto, guiño a guiño, a través de los nuevos ojos, toda una aventura por desentrañar. &lt;br /&gt;   Porque, como apunta el refrán, nada es verdad ni mentira, sino que todo es según el color del cristal…, y que tan bien cuadraba a sus inesperadas aspiraciones; ahora, con estos nuevas niñas, el empuje que recibía limaba los escollos del mar y de la vida, porque no hay que olvidar que toda la historia ocurría aquí y ahora, en esos instantes, cuando navegaba en el crucero hacia Génova, y luego vendrían las posteriores visualizaciones en tierra firme, cuando se enfrentase a la rutina diaria, a los círculos de siempre, tomar una cañita, un refresco, un tinto de verano o un tinto a secas o un mojito, donde sin querer se cuecen habas, torpezas, picardías casi clandestinas o la pugna por la existencia, estrujándose los paños de lágrimas, o empapándose del apetitoso estado de consciencia más pura.   &lt;br /&gt;   No sabía a qué carta quedarse, en su juego enloquecido de flaxes, ensoñaciones y entelequias, si coincidía o no con el navegante genovés en el fondo, que por lo visto poseía unas ilimitadas perspectivas, pero de todos modos fue una insólita y enriquecedora sorpresa meterse en carne y hueso en los ojos de otra persona, ojo con ojo, poro a poro, con pelos y señales, y esta estampa no la podía ocultar bajo ningún concepto, porque las gafas habían viajado antes colgadas de otra percha, en otras narices, en otras orejas, y ahora lucían esplendorosas aquí, en su rostro con luz propia, surcando las tranquilas aguas en la barca que le transportaba del mar a la ciudad, a la gran Génova, punto de encuentro de banqueros y navegantes, y enclave de gestas de todo tipo en una abigarrada nómina de pueblos y razas, que fueron desfilando a través del testimonio de las gafas, fenicios, cartagineses, francos, lombardos, bizantinos, turcos, franceses, españoles, catalanes, junto a las rivalidades de güelfos y gibelinos por los parajes de Liguria; pero él iba como viajero, con objeto de visitarla, y así gozar de los encantos, y escudriñar los secretos que tan celosamente se escondían en su dilatada historia, aprovechando la ocasión única que se le brindaba. &lt;br /&gt;   No obstante, se le amontonaba multitud de incógnitas e incertidumbres. Por ejemplo, le hubiese gustado descifrar qué paisajes le habrían apasionado más a sus antecesores ojos, o qué borrón y cuenta nueva efectuó por superfluo o por el estado de ánimo en que se encontrara en tales momentos, porque anhelase vislumbrar otros páramos más acordes con su criterio y caprichos, o cuáles degustó con mayor fruición en aquel periplo, o se cruzaron en mitad de la ensenada, o en las calles de cualquier ciudad, cuando deambulaba rascándose el cogote, o distraído por el vuelo temerario de alguna paloma a pique de pisarla; qué retina se acompasaría con la suya en el caudaloso río de la primavera, cuando el hielo se derrite entre embriagadores perfumes, o cuántas sonrisas se habrían esbozado bajo ellas o se habrían besado entre labios de ternura. &lt;br /&gt;   No cabe duda, y de hecho se podría afirmar, pues quien las probó lo sabía, que las gafas permanecían activas, a pleno rendimiento, atravesando su mejor momento, tanto era así que le sacaron lo colores más de una vez al nuevo inquilino -no porque fueran fantásticas, que desnudasen a las personas que se cruzaran en su camino al trasparentarse los ropajes-, y de más de un apuro en diferentes frentes, por las distintas tierras, calles y avenidas genovesas en el recorrido protocolario, antes de entrar a saco en sus comercios, museos y palacios, y el posterior retorno por aquellos henchidos mares de amor -Petrarca y Laura, Dante y Beatriz-, o de dantescas correrías de bucaneros, corsarios  y piratas disfrazados de mercaderes a la antigua usanza, ataviados de sorpresas, con ricos hilados de las guerras mercantilistas, y pintados de azul intenso por los golpes de luz y mar, que azotaban con denuedo todas las ansias comprimidas, las de los cristales y las pupilas de estreno, que lo transportaban por nuevos puertos en los precisos vaivenes del viaje, tras el hallazgo.  &lt;br /&gt;   No había concebido hasta entonces que el mundo se pudiese calibrar de otra guisa, tal como se le antojase, como el que cambia de corbata o de peluquín para una fiesta, y verlo al revés, boca abajo o de puntillas, o presentándolo como si suplicara a los humanos que no lo maltraten con tantas veleidades o sustancias contaminantes, engendrando a la postre estados calamitosos o un cúmulo de enfermedades, escorbuto, sífilis, peste negra, tisis, muerte roja, purgaciones o lo que caiga sin previo aviso, por no emplear el sentido común en las acciones.&lt;br /&gt;   Se le agolpaba en la mente un sin fin de ideas; aunque no se nutriese de hechicerías ni maniobras milagreras, sin embargo le afloraban una serie de impactos y altibajos a la hora de inclinarse por la realidad que le acosaba y se veía envuelto, aunque cerrase los ojos a cal y canto, interrogándose si en efecto lo que acontecía en su entorno era cierto, o una simple escaramuza o engaño de los sentidos; no obstante, en el peor de los casos, podía  endosárselo al color de los nuevos cristales como dice el refrán, pues a veces no advertía las coyunturas a las que se veía abocado por fuerzas mayores. Y todo porque desconocía si algún gafe le había jugado una mala pasada, y tal vez por eso las cosas no le fueran tan bien como quisiera, siendo gafado finalmente en su propia casa.&lt;br /&gt;   Antes del feliz hallazgo, él utilizaba gafas de présbita para leer tebeos, cuentos, historias, con las que se retiraba a la letrina en horas intempestivas para aligerar la carga, cuando barruntaba la cruel tormenta, pegando zumbidos, latigazos, rayos y resplandecientes centellas por los estrechos desagües abajo,  pero el dique de contención contrarrestaba los mejores ímpetus. &lt;br /&gt;   Hasta que cierto día, desbordado por los apretados embarazos a que se veía sometido, dijo:&lt;br /&gt;    -Oye, tía, sabes que he estado más de una hora sentado en la taza del wáter, esforzándome a más no poder, y no había forma, vamos que no podía vivir. Escucha, recuerdo la anécdota que un amigo relató en circunstancias parecidas, que creo que aclarará algo del estrés por el que se pasa cuando esto acontece. Y dice así, el novio espetó a la novia, en una tarde gris y plomiza, mira, Dorotea, te quiero más que a mi vida, y a todo lo que tú más quieras, y mucho más que a una panzada de cagar; la susodicha no esperó ninguna aclaración, y de repente, con las mismas se dio media vuelta y lo dejó plantado en su huerto, cogiendo las de Villadiego. &lt;br /&gt;   Al cabo del tiempo, en el devenir de los avatares Dorotea reculó en cierta ocasión, y se arrastró por unos tránsitos muy similares a los de su antiguo amor, y fue entonces cuando ella, muy entusiasta y perspicua, acudió a recuperarlo de la soledad y el tremendo desaire que le dispensó, pero ya era demasiado tarde, pues él había rehecho su vida con otra apareja, que comprendió al momento las penurias y sufrimientos de tales situaciones, los sudores de muerte en tales atranques.&lt;br /&gt;   Ahora él, acaba de enterarse de la afición de Dorotea por la lectura de revistas y novelas en la letrina remedando su antigua costumbre, donde en las dulces mañanas de abril, que incitan a dormir, cuando el sol asoma por los ventanales y después de haber ingerido el vaso de leche y la tostada con aceite, ajo y fruta, se retira a su lugar favorito con el cigarrillo de piper menta entre los labios describiendo ávidos ochos, extrayendo un aroma especial, oliendo a libro, pasando ratos de relax en el retrete leyendo, a la espera de que las esclusas se dignen abrirse.&lt;br /&gt;   El día que se quebraron los cristales de las gafas, portadoras de la nueva visión que había disfrutado durante un tiempo, se quebró en gran medida su mirada más creativa y sensible, y murió la parte más enriquecida de su ser por la diversidad de conocimientos y sensaciones, paisajes y vivencias, que le habían hecho ilusionarse y acompañado en su desvarío por el proceloso universo en el que vivía, y las campanas de su corazón repicaron a muerto. &lt;br /&gt;Cuán fugaz es la hermosura de la ilusión humana, de la indeleble pintura de lo nunca transitado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-1672337604829595211?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/1672337604829595211/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=1672337604829595211' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/1672337604829595211'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/1672337604829595211'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/04/las-gafas.html' title='Las gafas'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-y67d2v8nuWI/TbR1Gxkj7sI/AAAAAAAAAXM/kuvxJisz5lk/s72-c/gafas.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-2473480051816744379</id><published>2011-04-12T13:35:00.000-07:00</published><updated>2011-04-14T04:17:21.218-07:00</updated><title type='text'>El concepto del tiempo</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-D-D4zgYmOz0/TaS5QrZ1faI/AAAAAAAAAXE/UKuOJbFb0n4/s1600/trabajo-concepto-de-tiempo_283930.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 194px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-D-D4zgYmOz0/TaS5QrZ1faI/AAAAAAAAAXE/UKuOJbFb0n4/s200/trabajo-concepto-de-tiempo_283930.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5594800333281131938" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;                                                      &lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;   Al despertarse, Rogelio rompió la quietud de las sábanas que permanecían casi intactas tras el profundo sueño, y de un salto se arrojó a la vorágine de la vida. Bebió un trago de energía y se dispuso a emprender la marcha hacia las diferentes obligaciones que le aguardaban. Nunca se había encontrado tan pletórico como en esos instantes para llevar a cabo todo cuanto debía acometer. En esos efluvios prístinos en los que flotaba construía su mundo idílico, un interminable viaje por lugares inhóspitos, ubérrimos, vírgenes, disfrutando como un niño en una playa desierta, revolcándose loco de contento en la blanca espuma de las olas que acariciaban su cuerpo. &lt;br /&gt;   Mas poco a poco, acaso en consonancia con los ciclos de la naturaleza, y cumpliendo sus aviesos veredictos, todo el vigor matutino se fue desmoronando como un castillo de naipes. &lt;br /&gt;   Tenía muy asumido que no necesitaba reloj para ubicarse en los distintos vericuetos por los que transitaba, pues todo su ser reflejaba en el silencio sosegado las horas exactas y los cuartos que precisaba, aunque al volver de la esquina a veces se cuartearan las ilusiones en el frío vaivén, al contacto con la intemperie y las desvaídas sensaciones que percibía, creando torbellinos de impaciencia que lo zarandeaban, o bien le obstruían el paso a la hora de ganarse el pan. &lt;br /&gt;   Tales avatares le impulsaban los horarios del sufrido respirar por aquellos vados, en los días sin agraciado tiempo, subiéndosele la incertidumbre a las barbas al atravesarlos, aunque fuese con la cabeza bien alta, pero el cerebro pendía del desasosiego que lo embargaba, desconociendo si aquella mañana sería la despedida del mundo de los vivos, debiendo abonarse al declinar de la tarde, discurriendo como un río hasta el mar.&lt;br /&gt;   No le faltaba razón en ello, dado que los años del estraperlo, en los que le tocó vivir, se presentaban muy dolorosos para salir a flote, y mantenerse en la superficie de la corriente o en la brecha de la vida, pero tirando, bien que mal,  por acertados senderos, aunque se burlase de las quimeras conceptistas y los desaires temporales. Ello no le permitía bajo ningún motivo encuadrar el horizonte en una fórmula mágica, pero rechazaba que le pusiesen puertas a la fantasía, impidiéndole volar por insondables parajes, o reencarnarse en aquello que le apeteciera.&lt;br /&gt;   En los días de asueto, quedaba con los amigos para dar un paseo y tomar una copa, pero ese día fue a visitar a un amigo que vivía en el otro extremo de la ciudad, que hacía dos veranos que no veía, no teniendo noticias suyas, pese a los móviles y a internet, pues ocurría, según confesaba en privado con arrogancia, que le había pillado ya mayorcito para semejantes exquisiteces, y le daba largas a todo cuanto oliese a nuevo, que llegase con el sello de modernidad e innovación, y se colocaba en un terreno agrio, hostil, desdeñando la cordura y los buenos modales, careciendo de ellos a pesar de haber sido agasajado en multitud de ocasiones con toda clase de artilugios de tecnología punta, pero siempre se las arreglaba para rechazarlos, impidiendo la entrada en sus dominios.&lt;br /&gt;   En cierta ocasión, no siendo ni tarde ni temprano, conforme caminaba por la acera como tantas otras veces las cosas se le torcieron de repente debido a una inoportuna chinita que se coló dentro del zapato, de suerte que le iba incomodando cada vez más, debiendo efectuar reiteradas paradas en el trayecto intentando restañar el roce y la figura, y desasirse de la broma que lo martirizaba sobremanera.&lt;br /&gt;   Rogelio siempre fue enemigo de toda clase de relojes, cuya única misión consistiera en pesar por arrobas o medir en litros el tiempo, los consideraba auténticos verdugos de la humanidad, que algún desaprensivo inventó sin duda para torturar a los semejantes –homo homini lupus-, por lo que abominaba de ellos por ser una pérdida de tiempo, ya que no aportaba ningún rayito de luz o provecho al entretenimiento o a los pasatiempos, dominó, oca, escenas amorosas, crucigramas, damas, lecturas, armados con sus minúsculas ramificaciones arbóreas, que, cual serpientes asesinas, serpentean por los subterráneos de la esfera inyectando veneno, y no satisfechos con eso alargan los tentáculos dentro de la breve urna, debiendo intervenir los expertos en última instancia, echando mano en los talleres de inconmensurables lupas, ensimismados en el lóbrego habitáculo de un alma en pena, y que a la postre, para mayor INRI, la gente exhibe ufana en la muñeca, de oro o plata, con gran ostentación y boato desfilando por suntuosos platós, opíparos banquetes o solemnidades palaciegas como ínclitos trofeos, o antaño en el bolsillo del chaleco con la cadenita, como talismán, mano de Fátima o blasón de nobleza.&lt;br /&gt;   Lo tenía muy claro, el sol amanece siempre para todo el mundo, y por mucho que uno se oculte o se desentienda, acabará siendo abrazado y mimado por él, y se percatará de que camina a su lado, e irá pulsando con maestría el timbre de los estados de ánimo, hambre, alegría, fatiga, pena o excitación sexual, según caiga vertical o se vaya deslizando por tejados, terrazas, montañas, valles, alcobas o por las cabriolas del océano, donde se sumergen los buzos a la caza y captura de peces inéditos o tesoros perdidos de antiguos pecios. Pareciera que los rayos solares alentaran a los intrépidos exploradores del fondo abisal, azuzándolos a la conquista subacuática sin miedo, sin escafandras o batiscafos, ligeros de equipaje, que ellos se encargarán de todo lo demás, limar escollos, arreglar arrecifes o tentadores corales, que acudieran solícitos a saludarle en la travesía. &lt;br /&gt;   Los conceptos asimismo no le reportaban nada digno de mención, le provocaban grima, anginas cuaresmales, porque no le ofrecían muestras fehacientes de algo palpable, por donde pasar la yema de los dedos, sino una auténtica cortina de humo, abstracta e inmaterial, cosa que no cuadraba con su espíritu práctico y sensible. Aunque se esforzaba hasta límites insospechados, poniendo todo el acento en la representación mental de los objetos y de los actos, siguiendo las recomendaciones de las nuevas corrientes lingüísticas y semánticas, sin embargo escapaba siempre descalabrado, rodando por la pendiente teórica abajo o le caía alguna teja encima, y sin extraer del parlamento ni una pizca de sustancia o meollo que echarse a la boca.&lt;br /&gt;   Desde luego que había que tener ganas de complicarse la existencia, para empeñarse en ahondar tanto en tales nimiedades o quisicosas, que a buen seguro a nadie repararán unas cataratas de ojos, ni le resolverán el más mínimo problema. Y mire usted por donde, con la enorme cantidad de comentarios, opiniones, teorías y debates sobre lo que encierra o abre al mundo el término tiempo y el críptico concepto, resulta increíble.&lt;br /&gt;   Pero podría surtir efecto si se introdujeran ambos vocablos –tiempo y concepto- en la misma cápsula digital, y propulsarla al espacio interplanetario en amigable compañía con algún animal, salvaje o doméstico, u otra criatura, a ver qué acaecía al cabo del viaje, o envasar la cápsula con sustancias curativas y dejarla caer por el esófago abajo y esperar el resultado al cabo del tiempo, como acontece con los pacientes que no pierden la paciencia en su pulso con la enfermedad –del tiempo- y la toman religiosamente por infartados o por cualquier otra herida coyuntural. &lt;br /&gt;   Y prosiguiendo por estos derroteros, habrá que reseñar que a través de los siglos ha habido mil y una tertulias, academias, universidades y toda una pléyade de filósofos y teólogos de todos los continentes y credos que se han devanado los sesos metiendo el bisturí a los átomos y a las microscópicas células del concepto del tiempo,  escapando mayormente con los pies fríos y la cabeza ardiendo, situándose al borde de las puertas del psiquiátrico por no ir más lejos.&lt;br /&gt;   Los más avezados en tales litigios mentales rubricaban en los objetos más inverosímiles que vislumbraban, calabazas comestibles o no, papiros, arenas calientes, aguas tranquilas, tablillas, lajas, muros o calabazas de agua los cuatro puntos cardinales de la cuestión palpitante, con muecas, fechas o señas temporales o aquilatando hitos, y rotulaban como en el globo terráqueo los extremos, denominándolos polos de la esfera cronométrica, en mitad de la panza se dejaban llevar por el ecuador –intentando ser ecuánimes- y los meridianos, y así hasta los hemisferios, las isobaras, los paralelos, los cuadrantes, las estaciones, los husos horarios, los años, el bisiesto, y las lunas llenas con el hallazgo de las medias lunas –tan ricas, que están para chuparse los dedos-, pero al final, con tanta dinamita especulativa el tiempo volaba por los aires, y sucedió lo que tenía que suceder, que los unos por los otros la casa sin barrer. &lt;br /&gt;   De forma que se fue erigiendo una torre de babel, “si no me preguntas qué es el tiempo, lo sé, pero si me lo preguntas, no lo sé, amigo”; otros amagaban con otra patraña no menos ingeniosa, algo así como “el tiempo es el espacio comprendido entre la sucesión de un antes y un después, retozando por el rebalaje donde fenecen las olas en un presente que al instante es arrollado por el futuro, que a su vez se ha llevado por delante al pasado”. &lt;br /&gt;   Y cabe preguntarse al respecto, habráse visto tamaña osadía en algo tan quisquilloso y fugaz como es el caso que aquí se ventila, donde tanta sangre y masa gris y materia prima se ha invertido por privilegiados cerebros, que con tanta contumacia y ardor urden los laberínticos viajes interplanetarios. Al socaire de ellos, figuran por derecho propio los fantásticos sueños de luna de miel en edénicas arcadias, que ya se están hilvanando entre bastidores para los posibles fans que ansíen soltarse el pelo y la pasta, o algún avispado vecino en trance de casarse, y quieran disfrutar de tales esparcimientos en lugares pintorescos junto a acantilados marinos, o en los rascacielos que se alcen, remedando a los colosos de Dubai donde en el aterrizaje de la aeronave se pone a prueba la pericia del piloto, en la Luna o Marte, o donde encarte, porque el espacio, al contrario que el viento y los espíritus y el tiempo (y el amor cuando se olvida no se sabe adonde camina), va a tener dueño y pronto, como cualquier islita en el Pacífico o una parcela en Marbella, en Benidorm o en cualquier punto de la Costa Azul. &lt;br /&gt;   Lo que peor sobrellevaba Rogelio era la copia fiel o plagio descarado del corazón estampado en la estricta esfera digital con las correspondientes pulsaciones, los enigmáticos sístole y diástole, que según los arrestos que pongan en su cometido envalentonarán o humillarán a los humanos en las horas felices o en lo tremebundo de las taquicardias, o quizá la siniestra manecilla alargue la mano hacia otra parte por carambola, por una turbia diabetes o un acné primaveral, sin límite de edad ni tiempo. &lt;br /&gt;   De nada vale la vida que vivimos ni las frutas de la infancia o de la mocedad, cuando el tic-tac de la indolente máquina se descuajeringa por el deterioro de las fibras y las fiebres maquinadas en la trastienda, porque las raíces del árbol que lo sostiene se seque, o el tronco hendido por el rayo de la enfermedad que le aqueje vaya (con la expiración a cuestas en una cofradía cualquiera o la inspiración lírica de quien lo plantó o lo inmortalizara) a parar a una chimenea cualquiera para reconfortar los fríos huesos, o atemperar las dislocadas pulsiones.&lt;br /&gt;   A Rogelio a veces se le escacharraba el reloj del corazón con arritmias puntuales, que de súbito le teñían de negro las horas matutinas, risueñas y azules, recalando muy a su pesar en la UCI de cualquier ciudad una tarde cualquiera de otoño.&lt;br /&gt;   Después de innumerables estudios y consultas a los arúspices, los más insignes meteorólogos y expertos en la materia a lo largo de la historia –gurús de tiempo intemporal- repartidos por el cosmos, Rogelio ha llegado a la conclusión, si se puede registrar así el concienzudo raciocinio, de que el tiempo y el concepto y todo conjuntamente es un agujero negro en la mente de los pensantes, que les quema las pestañas y deja soterrada la refulgente savia de quien quiera asomarse por la ventana a ver lo que se cuece en la otra orilla, pues si se le olvida vislumbrarlo después de unos cuantos lustros de clímax y cambio climático, puede que se sorprenda por el lunar, que tanto acariciaba y resaltaba su rostro y tanta gracia le hacía, al haber sido fagocitado por Kronos en un pantagruélico festín en el umbral del jardín de su rica mansión en amena charla con distinguidos dioses del entorno, de tal forma que no habría manera de ponerse a jugar a las canicas peinando las canas del tiempo, o a descifrar unos palabros, toda una antigualla, tan lastrados por su longevidad, y que vapulean con retintín en todo tiempo y lugar, generando la mutación de la faz de la tierra y de los humanos con ilustres atisbos de gnosis suplantada con travestidos ropajes de alzhéimer, demencia senil o tal vez la siembra del terror entre patricios y plebeyos de todo el orbe montando desastres atómicos. Mientras tanto hay una turba de espíritus empujados por la hambruna y la tempestad del inmemorial tiempo, sin nada para picar, y unos sátrapas, en los que se ancló el tiempo, con la andorga llena, impartiendo dádivas desde fatuos púlpitos, y solazándose cual momias ancestrales en brazos de la eternidad con sus cuencos y perfumes y joyas y todas las pertenencias personales, donde figura su noción del tiempo –tempus -non- fugit-, deambulando bien regalados por la feria del malherido planeta.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-2473480051816744379?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/2473480051816744379/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=2473480051816744379' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/2473480051816744379'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/2473480051816744379'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/04/el-concepto-del-tiempo.html' title='El concepto del tiempo'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-D-D4zgYmOz0/TaS5QrZ1faI/AAAAAAAAAXE/UKuOJbFb0n4/s72-c/trabajo-concepto-de-tiempo_283930.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-7084099263429076487</id><published>2011-03-14T12:11:00.000-07:00</published><updated>2011-03-15T15:15:49.416-07:00</updated><title type='text'>Exposición de cerámica "Embárrate" de Diego Pérez en Frigiliana</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-0bYtobKgLEc/TX5qtKC-ayI/AAAAAAAAAW8/C5w759xWUfs/s1600/Expo%2BDiego%2B%2B-%2BDSCF3341.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 150px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-0bYtobKgLEc/TX5qtKC-ayI/AAAAAAAAAW8/C5w759xWUfs/s200/Expo%2BDiego%2B%2B-%2BDSCF3341.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5584017912009485090" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;1. Cinco son los utensilios de cerámica que cuelgan del alma del artista como cinco soles, o cinco inmensos corazones, que se abren de par en par en el renacer de la existencia, y portan ubérrimas sensaciones de fraternidad, gozo y bienestar. Todos ellos ensamblan un hogar familiar, donde se bebe el humeante caldo o el frío gazpacho, se maja el ajo, y se unta el aceite de oliva virgen sobre el pan tierno recién salido del horno, haciendo juego con las isobaras del mapa de las vasijas, que bordan las emociones entre los bordes del cuadro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.  El ojo del pececillo rebelde anhela romper la cuadratura de la escena, escapando del marco con unas ansias locas por recorrer y explorar los mundos submarinos, saltando después a la superficie y jugar al aire libre en la pradera del firmamento con estrellas y cometas, y una vez saciada la ansiedad retornar a su mundo feliz, como pez en el agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; 3. La figura se encierra en un enigmático misterio, encubriendo no se sabe qué ni por qué motivo, fundiéndose entre ellos en un apretado abrazo, como ardientes polluelos o tórtolos con ardientes ademanes, quedándose embelesados en el espacio infinito de las seis breves baldosas, aunque en el fondo del cuadro forman un todo compacto en una caricia orgásmica del minúsculo cosmos humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. La pobrecita faz presenta un ojo harto dolorido, acaso por las inclemencias de ciertas criaturas, no pudiendo sobreponerse a la faena que le habían hecho. No obstante, su dilatado y rechoncho rostro delata una opípara abundancia de ingesta de alimentos, bien triturados en efecto, tal vez para contrarrestar las frustraciones por los tropiezos o los palos que le da la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5. Aquí surge solemne y majestuoso, como una gigantesca ola de un tsunami el lugar del crimen artístico, donde se masca la tragedia creativa, y bailan todos los enseres, alegres o entristecidos por alguna incomprensión, en un ritmo de tango sordo o de entreverada salsa cubana,  pero a su gusto, en la exposición Embárrate. Cada pieza exhibe los pellizcos del alfarero, las inquietudes y las sorpresas. Algunas, llevadas por el rubor, se tapan avergonzadas los rostros a manos llenas, otras se alejan de la inquisidora mirada de los visitantes, otras lloran de alegría por el feliz evento y haber sido invitadas a compartir el calor de esa especie de refectorio, donde antaño a buen seguro se servirían suculentos manjares a los comensales de luengas barbas y generosas calvicies en la comedia humana. Ahora algunas piezas, las más sutiles, se sienten manipuladas y explotadas por manos mercenarias y osados contrabandistas que no respetan su dolorido sentir ni sus anhelos más íntimos, no pudiendo acudir a los lavabos cuando les apetezca a pintarse los labios. Otras gritan desaforadamente en silencio: autogestión, liberación, fuera la tiranía y la opresión entre cuatro paredes. Y todos los componentes  de la exposición sin excepción, con gran estruendo de cornetas y tambores en el desfile de carrozas embarradas,  proclaman a los cuatro vientos: viva la primavera, la vida, el amor.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-7084099263429076487?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/7084099263429076487/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=7084099263429076487' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/7084099263429076487'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/7084099263429076487'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/03/exposicion-de-caeramica-embarrate-de.html' title='Exposición de cerámica &quot;Embárrate&quot; de Diego Pérez en Frigiliana'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-0bYtobKgLEc/TX5qtKC-ayI/AAAAAAAAAW8/C5w759xWUfs/s72-c/Expo%2BDiego%2B%2B-%2BDSCF3341.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-7079851418345713644</id><published>2011-03-14T12:03:00.000-07:00</published><updated>2011-03-14T12:09:45.934-07:00</updated><title type='text'>Haikus</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-XO7Lki2R6QM/TX5n8GUok-I/AAAAAAAAAW0/D_kYChUZ7pE/s1600/haiku037vientosusurracl9.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 200px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-XO7Lki2R6QM/TX5n8GUok-I/AAAAAAAAAW0/D_kYChUZ7pE/s200/haiku037vientosusurracl9.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5584014870172963810" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La caracola &lt;br /&gt;Columpia su hondo eco&lt;br /&gt;En el jardín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   En la escalera&lt;br /&gt;Se duerme el caracol&lt;br /&gt;Con mucha pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Su piel brillante&lt;br /&gt;Entra por la ventana&lt;br /&gt;Acariciando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   En la pupila&lt;br /&gt;Palpita el frío otoño &lt;br /&gt;Sin rechistar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-7079851418345713644?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/7079851418345713644/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=7079851418345713644' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/7079851418345713644'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/7079851418345713644'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/03/haikus.html' title='Haikus'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-XO7Lki2R6QM/TX5n8GUok-I/AAAAAAAAAW0/D_kYChUZ7pE/s72-c/haiku037vientosusurracl9.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-4317130922091929014</id><published>2011-02-23T05:22:00.000-08:00</published><updated>2011-02-23T09:40:10.316-08:00</updated><title type='text'>Peces, Exposición, Arqueología barata de Eduardo Roberto en Nerja</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-tGWffvp8lCw/TWUL8sBIJUI/AAAAAAAAAWk/N3C4NbNyoYk/s1600/Peces.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 150px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-tGWffvp8lCw/TWUL8sBIJUI/AAAAAAAAAWk/N3C4NbNyoYk/s200/Peces.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5576876850804172098" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Viva la revolución, la conquista de la vida, parece que exclamaban, gritando a coro con los ojos desencajados, todos los peces de la exposición, al verse tan vilmente atrapados, lejos de su hábitat, y arrojados a la frialdad del abandono más cruel, sin una gotita de agua, segadas sus vidas sin miramiento, como si hubiesen sido transportados de repente en un tren nocturno al paredón de fusilamiento. &lt;br /&gt;   Algunos pececillos mantenían aún entornado un ojo, como si alimentaran la esperanza de seguir viviendo. Se observaba en los rostros que muchos se sentían degradados, cosificados, al ser incrustados en madera, cartón piedra o sustancias totalmente inanimadas, siendo sin duda el peor trago que tuvieron que pasar, provocándoles unas inconmensurables pesadumbres, tanto en invierno como en verano, y sobre todo porque no se había respetado la ley natural, el sentido común, como dijera el poeta, al no estar el mulo en la montaña y en la mar la barca.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-4317130922091929014?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/4317130922091929014/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=4317130922091929014' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/4317130922091929014'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/4317130922091929014'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/02/peces-exposicion-arqueologia-barata-de.html' title='Peces, Exposición, Arqueología barata de Eduardo Roberto en Nerja'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-tGWffvp8lCw/TWUL8sBIJUI/AAAAAAAAAWk/N3C4NbNyoYk/s72-c/Peces.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-7189697143228042112</id><published>2011-02-23T05:12:00.000-08:00</published><updated>2011-02-23T09:39:31.039-08:00</updated><title type='text'>Excavaciones, Exposición, Arqueología barata de Eduardo Roberto en Nerja</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-0gmMpEf7e2k/TWUM8GTV4vI/AAAAAAAAAWs/4U9YKGShsBg/s1600/Excavaciones.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 150px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-0gmMpEf7e2k/TWUM8GTV4vI/AAAAAAAAAWs/4U9YKGShsBg/s200/Excavaciones.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5576877940191650546" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Un célebre arqueólogo acaba de localizar restos de humanoides de hace más de mil años, según las pruebas que ha llevado a cabo con la ayuda de sus colaboradores durante una década. Los estudios apuntan a una antigüedad de más de un milenio, teniendo en cuenta que nos encontramos en el cuarto, concretamente en el tres mil veintiuno, ello permite datarlo casi con toda certeza y con poco margen de error hacia el año 2010. &lt;br /&gt;   En su tesis científica atestigua y explicita con todo detalle los pormenores de los utensilios y restos hallados. No cabe duda de que en ese período de la historia el ser humano dominaba con gran maestría las más avanzadas técnicas en todas las especialidades de la ciencia.&lt;br /&gt;   En las excavaciones han sido encontrados entre otros objetos un carrito de la compra, la cabeza de un robot, algunas tuberías sabiamente diseñadas, bustos de esbeltos esqueletos tratados con una cirugía perfecta, lo que viene a echar por tierra en gran medida los aireados avances de los últimos decenios en los ámbitos del saber, al corroborarse con tales descubrimientos que en el 2011 aproximadamente ya hubo una civilización igual o superior a la que nos ha tocado vivir, la nuestra, en el cuarto milenio en el que nos encontramos, en que ya se bebía cocacola, se practicaba la cirugía estética con suma precisión y se construían sofisticados rascacielos desafiando de forma descarada la ley de la gravedad. &lt;br /&gt;   Los últimos hallazgos arqueológicos han permitido dar un paso de gigante en el escrutinio de las interioridades más recónditas del ser humano. Enhorabuena a los esforzados adalides de tal descubrimiento, y brindemos solidariamente por su abnegado afán y entrega en pro de un mejor conocimiento de los oscuros ancestros.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-7189697143228042112?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/7189697143228042112/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=7189697143228042112' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/7189697143228042112'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/7189697143228042112'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/02/excavaciones-exposicion-arqueologia.html' title='Excavaciones, Exposición, Arqueología barata de Eduardo Roberto en Nerja'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-0gmMpEf7e2k/TWUM8GTV4vI/AAAAAAAAAWs/4U9YKGShsBg/s72-c/Excavaciones.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-8208199075091407931</id><published>2011-02-12T05:34:00.000-08:00</published><updated>2011-02-13T04:16:41.408-08:00</updated><title type='text'>Está lloviendo</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-_s0OtNIn0ms/TVaOvsYFqCI/AAAAAAAAAWc/UzIgU4Y9tvg/s1600/lluvia.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 150px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-_s0OtNIn0ms/TVaOvsYFqCI/AAAAAAAAAWc/UzIgU4Y9tvg/s200/lluvia.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5572798538934757410" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;                               &lt;br /&gt;   Está lloviendo, así que es mejor que nos marchemos cuanto antes, no es cosa de quedarse en plena calle viendo caer el agua sin protección alguna, y expuestos a contraer un desagradable constipado en el hervor de la cuesta de enero, cuando los fríos azotan con furia las mentes y el ambiente por los cuatro costados; aunque parezca una lluvia fina, casi imperceptible, poco a poco va calando los huesos del alma. Y entonces las directrices de la existencia, que hemos trazado, se desvanecen como el humo, y van empujando y marcando el paso por el desquiciado sendero, como el río que ha sido interceptado por el derrumbe del terreno causado por algún terremoto, y cuesta cada vez más desligarse de las ataduras y avanzar por el itinerario esbozado. Así las cosas, las aflicciones físicas y espirituales afilan los largos cuchillos clavándolos en los puntos más sensibles, y se regodean sobremanera sembrando el estupor por donde cruzan.&lt;br /&gt;   No obstante, no se puede afirmar que la sequía, como el polo opuesto, sea la panacea para resolver los grandes males que atañen a los seres vivos, porque allí donde arraigan sus redes la población, la flora y la fauna se mueren de pena, sed y hambre. Por ello, cuando se va circulando por los espejismos de una inconmensurable duna, y se vislumbra en el horizonte los resplandores de un fresco oasis los camellos y las entrañas del caminante cambian de color, respirando más seguros. &lt;br /&gt;   En consecuencia la solución habrá que buscarla por otros derroteros, allí donde la madre naturaleza sea menos madrastra y más madre, y ofrezca un acto de generosidad reflexionando sobre los múltiples excesos, proporcionando unas dosis equilibradas del líquido elemento, que respeten la vida de los humanos, evitando actuar como viles esbirros en el impetuoso e incierto remolino de las olas, ensañándose con los más débiles, ajenos a todo y sin ninguna culpa.      &lt;br /&gt;   La cuestión es que no cesa de llover, y necesito salir a buscar leña al monte para encender la chimenea a fin de preparar el sustento diario, sin el cual no es posible conciliar el sueño, pero como está lloviendo a mares, y es muy arriesgado embarcarse en tales circunstancias, no hay más remedio que esperar a que el temporal amaine. No hay duda de que esto puede ocurrir cuando menos se espera en cualquier lugar, sobre todo en zonas de clima húmedo, pero también acontecen lluvias de turbas que se desplazan de un sitio a otro a la misma hora por los mismos puntos y con los mismos intereses. Así, por ejemplo, cuando se va al cine (o a algún otro espectáculo de masas) un viernes por la tarde y se forma esa cola en la ventanilla, se quitan las ganas de ver la película, al quedar bloqueado en aquel berenjenal de gente que ha acudido anhelante a retirar la entrada, pareciendo que una nube humana empezase a diluviar desesperadamente, al acudir todos en tropel al mismo evento; y cuando finaliza la función y va a empezar la siguiente, el empuje nervioso entre puertas, viéndose impotentes los servicios ante la desmesurada demanda de forma incomprensible, sobre todo cuando son minúsculos y no acaban de salir los dos, o más, vaya usted a saber, que hay en el servicio, vamos, y la  cosa se complica aún más si a alguien de la cola le entra de pronto un retortijón envenenado exigiendo in extremis un hueco en el lavabo, para no verse en la tesitura de tener que hacerlo en los mismísimos pantalones, exponiéndose a que lo tachen de  cobarde, grosero o descarado, pero no cabe duda de que cuando la tormenta revienta con todo el aparato eléctrico y echa a funcionar toda la maquinaria aquello no hay quien lo pare, y echa por la calle de en medio, sin respetar señalizaciones, normas ni muros de contención, como sucede en las locas algaradas, o en las riadas de ciertos parajes ya habituados a esas disparatadas acometidas, llevadas a cabo en muchos casos por un enclenque riachuelo, que apenas trae agua durante el año, denominándose con toda la razón “río seco”, o acaso como se dice vulgarmente, un mosquita muerta, y de buenas a primeras, se le hinchan las narices y empieza a vomitar toneladas de escombros, troncos y piedras, entrando en las viviendas de los vecinos, sentándose a la chimenea sin llamar al timbre ni saludar, pillando a los moradores haciendo sus necesidades o acunados en los brazos de Morfeo, que es lo peor, al no disponer de tiempo material para reaccionar y huir con lo puesto, poniendo tierra de por medio. &lt;br /&gt;   No es raro la acción de las riadas, pues acaece en multitud de ocasiones en los espacios más inverosímiles, en que asimismo son arrastrados por la corriente los pormenores que se suceden en el día a día, lo rutinario o lo trascendental, y antes de fenecer no les da tiempo de pronunciar el último testimonio, que justifique su presencia en este mundo, y poder desahogarse exclamando en la oscuridad de la noche o a la luz del día, con o sin permiso del verdugo, confieso que he vivido, y así, al menos, hacerle ver a la naturaleza y a los allí presentes que tiene corazón, que ha respirado y que en tiempos pretéritos luchó como el que más por las causas justas y vitales, dando el do de pecho, sin andarse por las ramas, y podía ir con la cabeza bien alta, mirando al porvenir, que se le torcía muy a su pesar, pero que no por eso le iba a impedir sentirse orgulloso por haber realizado en este mundo todo cuanto se le antojó en buena lid, sin perjudicar a nadie.&lt;br /&gt;   Pero como el corazón es tan imprevisible, y hay tantas frutas por cortar en el jardín de la existencia, y corren el riesgo de pudrirse si no se recolectan a su debido tiempo, por ende él quería libar las esencias más sutiles que deambulan por el ambiente, sacarle jugo y no pasar de puntillas como un escurridizo huésped por las esquinas o plazas, donde se exponía la flor y nata de los manjares, porque ante todo quería atrapar la belleza y gozar de todo cuanto germina en derredor. &lt;br /&gt;   No aspiraba a ser un donjuán ni mucho menos, anhelaba sembrar armonía y contento allí por donde transitaba, intentando satisfacer los espíritus más delicados, inquietos y exigentes. Por ello, aunque su alma de artista bullicioso reventaba en primavera como un capullo en flor, no obstante regaba con valentía, desprendimiento e imaginación los campos que tocaba.&lt;br /&gt;   Y así, en una perenne pugna por eternizarse en la brevedad del viaje a través del orbe, antes de que arribasen las horas ortivas del postrero día, con toda la solemnidad que se requiere en tan solemnes momentos, únicos e irrepetibles en la vida humana, pudo expresar con la satisfacción del deber cumplido, y pese a que estaba lloviendo sin parar, lo que más ansiaba, confieso que he vivido, y dicho esto se marchó feliz haciendo mutis por el foro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-8208199075091407931?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/8208199075091407931/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=8208199075091407931' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/8208199075091407931'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/8208199075091407931'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/02/esta-lloviendo.html' title='Está lloviendo'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-_s0OtNIn0ms/TVaOvsYFqCI/AAAAAAAAAWc/UzIgU4Y9tvg/s72-c/lluvia.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-4097279474207440675</id><published>2011-01-09T02:28:00.000-08:00</published><updated>2011-01-09T11:12:09.252-08:00</updated><title type='text'>Tenía mucho sueño</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TSmt1EH3t3I/AAAAAAAAAWA/VIO4qRLpmnQ/s1600/televisor.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 200px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TSmt1EH3t3I/AAAAAAAAAWA/VIO4qRLpmnQ/s200/televisor.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5560166342117013362" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Le daba la impresión de que tenía mucho sueño para seguir escarbando en el ayer, porque probablemente no merecía la pena, al no poder cimentar en las encías de aquellos años unos empastes brillantes y duraderos, que ofrecieran garantías para morder lo más contundente, lo que le sobreviniese en el transcurso del invierno o del verano, cuando los rayos y truenos se despojan de las máscaras, y deciden actuar con todo su séquito, como las tropas en el combate o en el desfile de carrozas el día de reyes, en que los caramelos salen como obuses por los aires, y luego se estrellan sobre las testuces de los concurrentes, aporreando o despejando en ocasiones los cerebros, que andan envueltos en telarañas o en otros eventos, que no vienen al caso, pero que están en esos momentos desfilando por sus cerrados circuitos, y es justo reconocer que tienen todo el derecho del mundo, porque son libres y no se les obliga a dar explicaciones, dado que se mueven por sus propios miedos y territorios.&lt;br /&gt;   Los juguetes del olvido paseaban silenciosos por el desierto de la imaginación, sin ningún calor que les aportase vida, pues las carencias y la inconsistencia de la existencia en aquellos tiempos daba mucho que hablar, o risa o pena, dado que aquellas hornadas de infantes no hallaban en su mayoría los resquicios propicios para que la suerte, la sorpresa o un sueño repentino les despertara de la debacle que deglutían en el día a día en mitad de las sórdidas alamedas de los ríos, de las plazas y calles del núcleo urbano o a lo largo de los bulevares vitales. Y para colmo, la climatología se ensañaba con aquellos que intentaban crear algún minúsculo espacio para sacudirse las pulgas o la penuria, o plantar un árbol en el que reencarnar sus aspiraciones, la esperanza o las posibles frustraciones, pero en el fondo no había lugar, debido a la estrechez de miras de los elementos de la naturaleza, que aunque se les dejaba al libre albedrío a los residentes, no obstante, en último termino, los elementos se sustraían al compromiso que se esperaba de ellos, mostrando un poco de consideración, y sin abusar tanto de los mortales.&lt;br /&gt;   Pasan los días, los años, la vida y todo fluye corriente abajo, y sólo aflora la fútil disculpa en los meandros o en los agitados remolinos, donde se cruzan los temores o los troncos retenidos por la reminiscencia, y reverberan efímeras ideas, que nutren sin percibirlo los estómagos de la existencia. Porque resulta difícil descifrar la sustancia de lo que acaba de existir, cuando el rayo entra como un descarado ladrón por la ventana a media noche, o a plena luz del día, cuando los ojos de la criatura apenas vislumbran las luces de la razón, y le ponen de pronto delante al occiso, como una pantalla fija, o a un tiovivo, como si fuese el regalo de un ser querido, a fin de que se entretenga con él en horas de insomnio o en horas bajas; no parece que tal proceder vaya a ser rentable a la larga, y menos para plantar en la vida un arbolito sin saber si dará algún fruto. Y sin apenas digerirlo, se apresuren a instalar en el vacío del alma todo un conglomerado de caricias y apoyos, que no se sostienen en pie y menos en el esqueleto afectivo de una criatura, porque, como una tierna flor o un lobezno que empieza a libar las primeras esencias o gotas de rocío, se precisa del aliento y del cuento para dormir o seguir viviendo. En las tinieblas de los tiempos, horadando los muros del tiempo perdido o de los nichos, donde yacen los descorazonamientos de tantos seres deshojados a sangre y fuego en la flor de la vida, todo ello clama al cielo o a los abismos, o a cualquiera que se coloque un instante en la esquina, fuera del local, a reflexionar apurando el último cigarrillo, antes de que le caiga una lluvia de reproches o una multa, por la insensatez de una ristra de avatares encadenados que azotan sin piedad al más pintado.&lt;br /&gt;  La infancia del paraíso perdido en un tiempo que nunca vuelve, pero que acaso permita apostar en una nueva partida de póquer, y al representarse de nuevo la contienda aquí y ahora, sería bueno encontrar el modo de pertrecharse de la munición precisa para no pisar en los mismos barros, y guardarse en la manga la venganza sana o el acierto definitivo, que eche por tierra a la cobardía que acecha a cada paso, tan atractiva y tan temprano, en las alboradas de las criaturas. &lt;br /&gt;   El sueño, por un lado, les acercaba a la tranquilidad y al reposo, alejando de su huerto los contagiosos insectos que merodeaban sin tregua, o tal vez les sumían en un hastiado sopor, al no poder alzar la voz o la cabeza para atisbar el horizonte, que en esos momentos puede que apareciera impoluto, y escribir los mejores sentimientos, o por qué no decirle al auditorio, silencio, se rueda, empieza la función, pero no cabe duda de que el sueño le atenazaba por completo, y debía retirarse a tiempo, antes de ser devorado por la inmundicia o el impertérrito latrocinio del espíritu que, ingrávido, nunca se sabe por donde discurre.   &lt;br /&gt;        Deletreando, en las islas del ocio y del entretenimiento, los caracteres del rompecabezas –e, b, d, t, p-, a estas alturas de la marea de la vida, no cabe duda de que da mareo, y entra mucho sueño por las ventanas y por las pupilas, sobre todo al buscar el pasado entre las virutas deshilachadas de las que uno se forjó, y no dar con el timbre de los mimbres que anhelaba. Las enigmáticas letras se escabullían entre infinitos tics y desafecciones con unas perspectivas difusas, en que la –e- (de la preposición en) empujaba con rabia queriendo desentrañar los engreídos tapujos que se partían de risa detrás de las cortinas, o se recreaban en las celosías de las células mentales, transitadas por piratas y huracanes o migrañas que desvalijaban al mejor armado de resortes y recuerdos; la –b- (del verbo buscar) bailaba en la cuerda floja de la mnemotecnia, columpiándose en la evocación del pasado, entre la imaginación mas realista y lo que sucedió en efecto al cogerlos in fraganti, pero todo se percibía o se archivaba con aire desnortado, debido a la espesa niebla que lo cubría todo, impidiendo la visión o el riego de un saludo sincero al salir al encuentro; la –d- (de la preposición de con el artículo el en un apretado ayuntamiento) disecada y guardada en una vitrina con ansias de indagar sobre su fidedigna procedencia, cual ceniza dolida por el olvido a que se veía sometida; la –t- (del sustantivo tiempo) con su cruz tatuada en los lomos caminando por virtuales despistes, sin acertar la hora en el reloj de arena o en el de sol del amanecer, cuando tanta falta hacía para sentarse a almorzar o tomar un tentempié a fin de que no se parase la máquina; la –p- (del participio perdido) completamente invisible en las cosas gruesas, que es lo peor, pues en las menudas menuda gracia que hacía a los transeúntes, e incluso a los sedentarios, no habiendo forma de hallar ni rastro de su paradero, como no sea con la intervención de un mago y la chistera. Porque a cualquiera le gustaría atrapar lo que se desvanece con sus propias manos, y retener por lo tanto lo que antes tenía a su alcance, o por lo menos así se lo figuraba en tales momentos, y si, en efecto, tocase la realidad con los dedos en ese fugaz instante, no sería menos mendaz el que ahora se escurriese como el agua entre las manos, sin advertir que alguna vez acaso retorne o se reencarne, bien que mal, a la infiel memoria o al fiel espejo del camino.&lt;br /&gt;   Los nombres de los lugares o puntos, negros o blancos, llevan en el pico indicios, símbolos, según el color del cristal, y apuntaban allá por la prístina aurora significados concretos de los tremebundos sentires que emanaban como de un indeleble manantial, y así acaecía al descolgarse por la cueva del Negro, brotando a borbotones emociones trasmitidas de generación en generación, cual memoria de los pueblos, en la soledad de la noche, ensortijada de horripilantes murmullos, que encendían las pulsiones de los osados que a ciertas horas se dejaban caer por allí. Y no andaba muy lejos el aquelarre de las Cabezuelas, paso constante y obligado de los caminantes, que se veían forzados a su utilización para buscarse el sustento o beber en las aguas del otro enclave urbano, y respiraban el negro carbón en sus tiznados rostros y en los recovecos que la conformaban, palpando allí al sacamantecas, y sembrando el pánico en el subconsciente, incluso antes de la llegada de la fiesta del cumpleaños con las piñatas y los globos de colores. El panteón, no el inglés del paseo de Reeding en la capital malacitana, sino el ubicado en las faldas del municipio morisco con las puertas siempre abiertas de par en par, dispuesto a ofrecer una campechana hospitalidad a cualquier hora de la noche o del día, y a veces crecían las flores en su regazo, alegrando los recuerdos y la soledad de sus moradores, y por donde se masticaba a una edad temprana la amenaza de una mano negra o unas arbóreas y gigantescas uñas, que no se sabía muy bien cómo y cuándo actuaban. &lt;br /&gt;   A la entrada de la villa, la Fuente saludaba sonriente al viajero, enseñando sus blancos dientes, figurando en sus desvelos como el pórtico de la gloria, adonde acudían los moradores a lavar la mugre de los sinsabores y las legañas del esparto, y donde abrevaba la caballería, o se le servía en un vasto cuenco el rico maná al sediento rebaño, o a la misma población que palpitaba ansiosa en derredor, ante la ausencia de agua en las casas, acarreando cántaros apoyados en los costados las muchachas con sus brillantes salcillos y sensuales galas ornadas con chispeantes y vespertinas sonrisas, que limpiaban la mota de polvo de la mirada y curaban la ictericia, rompiendo el hielo de la tarde. &lt;br /&gt;   Se erguía, como en un escaparate, una cascada de balates, bancales y nombres como, el Higueral, el Trance, los Morros, el Cerrillo del vinagre, la Minilla, el Castillejo, entre morisco y mudéjar, con sus huellas desafiando al verdugo de los días a las mismas ruinas de Pompeya; el Cerro del águila o la cuesta de Panata, de forma que todos picoteaban en el pastel común para alimentar sus afanes, con la aquiescencia de sus habitantes, sembrando suspiros súbitos o satisfacciones o imborrables gestas, unas más sublimes que otras, mediante las mesnadas de labriegos que se desplazaban por tales puntos marcando hitos en sus pulsaciones. &lt;br /&gt;   Las cuestas costaban un doble esfuerzo por el ascenso o el empuje del descenso, y porque se estrellaban sobre sus cabezas el ajetreo continuo, la ansiedad de cubrir el expediente para que las necesidades más perentorias no les expedientasen a la hora de sentarse a la mesa con la prole, con los sombreros o sin ellos, y a su vez los terribles rayos solares o las infernales ventiscas con azotes de mano dura en las caras de las caballerías o de los propios arrieros, que paso a paso, grito a grito, trago a trago, engullían el amargo trayecto después de cruzar, como la barca de Caronte, a la otra orilla del río Guadalfeo, con el agua al cuello, si la crecida así lo requería, y con el bastón o palo o sus piernas o encima de la acémila, meciéndose o nadando contracorriente por el turbio oleaje del río, y puede que hasta se burlase en sus mismas narices al ponerse blancos como la pared los camicaces bañistas de turno. &lt;br /&gt;   Y así, desgranando la vacuidad del ayer, si nadie lo remedia, remedando al poeta que añoraba a su progenitor, nuestras vidas son los ríos, que van a dar en la mar, que es el morir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-4097279474207440675?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/4097279474207440675/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=4097279474207440675' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/4097279474207440675'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/4097279474207440675'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2011/01/tenia-mucho-sueno.html' title='Tenía mucho sueño'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TSmt1EH3t3I/AAAAAAAAAWA/VIO4qRLpmnQ/s72-c/televisor.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-5243075784938682849</id><published>2010-12-31T12:20:00.000-08:00</published><updated>2011-01-04T04:09:24.571-08:00</updated><title type='text'>Invierno</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TR4845eKeEI/AAAAAAAAAV4/--9jCnJU6MY/s1600/olivo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 132px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TR4845eKeEI/AAAAAAAAAV4/--9jCnJU6MY/s200/olivo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5556945938419447874" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;                                                  &lt;br /&gt;   Ricardo resoplaba con dificultad tiritando de frío, cuando recolectaba la aceituna en el campo. Era superior a sus fuerzas. Maldecía los días en que le obligaban a realizar semejantes tareas. Prefería no haber nacido. Cuán distinto del tiempo de recreo en las fiestas navideñas, que se lo pasaba en grande, disfrutando con los amigos en diferentes divertimientos en la plaza o por las calles del pueblo o en casa de algún amigo. Los días, impregnados de rica savia, se hacían querer y parecían eternos, e invitaban a soñar y volar por las alturas, paralizándose el sol en mitad del cielo, y todo a su alrededor sonreía sobremanera, encontrándose en un lugar ameno, casi bucólico, sin contratiempos ni una espina o umbría que le incomodara. &lt;br /&gt;   No quería pensar la que le esperaba cuando bajara el telón el otoño, y asomase cantando el invierno, dispuesto a renovar las aguas otoñales, con el fin de realizar los quehaceres que le corresponden en su estación. Se le nublaba el horizonte. La cantidad de nieve, pensaba, que debía triturar para seguir viviendo. Esos lóbregos días en carne viva, que se tiran a la calle sin respetar abrigos ni bufandas, dispuestos a todo, ¡esos días serían tan negros! No podía serenar los ánimos. Los ardores de estómago se le acrecentaban y lo llevaban a mal traer, generando en su vida innumerables inquietudes. Los olivos, esplendorosos  y magnánimos, no daban su brazo a torcer, ofreciendo su fruto, y formando una alfombra verdinegra, como si cayera maná o acaso goterones de agua congelada sobre la misma coronilla de Ricardo, que lo derretían, al recoger en cuclillas el preciado fruto.&lt;br /&gt;   Por las mañanas tomaba el caliente desayuno de torrijas caseras, que se preparaban en la sartén con rodajas de pan en abundante aceite hirviendo y el correspondiente tazón de leche, alimentando el fuego con cáscaras de almendra, ramas y troncos o carbón. Poco a poco se iban dorando hasta tostarse. Era el carburante imprescindible para que arrancaran los motores antes de trasladarse a lomos de la caballería a los distintos pagos o fincas del lugar (verbigracia, las Alberquillas, el Corralillo, Jurite, Cuatrei, los Palmares, la Loma colorá, la Cuesta de la hoya o el Suspiro del moro). Los caminos se habían diseñado para el paso de las bestias, por lo que de vez en cuando descollaba por la superficie algún que otro abultado peñón, o de improviso aparecían feos hoyos, de modo que hasta al caminante más avezado se le jugaba una mala pasada. &lt;br /&gt;   ¡Cuán lejos quedaba aún el todo-terreno! Resultaba impensable aún en tales fechas, y más para los autóctonos, que llegase un día en que los vehículos de motor transitaran alegremente por aquellos parajes como pedro por su casa. Sin embargo, la nieve revuelta con las olivas rodando por la áspera corteza del terreno, y que tanto odiaba Ricardo (porque lo que le gustaba en esos momentos era ir a la escuela y ser un hombre de provecho el día de mañana, como otros niños de su edad), pero que era tan beneficiosa para el campo (así lo atestiguaban los más antiguos del lugar evocando el proverbio, año de nieves, año de bienes), y tan apreciada  a su vez en las sierras limítrofes por quienes gozaban de un nivel de vida superior, en que los ingresos les permitían gastar una parte en la práctica del esquí, alojándose en un apartamento u hotel del recinto de la  urbanización. &lt;br /&gt;   Tales incursiones a esos espacios privilegiados de esparcimiento de invierno no estaban al alcance de todo el mundo, resultando prohibitivo para una inmensa mayoría y por supuesto para Ricardo, en todo caso podría saciar su curiosidad contemplando el espectáculo de la nieve en el cine, y posteriormente en los reportajes de televisión. Aunque en el fondo no le engendraba envidia, no obstante no le hubiera disgustado haberse desplazado a dichos lugares con la mochila bien abastecida, y desplegar sin miedo al desfallecimiento todas sus habilidades, pero sólo era un hipotético sueño. Durante la recogida de la aceituna se fraguaban las escenas más lamentables, pues las manos se desgañitaban impotentes pidiendo auxilio, al palpar la yema de los dedos la esquiva tierra y los pinchos y las traidoras lajas con la incertidumbre de si bajo su regazo cobijaran algún astuto escorpión y le picase por sorpresa. Tiritaba Ricardo acobardado por las insensibles bofetadas que recibía del gélido invierno, cuando no del progenitor, haciendo acto de presencia un serio frío, que de buenas a primeras se despojaba de la careta, echando las redes con un ímpetu inusual, acaso porque allí se encontraba él, pensaría, causando estragos en las emociones y los sentimientos, sumiéndole en la mayor desesperación.&lt;br /&gt;   El año nuevo no las tenía todas consigo, por lo que le pedía consejo al saliente por su experiencia, preguntándole cómo podría conseguir darle gusto a la gente desde el principio de su reinado. Mas el año viejo, levantando con dificultad una mano, y con una voz pavorosa, que salía silbando por entre las roídas encías decía, que no se hiciese demasiadas ilusiones, porque lo que prolifera en su oficio son las descalificaciones y los insultos, apostillando que con todo ello se podrían llenar tantas sacas, que no cabrían en los almacenes de todo un continente o del mismo universo. Así irán repitiendo sin desmayo por calles y plazas en invierno y en verano expresiones como, ha sido un año horroroso, un año de desdichas, un año de ruina, un año escandaloso, con otro año como éste no quedará nada sobre la faz de la tierra. Incluso apuntaban que todo lo que les ocurría a los mortales era achacable al paso y al peso de los años; menos mal, le espetaba, que al cabo de los días se vuelve uno tan sordo, tan torpe, que no oye la lluvia de quejas e improperios que van descargando. &lt;br /&gt;   Entonces el año nuevo ideó un plan, a fin de arreglar los problemas que le concernían, y encargó que enviasen e-mails a todo el mundo que padecía alguna dolencia, tullidos, mancos, ciegos, cojos, infartados, ancianos maltrechos, preguntándoles con todo detalle si deseaban que se quitase de en medio, desapareciendo del mapa, con idea de evitar que se prolongaran por más tiempo las angustias y calamidades por su culpa, y respondieron todos al unísono, sin excepción, que, por favor, no se ausentase ni una pizca de tiempo, pues de lo contrario corrían el riesgo de ver rebajada su vida en al menos un año, y no estaban dispuestos a ello.&lt;br /&gt;   El nuevo año enternecido por las fervientes muestras de apoyo, y las irrefrenables ansias de vivir de los afectados, dio su brazo a torcer, permaneciendo en su puesto al frente de su trabajo durante el tiempo de gobierno que le correspondía.&lt;br /&gt;     No obstante, el invierno trituraba paulatinamente lo poco bueno que había hecho el otoño, y arreciaron los huracanes, la erupción de volcanes y los tsunamis, menospreciando en parte la opinión de la población, pues ya tenía asumido que hablarán peste de él, siendo el blanco de todas las miradas, el culpable de todos los achaques, el verdugo, el que engendra las enfermedades, las arrugas, las lumbalgias, la desgracia de fenecer, que no es poco, y lo peor de todo, el olvido. &lt;br /&gt;   Alguien barruntará que no está todo perdido, que si se sumerge uno en la lectura de Cien años de soledad, seguramente supondrá ingerir una vacuna contra la brevedad de la vida, y así el fugit tempus saltará por los aires y se detendrá al menos un siglo o más, porque dependerá de lo que dure su deleite, al leerlo con fruición y mucha parsimonia, sin miedo a sentirse en soledad durante la travesía. O tal vez, ante la zozobra, contratar a Sherezade, a fin de que venga a nuestra presencia, e hilvane historias y más cuentos y una vez que llegue a las mil y una noches, iniciar de nuevo el itinerario incluso contándolos pausadamente a la inversa, y, aunque no sean capicúas, ya se les hará un huequecillo para que encajen con toda su grandeza y misterio, y así indefinidamente por toda la eternidad, y que el tiempo se fastidie, aunque como guinda del gran festín y siguiendo en sus trece, intente burlarse en nuestras propias narices una vez más, dejándonos cara de tontos con la frase lapidaria, el tiempo todo lo cura, pero a pesar de todo persistirán las suspicacias por doquier, y en especial sobre la futura recolección de la aceituna.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-5243075784938682849?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/5243075784938682849/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=5243075784938682849' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/5243075784938682849'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/5243075784938682849'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2010/12/invierno.html' title='Invierno'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TR4845eKeEI/AAAAAAAAAV4/--9jCnJU6MY/s72-c/olivo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-7288549183568704337</id><published>2010-12-24T05:14:00.000-08:00</published><updated>2010-12-25T04:17:32.624-08:00</updated><title type='text'>La vela</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TRSdxU5ywBI/AAAAAAAAAVs/EWqNNidXEPY/s1600/vela.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 191px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TRSdxU5ywBI/AAAAAAAAAVs/EWqNNidXEPY/s200/vela.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5554237711204925458" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;                                                   &lt;br /&gt;   La vela se sentía reprimida por el incomprensible aire que emanaba del género humano. Quería encontrar, como el filósofo de la linterna, la esencia de los seres por las calles y plazas en este vasto mundo, o acaso en el poso del vaso que alguien acababa de apurar. Lo hacía lo mismo a plena luz del día que en noche cerrada o de luna llena; eso le traía sin cuidado, pues escudriñaba la honestidad encarnada en las personas. Había gente que le increpaba preocupada, y lo interceptaba sin tregua, calificándolo de descerebrado, zascandil u otros epítetos ya arraigados en el acervo hispano, como el que en mala hora nació, y se ensañaban con su afán de búsqueda, sobre todo por el derroche de energía al ir en mitad del día, empecinado en hallar el verdadero meollo, la genuina idiosincrasia de los mortales.&lt;br /&gt;   No advertía con conocimiento de causa los intríngulis de los enemigos a los distintos modos de indagación, sobre sutilezas y endogamias peculiares, que navegaban por el universo sin haberse examinado hacia sus adentros, con luz propia, o mirado al espejo con los ojos de la consciencia, y hurgar en la imagen con una visión desinteresada, proyectando sus alegatos para estar vivo en bien de todos los pobladores, o seguir viviendo, mal que bien, en el andamiaje sin rebajar la blancura de la inmaculada nieve. Llegado a este punto, si se desnudara ante el espejo, no se sabe la reacción que tendría, al observar con lupa hasta las últimas consecuencias los microorganismos y las voluntades de que ha sido moldeado, y cómo aparecen estructurados. Cuántos misterios se agolparían en tan pequeño espacio de intelecto.&lt;br /&gt;   La incertidumbre se haría sin duda el harakiri, al percibir la minúscula armonía que se tejía entre la potencia y el acto (el poder y el hacer), entre los principios de los que se fueron hilvanando palmo a palmo los trajes, las cortezas sensibles de su cuerpo, los nervios, las células madre, y los pasos posteriores en la vida, sin brújula unas veces, sin orden ni concierto otras, que finalmente no conducen a parte alguna.&lt;br /&gt;   Continuaba el hombre con la vela asida haciendo sus labores de investigador del estulto mundo, que se debatía en mil desvaríos, haciendo de tripas corazón, bebiendo aguas insanas o cicuta adulterada, que, sin embargo, emponzoñaba paulatinamente la existencia, y por ende se iba perdiendo la fresca semilla que ilumina la razón, cayendo en descorazonadas tropelías al hilo del discurrir de los días.&lt;br /&gt;   Hoy es ayer, y mañana es hoy o tal vez al revés. Y el cerebro a través del tiempo se descuajeringa y desvincula cada vez más de lo primigenio, de lo ingenioso, de su cara natural, y se va convirtiendo en desvaídos entes, desprovistos de sentido, incapaz de vigilar la cocina, a fin de que el guiso, que hierve en la olla con toda la pringá, no se salga de sus casillas arremetiendo contra todo bicho viviente, y no ardan, como la vela o una mazorca de maíz, las propias células y el entorno familiar. Ocurrirá entonces que cuanto más tiempo invierta en lo visionario y en actos banales, mayor será el suplicio y la desdicha que le embargue, dejando de lado lo básico, lo irrenunciable, como, respirar, acariciar una mano amiga, observar la tierna ingravidez del gorrión asomado al balcón, o simplemente vivir, que tal como andan las calendas, no es poco.&lt;br /&gt;   Adelante, no se distraiga, y apague la olla para que no explosione o salga respondona, y camine con tiento extrayendo de la imagen del espejo una enseñanza, la enjundia que entraña y nutre el espíritu. Todo ello coadyuvará a pronunciar Eureka, o albricias, y contestará con gusto al principal interrogante, para qué está aquí devanándose los sesos con una vela por avenidas y bulevares, si no ve ni lo que acontece en derredor, porque lo falaz oscurece la luminosidad de la vela, y le atraviesa el costado, surgiendo reflejada en el espejo la falacia.&lt;br /&gt;   Ahora se dirige al otro extremo del compartimiento de su cerebelo, y mira la suerte en la bola de cristal (vaya usted a saber qué le dirá), o acaso en la lista de lotería por si los dioses o papá Noel se han dignado traer una pizca de saludable alegría, o un tarro de cosmética para revocar los desconchones y adecentar un poco la maltrecha fechada, que han ennegrecido las lluvias sin ningún remordimiento.&lt;br /&gt;   Hay títulos, nobiliarios o no, o temas que mueren por el camino, dando fe del nombre como el título irrecordable, antes de ver los rayos del sol o la llama de la vela, no sólo por el tiempo transcurrido, ya que puede ser de repente, o de un día para otro, desmoronándose incluso el árbol mejor plantado y con las raíces más arraigadas.&lt;br /&gt;   Por consiguiente la sabiduría y la honradez pueden surgir por contraste, ¿cómo no serlo ante el trato con una pléyade de personajes miopes, sin una visión de futuro, y que a veces son necios?&lt;br /&gt;Y en éstas andaba enzarzado el viajero, cuando se fraguó el econtronazo,&lt;br /&gt;   -Pero qué sucede, oiga, que me lleva por delante, espere un momento, no sea un bruto.&lt;br /&gt;   -Ah, perdone, no lo sabía, y entonces, si es ciego, ¿por qué va con la vela encendida en la mano?&lt;br /&gt;   -Para qué va a ser, buen hombre, para que me vean los demás, porque no es lo mismo verse el ombligo, que poseer una visión de las cosas, una perspectiva cualificada de los seres y los comportamientos, pues aquí donde me ve, aunque no lo parezca, procuro alumbrar por la vida.  &lt;br /&gt;   Y después de haber recorrido múltiples laberintos y vericuetos a lo largo y ancho del planeta, aunque no durmiera en un tonel como el filósofo heleno, ni se alimentase de los desechos humanos, se cuestionaba el currículo vital, farfullando, tanto batallar para irse desnudo uno, y sin derecho a indemnización por los imprevistos descalabros del viaje.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-7288549183568704337?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/7288549183568704337/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=7288549183568704337' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/7288549183568704337'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/7288549183568704337'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2010/12/la-vela.html' title='La vela'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TRSdxU5ywBI/AAAAAAAAAVs/EWqNNidXEPY/s72-c/vela.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-7991935826405925223</id><published>2010-12-18T10:19:00.001-08:00</published><updated>2010-12-19T03:32:14.383-08:00</updated><title type='text'>La nieve</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TQz84O6JmrI/AAAAAAAAAVk/ax1Pf8jw0zE/s1600/nieve.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 137px; height: 103px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TQz84O6JmrI/AAAAAAAAAVk/ax1Pf8jw0zE/s200/nieve.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5552090483645848242" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El tráfico por carretera le acarreaba no pocos trastornos, vómitos y adversidades. Las defensas no le respondían como en su estado primigenio, y se encontraba bajo mínimos, deshaciéndose como pompas de jabón. Y lo que se avistaba a la vuelta de la esquina no ofrecía mejores perspectivas. &lt;br /&gt;   Las contrariedades se multiplicaban a cada paso y desenvainaban sus afilados cuchillos, solazándose a su aire en el regazo, elaborando sórdidos nubarrones con raros achaques, verbigracia, estados griposos o súbitas neumonías, provenientes ora de vacas, de gallinas, de palomas o bien de porcinos, con voluntad de borrar al ser humano de la faz de la tierra. &lt;br /&gt;   En el horizonte se husmeaba algo que no encajaba bien del todo, al presentir unas insensibles manazas, que de manera soterrada atusaban engreídas los mostachos, mofándose a sus anchas y pregonando a los cuatro vientos que, cuando menos se espere, azotarán sin piedad a la población. &lt;br /&gt;   Sus garras hacían guardia en el campamento de invierno, con las armas prestas para la mordida, aguardando el momento preciso para atacar. Según las previsiones, esperaban forrarse durante el invierno con la llegada de ventiscas y gélidas nevadas, haciendo su agosto, al golpear con furia a los sectores más desprotegidos de la población en las partes más proclives a la desesperanza, con una invasión masiva de virus y bacterias. &lt;br /&gt;   Parecía que los contratiempos echaban alas, sobrevolando las copas de los árboles y las humeantes chimeneas de las viviendas, expandiendo su mortífero manto por campos y aldeas, sin toparse con algún freno que les presentara cara, y ponerlos en su sitio, exclamando, ¡basta ya de tantas extralimitaciones!, señalando los límites concretos a las ansias anexionistas.&lt;br /&gt;    Resultaba complicado lograr que toda una pléyade de calamidades pusiese los pies en polvorosa, de suerte que no se nutriera de falsas alegaciones, al saberse a todas luces que de esa guisa podría sacar tajada. &lt;br /&gt;   Pero el otro día ocurrió algo extraño, como un mal barrunto, al amanecer la casa en llamas, desconociéndose en un principio las causas de la catástrofe. Sin saber cómo, al despertarse se percató de que el habitáculo estaba ardiendo, yendo a la deriva como un barco en alta mar. Sucedió algo serio, y no era cosa de quedarse de brazos cruzados, por mucha flema que se tenga. Lo importante, en tales circunstancias, consistía en atajarlo cuanto antes, y luego buscar las causas que lo produjeron, a fin de que no se repita en el futuro; era sin duda un asunto difícil de descifrar, y peor aún si se le agregaba el fuego interior del inquilino, que no podía más, e iba a rastras por entre las cortinas de las habitaciones masticando inquietudes y desvaríos, de modo que, si no había suerte, tal sistema de vida acabaría por llevarse por delante lo que más quería, su amor predilecto y la vida propia, en una riada de enfermedades contagiosas, que horadaban subrepticiamente las gargantas.&lt;br /&gt;   Lo más horrible aconteció cuando, nada más despegar los párpados, se cruzaron los ojos con la ígnea maldición, que según todos los rumores apuntaban a la explosión de dos bombonas al unísono, quedando bloqueado por el impacto y la espesa humareda que brotaba del recinto. &lt;br /&gt;    Pese a los esfuerzos desplegados para sofocarlo, el fuego vomitaba por sus fauces, como un volcán,  toneladas de terror, humo y lenguas de fuego, convirtiendo la casa en un auténtico infierno. &lt;br /&gt;   El pánico se adueñó de los vecinos, y algunos, turbados, se arrojaban por las ventanas, huyendo de la quema, y suplicaban auxilio a la ciudadanía y a los bomberos, cuya espera se hacía insoportable, toda vez que se les extinguía la vida en cuestión de segundos. &lt;br /&gt;   Sin embargo, había otros fuegos que repiqueteaban sin pausa desde hacía tiempo en las relaciones de la pareja, generando múltiples disensiones. Al llegar a ese punto, se daba cuenta de que eran asuntos privados, y pensaba que lo aconsejable sería sentarse en la mesa camilla, al calor de la estufa, y solventarlo mediante el diálogo, pero la situación se dilataba en el tiempo más de la cuenta, porque cada uno arrimaba el ascua a su sardina, pese a lo que les iba en ello, por lo que no había forma de apagar el fuego y restablecer la calma, ahuyentando de sus vidas los dislates que se muñían, lo que embarraba aún más si cabe los comportamientos; pero al poco tiempo auspiciaron que si retornaban a sus quehaceres cotidianos, al nido común, otro gallo les cantaría, y les alcanzaría despejar los nubarrones y sofocar los fuegos, pudiendo dormir tranquilos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Consultando la agenda, advirtió que debía desplazarse a la ciudad de Nerja en tales coyunturas por una fuerza mayor, reparando en que podía ser el último día de su existencia por las adversidades que le acechaban, no haciéndole ninguna gracia, y no estaba dispuesto a ponérselo en bandeja a Caronte, y supuso que lo mejor sería conquistárselo, aprovechando las horas bajas por las que atravesaba, debido a la penuria económica, cumpliendo los dictados del proverbio, si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él. &lt;br /&gt;   La nieve, que empezó a caer de forma estrepitosa, fue enfriando los tibios suspiros que aún exhalaba, ya que nunca había vivido una nevada tan fría y copiosa, y todo ello al ponderar, que si se trasladaba por carretera, corría un nuevo riesgo, verse arrastrado por ella a los mismísimos acantilados que proliferan por el itinerario, lo que le subía sobremanera el estrés y disparaba las dificultades que se urdían en su entorno, al no disponer de cadenas ni tener ni idea de su funcionamiento.&lt;br /&gt;   Entre tanto, calibrando las probables vicisitudes del viaje, comenzó a manejar la rentabilidad de trasladarse por mar, y de esa forma enterrar la pesadilla, aprovechando la calma chicha que reinaba en las aguas mediterráneas, y, entre unas cosas y otras, apaciguaría la ansiedad que le ahogaba, cuando de pronto le vino la feliz idea de sacar de la mochila el libro que había tenido a bien echar para el camino, el poema del Mío Cid, y, ni corto ni perezoso, se puso a leer con fruición estética las andanzas del héroe, discurriendo por los lugares por donde acaecieron las hazañas que llevó a cabo en su lucha contra las huestes enemigas. Eran tiempos de guerra, de hostilidades, de expansiones del poder, pero no comprendía por qué, aquí y ahora, estaba atravesando peores momentos que el protagonista de la lectura, cuando él se había alistado en ONGS, y buscaba la manera de sembrar armonía y excelentes aromas en su hábitat, colaborando con asociaciones solidarias.    &lt;br /&gt;   Conforme progresaba en la historia del héroe se le fueron calmando los ánimos, y se decía para sus adentros si él no podía hacer lo mismo, conseguir la victoria, pero usando una táctica incruenta, sin disparar un tiro, y conquistar lo que anhelaba, saliendo airoso, y lo rumiaba al rememorar los versos del Cantar:&lt;br /&gt; Salvaste a Jonás cuando cayó en la mar&lt;br /&gt;salvaste a Daniel con los leones en la mala cárcel,&lt;br /&gt;salvaste dentro en Roma al señor san Sabastián,&lt;br /&gt;salvaste a Santa Susaña del falso criminal, vv. 339-343, ed. de Montaner Frutos.&lt;br /&gt;     Tampoco le gustaba verse retratado como alguien derrotado por la incomprensión y el destino, como sucede en los siguientes versos de Manuel Machado, referidos al inicio del destierro del Cid Campeador,  &lt;br /&gt;                                           El ciego sol, la sed y la fatiga&lt;br /&gt;                                           Por la terrible estepa castellana,&lt;br /&gt;                                           Al destierro con doce de los suyos&lt;br /&gt;                                           -polvo, sudor y hierro-, el Cid cabalga.                                  &lt;br /&gt;   Intentaba por todos los medios que su ruta a Nerja no fuese tan áspera y sangrienta como la de don Rodrigo Díaz de Vivar por Burgos, Soria, Guadalajara, Zaragoza, Teruel, Castellón, Valencia y Alicante.&lt;br /&gt;   Al cabo del tiempo, deambulando por el parque  y sin apenas darse cuenta, columbró a lo lejos un holograma, con unos resplandores como si fuese una estrella de Belén, que colgaba del balcón de una casa palaciega, lo que le llenó de curiosidad e intriga, no atreviéndose a acercarse por la desconfianza que le inspiraba, y se interrogaba si tendría poderes mágicos o acaso de brujería, si se trataba de algún objeto no identificado que pudiese estallar de repente por la acción de algún desalmado, o pertenecía a algún esotérico terrícola, que hubiese manipulado la cámara fotográfica con rayos láser obteniendo tan inverosímiles fotografías.&lt;br /&gt;   Finalmente convino con Caronte en sellar el pacto secreto al que habían llegado, sobre las características que debía reunir la barca que iba a utilizar para el desplazamiento, porque como era zurdo, algo siniestro, no le valía cualquier modelo, sino que necesitaba uno especial, con unos remos con mano izquierda para sortear las veleidades de Thánatos, incrustando en la madera sustancias de un elixir de eterna juventud, que garantizase el viaje de ida y vuelta.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-7991935826405925223?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/7991935826405925223/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=7991935826405925223' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/7991935826405925223'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/7991935826405925223'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2010/12/la-nieve_18.html' title='La nieve'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TQz84O6JmrI/AAAAAAAAAVk/ax1Pf8jw0zE/s72-c/nieve.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-3008820046616905430</id><published>2010-10-24T12:15:00.000-07:00</published><updated>2010-11-02T05:44:33.396-07:00</updated><title type='text'>Chequeo</title><content type='html'>No sospechaba Anselmo que un día fuese a caer por un terraplén o en la ratonera sólo por un simple chequeo rutinario, ya que deambulaba de aquí para allá por parajes saludables, sembrados de verdor y era impensable que el destino le tendiese una emboscada con la vida tan estricta y sana que llevaba, siendo la envidia de conocidos y vecinos, que lo encumbraban por el interés que siempre había demostrado por estar en plena forma ya desde su juventud, comentarios que hacían sentados en la puerta de las casas mientras tomaban el fresco, a la luz de la luna, durante las largas tardes del lento verano.&lt;br /&gt;   Lo consideraban una persona modélica en dicho aspecto. Y daban fe de ello las acometidas que realizaba cada día poniéndose manos a la obra contra viento y marea, gimnasio, frutas, verduritas, carnes y pescados a la plancha y un sinfín de infusiones, cumpliendo escrupulosamente las recomendaciones que aconsejaba el dietista para mantener el equilibrio. &lt;br /&gt;   Por ello el informe médico que le acababan de entregar lo dejó grogui; lo interpretaba como una puñalada por la espalda, un dictamen propio de un centro sanitario tercermundista, catalogándolo en su fuero interno como algo fuera de lugar y sin sentido, un manotazo de los dioses que hubiesen amañado el norte de la brújula, confabulando los elementos contra su figura, y quebrando los cristales de la existencia. &lt;br /&gt;   Los resultados de la resonancia y el escáner no reflejaban el estado real de Anselmo, al parecer eran falsas alarmas, bien por un fallo del cerebro de la máquina o por un inoportuno corto circuito en el momento de la exploración, pero a ver quién era capaz de coger el timón del barco con la que estaba cayendo, y enderezar el rumbo. &lt;br /&gt;   Tales acontecimientos le echaban por tierra los sueños que acariciaba, la luna de miel que tenía aplazada de mutuo acuerdo con la pareja por los fiordos noruegos y posteriores escapaditas a Londres o Atenas, lugares que le fascinaban. Y no atisbaba en el horizonte el modo de sobreponerse, saliendo del bache y batir al inoportuno enemigo. &lt;br /&gt;   Según parece, la aberración se nutría de la seudo lectura de las superficies examinadas, de suerte que donde aparecía el signo más correspondía el signo menos, y donde recogía la negra mancha apuntando a un tumor cerebral de consecuencias imprevisibles debían refulgir vibrantes puntos de luz anunciando la buena nueva, un bello amanecer despejando así los vericuetos de la duda, mostrando que en aquellas zonas nunca declinaban los vivificantes brotes de salud, debido a las chispeantes ilusiones que titilaban en el mar de su vida, y que sin duda se percibían con nitidez en los ojos de Anselmo, pero que en estos momentos se manifestaban denostados por tamañas brutalidades, dibujadas con malévola saña en esas partes del cuerpo. &lt;br /&gt;   Por lo que se deduce de todo este affaire, que la máquina amaneció ese día con los ojos plagados de legañas y los cables cruzados apuntando al paredón de fusilamiento, o a ninguna parte en concreto, pero con el veneno en el punto de mira, porque en el tremendo yerro en que se columpiaba le iba a Anselmo la posibilidad de seguir o no viviendo.&lt;br /&gt;   Cuando el doctor se acercó a la cama nº 68, donde yacía maltrecho Anselmo, zarandeado por las mil cábalas que llovían sobre su cabeza, con la ansiedad por las nubes y la incertidumbre que lo asaltaba por averiguar de una vez lo que le acontecía, los perversos augurios que se cernían sobre el cerebro, era urgente para él disipar todo tipo de sospechas, pues se sentía sumamente hundido, arrastrado por la servidumbre de las informaciones que recibía, y todo ello por haber acudido al centro a hacerse un rutinario chequeo por mero capricho, aunque dispuesto a cargar con las consecuencias que se derivasen del reconocimiento, pero jamás calculó, ni por asomo, que le espetasen, postrado en el lecho, tan indignantes noticias, muerte inminente, es decir, que tenía los días contados, que preparase la declaración de herederos, o consignase su último deseo en vida, o algo por el estilo: eso jamás se lo podía imaginar por nada del mundo. &lt;br /&gt;   Quería las cuentas claras. No obstante le comunicaron que permaneciera tranquilo, que acaso fuese un pequeño quiste que hubiera reverdecido, y atravesado con mala sombra en la lectura de la resonancia.; de todas formas no las tenía todas consigo, por si resultaba ser algo serio, que pasase desapercibido para los mejores oncólogos, pero le insistían en que siempre quedaba la grata esperanza de la intervención, y que no perdiera la confianza en las manos de los doctores y, cómo no, en los milagros que con frecuencia asisten a los cirujanos. &lt;br /&gt;   Recordó vagamente que no era la primera vez que le ocurría algo parecido, pues cada vez que entraba por la puerta de un centro hospitalario le azotaba la inquietud de que le encontrasen algo extraño, aunque luego se confirmase que era craso error.    &lt;br /&gt;   Por ello al cruzar el umbral del hospital se consideraba una especie de gladiador romano, que se enfrentaba a la  muerte, bajando los escalones del anfiteatro para luchar contra las fieras, expresando el célebre saludo, Ave, Caesar, morituri te salutan, con la convicción de que su vida se la jugaba cada vez que pisaba tales terrenos..&lt;br /&gt;   Se rebelaba contra todo cuanto le acaecía sin fundamento. No era posible que tuviese tal sino sin más, cuando él siempre hizo lo posible por llevar un estilo de vida saludable, ajustándose al dicho popular, “dime lo que comes y te diré lo que eres”, o como decía el amigo ilustrado, “mens sana in corpore sano. Por todo ello no se explicaba las motivaciones de la hipotética enfermedad.&lt;br /&gt;   A decir verdad, los tintes del verano nunca le fueron propicios, las altas temperaturas, la hipotensión, la astenia lo dejaban K.O., cuando menos se lo esperaba, y no llegaba a alcanzar los frutos que perseguía, quedándose a mitad de camino. Y no sería porque no le echase ganas, que en eso no había quien le aventajara, empezando a maquinar mil estratagemas para seguir en la brecha, llegando a desbordarse como el río en época de lluvias, alimentando interminables proyectos, convencido de que nunca una enfermedad tan absurda y desconcertante llamaría a su puerta, pero ese día la indolente máquina se empeñó en lo peor, trastocar los resultados de la exploración, dando el perfil de un tumor cerebral, según se reflejaba falsamente en la prueba. &lt;br /&gt;   Al cabo del tiempo se comprobó que todo fue causado por el exceso de calor, azuzado tal vez por la acción del cambio climático, anunciando la crónica de una muerte segura según el diagnóstico de los facultativos. &lt;br /&gt;   En las últimas fechas acababa de firmar un manifiesto de principios vitales, cuya única pretensión consistía en no aparecer jamás por un hospital, ni vivo ni muerto, y cuando muriese de verdad las cenizas las arrojaran bien lejos de tales lugares, en las corrientes marinas, a fin de que convivir con el realismo puro y duro de la madre naturaleza, y saludar a los peces del mar y las aves del cielo con entera libertad, y sin ningún margen de error.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-3008820046616905430?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/3008820046616905430/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=3008820046616905430' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/3008820046616905430'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/3008820046616905430'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2010/10/chequeo.html' title='Chequeo'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-4239066745067991794</id><published>2010-09-12T15:02:00.000-07:00</published><updated>2010-11-02T05:44:33.399-07:00</updated><title type='text'>Capicúa</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TI1O6AdDAhI/AAAAAAAAAVQ/oe22s9tbZiY/s1600/capicua.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 196px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TI1O6AdDAhI/AAAAAAAAAVQ/oe22s9tbZiY/s200/capicua.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5516151877059936786" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   La otra tarde estaba como un loco buscando un lápiz para plasmar en el folio unos cuantos pensamientos que andaban revoloteando por los aires en medio del tiroteo que azotaba mi cabeza, con idea de atraparlos de alguna manera, aunque fuese estrujándolos como salchichas o mordiéndolos a bocado limpio, y conformar algunas historias similares a las que aparecen en las revistas literarias o prensa en general de distintos lugares, pero no había forma de lograrlo. Alguna mano negra se había confabulado en una maniobra desleal. &lt;br /&gt;   Por última vez, por favor, escúchenme, ¿quién tiene un lápiz? Sólo le pido que me lo presten un momento, y no duden de que de inmediato retornará a su dueño, les doy mi palabra de honor. &lt;br /&gt;   Doy por descontado que más de uno querrá satisfacer mi necesidad, porque es casi seguro que todos poseéis un lápiz de sobra en la bolsa por lo que pudiera suceder, incluso diría más, que vais acompañados de montones de lápices de múltiples colores a fin de atender el abanico de emociones que circulen por vuestro mundo, así que no se hagan los remolones, aunque comprendo que estarán ocupadísimos en mil bagatelas intentando salir airosos del tumultuoso oleaje, lo que impedirá que se centren en mi petición. &lt;br /&gt;   En primer lugar he de advertir que esta semana la cuestión creativa es tan compleja que palpita en el ambiente, porque si se echa un vistazo a la ristra de asuntos que se han ofertado da que pensar, y es para echarse a temblar si se piensa en serio en la infinidad de lápices de fina punta que harán falta utilizar para conseguirlo, ya que todo es para lo mismo, para montar un andamiaje de personajes y revoltosos personajillos que como el que no hace la cosa deambulen de acá para allá dando la cara o palos de ciego y se desnuden con objeto de enhebrar febriles episodios de lo que les acontece en el devenir de los días, pero a buen seguro que esto encierra una maligna y secreta intención difícil de digerir, tal vez con la artimaña de cargarse a más de uno –sic- al no palpar la carne de los engarces precisos para tamaña cantidad de mimbres en tan reducido espacio, tarea harto ardua como no sea que se tiren al monte y se pongan el mundo por montera, empezando a torear a tumba abierta las reses más bravas en mitad del ruedo a las cinco de la tarde, comenzando por el sobrero o el que más rabia le dé, por ejemplo, capicúa, bien armado de cabeza y cola, de donde procede su denominación de casta, y ahí les quiero ver, con lo peliaguda que anda últimamente la esfera de la economía, con los números desencajados por el temor de no dar la talla en el debe y el haber de las finanzas, saltando por los aires por el derrumbe de la banca, de atrás hacia delante o al revés sintiéndose huerfanitos los números y arrojados al mar de la especulación como simples peleles, 13333…1, ¿hay quien dé más?, figurando para colmo como préstamo lingüístico con la que está cayendo, como si el mundo financiero estuviese para echar cohetes y facilitar préstamos con el oscuro panorama que se cierne sobre nuestras cabezas. &lt;br /&gt;   Pero no queda ahí la abigarrada oferta semanal, pues si se sigue oteando el horizonte la estampa con la que se topa uno sin pretenderlo es la de alguien que no trae bañador, que viene desnudo, según se vislumbra a lo lejos, y subido de tono cabalgando en unos zancos para mayor INRI, precisamente nuestro amigo de toda la vida y comparsa de licenciosas noches de parranda, que vivía, si mal no recuerdo, en la misma desconchada esquina donde se ubicaba el bar que frecuentábamos por aquellas fechas, y donde nos tomábamos las cañitas de rigor los sábados por la tarde antes de dirigirnos al desfile de los monumentos vivientes, las chicas de turno con los delicados peinados y sus limpias ropas de ricos colores desafiando a la primavera, y hete aquí que conforme se acercaba no podíamos creerlo, pero ya a nuestra altura verificamos que venía efectivamente sin bañador de la playa del muerto con gran entusiasmo, y no le importaba lo más mínimo que lo contemplasen por el paseo marítimo de Las flores en frente del Calabré, y si alguien osaba insinuarle la causa que lo había motivado, respondía con calmosa sabiduría, muy sencillo, amigo, es que no he traído bañador, lo olvidé en casa, qué quiere que haga. &lt;br /&gt;   Menos mal que tales eventos se fueron espaciando en el tiempo y guardando cierto recato en los procedimientos, sin embargo los desaguisados no cesaron, y a los pocos días aparece otro colega por el bulevar bailando de alegría porque había dejado los hábitos plantados en el convento con toda su aureola de silencios; tal espectáculo fue una pesadilla para más de uno, y si hay dudas de ello nada más que interrogarle de súbito al prior del cenobio, a ver cómo lo describe, que será digno de escuchar, ya que de repente, estando en el reclinatorio al lado del altar mayor cubierto hasta la coronilla con la capucha y por abajo hasta los tobillos con el hábito se había despojado de todo el atuendo  y a continuación decidió desplazarse a la playa a darse un chapuzón, pero le ocurrió lo mismo que el anterior, que no había traído bañador, sin embargo no quería desaprovechar la ocasión para refrescarse, ya que se hallaba a tiro de piedra de la playa, casi en el rebalaje, y con los sofocantes calores del verano su cuerpo se lo agradecería, reponiéndose de la asfixia que traía incrustada en las entrañas con tanto fuego de incienso unido al roce del hábito en hombros y costados. &lt;br /&gt;   No obstante, las rocambolescas coyunturas de nuestros personajes no finalizaron aquí, pues parecía que no fuese su mejor día, dado que la casa que habían alquilado para solazarse y dormir a pierna suelta durante una buena temporada con el propósito de reponer fuerzas y olvidar los sinsabores del camino resguardándose de las inclemencias del tiempo o de la acometida de animales salvajes no funcionó, no se sabe el porqué de tanta desgracia, o mejor dicho, nunca se supo a ciencia cierta si los siniestros contratiempos andaban al acecho por los tejados, pues resultó que la casa en la que se albergaron tenía dos puertas, y sin quererlo rememoraron lo que auguraban los ancestros cuando eran unos bebés, casa con dos puertas mala es de guardar, pero entonces no alcanzaban a digerirlo; no se habían tomado jamás en serio semejantes augurios y menos aún las advertencias de los abuelos, pero aquella noche, la noche más larga, cuando la luna se posaba placenteramente en el tejado con todo su esplendor unos hábiles atracadores que rondaban por allí hambrientos y medio exhaustos se lanzaron a tumba abierta por el precipicio del terreno y aprovecharon la ocasión para penetrar por la puerta de atrás de la vivienda, por donde nadie cruzaba y la forzaron en un instante en la soledad de la noche, apoderándose de lo único valioso que disponían en tales circunstancias, aunque hay que reseñar que con las prisas no se cumplieron al cien por cien sus planes, y no sólo eso sino que además les fue totalmente imposible lograrlo puesto que el resto de enseres y componendas no figuraban en el recinto, dado que faltaban el bañador, los hábitos, y las operaciones bursátiles de capicúa, que con tanto esmero habían esbozado  en aquella borrascosa noche de tormentas interiores.&lt;br /&gt;   Al cabo de un tiempo les vino a la memoria todo aquel rosario de peripecias que les habían ocurrido en la vida, y no lo comprendían, por lo que se cuestionaban una y mil veces, cómo era posible que se les acumulasen tantas adversidades, como si su vida fuese una película de ficción con todo ya planificado por el director, con todos los ingredientes predeterminados, donde los personajes estuvieran diseñados para ejecutar tal rol, pero en el caso que nos ocupa, en que los avatares son verídicos, no es tan evidente su demostración, y no se puede afirmar que hayan perdido la razón como un vulgar quijote, o alegar que acaso sean de otro planeta, porque de lo contrario sus mentes no captarían tal amalgama de sucesos, fútiles o no, pero ciertos, y ahí están los hechos y los personajes, de carne y hueso, que lo pueden atestiguar a quien se les ponga por delante, sea magistrado, juez, policía o forense. Las cosas son como son y no como a uno le parezca.              &lt;br /&gt;   No cabe duda de que tales contingencias no les hubiera ido así de haber deambulado por otros derroteros, pero como resulta que existió el convento, la playa, la escritura de los guarismos y el temor a dormir de manera insegura en semejante casa, de ahí surgió todo cuanto acaeció después, dándose fraternalmente la mano hábitos, bañador, capicúa y casa con dos puertas, que al parecer configuraron la estela del destino (pues si hubiera tenido sólo una seguramente les habría sido más fácil atrancarla y en unas condiciones óptimas), y no los hubieran desplumado.&lt;br /&gt;   Es obvio que la vida no existiría ni nadie hablaría de ella si no fuese porque aparecen dibujadas innumerables escenas en alguna roca, o escritas en alguna tablilla o papiro inmortales andanzas de los mortales, para bien o para mal, que nunca se sabe, y que todo ello en el fondo dependerá del color del cristal con que se atisbe, o a lo mejor cosas más sorprendentes alumbrarán los lustros venideros.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-4239066745067991794?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/4239066745067991794/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=4239066745067991794' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/4239066745067991794'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/4239066745067991794'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2010/09/capicua.html' title='Capicúa'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TI1O6AdDAhI/AAAAAAAAAVQ/oe22s9tbZiY/s72-c/capicua.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-2014328061054500049</id><published>2010-09-05T15:23:00.000-07:00</published><updated>2010-11-02T05:44:33.402-07:00</updated><title type='text'>No siempre</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TIQZnw9Vi9I/AAAAAAAAAVI/Y0XnSMcz83s/s1600/pareja-dispareja.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 150px; height: 200px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TIQZnw9Vi9I/AAAAAAAAAVI/Y0XnSMcz83s/s200/pareja-dispareja.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5513560014756088786" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;   Un vecino solía enchufar la radio a todo volumen sin ningún reparo, y lo preparaba a conciencia, como si se tratara de publicitar algún prestigioso producto de los que se pregonan por las calles a voz en grito o con potentes altavoces, poniendo en pie de guerra desde su atalaya las somnolientas aguas matutinas del vecindario, al horadar muros y tabiques inundando habitaciones, salitas de estar o los más intrincados recovecos de la vivienda. &lt;br /&gt;   Se conectaba como un autómata, con todas las de la ley, en aquello que le parecía en tales coyunturas sin consultar a nadie y sin otra preocupación que alimentar su ego, colmando los antojos más disparatados. &lt;br /&gt;   La mayoría de las veces los fulminaba con música ramplona y pegajosa, cual engorroso chicle pegado en la suela del zapato que no te dejase caminar, y en contadas ocasiones se dignaba cambiar de canal inclinándose por algo más cuidado. En ese aspecto no se complicaba el intelecto, por lo que unos días se oían las vibrantes notas de la raspa, salsa o ritmo rockero y otros, los menos, oberturas clásicas, siempre sin respetar el descanso ni nada que se le pareciera, sumergiéndose en el veneno de las ondas como un auténtico melómano, yendo a su bola y pasando de todo lo que le rodeaba, pese a haber sido apercibido en multitud de ocasiones por el presidente de la asociación de vecinos después de la correspondiente asamblea llevada a cabo mediante la oportuna misiva, en la que se le exponía con todo detalle los dictámenes acordados, y sin embargo, ante el estupor general, hacía oídos sordos, no habiendo forma de poner coto a tamaño descalabro de insignes conciertos, gamberradas o sensuales serenatas.&lt;br /&gt;   Por lo tanto, y para no hacer mudanza en la costumbre, prosiguió con las manías musicales acordes con las pulsaciones de su corazoncito, y pertrechado en ese frente aquella mañana sonaba en la radio una canción de Julio Iglesias, acaso haciendo honor a secretas vivencias difíciles de dilucidar, “…Y es que yo amo la vida, amo el amor, soy un truhán, soy un señor, algo bohemio y soñador”… la canción, como lluvia fina y persistente, le fue calando los huesos y sin apenas darse cuenta le subió de pronto la moral hasta límites insospechados, recuperando el estado anímico que buena falta le hacía, debido al mal trance por el que estaba pasando por una ingrata amigdalitis que le arañaba la garganta y lo tenía prendido en sus redes con todo el dolor de su alma, precisamente cuando se disponía a rasurarse o restaurarse la rebelde barba que le cubría la cara tiempo ha con aires de auténtico santón hindú, pero resultó que de buenas a primeras una inexplicable alergia –cosa rara en él, pues estaba curtido en mil batallas- lo dejó en la estacada abrasándole el rostro y poco a poco se fue expandiendo por el resto del cuerpo, lo que le obligaba a deshacerse de ella sin más contemplaciones. &lt;br /&gt;   La amigdalitis se le complicó en exceso de la noche a la mañana, con las complicidades de una fuerte gripe que se le unió al proceso sin saber cómo, siendo la etiología desconocida por los expertos hasta aquella fecha, por lo que no suministraban ningún fármaco capaz de contrarrestar el avance de la enfermedad, y entre unos factores y otros, se veía sumido en una horrible depresión, impidiéndole realizar las actividades más rutinarias del día a día  para seguir enganchado a la vida. &lt;br /&gt;   Se sentía atado de pies y manos al no poder desplegar las velas para navegar por los distintos derroteros, y menos aún presentarse de esa guisa ante el amor de su vida, la novia que adoraba y le aguardaba impaciente cada tarde (tan escrupulosa y delicada como era, pero que sin embargo en los momentos menos oportunos lo obsequiaba con exquisitas sorpresas mirándolo a los ojos, y profería extemporáneas reflexiones que lo herían profundamente, no soporto las melenas ni tu luenga barba, o con esa camisa pareces un fantoche con las bolsas que se balancean sin cesar como globos de feria o de un cumple, o incluso cualquier prenda que estrenase con la mayor ilusión del mundo, indicándolo casi siempre de mala manera y sin el menor miramiento.), pero ella, no obstante, lo esperaba de todos modos, aunque con la mosca detrás de la oreja, después de que pasaran algunos días sin verse, arrastrada tal vez por la loca corriente de los celos, que se fundamentaban en parte por su natural talante, dado a la conversación y, según insinuaba ella, al poder de seducción de la mirada, del que hacía gala, mientras ella yacía como un flor abandonada en medio del jardín, sin ningún trino ni nada con que entretenerse, lo que aumentaba su soledad, echando en falta los encantos y las certeras opiniones sobre los acaeceres mundanos, y no porque buscase algo en especial, una frase lapidaria para esculpìrla en un lugar privilegiado de la mansión, pero en el fondo le faltaba un no sé qué que le inyectara un soplo de energía, los estigmas de su sonrisa, contemplarlo de arriba abajo, con su olor a hombre, deteniéndose en el lunar del cuello que tanto le atraía, o la graciosa cicatriz en el mentón izquierdo, como un campeón de boxeo al acabar un combate en el ring, y que lo identificaba con un actor famoso del que estaba enamorada en su juventud. La cicatriz se la produjo un día que iba de excursión con los compañeros del colegio y caer rodando por una torrentera que se alzaba a las orillas del río durante el descenso por un despiste o jugando con algún compañero; por todo ello necesitaba asearse aprisa y corriendo, pues el tiempo vuela, pensaba, aunque en verdad las apariencias no le quitaban el sueño, dado que apuntaba a la esencia de las cosas, que lo valioso al igual que las personas se debe evaluar por la valía objetiva de los hechos que haya pergeñado cada cual, lejos de alharacas o florituras externas. &lt;br /&gt;   Sin embargo los tiempos cambian, y le surgía el resquemor de que no iba por el camino adecuado, le bullía en la cabeza que no hacía los deberes como debiera, llevando casi siempre las de perder en los dimes y diretes en las relaciones de pareja, se quejaba de que no podía argumentar sosegadamente con silogismos contundentes, y en consecuencia intuía que tal vez le tendiese alguna emboscada con el mayor sigilo, por lo que desconfiaba de su sombra al pensar que se extralimitaba en la confianza depositada en ella, y al rememorar ciertas veleidades que rondaban por el cerebro, como el hecho de que ejecutase por su cuenta y riesgo atrevidas incursiones por lugares apartados y zonas peligrosas de la ciudad sin ninguna necesidad, que no ofrecían las mínimas garantías de seguridad, y desplazándose sola a deshora, alegando pretextos poco creíbles, puras bagatelas, intentando cubrir el expediente, como ir de compras, contemplar escaparates en época de rebajas o alguna librería solitaria y poco más, pero nada de esto le convencía, y la bola de la incomprensión se fue agrandando por momentos de un tiempo a esta parte, agravado por las sucias tretas que urdía la futura suegra (que lucía más vello que el difunto marido que en gloria esté) mayormente en su ausencia, minando las supuestas buenas intenciones de la hija. &lt;br /&gt;   La madre era una mujer díscola y de armas tomar, asustaba a las vecinas con estruendosos aullidos cuando le llevaban la contraria, y llegaba a mofarse de los méritos del futuro yerno, de suerte que un día tras una rutinaria discusión con las mismas agarró las tijeras e hizo añicos la foto del novio que exhibía la hija en la vitrina del salón. No se conformaba con negarle el saludo, llegando a  humillarlo delante de Loles, musitando el refrán de los ancestros, “tanto tienes tanto vales”, aludiendo al caudal que pudiese aportar al matrimonio si algún día se efectuaba, y nunca se achantaba ante nada por muy grueso que fuese, mostrando unos humos incendiarios que quemaban su paciencia y lo llevaban a mal traer. &lt;br /&gt;   En su fuero interno pugnaba por mantener la relación con Loles, procurando olvidar al resto de la familia, un aserto que no siempre lograba. Pero&lt;br /&gt;por otro lado la convivencia entre ellos se fue deteriorando vertiginosamente, cuando descubrió de pronto que engañaba a la madre trasmitiéndole falsos mensajes, que abundaban en el borrascoso trato que le dispensaba la pareja, o que hacía tiempo que ya no se veían, y así un rosario de necedades, como que había roto con él para satisfacerla, y que en este tiempo se relacionaba con otra persona más apuesta y acaudalada e investida de sus mismas virtudes y beldades, por lo que la madre respiraba tranquila y feliz sacando pecho, y la llenaba de bendiciones y carantoñas, prometiéndole en herencia el oro y el moro.&lt;br /&gt;   En vista de los contradictorios avatares que se fueron sucediendo, y percatándose del paripé dibujado en el horizonte por Loles, se dijo, ahora o nunca, y complacido con el criterio que había adoptado, poniendo tierra de por medio, exclamó con inusitado entusiasmo, “no hay mal que por bien no venga”, y dirigió los ojos rumbo a otras miradas anchas como la mar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-2014328061054500049?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/2014328061054500049/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=2014328061054500049' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/2014328061054500049'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/2014328061054500049'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2010/09/no-siempre.html' title='No siempre'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TIQZnw9Vi9I/AAAAAAAAAVI/Y0XnSMcz83s/s72-c/pareja-dispareja.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-8841793859731098096</id><published>2010-08-16T11:40:00.000-07:00</published><updated>2010-11-02T05:44:33.406-07:00</updated><title type='text'>El jardín</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TGmICuCASQI/AAAAAAAAAU4/8-rfaprkuJQ/s1600/jardin.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 133px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TGmICuCASQI/AAAAAAAAAU4/8-rfaprkuJQ/s200/jardin.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5506081599734696194" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Hablando por teléfono el amigo transmitió algunas reflexiones al respecto, y con su permiso me permito referir algunas: &lt;br /&gt;    La velocidad de los jardines me apabulla en exceso porque sin previo aviso sufro como una descarga eléctrica y siento que se me agolpan los aromas en las fosas nasales formando cola como cuando hay bulla por rebajas en los grandes almacenes, todos desparramados y sin ningún control, cosa que siempre me ha descentrado hasta el punto de que te puede crear un grave síndrome de sensaciones (si al invadir todo el ambiente y las paredes acerco la nariz por si se habían impregnado del fresco perfume), al igual que si cruzas el umbral de un recoleto lugar y te topas por sorpresa con un sinfín de atractivos retablos genialmente alineados en los muros de una abadía o catedral, o te cuelas en una galería de arte de las muchas que proliferan por la ciudad y de repente observas la variedad de aromas y colores de flores que viven incrustadas en los lienzos que cuelgan de las paredes. &lt;br /&gt;   A veces tales eventos dañan a los sentidos sobremanera, porque no estamos preparados para ello y menos para darse un atracón de bocados de cielo a través de la vista, el olfato u otros sentidos. Tales acumulaciones de éxtasis no las recomiendan ni los más excéntricos amantes de la pura estética. &lt;br /&gt;   A lo largo de la historia han surgido incontables flechazos de amores a primera vista, donde la textura o el corte del talle o algún secreto atributo imaginable a la vista han causado verdaderos estragos en el espectador. Mas en este caso, el hecho de caer de bruces en un rico panal de perfumes que se entrecruzan por los cinco sentidos sin orden ni concierto están a pique de dejar a más de uno sin sentido, y más aún nadando en un mar de esencias tormentosas en tan reducido espacio de terreno como es el jardín, por lo que nunca se sabe a ciencia cierta cuál será el desenlace.&lt;br /&gt;   El espacio exiguo del jardín hierve con las emanaciones que expande como el agua en una piscina, en la que flotan los distintos olores de los cuerpos en leves remolinos de bucles y músculos en pleno mes de agosto, donde florecen con luz propia las dulces rosas en conjunción con sus exóticas y mínimas prendas de infarto instaladas en estilizadas siluetas que se desplazan caprichosamente por la superficie del agua, como el polen de la flor que va de acá para allá, sin rumbo, buscando un refugio donde apoyar sus huesos y depositar su esencia, y así los bañistas anhelan soltar la mugre de la clínica sicológica o dental del resto del año y reponerse del trajín y el estrés acumulados en las duras horas de jornada laboral, intentando ahogarlos en unos cuantos días de vacaciones en la pequeña balsa de la urbanización, o en el rebalaje del Mediterráneo, que con las fauces entreabiertas aguarda para lamer sus partes más dañadas con delicado mimo.&lt;br /&gt;    Siempre me ha turbado la velocidad loca en cualquier ámbito del cosmos, la del sonido, de la luz, del trueno, pero lo que menos soporto es la fuga descarada de lo agradable y placentero, de la fragancia de las flores, que se pasan el día llorando las penas a lágrima viva en el florero del salón al poco de cortarlas rebelándose como una criaturita, dejándote plantado en tus mismas narices, negándote la esencia de la sustancia de la que fue hecha, cuando tanto trabajo ha costado plantarlas y criarlas en la ladera del monte, donde se alza el jardín de las delicias, mas hay que reconocer que unas manos asesinas las han estrangulado robándoles la vida por puro goce ególatra, abandonándolas a su suerte en la fría soledad de la habitación sin raíces, compañía, apenas agua, sol y ni tan siquiera un poco de calor. ¡Con lo triste que es ver un jardín o un mundo sin flores!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-8841793859731098096?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/8841793859731098096/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=8841793859731098096' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/8841793859731098096'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/8841793859731098096'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2010/08/el-jardin.html' title='El jardín'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TGmICuCASQI/AAAAAAAAAU4/8-rfaprkuJQ/s72-c/jardin.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-5859082529403079292</id><published>2010-08-13T15:59:00.000-07:00</published><updated>2010-11-02T05:44:33.409-07:00</updated><title type='text'>Balconing</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TGXSAQ2sceI/AAAAAAAAAUw/CU86MApLoiU/s1600/balconing.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 154px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TGXSAQ2sceI/AAAAAAAAAUw/CU86MApLoiU/s200/balconing.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5505037021496504802" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Llevaba un tiempo Eugenia de capa caída recapacitando sobre los pormenores del pasado reciente. No comprendía por qué le sobrevino a ella la hecatombe, estando tan enamorados, y sin causa que lo justificase acabó reventándose la convivencia, no obstante quería poner tierra de por medio consolándose en las tardes más aciagas, en que la depre se disparaba cayendo bajo mínimos, y para levantar el ánimo se decía, no cejes nunca en el empeño, lucha hasta la extenuación no dando tregua al enemigo, porque la vida te pertenece y está llena de sorpresas.&lt;br /&gt;   La vida sigue su curso y cuando menos se espera puede presentarse la ocasión, ¿mi segunda vez?. Los tiempos cambian y no hay que precipitarse en los pronunciamientos, ya que no por mucho madrugar amanece más temprano. Cada cosa a su tiempo y un tiempo para cada momento.&lt;br /&gt;   Al cabo de los días llegó el huracán del norte, o acaso era una suave brisa que acariciaba la mañana. &lt;br /&gt;   Ni que estuviese enfrascada en la vorágine de un aquelarre extra terráqueo, murmuró Eugenia prendida en las ensoñaciones eróticas que la cubrían ocultando el rostro bajo la almohada avergonzada por la situación que le atosigaba en tales circunstancias, viéndose tan apocada, que parecía que le pinchara la ternura de los bocados que se le ponían por delante, verdaderas efervescencias propias de selectos paladares que hubiesen recorrido el orbe, la ceca y la meca libando el néctar de la flor más preciada de una noche de primavera, y que resultaba tan chocante para su tibia libido, tan comedida y exquisita ella en los controlados gestos y ademanes, pues era notorio que se movía en sus esferas con pies de plomo, y a decir verdad nunca se había extralimitado en las funciones como no fuese en el ejercicio de ayuda a los demás, ni visto envuelta en emocionales dispendios, toda vez que flotaba en el ambiente más íntimo que jamás había roto un plato, ni transitado por sensuales desfiladeros que atisbasen melifluos guiños en el arte de amar, por ello no se sentía segura, de suerte que le atenazaban las cadenas de la impotencia de forma inexplicable a la hora de reenviar oxígeno a los pulmones por culpa del pavor que le bloqueaba las partes más sensibles de los tejidos, al presentir en su confusa fantasía que fuese espiada por algún intruso, un experto en balconing o puenting y se descolgase pared abajo desde el tejado o trepara pared arriba hasta su habitáculo durante las ciegas horas del sueño. &lt;br /&gt;   No se sabe si la hipótesis podría tomar cuerpo en tal trance, sin que llegara a percatarse de la atrevida patraña en el dulce fragor del sueño, forzando la máquina y cediesen los engarces de la ventana al máximo sigilo, y una vez dentro el intruso fisgase a su antojo por los vericuetos de su cerebro, escenario de todos los avatares, donde se mascaba la tragedia, la batalla de amor, donde se llevaba a cabo las mil y una orgías de la ensoñación, y sucediese contra su voluntad que en un pis pas extrajera el meollo del devaneo acaso mediante técnicas sofisticadas de rayos láser, vislumbrando en la faz lo fehacientes reflejos de la trapisonda que se desarrollaba entre bastidores y que de inmediato la delatarían, siendo el centro cómico del barrio, pensaría ella, al brillar con luz propia lo que se fraguaba entre tinieblas en la oscuridad de la habitación en la noche de autos, en el reservado de la trastienda de la mente. &lt;br /&gt;   Que todo era una alucinación y que lo estaba soñando en esos instantes nadie lo dudaba por ser tan obvio, dado que en ese lapso de tiempo la espesura de la noche que la cobijaba y la misma naturaleza dormía plácidamente y ella permanecía igualmente inconsciente tirada en la cama como un muerto, inmersa a simple vista en los valses de Morfeo, y no cuadraba que su corpulento talle compaginase simultáneamente el don de la ubicuidad, ejercitándose con tierno balanceo en los brazos del amor de su vida. &lt;br /&gt;   Sería otra película, una coyuntura muy distinta si descendemos al campo de la realidad sensible en pleno mes de agosto, en que los rayos solares arremeten con furor contra la superficie de los adoquines de las esquinas de las calles agrietando los poros de la piel de los transeúntes, que a malas penas se tienen en pie por los derroteros que deambulan, así como por los ásperos azotes con que los obsequian, y mientras tanto Eugenia estuviese levitando en boca del diablo o de los propios ángeles, y si no que se lo pregunten a amigas y amigos, que a buen seguro no ofrecerían ninguna resistencia ni una pizca de crédito a tan rocambolescos embelesamientos, como no fuese a través de una seria sesión de hipnosis, puesto que estas especulaciones rijosas cuando arribaban al regazo de Eugenia casi siempre lo despachaba con cuatro blancas sonrisas a través de un rotundo borrón y cuenta nueva.&lt;br /&gt;    La historia se apoya generalmente en datos verificables y en el presente affaire bastaría con sugerir que ella siempre fue la más pazguata de la reunión, a cualquier hora y en cualquier lugar, o a la hora del baño como acontecía en la playa de puerta del mar o del cielo, que nunca se sabe, porque hasta allí discurrían con las cavilaciones por diferentes accesos al lugar de encuentro, soltándose gozosas y pizpiretas la larga melena, despojándose a su vez de las miserias mundanas, las prendas superiores que eran aconsejables mantener en su sitio hasta allí, pero una vez que habían dejado atrás el puente de hipocresía y habladurías, la cortesía y el pudor aceleraban el paso con mayor ligereza cruzando alegres las hondonadas que se desparramaban por la zona del rebalaje. &lt;br /&gt;   Las elucubraciones que se tejían a pie de playa no se sostenían en pie por mucho tiempo, al columbrar los acontecimientos arrancando de abajo, desde los cimientos. &lt;br /&gt;   En un rápido acercamiento al argumento y atando los cabos sueltos, parecía poco probable que se produjese allanamiento de morada, toda vez que las pistas encontradas no arrojaban luz alguna al respecto, y la ventanita del dormitorio permanecía incólume como de costumbre, cerrada a cal y canto y la roja persiana presentaba un aspecto inmejorable.&lt;br /&gt;   Así como especular con seísmos o apetitosas golosinas no está vetado a nadie, pues se puede sugerir cualquier travesura que impacte o venga al paso del cuento de lo cotidiano, como la invasión del planeta por extraterrestres en un abrir y cerrar de ojos en una tormenta de otoño, o por qué no puestos a disparar dardos al blanco apostar por la mayor, que si no hubo orgasmo en su justos términos aquella velada, en todo caso chisporrotearon síntomas de fugaces espejismos que conformaban un cuadro digno de tener en cuenta, al presentar las mejillas encendidas por un fuego interno que la devoraba y trascendía al exterior, de manera que parecía otra.&lt;br /&gt;   Pero la situación era ambigua de todas maneras al aparentar que se acababa de acostar con el amor platónico, el amor tan ansiado de su vida, cuando llevaba la pareja ya más de diez horas roncando en el lecho como un volcán en ebullición y sin apenas mirarse, dando vueltas y más vueltas vueltos de espalda, pero ella de súbito emitió destellos de lucidez musitando, esto no se puede prolongar por más tiempo.&lt;br /&gt;   A veces evocaba los consejos de la abuela, que la vida está confeccionada de retazos y fracasos y en ocasiones de segundas oportunidades, mas para eso no necesitaba alforjas, respondía.&lt;br /&gt; Sin embargo la incertidumbre la ahogaba por momentos y exclamaba con desespero, a ver quién va a testificar que en nuestra vida habrá una segunda oportunidad para seguir construyendo castillos de ilusiones, bebiendo sorbo a sorbo la vida y después le quiten a una lo bailado. A ver quién es el gracioso que lo puede rubricar.&lt;br /&gt;   Así que hay que dejarse de memeces y manos a la obra, que el tiempo es oro y el sol ya está muy alto y se corre el riesgo de morir asfixiado por los fríos del proceloso averno, porque el desierto no perdona y exige en cada momento dar el do de pecho.&lt;br /&gt;   Tampoco es preciso levantarse antes de tiempo, porque no conduce a ninguna parte, por mucho que uno se lo imagine.&lt;br /&gt;   Acaso a alguien se le ocurra la feliz idea de montar alguna estratagema para burlar los contratiempos y limar asperezas, antes de flirtear con el corazón de las tinieblas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-5859082529403079292?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/5859082529403079292/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=5859082529403079292' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/5859082529403079292'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/5859082529403079292'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2010/08/balconing.html' title='Balconing'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TGXSAQ2sceI/AAAAAAAAAUw/CU86MApLoiU/s72-c/balconing.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-8934709618159940001</id><published>2010-08-04T05:31:00.000-07:00</published><updated>2010-11-02T05:44:33.412-07:00</updated><title type='text'>Albertillo</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TFlfytKkGtI/AAAAAAAAAUo/q__C-9xrA6g/s1600/compa%C3%B1%C3%ADa.gif"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 171px; height: 200px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TFlfytKkGtI/AAAAAAAAAUo/q__C-9xrA6g/s200/compa%C3%B1%C3%ADa.gif" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5501533744531774162" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;   Albertillo se sentía acomplejado por las necedades que urdían los suyos a su costa, sacando a relucir el comportamiento con tintes clandestinos en un carrusel de despropósitos, preguntándose insistentemente por las compañías, quiénes serían los compinches por los que se bebía los vientos, cómo pasaría las horas muertas a la intemperie sin dar señales de vida, deambulando por inhóspitos lugares desconectado de la familia, y de paso cociéndose en su interior insólitas emociones, imprevisibles secretos o aberrantes chiquillerías. &lt;br /&gt;   Los progenitores se desayunaban cada mañana con tostadas untadas de grasientos comentarios, y no respiraban sin informarse aunque fuese fugazmente de las amistades que frecuentaba; era una obsesión, siempre calibrando si serían muchachos decentes, si por un casual se relacionaría con los dos balas perdidas del barrio, si ejecutaba fechorías de grueso calado al socaire del anonimato, porque vaya usted a saber, se decían, cómo se las gastará en esos recintos, moviéndose a sus anchas y sin ninguna vigilancia; todo ello les conturbaba en exceso, y concluían que tal vez se encontrase en un mustio desierto, dejado de la mano de dios, porque si al menos lo observasen en la sombra o cobijado en una discreta penumbra y desempolvar las oquedades que cimentaban los ocultamientos del grupete, de qué pie cojeaban los líderes que diseñaban el cuadro de costumbres que debían pintar con los respectivos graffiti, o montando mil triquiñuelas en las desperdiciadas horas de esa edad. &lt;br /&gt;   No cabe duda de que la comidilla de los padres durante la semana era siempre la misma, comiéndole el coco al retoño con acritud, pues se plantaban en sinuosos meandros visionando los vídeos más intrincados, lo que le provocaba no pocos quebraderos de cabeza, de modo que se sentía como condenado a la guillotina, sumido en las tinieblas que le envolvían en invierno y verano, en especial  cuando lo sometían a un sumarísimo interrogatorio en el cuarto de objetos inservibles con exasperantes rasgos de amenaza, sin consentir una chance, un breve ventanuco de oxigenación, a lo que cada hijo de vecino tiene derecho por muy cutre que se precie, y contar hasta diez antes de contestar a las intrigantes averiguaciones. Según caían las hojas del almanaque el gusanillo de la incertidumbre crecía cercenando los brotes de esperanza, y alzaba sus garras corroyendo cada vez más la moral de los padres no dejando títere con cabeza, y lo que en un principio guardaban como secreto familiar, pronto voló por los aires como castillo de naipes por prejuicios cobardes que se fueron fraguando, fragmentándose en mil pedazos, y, ninguneando las barreras de lo íntimo, empezaron a airearlo descaradamente a cualquiera que se les pusiera por delante, exteriorizándolo con tal ahínco que se les chafaban de repente las cuerdas vocales, convirtiéndose las gargantas en una guitarra muda, y en esa tesitura farfullaban onomatopéyicos monosílabos, gesticulando en mitad del caos el latiguillo heredado de los ancestros, que portaban en las sienes como refulgente antorcha de las olimpiadas, “dime con quien andas y te diré quién eres”. &lt;br /&gt;   Toda esta ristra de componendas no cuadraba en las isobaras de Albertillo, toda vez que los amigos eran alimento sagrado, el tubo de escape de todas las frustraciones, formando entre todos una piña infranqueable con infinidad de ramas y brazos, disfrutando de los mismos derechos y obligaciones, y se reunían en cualquier parte a cualquier hora, porque les encandilaba la elasticidad del proyecto en común, aficiones, inquietudes, correrías, actos temerarios o fobias, resumiéndose en dos palabras, vivir la vida. En esa bola de cristal hervía el destino de cada uno, en un intento de pasarlo lo mejor posible, respetando las reglas, de suerte que si alguien por un desliz sufría algún revés y cayese rodando por un precipicio desinflándose el globo de las ilusiones lo aceptaban como broma, contratiempo o metedura de pata, achacable a fin de cuentas a la fina lluvia que refrescaba sus amaneceres, humedeciendo la superficie que pisaban, provocando peligrosos deslizamientos, que recalaban en la pista de la duda al no esquivar a tiempo el obstáculo que les amenazaba, pero nunca culpaban a los contrincantes de traición o malas intenciones, dando por descontado que se batían el cobre en buena lid.&lt;br /&gt;   El meollo del proverbio lo tenían los progenitores bien digerido generándole no pocos ardores estomacales, llegando a un estado anímico casi enfermizo, con acompañamiento de calenturas y puntuales estragos en el propio seno de la familia, debido al egocéntrico afán de querer anular al retoño, instalándose en el ojo del triángulo divino y querer abarcar lo indecible controlando los tímidos pasos que daba. Ponían el grito en el cielo cada vez que les asaltaba el resquemor de la compaña, dime con quien andas… y lo recitaban con la monotonía de la tabla de multiplicar de los niños en la escuela, erizándoseles  el cabello y frunciendo el ceño hasta límites insospechados.&lt;br /&gt;    El asunto exhalaba fetidez, una preponderancia inexplicable en sus actos, cuando un conocido de forma inesperada les relató las noches de frío invierno que les había hecho pasar el hijo por el estilo de vida que llevaba, viéndose acorralado en su propia mansión, en la coyuntura de denunciar al hijo por malos tratos, al haber entrado por méritos propios en el mundo de la drogodependencia de la noche a la mañana, llegando a chantajearle con lo peor si no accedía a sus diabólicas pretensiones, las dosis indispensables para seguir vivo, de lo contrario acabaría con ellos. La confesión del amigo fue la gota de agua que colmó el vaso, viniendo a anegar aún más su vida, disparando sobremanera las alarmas.&lt;br /&gt;   El padre nunca se había planteado, ni en las peores horas de fuerte zozobra emocional, consultar con un especialista su problemática, o cuestionarse si el trato que había dispensado a su pupilo era el adecuado, o si el tiempo que le dedicaba era suficiente para el funcionamiento de la mutua comunicación y afecto. Tales avatares no habían circulado por su intelecto, y a continuación empezó a emitir fogonazos de impaciencia cuando entraba por la puerta de la peluquería, al bar de la esquina donde jugaba las partidas de dominó, o bien vomitaba en el bullicio del vecindario que fluía alborozado por la plaza del barrio.&lt;br /&gt;   Entre otros pasatiempos de los que se nutría, se encontraba el gusto por la charla interminable, y llegado el caso desplegaba su armamento pesado con exabruptos a las puertas de la iglesia como envenenados dardos de Belcebú, o encadenaba esdrújulos de predicador barroco de vidas atormentadas, que advertía del tsunami que se avecinaba, explayándose en una catarata de reflexiones en nombre del Sumo Hacedor.&lt;br /&gt;   En los momentos de retirada, en que Albertillo arribaba a la guarida, tan pronto cruzaba el umbral escuchaba un chisporroteo de habladurías, y al instante el progenitor, en una operación relámpago, con idea de lograr el efecto oportuno le soplaba cuatro bofetadas rubricándolo con fríos latigazos, resoplando como fiera en la pelea en la nocturna irritabilidad dejándolo K.O., y metiéndole el miedo en el cuerpo casi de por vida. &lt;br /&gt;   Él imaginaba en un principio que a todos los de su edad les sucedía lo mismo, mas al descubrir la verdad se le agravó el abatimiento, produciéndole un hundimiento y unas convulsiones que le retorcían las tripas, no pudiendo salir a la puerta de la calle sumido en la más honda desesperación, pues no encontraba tierra firme, el momento oportuno para gritar con entusiasmo, eureka, lo conseguí, sino que se columpiaba en el vacío, sin sacudirse la negra testarudez de los suyos, que construían murallas impidiendo el acceso de aguas de libertad y autoestima que tanto necesitaba.&lt;br /&gt;   Durante esta etapa de la vida todo huele a laurel de triunfo y a juego, siendo eternos los minutos, que como chicle se van estirando, quedándose pegados en las suelas de los zagales y en las esquinas de las calles más transitadas por ellos, saltando y haciendo cabriolas como animalillos salvajes en la selva al calor de la manada, porque la naturaleza con su sabiduría así lo ha establecido, no poseyendo nadie suficientes atribuciones para abolirlo, y no interpretarlo como quimeras que no casan con sus lúdicas mentes que pertenecen a otra galaxia, lejos de los adultos, no utilizando el concepto de venganza, el trabajo remunerado o la preocupación por el porvenir; ninguna de estas letanías se reflejaba en la agenda infantil.&lt;br /&gt;   Ansiaban beber los momentos cruciales sin perjudicar a nadie, divirtiéndose con cualquier cosa que se les ocurriese por simple que fuera, pero Albertillo se sentía tetrapléjico, atado de pies y manos a la hora de ir a jugar, pues sabía que después sería transportado al infierno de su casa y vapuleado por la incomprensión, porque acaso la familia del compañero no gozaba de buena reputación, o bien el abuelo estuvo entre rejas por insondables causas difíciles de aquilatar.&lt;br /&gt;   No podía aguantar por más tiempo el fúnebre ceremonial de los padres torturándolo con tanto misterio, resultando para él una pérdida estúpida de tiempo, ya que le importaba todo un bledo.&lt;br /&gt;   Ellos creían que si se juntaba con el negro se le pegaba el color, si con el drogadicto la enfermedad, si con el deforme la fealdad, y así sucesivamente.&lt;br /&gt;   Como las apariencias engañan al flaquear la percepción de los sentidos, y el hábito no hace al monje, lo aconsejable será cultivar el arbolito desde que despunta con abundante agua, dulces caricias y altas dosis de comprensión.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-8934709618159940001?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/8934709618159940001/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=8934709618159940001' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/8934709618159940001'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/8934709618159940001'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2010/08/albertillo.html' title='Albertillo'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TFlfytKkGtI/AAAAAAAAAUo/q__C-9xrA6g/s72-c/compa%C3%B1%C3%ADa.gif' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-2309789043325775788</id><published>2010-07-24T00:35:00.000-07:00</published><updated>2010-11-02T05:44:33.415-07:00</updated><title type='text'>Tirarse un farol</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TEqZ8BjgC4I/AAAAAAAAAUg/oJYsumF9yy8/s1600/farol.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 155px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TEqZ8BjgC4I/AAAAAAAAAUg/oJYsumF9yy8/s200/farol.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5497375551647648642" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Rufino no daba crédito a lo que le sucedía. Estaba cansado de que se le torcieran los vientos sin cesar. Últimamente le daban calabazas en casi todos los frentes por los que transitaba, aunque presumía de estar confeccionado de un material especial y pregonaba a los cuatro vientos que era capaz de llevar a cabo lo imposible por convicción; no se sabe si se enorgullecía en exceso alcanzando los delirios de tirarse un farol. Las calabazas que peor soportaba eran las afectivas. &lt;br /&gt;   Si una muchacha le encendía el ánimo sobremanera perdiendo la chaveta por sus encantos se envalentonaba y se desvivía por ella procurando llevársela a su terreno con guiños y dulces palabras hasta conseguirla, y de no ser así caía en el pozo de desesperación, difícil de solventar, acompañándole un rosario de espasmos y convulsiones sin cuento, de tan grueso calado que casi siempre acababa la función entrando por la puerta de urgencias del hospital aprisa y corriendo, al no poder controlarse ni superar la crisis; era una rebelión a bordo en toda regla, agitándose con uñas y dientes como un energúmeno contra la negra suerte,&lt;br /&gt;    Cuando asistía a un guateque con amigos y amigas en ocasiones se entretenían arrojándose flores entre ellos o palomitas de maíz en una batalla campal; hubo un tiempo en que le resbalaban tales desaguisados, pero con el paso del tiempo su fisonomía y necesidades fueron evolucionando, y según fue echando barba y bigote ya le escocían las partes del cuerpo más de la cuenta levantando ampollas, y ni corto ni perezoso ideó una estratagema para acallar al personal y salir airoso de la situación insoportable en que a veces se encontraba; así recordaba con rabia cuando en algunas veladas le tocaba bailar con la cojita o con la pobrecita aquella que consideraban la fea del grupo y la llevaban como relleno por si acaso y por la que nadie apostaba un centavo. &lt;br /&gt;   Un día se levantó muy de mañana con la lección bien aprendida, se acicaló como un galán de Hollivood, acudió a la esteticién a fin de que le modificasen el look, eligiendo  aquel que mejor armonizaba con los rasgos más llamativos de la cara, logrando el sueño de hombre en edad de merecer, rompiendo los corazones de las más jóvenes, no sin antes haber configurado con mucho esmero unas sorprendentes tarjetas de visita de gran tamaño para presentarse en las efemérides de gala, que ni el mismo heredero de la casa real del Reino Unido las exhibía, donde con letra bien gruesa de estilo gótico se podía leer en la distancia, Excmo. Sr. don Rufino, ingeniero de montes, canales y puertos, asesor y patrocinador de la Europa verde, especificando en letra pequeña que desempeñaba su cometido con todas las consecuencias en la red forestal del tribunal de la Haya; de este modo, habiendo planificado con todo detalle la recepción como si se tratase de una bacanal romana, conforme iban llegando los invitados a la fiesta les fue repartiendo con suma delicadeza la tarjeta. &lt;br /&gt;   Más adelante, en mitad del loco jolgorio que se había formado en la fiesta, donde los corazones palpitaban a más no poder y hervían los invitados de bebida y pasión arrojó por los aires, no sin morderlos previamente con furia, un flamante fajo de billetes de quinientos euros que guardaba celosamente en una caja detrás de él, que parecían recién salidos del horno de la maquinita, y revoloteaban agitándose en el ambiente como desquiciadas mariposas exhalando un aroma tentador, y a continuación extrajo otro manojo moviéndolo con suma picardía en las narices de cada uno espetándoles que si por un casual se encontraban en apuros y necesitaban algún préstamo urgente acudiesen raudos a él que lo tendrían de inmediato en sus manos. &lt;br /&gt;   Al día siguiente, por las pesquisas de un amigo, se supo que los billetes los había conseguido de un anticipo secreto que había solicitado en nombre de sus padres al banco, ya que estaba autorizado por ellos por residir a gran distancia del lugar, era una parte de los honorarios que cobraban  mensualmente, toda vez que gozaban  de una buena posición económica. &lt;br /&gt;   Todos se quedaron atónitos de las escenas que habían vivido en aquella noche con  tan distinguido personaje, y no cabían de gozo por el acierto de haber concurrido a esa fiesta tan especial, en que no olvidarían lo acontecido y por lo pronto ya tenían algunas dignas historias que poder contarles a los nietos el día de mañana. Él, con mucho aplomo y pedantería, se sentó en una esquina de la sala, donde se celebraba el evento y haciéndose el interesante distanciándose disimuladamente del ritmo de la música como si no lo oyese, enseñoreándose en su aureola de rico potentado que posara radiante de gloria para los principales medios del planeta se relamía en el podio de la megalomanía, siendo a todas luces el blanco de todas las miradas, sobre todo las que más le fascinaban en su fuero interno aquella su gran noche, las femeninas, y se regocijaba y crecía por dentro como una planta recién regada al amanecer, respirando con energía y rumiaba entre dientes, cobardes, hoy os vais a enterar de quién soy y el alcance de mi omnipotencia, contemplando con estupor cómo las chicas más atractivas iban a sufrir por él, estando al desquite peleándose por acercarse a su trono, mostrándose ajeno a tales rencillas durante un tiempo prudencial haciéndose de rogar, y de ese modo extraería el máximo jugo de su arrogante posición, llevándose de calle a la chica estrella, la que más brillase entre las demás quitándole el sueño.&lt;br /&gt;   Aquella noche no la iba a olvidar Rufino jamás, porque fue un magnate de ensoñaciones, el rey de la más lujosa fiesta que habían disfrutado los lugareños, pues tuvo la fortuna de que sus dos íntimos amigos, los que siempre lo acompañaban a las correrías nocturnas no acudieron siendo su salvación, ya que ellos eran los únicos que sabían del pie que cojeaba Rufino, y habrían desvelado la patraña que había montado, por lo que todo pasó como algo real y nadie atisbó el fantástico farol que se había tirado, acabando la fiesta en todo su esplendor, sin que nadie se diera cuenta de la cortina de humo que había desplegado el ingenioso e inigualable Rufino. &lt;br /&gt;   Como los avatares le fueron a las mil maravillas, al salir victorioso de la batalla, decidió ponerlo en práctica en las distintas facetas que se le presentasen en la vida, ya que no tenía nada que perder, al contrario, mucho que ganar, y por qué no se decía, si puedo quedar como  un empedernido triunfador por qué voy a andarme con rodeos cerrándome las puertas y abriéndome en vida mi propia fosa. Por los derroteros trasnochados no llegaría nunca a ninguna parte, así que se decidió por echarle valor a la vida y hacer lo que le apeteciese en su acaso corta existencia.&lt;br /&gt;   Rufino pensaba que debía deslindar las metas, los campos de acción, trazando una línea bien visible entre ellos, subrayando con rotulador rojo los que deseaba que refulgiesen como ardientes chispas del corazón, en que no apareciese ningún rival que le hiciese sombra. De esta guisa reflexionaba conspicuamente llegando a la conclusión de que si bien el juego de naipes lo dominaba cuando quería, debido a que sólo le bastaba pulsar el botón del engaño mediante una inquisidora y fulminante mirada al contrario y partida ganada, en cambio no acaecía de igual modo en el campo de batalla del amor, donde resultaba tan escurridizo hilvanar los suspiros y lograr un amor certero, saliendo a la postre con la cabeza bien alta cabalgando con la anhelada jaca como indiscutible vencedor, dejando los otros envites para los pusilánimes o bocas de ganso, que se desmoronan sendero arriba al menor obstáculo sin ánimos para emprender de nuevo el vuelo.  &lt;br /&gt;   Sin embargo habrá que estar ojo avizor, sobre todo si se escucha lo que apunta el dicho popular, “antes se coge a un mentiroso que a un cojo”, en los casos en que alguien se disfraza con áureos ropajes, siendo un vulgar segundón o el último de la fila.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-2309789043325775788?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/2309789043325775788/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=2309789043325775788' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/2309789043325775788'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/2309789043325775788'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2010/07/tirarse-un-farol.html' title='Tirarse un farol'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TEqZ8BjgC4I/AAAAAAAAAUg/oJYsumF9yy8/s72-c/farol.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-8536592920370928602</id><published>2010-07-22T00:05:00.000-07:00</published><updated>2010-07-22T00:14:58.503-07:00</updated><title type='text'>Donde las dan las toman</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TEfv5iLLT7I/AAAAAAAAAUY/SvQR98F7vdQ/s1600/Donde+las+dan.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 104px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TEfv5iLLT7I/AAAAAAAAAUY/SvQR98F7vdQ/s200/Donde+las+dan.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5496625641934245810" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Al cabo de su dilatada existencia Genaro había pasado por los subterfugios más inverosímiles, de suerte que nada le era ajeno, o al menos así lo ponderaba en sus adentros en las augustas y lentas tardes de agosto, cuando la naturaleza se queda aletargada como lagartija complaciente y abierta a los ardientes rayos del sol. &lt;br /&gt;   Genaro era un hombre sereno, sensato y solidario, por lo que solía pasar desapercibido por los lugares que frecuentaba. Ni una palabra más alta que otra ni un desaire a nadie o un mal gesto. Practicaba el lema de la cordura, cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa, por ende sus razonamientos discurrían casi siempre por los conductos sensatos del término medio. &lt;br /&gt;   Todo lo olvidaba al instante por muy desagradable que fuese y nunca guardaba rencor hacia el infractor por fuerte que resultara la ofensa que le endosara, al contrario se apretaba los tirantes, se subía los pantalones tarareando un estribillo y acababa por ayudar en lo que hiciera falta al indolente al pensar que la persona no era dueña de la agresión, sino el subconsciente que le impulsaba mediante un ataque de cólera o unas fuerzas superiores a sus capacidades no pudiendo reaccionar, por lo que lo exculpaba con toda naturalidad, procurando transmitirle algunas sucintas ideas, frases relajantes o algún célebre consejo de sabios con objeto de que se bajase del burro y entrase en contacto con la realidad, más que nada por su bien, al verse desbordado y esclavizado por las garras de la ceguera y de esa condición lograse salir victorioso de la aberrante reverberación que le embargaba; entre tanto la parsimonia y tesón de Genaro crecía en mitad de las astillas del árbol caído iluminando los vericuetos por los que habían patinado.&lt;br /&gt;   En la vida hay muchos caminos, unos menos tortuosos que otros y gustos y opiniones como colores, de tal forma que con tan ingente cantidad de mimbres y material se pueden entrelazar los canastos más dispares o cubrir las inmensas profundidades de océanos y mares, por lo que algunos allegados a Genaro no veían con buenos ojos su proceder etiquetándolo de pusilánime y poco fiable, toda vez que, pensaban, no se puede quedar bien con todo el mundo así por las buenas ni incluso por las malas, sin sacar una pizca de mala leche, amor propio o un pequeño mordisco si fuese preciso, y cosechar, por qué no, algún fresco roce que ventile la monotonía y riegue con renovadas aguas la vitalidad de la convivencia. &lt;br /&gt;   Lo machacaban sin compasión en invierno y verano en los momentos menos apropiados, al salir de casa con las prisas constreñidas, al entrar en la cafetería para reponer fuerzas tomando un tentempié o dirigirse a los grandes almacenes con idea de renovar el vestuario o aquilatar los pensamientos contemplando las nuevas modas, los últimos avances tecnológicos y alejarse un poco de las malévolas interpretaciones a que se sentía subyugado dando rienda suelta a los instintos, a la fantasía, solazándose en los amenos corredores y stand atiborrados de artilugios y prendas tentadoras distribuidos por paradisíacos rincones con atractivas frutas y adornos de ensueño.  &lt;br /&gt;   Los que se tenían por los seres más queridos maniobraban en su contra a fin de atarlo a sus egocéntricos caprichos con malas artes, con inhóspitas montañas de mendaces sentimientos que no venían a cuento farfullando entre dientes, qué será de este pobre hombre al cabo de los días yendo como va nadando y guardando la ropa de la personalidad, se lo van a comer por sopas, no llegará a ninguna parte, es curioso cómo da un paso hacia adelante y dos hacia atrás creyéndose víctima, un santo varón en vida, con lo turbia y enrevesada que anda eso que llamamos vida, y así un día tras otro urdían una red irrespirable que lo envolvía de pies a cabeza minando la robustez interna de Genaro.&lt;br /&gt;  Según trascurría el tiempo se multiplicaban los bulos en el trabajo y especialmente entre los suyos por la mala fe que ponían en práctica y se fue formando una gigantesca bola de insatisfacciones que torcían sus pasos, generando en su psique un tufo tétrico y tóxico que poco a poco lo iba sepultando en vida.&lt;br /&gt;   A Genaro le atraían las películas del oeste, de aventuras o las grandes gestas de la humanidad hasta el punto de llegar a ver varias películas de un tirón sin probar bocado, como si se nutriese de ellas, quedándose enganchado en los roles de los protagonistas con afán de emularlos y agitar en su honor la bandera del séptimo arte en las decisiones cruciales inclinando la tramoya en pro del héroe, que luchaba por defender a los débiles y desamparados. Se imaginaba que la vida era como una película en la que entran en juego los más diversos factores de la sociedad con fines encontrados, donde cada cual juega su papel según la idiosincrasia y punto de vista pensando siempre en lo que le va a reportar tal operación. &lt;br /&gt;   Nadie lo diría, pero de ningún modo desdeñaba Genaro la vida de anacoreta, sobre todo cuando en la soledad de su habitáculo reflexionaba pulsando otras teclas más ascéticas, anhelando en su fuero interno huir del mundanal ruido, viviendo en plena naturaleza y alimentarse de los frutos que da el campo, tanto era así que llegado el momento no le habría importado ingresar en una comunidad de tal calibre ligero de equipaje y saborear las inescrutables bellezas de la sabiduría divina saciando sus anhelos de saber, él, a quien se le consideraba tan insignificante y tan poquita cosa, y así gozar de la quietud serena y placentera que le habían narrado en los primeros años de la infancia, levitando en apoteósicos éxtasis en brazos del Sumo Hacedor.   &lt;br /&gt;   No obstante, para completar su ciclo vital le faltaba realizar un largo viaje alrededor del cosmos, y columpiarse en los más variados parques de atracciones del globo, disfrutando como un niño y degustando nuevas tierras, exóticas costumbres, ensanchando la mirada y enriqueciendo los conocimientos del planeta, cruzando fronteras, tendiendo puentes entre los pueblos con idea de configurar un mundo más humano.&lt;br /&gt;   A Genaro le empujaba el ideal de escarbar en los secretos de los seres vivos, aquellos que se han ido hilvanando golpe a golpe en privilegiados altares a través de la historia según civilizaciones, pueblos y razas. Quería descifrar los formularios opacos que se codificaban de manera críptica en determinados círculos con objeto de desnudar el puzzle del universo deshilvanando la estructura de las conciencias mediante sagaces exploraciones por prístinas grutas o por terrenos abandonados, que duermen sigilosamente bajo las frías aguas por alguna hecatombe o por las transformaciones geológicas o tsunamis que de un tiempo a esta parte parece que hacen su agosto.&lt;br /&gt;   No le agradaría a Genaro despedirse de los suyos sin hacer hincapié en la justicia y hacerles ver que no es oro todo lo que reluce o se mueve en la superficie, ya que debajo pueden existir los mayores estratos de podredumbre, que deambulan enteramente confiados en el fondo, por lo que es preciso expresar aquí y ahora el más contundente rechazo al insensible núcleo que contamina el hábitat de alguien en particular con múltiples escupitajos y tejemanejes malignos instalando la injuria en sus células a través de míseros montajes, recalando al fin por sórdidas alcantarillas repletas de aguas fecales, que van asfixiando a las indefensas criaturas con asesinos parabienes de horrible espanto. &lt;br /&gt;   Genaro intentaba inculcarles a los demás que el estilo de vida que habían elegido con respecto a su persona les conduciría a su propia autodestrucción, privándoles de los tesoros y de los dones más hermosos que resplandecen en el alma humana, y que fueron generándose por la necia cicatería y el fatuo narcisismo de que presumían, siendo arrastrados al maremagnum de la inanición más atroz, sobre todo cuando al poco tiempo una rara enfermedad entró a saco por sus puertas viniendo a poner las cosas en su sitio, horadando muros, llevándose vidas inocentes, sembrando la desolación y la muerte, mientras Genaro, con la conciencia tranquila, navegaba cual intrépido nauta por cálidos mares de blanca espuma, sacando pecho y vislumbrando un horizonte preñado de esperanza, de viajes de ensueño, ofreciendo al prójimo lo mejor de sí mismo.  &lt;br /&gt;   El fin corona la obra bien hecha. Así, quien actúa a sangre y fuego regocijándose con el mal ajeno, debe afrontar en buena lógica las merecidas consecuencias.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-8536592920370928602?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/8536592920370928602/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=8536592920370928602' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/8536592920370928602'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/8536592920370928602'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2010/07/donde-las-dan-las-toman.html' title='Donde las dan las toman'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TEfv5iLLT7I/AAAAAAAAAUY/SvQR98F7vdQ/s72-c/Donde+las+dan.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-8697519596188556326</id><published>2010-07-16T03:37:00.000-07:00</published><updated>2010-07-18T00:29:40.469-07:00</updated><title type='text'>Amén</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TEA4i2eOgaI/AAAAAAAAAUI/AqOAmk2bBdY/s1600/monaguillo.gif"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 127px; height: 200px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TEA4i2eOgaI/AAAAAAAAAUI/AqOAmk2bBdY/s200/monaguillo.gif" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5494453716781007266" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    No había forma de que el monaguillo se mantuviera en su sitio y se centrase en su cometido, el ritual de la misa con la negra campanilla en las manos entonando el kyrie eleison pidiendo preces por el alma del difunto. No le salían las cuentas ni marcaba los tiempos, tal vez influenciado por infundados miedos del difunto. De pronto le cambió el rostro y se desmelenó dando toques a troche y moche desconcertando a la gente, de suerte que no sabía a qué carta quedarse, si en pie, de rodillas o patear de rabia el frío mármol ante tantas veleidades, aunque apostillara por los clavos de Cristo que la campanilla hilaba fino, ejecutando los toques como dios manda. &lt;br /&gt;   La trapisonda iba en aumento hasta que el cura, algo preocupado, empezó a toser con fuerza pegándole un tirón de la manga, recriminándole el lúdico estropicio que estaba montando en tan tristes momentos para familiares y amigos del muerto, como si se tratase de un concierto de rock o de vuvuzelas en la efervescencia de un partido de fútbol en Sudáfrica, y a renglón seguido miró con el rabillo del ojo y le espetó que trajera vino de la sacristía, pues no disponía de la cantidad precisa para alzar el cáliz que estaba sufriendo aquel día, con el frustrado deseo de decir, pase de mí este cáliz, lo que hubiera resultado cicatero a todas luces por su parte como ofrenda al Creador, aun en el caso de que se tratase de un recorte presupuestario por la crisis, ¡qué pensaría el Todopoderoso!. &lt;br /&gt;   Según acometía el trayecto a la sacristía el monaguillo, le llamó la atención el hecho de que dos hermanas solteronas harto emperejiladas y provocativas se hubiesen apontocado con no poco descaro e  hipocresía en primera fila, se mosqueó ya que se supone que lo hacían para no perder ripio de los pormenores de la celebración y vivir de manera más intensa los misterios del sacrificio, pero enseguida se percató de que estaban más por el parloteo cual pertinaces charlatanas que por el gozo de los designios de Jesucristo, que se ofrecían a la sazón en el templo; y más adelante, observando con más detenimiento sus figuras advirtió los coloretes y ungüentos que exhibían, lo que turbó más si cabe su proceder llegando a confundir tierra y cielo, o sea, el agua cristalina del manantial y el vino blanco de la viña que eleva el ánimo a las alturas, trayendo finalmente la jarrita llena de agua clara. &lt;br /&gt;   Al regresar al altar, algo cariacontecido por los contratiempos, acudieron a su mente ciertas bagatelas, diversos romances de famosillos del deporte y del mundo de la farándula que los servían sin cesar en el menú de las cadenas de televisión, proliferando en la época estival por saraos, playas y áreas de recreo, pero acaso por asociación de ideas se inclinó por el romance lírico de la bella en misa, que encajaba mejor en sus intenciones, que dice así, “En Sevilla está una ermita, que dicen de san Simón/, adonde todas las damas iban a hacer oración/; allá va la mi señora, sobre todas la mejor/. Saya lleva sobre saya, mantillo de un tornasol/, en la su boca muy linda, lleva un poco de dulzor/, en la su cara muy blanca, lleva un poco de color/ y en los sus ojuelos garzos, lleva un poco de alcohol/. A la entrada de la ermita, relumbrando como el sol/, el abad que dice misa no la puede decir, non/; monacillos que le ayudan no aciertan responder, non/: por decir “amén, amén”, decían “amor, amor”//, y al decir verdad algo de esto le acaeció, ya que lo que se oía al final de los rezos del oficiante no era el broche correcto, amén, amén, sino otra rima estrafalaria, diferente, que con el murmullo reinante no se podía apreciar en la totalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   No era la primera vez que el monaguillo se desentendía de los quehaceres divinos no arrimando el hombro, de modo que cuando erraba en el cómputo remedaba las  campanadas de noche vieja para la toma de las doce uvas, que raro es que no sobren uvas o falten campanadas. Y la cosa no quedaba ahí, pues si alguna beata arribaba desnortada a las postrimerías de la función, cuando ya el público bostezaba por el cansancio y saboreaba las mieles de la estampida rumbo a la puerta de la calle, desafiando el ambiente y suspirando por algún milagrillo del santo de su devoción con altos tacones pisando con garbo como modelo por la pasarela presentando bañadores de la próxima temporada, tal osadía se convertía en la comidilla de los feligreses, que corrían el riesgo de caer en la tentación de la carne, aunque se santiguaban aprisa y corriendo para mantenerse a flote y recorrer con no poco esfuerzo los últimos pasos del ceremonial.    &lt;br /&gt;   Pese a todo el monaguillo pugnaba por dominar los instintos intentando congratularse con Dios y con los hombres, transitando por las pautas acostumbradas, acatando las instrucciones del cura con obediencia ciega, y procurando mantener los labios desplegados para que no le cogiese en babia y de esa guisa concluir decentemente el rezo con el conciso cierre del amén, amén.&lt;br /&gt;   En aquella misa matutina, unos parroquianos venían con los ojos pegados por los efectos del sueño, otros desangelados o contrariados por la súbita pérdida del finado y con reiterativo hipo, acaso por la resaca del día anterior al encontrarse en alguna fiesta de sociedad y atraparles desprevenidos; otros llegaban como pedro por su casa, y al poco rato estaban roncando al sentir una inmensa alegría en el fuero interno debido a que se iban purgando de las arrugas mundanas y las impurezas del espíritu.&lt;br /&gt;    Como casi siempre ocurre en estos casos, cada cual llegaba a la iglesia según sus compromisos se lo permitían, unos a la consagración o al padre nuestro, otros a la hora de la despedida recibiendo la santa bendición, y a algunos ni siquiera les había dado tiempo a cruzar el umbral, por haberse rezagado apurando la colilla y mientras daban la última calada, con la miel en los labios, les cerraban el portón en sus mismas narices.&lt;br /&gt;   Desde que el mundo es mundo las Parcas no avisan, actúan como la vida misma, en la que se llega al filo del abismo y cuando menos se lo espera uno asoma entre tinieblas la barca de Caronte, el barquero infernal que conduce las almas de los muertos a la otra orilla de la laguna Estigia. &lt;br /&gt;   No obstante el monaguillo podría haber exorcizado con mágicos toques a ese viejo personaje, avaro, huesudo, de ojos vivos, de espesa y blanca barba, de fúnebre y cruel semblante que da los toques siniestros de la existencia como nefasto acólito que lo hubieran contratado para tan macabro evento.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-8697519596188556326?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/8697519596188556326/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=8697519596188556326' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/8697519596188556326'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/8697519596188556326'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2010/07/amen.html' title='Amén'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TEA4i2eOgaI/AAAAAAAAAUI/AqOAmk2bBdY/s72-c/monaguillo.gif' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-6958728870843593420</id><published>2010-07-07T00:47:00.000-07:00</published><updated>2010-07-07T05:17:36.322-07:00</updated><title type='text'>Miedo</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TDQyR6-QBbI/AAAAAAAAAUA/QQ0HdfgBUWk/s1600/ni%C3%B1o.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 134px; height: 200px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TDQyR6-QBbI/AAAAAAAAAUA/QQ0HdfgBUWk/s200/ni%C3%B1o.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5491069129140995506" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;                                        &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   No quería Alberto oír hablar de componendas en lo referente a la infancia ni en broma. Cuando se enteró de que la vida humana podía ser analizada en el laboratorio igual que la de cualquier insecto llegando hasta las últimas consecuencias se desgañitó gritando como un poseso solo como estaba en el silencio de aquella noche oscura, y se decía, hala, hala, pasando de mano en mano, de mesa en mesa rozando guantes, agujas  y batas blancas o las mismas narices de los analistas siendo manipulado de forma poco seria y sin un gesto de delicadeza o decoro en lo que se entiende por los derechos humanos. No daba pábulo a lo que imaginaba. Semejantes patrañas de laboratorio le inducían a la melancolía, a sentirse una piltrafa, una mísera cobaya predeterminada a viles servicios de excelsa y anónima investigación científica.&lt;br /&gt;   La experiencia le había demostrado que en el mundo existía un ingente material que avalaba su tesis sobre tales asuntos, recopilado por gentes sin escrúpulos la mayoría de las veces, que campaban a sus anchas por esos círculos traficando con un sinnúmero de películas, cuentos, encuentros o simposios de diversa índole que se recreaban en las cavernas de los genes. No comprendía el porqué de tamaño estudio, o por qué hurgaban en los ombligos de las criaturas con tanto descaro, y llegado a ese punto se le volvían los ojos y se desplomaba perdiendo el sentido, sobre todo al cerciorarse de que los tratados evaluaban en clave secreta los diferentes comportamientos o grados de maduración que conforman el embrión, abriendo en canal el árbol genealógico más críptico; así los abuelos, que tanto influyen en esta etapa de la vida cantándoles nanas al bebé mirándolo a los ojos o contando cuentos interminables, y más adelante los familiares realizando cábalas acerca de los primeros balbuceos, los vicios del cuerpo y otras debilidades, cómo funcionó el feto en el vientre de la madre, qué problemática apuntó el embarazo con la aparición o no de congénitas secuelas de los ancestros, o las intervenciones puntuales del padre a la hora de decidir asuntos de estado en los momentos cruciales, y todo ello siguiendo las pautas de costumbre, matrona, parto, bautizo, guardería y escuela después a los seis años. Estos períodos de la existencia no le agradaban a Alberto en absoluto.&lt;br /&gt;   Sin saber cómo, recalando casi subrepticiamente en leves lagunas de la memoria tropezó acaso sin querer con abultados escollos que lo turbaban, y resultaba curioso el hecho de haber pasado desapercibidos hasta la fecha, y de repente le asaltaron acaeciendo en un momento de máxima lucidez al saborear con claridad meridiana el día en que sin causa justificada cayó rodando por la escalera de la casa y al parecer por efecto del golpe el cerebro sufrió una lesión. El hallazgo fue tan brutal que no quedó ahí la cosa y le condujo al descubrimiento de otra lagunilla que se guarecía en el cerebelo, produciendo una fuerte sacudida no menos desequilibrante y recordó que por poco se queda tetrapléjico, cuando de súbito hocicó la mula que montaba en el lecho del río por mor de unas resbaladizas piedrecillas que había en el cieno cayendo como gato panza arriba a la corriente remedando el salto de la rana. &lt;br /&gt;   Tales infortunios le acarrearon a Alberto no pocos problemas y graves disfunciones, empezando a peligrar su estabilidad emocional, acorralado como se encontraba en el habitáculo, columpiándose entre el ser y no ser sin ton ni son a ojos del experto galeno, pero la cosa no quedaba ahí, sino que alcanzaba a creer en la incredulidad que lo alimentaba de que se moría de veras al verse en tan deprimente coyuntura al palparse sus partes y parecía que tocaba pañales en sueños, respirando con dificultad y con unos sudores de muerte advirtiendo lo diminuto que aparecía y tan lejos de una mano protectora.&lt;br /&gt;Los ecos le llevaban a desconfiar hasta de su propia sombra, y no iba a ser menos el que lo engendró, aunque después de haber fallecido y cumplido con las honras fúnebres se dignara proclamar en público la veneración de su memoria  expresando el sonsonete afectivo  “que en gloria esté”.&lt;br /&gt;   Nadie sabe qué es el tiempo pero todo el mundo lo utiliza para manifestar cualquier inquietud o angustia que le agobian en silencio de un modo prolongado. Mas como el tiempo es un antes y un después no se detiene sino que avanza sin cesar, así los niños, como el tallo del árbol, crecen, echan bigote, ramas, flores y fruto o llevan corbata según la profesión y el aprovechamiento que hayan extraído de las enseñanzas de la vida a través de los periplos por los que ha navegado, y va cuajando la fruta en las ramas sociales y las redes afectivas, pero Alberto como tantos otros de distintos continentes barruntaba que había sido taladrado en esos años por una hiriente mano invisible, faltándole el calor y el riego preciso para despuntar en el campo de la vida. &lt;br /&gt;   Los pilares de su edificio psicológico se resquebrajaban día a día y no por falta de trazar proyectos con mimbres adecuados para tal o cual labor sino porque el miedo se había incrustado en los huesos, en los cimientos desde los comienzos, como si necesitase bocanadas de cemento no adulterado y hormigón mezclado con abundante agua que contuviera vitaminas y atenciones que normalmente requiere el cerebro humano.&lt;br /&gt;   La madre, en el estado de debilidad en que se hallaba, como tantas madres del globo, no podía ahuyentar los temores de la criatura debido a que la fuerza imperativa del macho obstruía los canales y las fuentes que podían satisfacer su sedienta garganta, y el pobre Alberto siempre escapaba descalabrado calle abajo por el negro murmullo que hervía en su derredor, mientras otros tenían la fortuna de seguir caminando bien que mal por el sendero. &lt;br /&gt;   Ya de mayor intentó resarcirse de los huecos que habían dejado en su corazón reparando las deficiencias de su formación; así se alistó en diferentes ONG  buscando la manera de subsanar sus carencias y las de otros muchos del planeta ofreciéndose como repartidor de caricias, pan y servicios en campos devastados por guerras fratricidas, epidemias o la destrucción de los indefensos. Se propuso atenuar los tsunamis que proliferaban por doquier. Allí se agitaba siempre Alberto dispuesto a entregar lo que fuera preciso para ayudar a los demás.&lt;br /&gt;   Pero no lograba sacudirse las legañas del miedo que transportaba por los ingratos recovecos en los que había vivido, generadores del malestar de tanta criatura que malvive por no haber recibido unas migajas de ternura y alegre comprensión en esos inviernos cubiertos de contratiempos y de fría nieve. La primavera llegará confiada cantando el himno de la alegría, golpeando a la puerta de nuestro porvenir y a buen seguro que estallará en mil fulgurantes auroras.&lt;br /&gt;   Y conforme desaparecían los miedos, empezábamos a sentirnos libres y ya no era posible hacernos daño, pues ahora éramos dueños de nuestro destino.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/990540345152417405-6958728870843593420?l=lacuestadepanata.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/feeds/6958728870843593420/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=990540345152417405&amp;postID=6958728870843593420' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/6958728870843593420'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/990540345152417405/posts/default/6958728870843593420'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacuestadepanata.blogspot.com/2010/07/miedo.html' title='Miedo'/><author><name>jose vasanta</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17778388833928957255</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/SO5YGwcEu_I/AAAAAAAAAAM/jZhOuNwd48k/S220/GALICIA+231.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TDQyR6-QBbI/AAAAAAAAAUA/QQ0HdfgBUWk/s72-c/ni%C3%B1o.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-990540345152417405.post-632283103275749452</id><published>2010-07-04T09:20:00.000-07:00</published><updated>2010-07-04T09:42:17.661-07:00</updated><title type='text'>América</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TDC2n3bUG9I/AAAAAAAAAT4/tQey429eplU/s1600/emigrante.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 150px; height: 200px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_0BMbnBBQR64/TDC2n3bU
